jueves, 17 de noviembre de 2016

Del Libro “ ¿??” de Alicia Campos




Siempre a tu lado

Eras muy pequeño cuando por curiosidad intentabas meter un clip o pasador a una toma de luz, apenas tocó la punta la entrada y hubo una pequeña descarga eléctrica que hizo que soltaras el objeto y sintieras la energía y el calor recorrer tu cuerpo, tu no debes acordarte  pero yo sí,  fue una gran lección para que no lo volvieras a hacer.
Lo que tal vez si recuerdes porque ya  tenías como 5 años, es cuando te pusiste una improvisada capa atada al cuello y sin medir consecuencias te lanzaste del techo de tu casa hacia un montículo de arena,  gritando “soy Superman.”  Yo estuve ahí contigo.
Y que tal cuando enfermaste de una congestión estomacal, o la vez que tuviste una fiebre tan alta que hubo necesidad de meterte a la bañera con agua helada;  tu gritabas para que te sacaran de esa tortura.   También estuve al pendiente de ti.  En ambas ocasiones aprendiste que la falta de cuidado de tu salud, podía poner en riesgo tu vida y cada vez que empezabas a descuidarte recordabas aquellas dos ocasiones y te cuidabas.
Y luego en la adolescencia que agarraste el auto de papá sin permiso para ir con los amigos a dar un paseo, y por descuido de una fracción de segundo  perdiste el control saliéndote del camino y estuviste a punto de golpear unos tanques de gas que estaban entregando a una de las casas del vecindario.   Esa vez estabas pálido al llegar a casa y tus manos todavía temblaban.  Yo estaba ahí!  Ese día en verdad aprendiste a ser más respetuoso del reglamento de tránsito y visualizaste las terribles consecuencias que pudieras sufrir tú, tus acompañantes y hasta quienes estén a tu alrededor  al no conducir con responsabilidad y cuidado.
¿Recuerdas aquella vez que fuimos  a la playa después de haber concluido tus clases de natación, sintiéndote capaz de enfrentar las olas más grandes?  Fue impresionante ver como una ola enorme te tomó por sorpresa  sin darte tiempo a tomar suficiente aire y con tanta fuerza, que sentiste como tu rostro era raspado con la arena del fondo y por más que pataleabas no lograbas llegar a la superficie  Para cuando saliste a la orilla de la playa ya habías tomado mucha agua.  Lo recuerdo bien.  Nunca más volviste a adentrarte tanto al mar, preferías nadar en la seguridad y tranquilidad de albercas y aguas tranquilas.
También te acompañé en esos días de depresión por la pérdida de tu primogénito  casi recién nacido, y escuché como con tanto dolor y desesperación le pedías a Dios que te llevara a ti pero que dejara vivir a tu hijo.   Te veías tan deprimido y sin ganas de vivir que esa vez si pensé que acompañarías a tu bebé en su viaje, pero aunque de una forma muy lenta y dolorosa vi como poco a poco  lograste recuperar las fuerzas, las ganas de vivir y hasta la alegría.

He estado a tu lado desde antes que nacieras, y he visto como mueren tus células y se renuevan, caen tus primeros dientes y nacen otros, se cae tu cabello y vuelve a crecer uno nuevo.  Pero a pesar de todos los años que llevamos juntos y haber sido parte de esas grandes lecciones de vida, es hora que no me explico porque si a mi lado aprendiste sobre los riesgos, cuidados y precauciones para VIVR, mi simple nombre te hace estremecer.
De cualquier forma hoy solo quiero decirte que seguiré a tu lado hasta el último día de tu vida.


Atentamente.
La Muerte.





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