sábado, 17 de diciembre de 2016

Del Libro “Y colorín colorado este cuento aún no se ha acabado” de Odin Dupeyron




Te preocupa tu futuro ¿verdad, Princesa? – preguntó Zoé.
Así es, quiero saber ¿Qué hay en mi futuro?
Todo – dijo Zoé sonriente.
Todo.  ¿Qué quiere decir con todo?
Así como lo oyes:  TODO – Zoé la miraba a los ojos como tratando de decirle algo.  Princesa, tienes todas las posibilidades.  Lo que necesitas, no es predecir el futuro, lo que necesitas es tener tan claro como puedas tu PRESENTE para que no te preocupe jamás el porvenir.  No puedes saber a ciencia cierta si en el futuro estarás en compañía de tus hijos y de un hombre que te ame, o si estarás sola;  lo que si puedes  saber, es qué harás el día de hoy para tener una buena relación con tus hijos y para permitirte amar y ser amada.  No puedes saber si serás rica, pero puedes trabajar mucho el día de hoy para llegar a serlo.  No puedes saber si en un futuro estarás enferma, pero puedes cuidarte hoy para llevar una vida más sana.  El verdadero poder siempre se encuentra en el tiempo presente.  Si aprendes a tener claro tu presente entonces podrás ver claramente tu futuro.

Odái sólo la miraba, parecía que algo estaba entendiendo.
Has aprendido mucho en tu vida, has aprendido ya, que no tienes el control sobre todas las cosas, pero he de decirte que sí tienes el control sobre ti misma – la voz de Zoé era dulce, casi maternal, era…. La voz de la Vida.  No puedes controlar si mañana va a llover o va a hacer sol, lo que sí tienes bajo tu control es tu actitud ante la lluvia o ante el sol.  No puedes controlar si tu vida estará llena de alegres momentos o de amargos desengaños, pero si puedes controlar tu disponibilidad, tu entusiasmo por vivir y tu posición ante el fracaso.  Ese es tu poder, el control de tu actitud.  Porque la actitud, querida Princesa, es TODO.  En esta vida tendrás que aprender, que no hay personas claves, no hay momentos claves, no hay oportunidades claves, sólo hay:  actitudes claves.  La vida siempre se repite; uno se desenamora y se vuelve a enamorar, uno pierde su trabajo y después vuelve a trabajar, uno lo gana todo, lo pierde todo y después lo vuelve a ganar, la vida está hecha de eternos comenzares.  Sabes ya que la vida es una gran aventura, ¡vívela!



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jueves, 1 de diciembre de 2016

Del Libro “¿Nos tomamos un café?” de Odin Dupeyron







Quiero un fuerte abrazo

Quiero que alguien me tome entre sus brazos y me diga:  - Shhhh, no pasa nada, yo estoy aquí.  No te entiendo ni madres, pero estoy aquí.  No te tengo ninguna solución, pero estoy aquí.  No sé qué es lo que pase ni qué vaya a pasar, pero no te preocupes, yo estoy aquí, porque te quiero.  De verdad te quiero, porque para mí eres importante, porque eres importante y porque quiero estar aquí.  Ven, duerme entre mis brazos y descansa, deja de pensar en lo que tanto te hace sufrir y déjame a mi velar tu sueño por esta noche.  Duerme aquí junto a mí y no temas, que nada te va a pasar, que nada ni nadie te va a dañar ni a herir.  No mientras yo esté aquí, shhh duerme, shhhh duerme. 
(Gran suspiro)

Pero creo que como en otras ocasiones ese alguien voy a tener que ser yo mismo, y bueno, mientras me tenga a mí… snif… snif… ya llegó el llanto….  Buenas  Noches. 

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viernes, 25 de noviembre de 2016

Del Libro “ Un cuento triste no tan triste” de Jorge Bucay






Mamá es una persona muy optimista, capaz de encontrarle una explicación a todo. 
No suele criticar a nadie y siempre intenta ponerse en el lugar del otro
Cuando le explico que estoy enfadada con alguien, ella me dice que procure imaginar cómo se debe de sentir la otra persona, y sus motivos para obrar como lo hizo.  A veces me saca de quicio, pero, en general, después de hablar con ella sobre algo que me inquieta, me molesta o me enoja, me siento mejor.



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jueves, 17 de noviembre de 2016

Del Libro “Señas, palabras y silencio” de Graciela Rascón”







Si un genio saliera de una lámpara maravillosa y me concediera un deseo,  NO le pediría que los sordos pudiéramos oír sino  que los oyentes aprendieran a escuchar con el corazón


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Del Libro “ ¿??” de Alicia Campos




Siempre a tu lado

Eras muy pequeño cuando por curiosidad intentabas meter un clip o pasador a una toma de luz, apenas tocó la punta la entrada y hubo una pequeña descarga eléctrica que hizo que soltaras el objeto y sintieras la energía y el calor recorrer tu cuerpo, tu no debes acordarte  pero yo sí,  fue una gran lección para que no lo volvieras a hacer.
Lo que tal vez si recuerdes porque ya  tenías como 5 años, es cuando te pusiste una improvisada capa atada al cuello y sin medir consecuencias te lanzaste del techo de tu casa hacia un montículo de arena,  gritando “soy Superman.”  Yo estuve ahí contigo.
Y que tal cuando enfermaste de una congestión estomacal, o la vez que tuviste una fiebre tan alta que hubo necesidad de meterte a la bañera con agua helada;  tu gritabas para que te sacaran de esa tortura.   También estuve al pendiente de ti.  En ambas ocasiones aprendiste que la falta de cuidado de tu salud, podía poner en riesgo tu vida y cada vez que empezabas a descuidarte recordabas aquellas dos ocasiones y te cuidabas.
Y luego en la adolescencia que agarraste el auto de papá sin permiso para ir con los amigos a dar un paseo, y por descuido de una fracción de segundo  perdiste el control saliéndote del camino y estuviste a punto de golpear unos tanques de gas que estaban entregando a una de las casas del vecindario.   Esa vez estabas pálido al llegar a casa y tus manos todavía temblaban.  Yo estaba ahí!  Ese día en verdad aprendiste a ser más respetuoso del reglamento de tránsito y visualizaste las terribles consecuencias que pudieras sufrir tú, tus acompañantes y hasta quienes estén a tu alrededor  al no conducir con responsabilidad y cuidado.
¿Recuerdas aquella vez que fuimos  a la playa después de haber concluido tus clases de natación, sintiéndote capaz de enfrentar las olas más grandes?  Fue impresionante ver como una ola enorme te tomó por sorpresa  sin darte tiempo a tomar suficiente aire y con tanta fuerza, que sentiste como tu rostro era raspado con la arena del fondo y por más que pataleabas no lograbas llegar a la superficie  Para cuando saliste a la orilla de la playa ya habías tomado mucha agua.  Lo recuerdo bien.  Nunca más volviste a adentrarte tanto al mar, preferías nadar en la seguridad y tranquilidad de albercas y aguas tranquilas.
También te acompañé en esos días de depresión por la pérdida de tu primogénito  casi recién nacido, y escuché como con tanto dolor y desesperación le pedías a Dios que te llevara a ti pero que dejara vivir a tu hijo.   Te veías tan deprimido y sin ganas de vivir que esa vez si pensé que acompañarías a tu bebé en su viaje, pero aunque de una forma muy lenta y dolorosa vi como poco a poco  lograste recuperar las fuerzas, las ganas de vivir y hasta la alegría.

He estado a tu lado desde antes que nacieras, y he visto como mueren tus células y se renuevan, caen tus primeros dientes y nacen otros, se cae tu cabello y vuelve a crecer uno nuevo.  Pero a pesar de todos los años que llevamos juntos y haber sido parte de esas grandes lecciones de vida, es hora que no me explico porque si a mi lado aprendiste sobre los riesgos, cuidados y precauciones para VIVR, mi simple nombre te hace estremecer.
De cualquier forma hoy solo quiero decirte que seguiré a tu lado hasta el último día de tu vida.


Atentamente.
La Muerte.





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jueves, 27 de octubre de 2016

Del Libro “Primero tu” de Gaby Vargas






                             El verdadero bienestar

El viajero llega a un pueblo y al pasar por el cementerio le llaman su atención las fechas en las tumbas.  Se asombra de la brevedad de las vidas porque todas oscilan entre los 9, 11, 12 y 15 años. 

Azorado, pregunta:  “Oiga, ¿por qué aquí todos han muerto tan jóvenes?, y el viejo cuidador del lugar le responde:  “No señor, no han muerto jóvenes, es que los que vivimos en este pueblo sólo contamos los momentos y los días de la vida en los que hemos sido realmente felices…. Lo demás, es paja.”

Este cuento de Jorge Bucay revela lo que en verdad te proporciona bienestar:  convivir con la gente – familia, amigos – que queremos, que nos hacen sentir bien y a quienes hacemos sentir bien.  Hacer algo por los demás y vivir apasionadamente.  ¿Se te ocurre alguna otra opción?  Nuestros afectos tienen un poder curativo impresionante e impactan en nuestro bienestar más de lo que imaginas.  Sólo que hay que cultivarlos.    


jueves, 20 de octubre de 2016

Del Libro “Educar el carácter” de Alfonso Aguiló



Susceptibilidad.  Piensa bien y acertarás



Las personas susceptibles acarrean una pesada desgracia:  la de ser retorcidos.
Complican lo sencillo y agotan al más paciente.
Viven siempre con la guardia en alto, a pesar de lo cansado que resulta. 
Son capaces de encontrar secretas intenciones, conjuras o malévolos planteamientos en las cosas más sencillas.
Imaginan en los ojos de los demás miradas llenas de censura.
Una pregunta cualquiera es interpretada como una indirecta o una condena, como una alusión a un posible defecto personal. 
Con ellos hay que medir bien las palabras y andarse con pies de plomo para no herirles.
La susceptibilidad tiene su raíz en el egocentrismo y la complicación interior:  “que si no me tratan como merezco…, que si ése qué se ha creído…., que no me tienen consideración…, que no se preocupan de mí…., que no se dan cuenta…”, y así ahogan la confianza y hacen difícil convivir.

Veamos algunos ejemplos de ideas para alejar ese peligro:
·           *  Guardarse de la continua sospecha, que es un fuerte veneno contra la amistad y las buenas relaciones familiares.
·            *  No querer ver segundas intenciones en todo lo que hacen o dicen los demás;
·            *  No ser tan ácidos, tan críticos, tan cáusticos, tan demoledores:  no se puede ir por la vida dando manotazos a diestro y siniestro;
·         Salvar siempre la buena intención de los demásno tolerar en la casa críticas sobre familiares, vecinos, compañeros o profesores de los hijos;
·            *  Confiar en que todas las personas son buenas mientras no se demuestres lo contrario:  cualquier ser humano, visto suficientemente de cerca y con buenos ojos (Plotino decía que todo es bello para el que tiene el alma bella), terminará por parecernos, en el fondo, una persona encantadora:  es cuestión de verle con buenos ojos, de no etiquetarle por detalles de poca importancia o juzgarle por la primera impresión externa:
·          *   No hurgar en heridas antiguas, resucitando viejos agravios o alimentando ansias de desquite;
·         Ser leal y hacer llegar nuestra crítica antes al interesado:  darle la oportunidad de rectificar antes de condenarle;  y no hasta con decir:  “si ya se lo dije y no hace ni caso…”, porque además muchas veces no es verdad:

·            *  Soportarse a uno mismo, porque muchos que parecen resentidos contra las personas que le rodean, lo que en verdad les sucede es que no consiguen luchar con deportividad contra sus propios defectos. 


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jueves, 13 de octubre de 2016

Del Libro “Los siete poderes” de Alex Rovira Celma





Si piensas que no puedes, no podrás.  Si piensas que no te atreves, no lo harás.  Si crees que estás vencido, lo estás.  De ello se alimenta el Señor de las Tinieblas:  del miedo, de la inseguridad que nace de la falta de amor y de confianza en nosotros mismos.  

¡Piensa que puedes y podrás!  La mayor derrota no consiste en no superar un reto, sino ni siquiera intentarlo.  La batalla de la vida no siempre la gana el hombre más fuerte, el más ágil o el más rápido, sino aquel que cree que podrá hacerlo



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domingo, 9 de octubre de 2016

Del Libro “¿Nos tomamos un café?” de Odin Dupeyron





Creo en la originalidad de cada una de las personas y constantemente celebro las diferencias que existen entre cada uno de nosotros.  El mundo ideal para mí, sería aquél donde todos celebráramos precisamente esas diferencias que nos hacen únicos y originales;  un mundo lleno de judíos, cristianos, mormones, altos, bajos, gordos, flacos, heterosexuales, homosexuales, rubios, negros, bancos, pelirrojos, de todos los gustos y de todas las formas, siempre distintos, siempre diferentes, pero en el fondo, en espíritu…. siempre iguales.

Con el paso del tiempo he descubierto que, de alguna manera que no logro entender, todos somos uno y en el fondo de nuestra alma somos indiscutiblemente iguales, venimos del mismo lugar y vamos a parar al mismo sitio; tenemos los mismo deseos de ser felices, de ser amados y de amar;  tenemos las mismas necesidades de compartir con los demás logros, alegrías, penas y miserias;  tenemos la necesidad natural de hacer amigos, así como de estar solos en momentos específicos.
Tenemos la misma risa, que aunque se exprese de diferentes formas, en el fondo, se dispara con las mismas alegrías; tenemos el mismo llanto que la mayoría de las veces se siente con la misma intensidad y con el mismo dolor.

Todos nos sentimos pequeños ante la muerte, y todos, absolutamente todos, nos emocionamos ante el amor.  Y es increíble cómo al alma no le importan las nacionalidades ni las fronteras, al amor, al dolor y a la felicidad poco les importa si eres pobre, rico, si eres un político, un doctor o un enfermo.  Ante la belleza de un cuerpo o de un alma, ante el roce de las manos de la persona que amas sobre tu piel, el estómago se sume y el corazón se acelera, seas mexicano, árabe, tailandés o hawaiano.  El placer de hacer el amor amando, no conoce de religión, de sexos, de edades o de clases sociales.  Somos milagrosamente tan distintos y a la vez tan iguales;  y sólo estamos aquí, de paso, compartiendo nuestra estancia…. Nuestra brevísima estancia en esta tierra. 
¿No es increíble que a pesar de tantos años de existir en el planeta no hayamos aprendido todavía a respetar nuestras diferencias?  ¿No es increíble cómo a pesar del pequeñísimo tiempo de vida que tenemos cada uno de nosotros, en vez de celebrar esas diferencias, las condenamos?  Vivimos toda una vida tratando de ser como otros o tratando de que otros crean en lo que creemos nosotros o que los demás se comporten como nos comportaríamos nosotros;  cuando la verdadera igualdad va más allá de eso.  La verdadera igualdad del hombre es de espíritu y de sentimiento.


Vamos muy rápido, vamos demasiado rápido, la vida es tan corta y aun así, nos dejamos atrapar por el torbellino de la rutina, nos paralizamos ante una sociedad que nos juzga, nos condiciona y nos condena.  ¿Cuántas veces nos damos tiempo para pláticas, para conocernos, para compartir algo más que las pláticas triviales y cotidianas?  ¿Cuántas veces nos damos el tiempo de sentarnos y aprender de nuestra igualdad y de nuestras diferencias?  ¿Cuántas veces nos mostramos como realmente somos;  sin máscaras y sin miedos?  En cambio, nos alejamos, nos escondemos, nos  disfrazamos y nos lastimamos constantemente.  Son pocas las ocasiones en las que verdaderamente nos damos tiempo de compartir “apuntes”, de comentar lo que se ha aprendido de lo que hemos vivido.



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sábado, 1 de octubre de 2016

Del Libro “La Rueda de la Vida” de Elisabeth Kubler-Ross




Según los relatos de las personas entrevistadas que compilé, la muerte ocurre en varias fases distintas.

Cuarta fase:

Según los relatos, en esta fase se encontraban en presencia de la Fuente Suprema.  Algunos la llamaban Dios, otros decían que simplemente sabían que estaban rodeados por todo el conocimiento que existe, pasado, presente y futuro, un conocimiento sin juicios, solamente amoroso.  Aquellos que se materializaban en esta fase ya no necesitaban su forma etérea, se convertían en energía espiritual, la forma que adoptan los seres humanos entre una vida y otra y cuando han completado su destino.  Experimentaban la unicidad, la totalidad o integración de la existencia.
En ese estado la persona hacía una revisión de su vida, un proceso en el que veía todos los actos, palabras y pensamientos de su existencia.  Se le hacía comprender los motivos de todos sus pensamientos, decisiones y actos y veía de qué modo éstos habían afectado a otras personas, incluso a desconocidos;  veía cómo podría haber sido su vida, toda la capacidad en potencia que poseía.  Se le hacía ver que las vidas de todas las personas están interrelacionadas, entrelazadas, que todo pensamiento o acto tiene repercusiones en todos los demás seres vivos del planeta, a modo de reacción en cadena. 
Mi interpretación fue que esto sería el cielo o el infierno, o tal vez ambos.

El mayor regalo que hizo Dios al hombre es el libre albedrío.  Pero esta libertad exige responsabilidad, la responsabilidad de elegir lo correcto, lo mejor, lo más considerado y respetuoso, de tomar decisiones que beneficien al mundo, que mejoren la humanidad.  En esta fase se les preguntaba a las personas:  “¿Qué servicio has prestado?”  Esa era la pregunta más difícil de contestar;  les exigía repasar las elecciones y decisiones que habían tomado en la vida para ver si habían sido las mejores.  Ahí descubrían si habían aprendido o no las lecciones que debían aprender, de las cuales la principal y definitiva es el amor incondicional.

La conclusión básica que saqué de todo esto, y que no ha cambiado, es que todos los seres humanos, al margen de nuestra nacionalidad, riqueza o pobreza, tenemos necesidades, deseos y preocupaciones similares.  En realidad, nunca he conocido a nadie cuya mayor necesidad no sea el amor.
El verdadero amor incondicional.
Este se puede encontrar en el matrimonio o en un simple acto de amabilidad hacia alguien que necesita ayuda.  No hay forma de confundir el amor, se siente en el corazón;  es la fibra común de la vida, la llama que nos calienta el alma, que da energía a nuestro espíritu y da pasión a nuestra vida.  Es nuestra conexión con Dios y con los demás.

Toda persona pasa por dificultades en su vida. Alguna son grandes y otras no parecen tan importantes.  Pero son las lecciones que hemos de aprender.  Eso lo hacemos eligiendo.  Yo digo que para llevar una buena vida y así tener una buena muerte, hemos de tomar nuestras decisiones teniendo por objetivo el amor incondicional y preguntándonos:  “¿Qué servicio voy a prestar con esto?”
Dios nos ha dado la libertad de elegir; la libertad de desarrollarnos, crecer y amar.
La vida es una responsabilidad.  Yo tuve que decidir si orientaba o no a una mujer moribunda que no podía pagar ese servicio. Tomé la decisión basándome en que lo que sentía en mi corazón era lo correcto, aunque me costara el puesto.  Esa opción era la buena para mí.  Habría otras opciones, la vida está llena de ellas.

En definitiva, cada persona elige si sale de la dificultad aplastada o perfeccionada.




sábado, 24 de septiembre de 2016

Del Libro “La Rueda de la Vida” de Elisabeth Kubler-Ross






Según los relatos de las personas entrevistadas que compilé, la muerte ocurre en varias fases distintas.

Tercera fase: 

Guiadas por sus ángeles de la guarda, estas personas pasaban a la tercera fase, entrando en lo que por lo general describían como un túnel o una puerta de paso, aunque también con otras diversas imágenes, por ejemplo un puente, un paso de montaña, un hermoso riachuelo, en fin lo que a ellas les resultaba más agradable; lo creaban con su energía psíquica.  Al final veían una luz brillante.
Cuando su guía las acercaba más a la luz, veían que ésta irradiaba un intenso y agradable calor, energía y espíritu, de una fuerza arrolladora.  Allí sentían entusiasmo, paz, tranquilidad y la expectación de llegar por fin a casa.  La luz, decían, era la fuente última de la energía del Universo.  Algunos la llamaban Dios, otros decían que era Cristo o Buda.  Pero todos estaban de acuerdo en una cosa:  se hallaban envueltos por un amor arrollador, la forma más pura de amor, el amor incondicional.  Después de escuchar a millares y millares de personas explicar este mismo viaje, comprendí por qué ninguna quería volver a su cuerpo físico.

Pero estas personas que volvieron decían que esa experiencia había influido profundamente en sus vidas.  Algunas habían recibido un gran conocimiento, algunas habían vuelto con advertencias proféticas, otras con nuevas percepciones.  Pero todas habían hecho el mismo descubrimiento:  ver  la luz les había hecho comprender que sólo hay una explicación del sentido de la vida, y ésa es el amor


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domingo, 18 de septiembre de 2016

Del Libro “La Rueda de la Vida” de Elisabeth Kubler-Ross




Según los relatos de las personas entrevistadas que compilé, la muerte ocurre en varias fases distintas.

Segunda fase:

Las personas que ya habían salido de sus cuerpos decían haberse encontrado en un estado después de la muerte que sólo se puede definir como espíritu y energía.  Las consolaba descubrir que ningún ser humano muere solo.  Fuera cual fuese el lugar o la forma en que habían muerto, eran capaces de ir a cualquier parte a la velocidad del pensamiento.  Algunas, al pensar en lo apenados que se iban a sentir sus familiares por su muerte, en un instante se desplazaban al lugar donde estaban éstos, aunque fuera al otro lado del mundo.  Otros recordaban que mientras los llevaban en ambulancia habían visitado a amigos en sus lugares de trabajo.
Me pareció que esta fase es la más consoladora para las personas que lloran la muerte de un ser querido, sobre todo cuando éste ha tenido una muerte trágica y repentina.  Cuando una persona se va marchitando poco a poco durante un período largo de tiempo, enferma de cáncer, por ejemplo, todos, tanto el enfermo como sus familiares, tienen tiempo para prepararse para su muerte.  Cuando la persona muere en un accidente de avión no es tan fácil.  La persona que muere está tan confundida como sus familiares, y en esta fase tiene tiempo para comprender lo ocurrido.  Por ejemplo, estoy segura de que aquellos que murieron en el vuelo 800 de la TWA estuvieron junto a sus familiares en el servicio fúnebre que se celebró en la playa.

Todas las personas entrevistadas recordaban que en esta fase se encontraban también con sus  ángeles guardianes, o guías, o compañeros de juego, como los llamaban los niños.  Explicaban que los ángeles eran una especie de guías, que las consolaban con amor y las llevaban a la presencia de familiares o amigos muertos anteriormente.  Lo recordaban como momentos de alegre reunión, conversación, puesta al día y abrazos. 

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viernes, 9 de septiembre de 2016

Del Libro “La Rueda de la Vida” de Elisabeth Kubler-Ross








Según los relatos de las personas entrevistadas que compilé, la muerte ocurre en varias fases distintas.

Primera Fase:

En la primera fase las personas salían flotando de sus cuerpos.  Ya fuera que hubieran muerto en la mesa del quirófano, en accidente de coche o por suicidio, todas decían haber estado totalmente conscientes del escenario donde estaban sus cuerpos.  La persona salía volando como la mariposa que sale de su capullo, y adoptaba una forma etérea;  sabía lo que estaba ocurriendo, oía las conversaciones de los demás, contaba el número de médicos que estaban intentando reanimarla, o veía los esfuerzos del equipo de rescate para sacarla de entre las partes comprimidas del coche.  Un hombre dijo el número de matrícula del vehículo que chocó contra el suyo y después huyó.  Otros contaban lo que habían dicho los familiares que estaban reunidos alrededor de sus camas en el momento de la muerte.

En esta primera fase experimentaban también la salud total; por ejemplo, una persona que estaba ciega  volvía a ver, una persona paralítica podía moverse alegremente sin dificultad.  Una mujer contó que había disfrutado tanto bailando junto al techo de la habitación del hospital que se deprimió cuando tuvo que volver.  En realidad, de lo único de que se quejaban las personas con quienes hablé era de no haber continuado muertas.



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jueves, 1 de septiembre de 2016

Del Libro “La Rueda de la Vida” de Elisabeth Kubler-Ross






Al final de las entrevistas los pacientes se sentían aliviados.  Muchos que habían abandonado toda esperanza y se sentían inútiles disfrutaban de su nuevo papel de profesores.  Aunque iban a morir, comprendían que era posible que su vida aún tuviera una finalidad, que tenían un motivo para vivir hasta el último aliento.  Podían seguir creciendo espiritualmente y contribuir al crecimiento de quienes los escuchaban.
Después de cada entrevista llevaba al enfermo a su habitación y volvía junto a los alumnos para continuar sosteniendo con ellos conversaciones animadas y cargadas de emoción.  Además de analizar las respuestas y reacciones del paciente, analizábamos también nuestras propias reacciones.  Por lo general, los comentarios eran sorprendentes por su sinceridad.  Hablando de su miedo a la muerte, que la hacía evitar totalmente el tema, una doctora dijo:  “Casi no recuerdo haber visto un cadáver.”  Refiriéndose a que la Biblia no le facilitaba respuestas para todas las preguntas que le hacían los enfermos, un sacerdote comentó:  “No sé qué decir, así que no digo nada.”
En esas conversaciones, los médicos, sacerdotes y asistentes sociales hacían frente a su hostilidad y actitud defensiva.  Analizaban y superaban sus miedos.  Escuchando a pacientes moribundos todos comprendimos que deberíamos haber actuado de otra manera en el pasado y que podíamos hacerlo mejor en el futuro.
Cada vez llevaba a un enfermo al aula y después lo devolvía a su habitación, su vida me hacía pensar en “una de los millares de luces del vasto firmamento, que brilla durante breves instantes para luego desaparecer en la noche infinita”.  Las lecciones enseñadas por cada una de estas personas se resumían en el mismo mensaje:

Vive de tal forma que al mirar hacia atrás no lamentes haber desperdiciado la existencia.
Vive de tal forma que no lamentes las cosas que has hecho ni desees haber actuado de otra manera.
Vive con sinceridad y plenamente.

Vive.

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jueves, 25 de agosto de 2016

Del Libro “El camino de las Lágrimas” de Jorge Bucay





Envejecimiento fecundo



El dulce envejecimiento consiste en llevar una vida productiva y sana dentro de la familia, la sociedad y la economía.

La vejez activa refleja el deseo y la capacidad de la persona, cualquiera que sea su edad, para mantenerse involucrada en actividades productivas.

Es imprescindible trabajar desde antes de nuestra propia vejez para desarrollar una cultura donde los años vividos sean valorados por la experiencia y la sabiduría que implican y no por el grado de deterioro que conlleven.  Una sociedad donde los mayores generen respeto en lugar de desprecio;  donde los más viejos sean escuchados y cuidados en lugar de ser recluidos y discriminados.  Para lograrlo es imprescindible el trabajo de todos y el apoyo mutuo entre generaciones.
La vejez no depende de la suma de una cantidad de años, sino de la calidad de vida que hayamos tenido como seres integrales que somos.

En última instancia, cada uno de nosotros debe aceptar que es el mayor responsable de su propio envejecimiento.  No es solamente la sociedad, ni la herencia, ni el medio ambiente ni la fuerza destructiva de los mitos sobre la vejez lo que marcará el estilo de vida que tengamos en esta última etapa de nuestra existencia, es también y sobre todo lo que nosotros hayamos hecho hasta llegar allí (incluida, claro, la manera en que hayamos tratado a nuestros mayores).


Dice Elena Jabif que frente a la vejez hay siempre cuatro posiciones.  Tres de ellas son dramáticamente tristes.  La del viejo que se cree viejo, la del viejo que se cree joven y la del viejo que se cree muerto.  La cuarta suena maravillosa y factible.  Es la del viejo que vive la segunda parte de su vida con tanto valor como la primera

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viernes, 19 de agosto de 2016

Del Libro “Comunícate, Cautiva y Convence” de Gaby Vargas





COMO EVITAR LOS MALOS ENTENDIDOS


¿Sabías que nueve de cada 10 problemas se deben a una mala comunicación entre las personas?  Esto puede sonar exagerado, pero los estudios comprueban que así es.  Y como dice Graham Green:  “Si superáramos el último por qué de las cosas, tendríamos compasión hasta de las estrellas.”
Todos sabemos que la sinceridad, el tacto y la expresión genuina de los sentimientos son prácticas vitales en las relaciones con nuestra familia, amigos, seres queridos y compañeros de trabajo.  Sin embargo, en la comunicación hay obstáculos que interfieren cuando menos lo deseamos.  Como vimos, es muy común que haya malos entendidos:  “Yo pensé que tú…”  “es que no sabía que…”  Además, están las dificultades en la transmisión del mensaje:  “Eso no es lo que quise decir…”  Entendí  que…”  “Nunca dije eso…”  Las palabras “correctas  no salen o bien salen tarde y se establece una lucha con los vocablos que, a veces, parecen expresar algo diferente a lo que en verdad sentimos o, al salir de nuestra boca, se oyen ridículos, huecos, tontos o poco atinados.
Así, a muchos se nos dificulta encontrar la línea, el balance en que las palabras se conectan con la cabeza y el corazón de manera armónica.  El resultado es que, a veces, por casualidad, le atinamos, y otras tantas nos equivocamos.
Es un hecho que hay personas dotadas de una maravillosa capacidad de empatía y convivir con ellas es una verdadera delicia.  Estos seres poseen una línea de comunicación que corre derecha, firme y segura:  inicia en el corazón, pasa por la cabeza y cobra forma en palabras….

A manera de resumen, comparto contigo algunas técnicas que nos pueden ayudar a evitar malos entendidos:
   1)       Piensa antes de hablar.  Las palabras espontáneas no siempre son las mejores.  Tómate el tiempo necesario para descifrar tus pensamientos.  Mentalmente, revisa qué sientes, qué piensas y qué quieres para, sólo entonces, ponerlo en palabras.
   2)      No hay prisa.  El verdadero diálogo no es un rebote inmediato de palabras.  Está bien permanecer callados mientras pensamos la respuesta adecuada.  Si es necesario, gana tiempo con frases del tipo:  “Esa pregunta es importante, déjame pensarla un momento.”
   3)      Ensaya lo que vas a decir.  Se vale.  Si envidias las respuestas ágiles e inteligentes que ves en las películas, sólo recuerda que los personajes siguen un guión.  De igual manera, anticipa todo tipo de respuestas que pudieran seguir de cualquier diálogo que pienses establecer, desde las más favorables, hasta las menos optimistas.  Experimenta lo que sentirías y lo que dirías en caso de que sucediera cada una de ellas.
   4)      Haz la tarea:  La comunicación que convence, que persuade, no sólo está llena de palabras bonitas; sobre todo, requiere de honestidad, entusiasmo, datos útiles y relevantes.
   5)      Escoge el momento y lugar apropiado.  Procura que la conversación se lleve a cabo en un lugar tranquilo.  Y, si se trata de pedir un aumento, hazlo después de haber concluido un proyecto exitoso.  Si, en lo familiar, sabes que tu pareja está de mejor humor después del café de la mañana, con paciencia espera ese momento.
   6)      Cuida tu lenguaje corporal.  En 1971, el psicólogo Albert Mehrabian concluyó un estudio sobre la naturaleza de la persuasión.  Encontró que 55 por ciento de la efectividad en la persuasión depende de las señales visuales no verbales que emitimos.  Es decir, gestos y movimientos corporales:  mantén un buen contacto visual, evita cruzar los brazos o inclinarte hacia atrás.  En seguida, influye el tono, la inflexión de voz y el ritmo con el que emitimos las palabras.  Treinta y ocho por ciento de la efectividad de la persuasión lo ocupan los tonos de voz graves y profundos que se perciben como más convincentes, y ocurre lo mismo con los tonos pausados, por lo que Mehrabian concluye que 93 por ciento del mensaje verbal tiene muy poco que ver con las palabras que utilicemos.  Las palabras, de hecho, sólo importan siete por ciento.
   7)      Usa el pronombre nosotros.  En una conversación, el pronombre yo se enfrenta al otro pronombre tú.  Si, a través de escuchar, de hablar en el momento y lugar adecuado, logramos sumar el yo con el tú, dará como resultado un nosotros.



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Del Libro “7 cosas que tu médico olvidó contarte” de Warren Sipser y Andi Lew




MARCA LAS COSAS QUE HARIAS SI TE DIAGNOSTICARAN UN CANCER:

·     Comer mejor
·     Relajarte más
·     Hacer más ejercicio
·     Acudir a una consulta de quiropráctica
·     Meditar
·     Recibir masajes
·     Consultar a un naturópata
·     Consultar a un Nutricionista
·     Tomarte más en serio los consejos del profesional de la salud al que acudes
·     Dejar de fumar
·     Beber menos alcohol
·     Reducir o evitar por completo el consumo de analgésicos o de medicamentos / fármacos innecesarios
·     Utilizar las piernas más que el coche
·     Estirarte
·     Consultar a un terapeuta o psicólogo
·     Leer más
·     Trabajar y limpiar con menos sustancias químicas
·     Evitar los aditivos artificiales en los alimentos
·     Pasar más tiempo con tus seres queridos
·     Reír y escuchar música
·     Bailar, cantar, jugar, caminar en la naturaleza, ver la salida del sol y la puesta de la luna

Si has marcado alguna de estas cosas, ¿por qué diablos no las estás haciendo ahora?  ¿Por qué esperar a que el miedo te motive a hacer lo que sabes que mejoraría la calidad de tu vida?

Estas acciones no están pensadas para tratar el cáncer, pero seguramente mejorarán tu salud, con enfermedad o sin ella, y reducirán la probabilidad de padecer alguna.  El secreto es que si eres proactivo respecto a tu salud y tu bienestar a un nivel físico, químico y social, sí no esperas a los síntomas para emprender acciones, no te convertirás en otra estadística médica más, sino que serás una estadística vital.  La prevención comienza hoy.   

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domingo, 7 de agosto de 2016

Del Libro “500 consejos para enfrentar la vida” de Francisco J. Angel






“Trata de convertirte no en un hombre de gran éxito, sino en un hombre de gran valía.”
                                               Albert Einstein



Define qué es el éxito para ti.  Podría ser simplemente ser un buen padre o buen hijo o un buen amigo.... 


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sábado, 30 de julio de 2016

Del Libro “Sé un adolescente feliz” de Andrew Matthews




¿Cómo se hace adicta la gente?


En circunstancias normales tu cuerpo y tu cerebro producen sustancias químicas naturales que te mantienen feliz y saludable.
Pero cuando introduces sustancias artificiales (drogas) para sentirte bien, tu cuerpo deja de elaborar los químicos naturales.  Te sientes bien cuando la droga está en tu cuerpo, pero tan pronto como se va te sientes terrible.
La única manera de sentirte mejor es tomar más drogas.  Cuando tomas más drogas, tu cuerpo produce aún menos químicos naturales, así que necesitas más droga simplemente para sentirte normal.
Te sientes más y más deprimido.  Te pones más y más enfermo.  Tu hábito se hace prohibitivamente caro.
Una adicta a la heroína, Jenny, me dijo:  “Tratar de dejarla es lo más doloroso que puedas imaginar.  Es como si sintieras gripe en todo el cuerpo, pero diez veces peor”.
Jenny tiene dieciséis años y ha sido adicta durante tres.  Su hábito le cuesta mil dólares al día.  Lo paga a través de la prostitución y del robo. 
Jenny nunca quiso convertirse en adicta.  No era su meta ni su sueño.

Sé un líder, no un seguidor
Puede que tengas amigos que te ofrezcan toda clase de cosas desagradables.  Cuando tú las rechazas ellos pueden molestarse y decirte “gallina”  o algo peor, pero recuerda que todos admiramos en secreto la fortaleza.
Si tienes las agallas para decir “no” y para seguir diciendo “no”, obtendrás su respeto porque puedes hacer algo que ellos no pudieron (aunque tal vez nunca lo admitan).

En pocas palabras

Todo drogadicto “pensó que podía controlarlo”.  Todos dijeron algo así como:  “Sólo lo probaré una vez, para conocer”.  Es como si te golpearas con un martillo.  Es como caminar enfrente de un tren.  No necesitas probarlo para saber si es bueno para ti.  

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martes, 26 de julio de 2016

Del Libro “Perdonar” de Robin Casarjian




La fisiología del miedo y del amor



Ante una situación de mucha tensión, ¿has sentido náuseas o has tenido diarrea o un fuerte dolor de cabeza?  ¿Has sentido el corazón desbocado y el pulso acelerado?  ¿Has tenido la impresión de que, si fuera necesario, podrías luchar contra un gigante?  Estos son algunos de los signos de la sobreexcitación producida por el impulso de “luchar  o huir” que identificara por primera vez el doctor Walter Cannon en 1914.  El mecanismo de esta reacción de luchar o huir nos revela la manera que tiene de afectar al cuerpo el temor, que es la emoción que está en la base de la agresividad, la rabia, el resentimiento, la vergüenza y la culpa.

Cuando se activa esta reacción de lucha o huida, se alteran las funciones de digestión, asimilación y eliminación, ya que se cierran los vasos sanguíneos del estómago y los intestinos.  Aumenta el flujo sanguíneo hacia los grupos de músculos grandes, el cerebro, el corazón y los pulmones.  Se eleva la presión arterial;  se acelera el pulso y el ritmo cardiaco; cambia la composición bioquímica de la sangre; se produce una gran cantidad de adrenalina y noradrenalina, que son las hormonas del estrés, y éstas se liberan al torrente sanguíneo junto con azúcares y ácidos grasos para servir de combustible a la actividad muscular.

Todos estos cambios son reacciones sanas que preparan al cuerpo para actuar rápido en situaciones de urgencia, para entrar en combate o huir.  En los pueblos primitivos esta reacción era esencial para la supervivencia, para defenderse de los peligros de vivir en la naturaleza en medio de animales salvajes y otros depredadores.  Actualmente, esta reacción de lucha o huida sigue siendo necesaria cuando tenemos que reaccionar rápidamente ante situaciones de urgencia, como, por ejemplo, para saltar y quitarse del camino de un coche o un autobús.  No obstante, rara vez la necesitamos para una verdadera supervivencia física en la vida cotidiana.  En todo caso, muchos de nosotros continuamos experimentando esta reacción física con bastante frecuencia, nos demos cuenta de ello o no.  Esos mismos cambios se producen en el cuerpo cuando nos sentimos amenazados por un comentario del jefe, y cuando deseamos que se parte del camino el coche que va delante, o romperle la cara a alguien por la forma en que nos mira o por lo que ha dicho o hecho.  En muchos encuentros de la vida diaria solemos percibir a los demás como una amenaza, como enemigos o depredadores.

Ni siquiera es necesaria la presencia de la persona o circunstancia que nos fastidia o nos hace sentir amenazados para que esa reacción se active.  El sistema nervioso no distingue entre los acontecimientos que están ocurriendo en el momento y los que revivimos en la mente, por lo cual no solo experimentamos una tensión emocional y física cada vez que nos enfadamos, sino también cada vez que recordamos la experiencia que nos produjo la rabia, si aún no la hemos solucionado.
Tómate un tiempo y trata de recordar alguna ocasión en que estabas a salvo en tu casa y te despertaste con un sobresalto por un sueño aterrados.  Recuerda cómo te sentías al despertar.  Tal vez te latía rápidamente el corazón y tenías los músculos tensos y las mandíbulas apretadas.  Quizá sudabas, te invadía el pánico, tenías los nervios a flor de piel o el pulso acelerado, aunque sólo habías estado durmiendo.

Tu sistema nervioso no sabía que estabas a salvo en tu cama.  Para él te encontrabas en un verdadero peligro.  Por lo tanto, te preparó el cuerpo para luchar o escapar.  De la misma manera, el sistema nervioso tampoco sabe que la circunstancia real ya ha pasado cuando, después de marcharse de la oficina, uno revive mentalmente una pelea que tuvo con su jefe, o cuando evoca la rabia que sintió en su infancia al ser tratado injustamente, o recuerda una situación en que se sintió víctima y continúa sintiéndose así una y otra vez.  Es suficiente recordar un encuentro doloroso del pasado o imaginarse una situación conflictiva en el futuro para que se active esa reacción de lucha o huida.  Cuando nos aferramos a la rabia, el sistema nervioso recibe continuamente la señal para que se prepare a luchar o escapar, aun cuando no haya ninguna pelea que enfrentar ni ningún lugar adonde huir.
Los efectos dañinos de este mecanismo se producen cuando estos cambios fisiológicos, cuyo fin es disponernos a afrontar situaciones urgentes y de corta duración, se convierten en reflejos rutinarios antes encuentros cotidianos.  Un ser humano que está siempre acelerado es como un coche que se deja siempre con el motor en marcha, hasta cuando está estacionado. Ciertamente que el motor se va a calentar, desgastar y estropear con más frecuencia que el de un coche que tiene la oportunidad de descansar.  Para estar sanos, todos necesitamos disponer de momentos para relajarnos y olvidarnos de los conflictos interiores, con el fin de que el cuerpo y la psique puedan descansar y renovarse.

Cómo y dónde se deteriora el cuerpo es algo muy personal.  Lógicamente el entorno, el apoyo social, los genes y otras variables son factores importantes, pero cuando nos enfrentamos a un estrés crónico con el que no sabemos muy bien cómo arreglárnoslas, todos somos propensos a debilitarnos o perder vitalidad de un modo u otro.  Hay personas que son más vulnerables emocionalmente durante las épocas de estrés, propensas a las crisis de depresión, letargo, indecisión u hostilidad.  Otras son más propensas a los trastornos físicos.  Las zonas vulnerables pueden ser las articulaciones, los músculos, el sistema respiratorio, algún o algunos órganos internos o el sistema inmunitario.  Entre los síntomas están los dolores de cabeza crónicos, las irritaciones de la piel, las molestias gastrointestinales, el cáncer, el herpes, la hipertensión, las enfermedades coronarias, etc.  Y hay también personas que son vulnerables tanto emocional como físicamente….

Saber que el estado emocional influye en el bienestar físico nos ofrece la oportunidad de echar un vistazo a nuestra vida cuando aparecen los síntomas;  de observar, con amabilidad y sin juzgar, si hay repetidos pensamientos, percepciones y emociones de temor que podrían estar contribuyendo al trastorno físico.  Es útil reflexionar sobre las siguientes preguntas: ¿Me siendo muy culpable?  ¿Me ata a alguien el resentimiento?  ¿Me beneficiaría perdonar a alguna persona?  ¿Hay algo que necesito aceptar o liberar en mi vida?  ¿Hay viejas heridas emocionales que claman ser curadas? ¿Me estará diciendo el cuerpo que es hora de decir “no” a ciertas cosas y “si” a otras?
En lugar de ser unas víctimas pasivas de la enfermedad, tenemos la oportunidad de participar en el proceso de nuestra curación.  Esto incluye buscar no sólo la atención médica más efectiva, sino también el apoyo emocional y espiritual que nos ayude a sanar el dolor y el temor que impiden el paso a la conciencia de nuestra fuerza interior  y de la fe, la alegría, la comprensión, la compasión y el amor que siempre son la curación definitiva.



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viernes, 15 de julio de 2016

Del Libro “????” de Alicia Campos





EXPECTATIVAS

  
La definición de expectativa se encuentra en el diccionario como una suposición centrada en el futuro.   Ahora bien,   ¿qué tanto control tenemos del futuro?  No mucho.
También se describe como una posibilidad o anticipación a los hechos.  Fíjense muy bien en la palabra posibilidad, o sea que puede o no ocurrir, sin embargo la tendencia generalizada es que esperamos que si ocurra.  Por ejemplo:

   1)      Esperamos que nos den las gracias después de desear salud a quien estornuda, o después de ayudar a alguien, de lo contrario lo llamamos mal agradecido,  grosero y/o mal educado;  pero que pasa si aceptamos el hecho de que tal vez no nos agradezcan, y simplemente actuamos porque nos nace hacerlo?  Al no esperar nada o estar consciente que tal vez NO lo agradezcan, es muy probable que ni notemos que no nos dieron las gracias porque ya nos sentimos bien por el simple hecho de ayudar, de desear el bien a nuestros semejantes.

   2)      Una expectativa común en el ámbito laboral es que nos den un muy buen aumento salarial por nuestro excelente desempeño laboral y si esto no ocurre hay enojo, decepción, bajamos  la calidad, rendimiento y actitud en el trabajo.  En algunos casos extremos hasta empezamos a buscar un nuevo empleo.  Qué pasaría si trabajáramos  por gusto y de cierto modo conscientes de que se retribuye nuestro trabajo de manera justa de acuerdo a la descripción de puesto, y en base a la situación económica de la empresa?   Tal vez no habría enojo sino un entendimiento a la situación financiera de la empresa, o tal vez enfocaríamos nuestra satisfacción laboral en los beneficios adquiridos en conocimiento, experiencia y otros rubros que no sean únicamente salario.  Y solo en los casos en que nuestras necesidades fueran de liquidez, entonces buscaríamos formas de cambiarnos a un área mejor pagada o a una empresa que ofrezca mejores beneficios.

    3)      Otra expectativa común  es el hecho de vivir muchos años, de cumplir con los ciclos de nacer, crecer, reproducirse y morir ya viejos, así que cuando algo pone en riesgo nuestra salud o nuestra vida, nos da mucha tristeza y expresamos frases como “todavía tengo mucho por hacer, no estoy listo”.  Y hay sentimientos de rabia cuando un niño muere porque apenas iba iniciando su vida…..  Si aceptáramos el hecho de que no hay edad para la muerte y nadie sabe cuándo nos toca partir, viviríamos como seguido nos recuerdan en libros y conferencias que debemos vivir como si fuera el último día, si hiciéramos esto estaríamos listos para partir con la satisfacción de haber vivido una vida plena, sin asuntos inconclusos y con la satisfacción de haber hecho lo mejor que pudimos.


    4)      En la cultura Mexicana hay una expectativa que principalmente aplica a las mamás y es el esperar que sus hijos las mantengan cuando sean grandes (en algunos casos es algo así como el cobro de la factura por los años que ellas cuidaron de los hijos), y cuando esto no sucede, sufren,  se deprimen y hasta se culpan por haber creado unos “malos hijos”.  Que diferente serían los sentimientos si esas madres se hicieran responsables de sí mismas sin esperar la ayuda de nadie, valiéndose por sí mismas hasta donde les sea posible, siendo autosuficientes económicamente porque así lo planearon de jóvenes y  siendo útiles a la comunidad. Creo que vivirían con más satisfacción, independencia y orgullo.

   5)      También en muchas culturas existe la expectativa de que los padres  HEREDEN a sus hijos el producto de sus muchos años de arduo trabajo, y en familias desintegradas o materialistas los hijos llegan a desear la muerte de los padres con tal de tener acceso a la herencia.  Imagínense lo que ocurre cuando descubren que no les dejaron nada o se lo dejaron a una persona que ni siquiera es de la familia.  Si los hijos tomasen conciencia de que las riquezas acumuladas de sus padres son de ellos y pueden disponer como ellos quieran, los sentimientos serían de tranquilidad y admiración hacia sus padres, tal vez un poco de preocupación y cautela para que por la edad, nadie tome ventaja de los ancianos, pero nada más.


   6)      Un ejemplo más sencillo es cuando organizas un festejo de cumpleaños y esperas que todos  asistan y con regalo, si esto no ocurre te enojas por el gasto realizado, te deprimes creyendo que ninguno es amigo suficiente y en casos extremos nunca más vuelves a celebrar esa fecha.  Sin embargo, si al organizar tu evento consideras la posibilidad de que nadie asista, por el motivo que sea, sabrías que hacer con la comida, bebida y pastel  (tal vez obsequiarlo a gente necesitada). También considerarías hacer tu festejo en un día menos lluvioso, o celebrarlo de otra forma, sin enojo, solo con la alegría de haber cumplido un año más de vida.

   7)      Otro ejemplo con el que estoy segura muchos nos identificamos es cuando prestamos dinero.  Si tu expectativa es que te paguen y no lo hacen, dependiendo del monto puedes hasta tratar de vengarte o cobrarte a la mala y hasta poner fin a una amistad en muy malos términos.  Sin embargo, cuando analizas cuánto estas dispuesto a prestar/regalar  a esa persona que es de tu confianza, le das el dinero con el gusto de poder ayudar  (algo así como una ayuda incondicional).  Si la cantidad es muy elevada, entonces tal vez solo aportes lo que consideres que no afecte mucho tu economía en caso de que no te paguen, o tal vez no prestar, o hacer el préstamo a través de la firma de un pagaré, etc.  pero siempre consciente de los riesgos

   8)      La expectativa que tienen los padres de los hijos ha sido motivo de muchas novelas y películas, desde esperar que nazcan bien, hasta que continúen en el “negocio familiar”, o que estudien la carrera que los padres consideren es la mejor , o que se casen con la pareja que los padres aprueben, o que practiquen el deporte preferido del papá,  o hasta que se conviertan en celebridades y si esto no ocurre los padres se sienten decepcionados, enojados, y culpables por no haber sabido encaminar a sus hijos.   Por el contrario, cuando los padres aceptan a los hijos con sus cualidades y defectos, identifican sus fortalezas y crean un ambiente que estimule y nutra sus talentos, van a amar y apoyar a sus hijos en las decisiones que éstos tomen compartiendo logros y fracasos con respeto.  

La lista de expectativas es inmensa, tan solo las expectativas de pareja es tan amplia que prefiero solo mencionarla, lo mismo pasa con las expectativas familiares, de los amigos, de los políticos y de la vida misma, pero todo se puede resumir en que sea  cual sea la expectativa, si ésta no se cumple, genera sentimientos negativos como decepción, enojo, tristeza, depresión, etc.  En cambio, mientras más consciente estés que existen dos opciones (que se cumpla o no se cumpla tu expectativa) y más preparado estés para aceptarlas, te será mucho más sencillo superar el acontecimiento, viviendo feliz el presente, con paz, tranquilidad y satisfacción.

Y para concluir quiero aclarar que es bueno tener expectativas porque son nuestro motor para hacer cosas que nos dan satisfacción, pero lo importante es no aferrarse a ellas.  A veces tener un “Plan B” por si no salen las cosas como quisieras te puede ayudar a “amortiguar el golpe.”