jueves, 26 de marzo de 2026

 

Del libro “90 respuestas a 90 preguntas” de Martha Alicia Chávez

 

¿Qué hay detrás de las excusas?

 




“La reina de las excusas.” Así bauticé para mis adentros a la mujer que más excusas pronuncia en menor tiempo. ¡Es impresionante! La mayoría de ellas son absurdas, increíbles y absolutamente innecesarias; algunas las expresa aun antes de que uno siquiera termine de hablar o, peor aún, incluso antes de que comience. La conocí hace poco por asuntos de negocios. Ella me ha hecho pensar mucho sobre este comportamiento, lamentablemente muy común.

Pero la vida es tan buena conmigo, que también hace poco me puso enfrente a otra mujer que — a diferencia de la acreedora al mencionado título – me ha sorprendido gratamente por su capacidad de reconocer sus errores, ofrecer una disculpa y encontrar la forma de corregir su falta cuanto antes. Interactuar con ella es muy agradable y relajante y me aviva la llama de la confianza.

Las excusas me molestan de verdad porque su función es culpar a algo o a alguien de un error cometido, en lugar de decir una frase tan liberadora y tan simple como “discúlpame”, “me equivoqué”, “se me olvidó”, etcétera.  Algunas son tan ridículas y tontas, que hasta ofenden la inteligencia de quien las escucha. Generalmente, las personas que usan la excusa como estilo de vida creen que el receptor les cree, y si éste confronta, refuta u objeta de alguna manera, el emisor de la excusa se siente ofendido.

El otro día, por ejemplo, llamé a una persona para pedirle, por sexta vez, que me enviara unos papeles que tenía pendientes de mandar. Me respondió con una nueva excusa, tan tonta como todas las anteriores, la cual confronté diciéndole que esperaba que esta vez sí cumpliera, porque cada día se comprometía a que esa tarde los mandaría y no sucedía, y luego, a mi siguiente llamada me sacaba una nueva excusa para justificar que no lo había hecho. Como siempre sucede con las personas que presentan esta inmadura actitud de justificar su ineficiencia o informalidad con excusas, se indignó por mi comentario, que no llevaba dentro más que la verdad. Una verdad que a los amantes de las excusas no les gusta ver. Esta actitud a mí de veras que no me cabe en la cabeza.

¿Qué hay detrás de las excusas? Por una parte, el temor a ser desaprobado y juzgado como tonto, ignorante, malo o inadecuado por haber cometido un error. Esto se da como consecuencia de haber crecido en un hogar donde se exigía perfección y donde los errores y la imperfección se condenaban fuertemente con burla, sarcasmo, castigo o cualquier otra forma de desaprobación y rechazo. También, detrás de las excusas está la soberbia, que no nos deja soportar la idea de que no somos perfectos e infalibles y de que otros se pueden dar cuenta de ello (¡como si no lo superan ya!). La falta de madurez y de responsabilidad por las propias acciones, y en general por todo lo que tenga que ver con uno mismo, es otro de los factores que hay detrás de las excusas.

De seguro todos hemos experimentado la sensación de libertad y paz que proporciona el reconocer el error que cometimos y disculparnos por ello, y también el estrés que casa inventar excusas, porque tenemos que seguir creando más y más para sustentar la que ya expresamos, formándose una interminable y angustiante cadena de mentiras que nos impiden tener paz. Asimismo, la imagen personal se deteriora y ensucia ante uno mismo, y por supuesto ante los demás, porque ¡te garantizo que se dan cuenta!

En cambio, reconocer nuestro error, disculparnos por ello, asumir las consecuencias y realizar las acciones necesarias para corregirlo, enaltece nuestra imagen ante nosotros mismo y ante los demás, que sentirán (lo expresen o no) una admiración por tan loable, madura y valiente actitud.

Perdámosle el miedo a reconocer nuestros errores y pedir perdón; démonos permiso de experimentar la agradable, liberadora y satisfactoria sensación que este comportamiento nos deja, y lo orgullosos que estaremos de nosotros mismos.

Vamos madurando y volviéndonos auténticos.

¡Dejemos ya de inventar excusas!

jueves, 19 de marzo de 2026

 

Del Libro “La felicidad en tiempos difíciles” de Andrew Matthews

 

LA  FELICIDAD -  SENTIRSE BIEN…

 



LA FELICIDAD – SENTIRTE BIEN – ES TU META MÁS IMPORTANTE.

Tu creas tu vida de acuerdo con lo que sientes. Cuando te sientes bien tu vida entera está en armonía con el mundo que te rodea. Al enfrentar los retos, encuentras las soluciones. Sueles encontrarte en el lugar correcto en el momento preciso. No se trata de tu cociente intelectual. No se trata de si eres santo o pecador. Se trata de cómo te sientes.

Tu misión es sentirte tan bien como sea posible, tan seguido como sea posible.

Estos hábitos ayudan a:

1.- Gustarte a ti mismo:

      La más importante relación de tu vida es la que mantienes contigo mismo. Cuando te criticas constantemente, saboteas tu vida. Cuando te gustas, te permites ser más feliz, más sano y más próspero. Sé gentil contigo mismo.

2.- Ser flexible:

      Tratar de controlar el mundo y juzgar a todos termina por dejarte exhausto. No te pongas a pelear con lo que ya ha sucedido. Deja atrás los golpes y disfruta las sorpresas que da la vida.

3.- Concéntrate en lo que quieres:

      Imagínate cómo quieres ser, ve tu vida tal como la quieres.

4.- Relajarte respecto al dinero:

      El dinero es un perro: cuando lo persigues, escapa. Si asumes que no le gustas al dinero, te morderá el trasero. Cuando estás cómodo con él, se te echará en las piernas para que le hagas cosquillas.

5.- Ser agradecido:

      No importa qué tan poco tienes. Concéntrate en lo que tienes y vendrá más. Busca las cosas buenas siempre. Dices: “¿Cuándo seré feliz?” Cuando la gratitud sea un hábito para ti.

 

Las personas dicen: “¡Cuando tenga lo que quiero, seré feliz!”, pero la cosa es al revés.

CUANDO ERES FELIZ OBTIENES LO QUE QUIERES.

jueves, 12 de marzo de 2026

Del libro “Los porqués del insomnio” de Martha Alicia Chávez - Esperando el regreso del ausente

 

Del libro “Los porqués del insomnio” de Martha Alicia Chávez

 

Esperando el regreso del ausente

 



La incertidumbre que la ausencia de un ser querido puede dejar en quienes viven esta experiencia es insoportable. Cuando este ser querido los abandonó, cuando se fue sin despedirse y sin explicación alguna, o incluso con despedida y explicación, quien se queda no tiene paz. La fallida esperanza de que algún día vuelva puede llegar a destrozar el corazón y a robar la tranquilidad.

Cuando David era un niño, una mañana su padre se fue de casa para vivir su romance con una mujer de la que se enamoró apasionadamente. No le importó su compromiso con la familia, ni el bienestar emocional de sus hijos, ni nada, sólo su deseo egoísta de vivir su vida como si todo lo demás no existiera.

Este abandono del padre devastó a David, quien desde ese día no volvió a vivir ni a dormir en paz. La esperanza de que el padre volviera, y la duda de cuándo eso sería, lo mantenían sumergido en el tormento emocional que la incertidumbre provoca.

Él recuerda que un día mamá entró a su recamara y lo encontró despierto a las dos de la mañana. Le preguntó si estaba enfermo o que le pasaba, a lo que respondió: “Quiero estar despierto, porque si llega mi papá y estoy dormido no lo veré”. Su mamá sensible y sabia como era, le dijo que durmiera tranquilo y le prometió que, si papá regresaba, ella misma lo despertaría. Por unos días esta promesa consoló a David, pero después pensó en que podría ser que papá viniera y mamá no se diera cuenta por estar profundamente dormida, y entonces no lo despertaría. Así que volvió a su vigilancia personal porque sintió que era la única forma de asegurarse de que no se perdería la anhelada y falsamente imaginada visita de papá.

La imagen de un pequeño forzándose a no dormir por si el amado y añorado padre regresa me conmueve sobremanera.

¡Por qué los padres y madres que abandonan no entienden la dolorosa y profunda herida que abren en el corazón de sus hijos! O si lo entienden, ¡por qué no les importa! Cuando ya no hay el amor ni la voluntad para seguir en pareja, que cada uno vuele por su propio cielo, pero a los niños ¡NUNCA! hay que abandonarlos.

Es claro que esta experiencia en la vida de David fue la causa de que su insomnio crónico se perpetuara hasta su adultez. La necesidad de vigilar durante la noche se estableció como un patrón rígido y arraigado en todas las áreas de su ser. El trabajo terapéutico que llevamos a cabo fue un proceso hermoso y sanador –aunque también doloroso–, que le permitió al pequeño David liberarse de aquella tormentosa expectativa que lo acompañó toda la infancia, y al David adulto, aprender por fin a abandonarse a las delicias de un sueño profundo.

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jueves, 5 de marzo de 2026

Del libro “Mujeres de hierro y de cristal” de Dra. Silvana Rohana - El mito de la Supermujer

 

Del libro “Mujeres de hierro y de cristal” de Dra. Silvana Rohana

 

El mito de la Supermujer


La revolución sexual que comenzó en los cincuentas favoreció que emergiera un nuevo tipo de mujer, la cual responde a la llamada de su propio destino al desarrollar una carrera, decidir su vida emocional y sexual, y escoger los roles que más le satisfagan, con plena libertad. Esta revolución trajo consigo una nueva actitud hacia el trabajo, el cambio social, la moral y los valores.

En la actualidad, muchas mujeres tienen actitudes más positivas:

-          No estudié para guardar mi título en un cajón. De eso estoy segura. Puedo trabajar y hacerme cargo de la casa al mismo tiempo. ¡Claro que lo haré!

-          Voy a hacer ejercicio para estar en mejor forma. Quiero sentirme bien y verme bien, no sólo por mi familia sino por mí también.

-          Este curso me servirá para lograr un ascenso en el trabajo. Al menos, mi jefe notará mi esfuerzo por salir adelante.

-          Quiero ser un ejemplo de energía, fuerza y buen humor para mis hijos. Quiero contagiarles mi alegría y mi ánimo.

Muchas de nosotras queremos ser así, y muchas lo manejan bien por mucho tiempo. La lucha parece continuar, para volver a caer en el sistema tradicional, donde vemos sólo las limitaciones de nuestro potencial. Veo muchas mujeres que tienen buenas intenciones, pero no hacen nada por llenarlas.

¿Qué pasó con su vieja amiga que iba a comerse el mundo?

Cuando se la encontró el año pasado estaba donde mismo, realmente no logró llegar a ningún lado. ¿Por qué es tan duro vivir nuestros sueños? ¿Qué sale mal?

Pienso que una respuesta probable a esta pregunta es que los cambios dramáticos y recientes en nuestra sociedad han hecho las cosas más duras para la mayoría de las mujeres. Ahora la mujer que trabaja, especialmente la madre que trabaja, se encuentra viviendo bajo una grandísima y terrible tensión.

Todos hemos oído a mujeres decir:

-          ¡Estoy tan harta del quehacer de la casa! Nunca se acaba, sólo es una rutina aburrida y monótona… Y nadie la reconoce.

-          Si no es mi marido o los niños, es mi familia. Siempre estoy de un lado para otro, soy el chofer disponible. ¡Me siento exhausta!

-          Algunas veces, en un momentito de soledad, me pregunto si tendré un día tiempo libre para mí.

-          La verdad es que me encargo de todo – la casa, los niños, la vida social de mi esposo y la nuestra. Pero todo se vuelve una carga cuando sólo hay veinticuatro horas para un solo día.

-          Si acaso me tomo un minuto para hablar con mis amigas, a las que apenas veo, mi familia se queja y no cooperan.

-          ¡Me interrumpen a cada rato! Me siento como esclava.

 

Al mismo tiempo la gente más tradicional nos critica si tomamos más de un rol. Por ejemplo, María Fernanda es la directora general de una compañía de computadoras líder en el mercado. Tiene treinta y dos años, tres hijos y un marido no menos exitoso que ella. Podríamos catalogarla como una verdadera mujer nueva que a base de esfuerzo y reflexión ha logrado equilibrar su vida de una manera envidiable. Las personas que la rodean la admiran y la respetan, aparentemente, porque apenas se da la media vuelta, dicen, haciendo un gesto de incredulidad:

-          Seguramente ella no sabe ni freír un huevo…

Y si una mujer sobresale en los deportes, se supone automáticamente que su casa y sus niños son un desastre:

Carolina es campeona de tenis a nivel nacional. Es madre, esposa, y aparte se da tiempo para ayudar a la gente necesitada. Su casa es pequeña pero confortable y limpia, y sus dos hijos varones, están educados estupendamente. Pero todos le inventan historias falsas acerca de su vida privada. ¿Por qué?

Para evitar ser “atacadas”, debemos tener un exitoso balance como amas de casa y como trabajadoras.  Y por supuesto tenemos que ser excelentes en todas nuestras otras tareas.

Pero, por otro lado, algunos apoyan y aplauden a las mujeres que toman diversos papeles:

-          Realmente le doy crédito. Está trabajando, su casa está en perfecto orden y ¡todavía tiene tiempo de entrar al torneo de natación!

-          Ella se va a trabajar y además se encarga de sí misma y de su hogar. ¿Cómo le hace?

-          Martha es agradable y educada. ¡Siempre luce tan bien…! Y su casa, que bárbara, parece una tacita de porcelana.

Lamentablemente, aunque las cosas están cambiando, la sociedad nos pone una pesada carga. Y si fallamos en cumplir todas estas demandas, la gente estará ansiosa por criticarnos. No son únicamente demandas en términos de tiempo: ¡también tenemos que encontrarle el sentido a todo!

Primero, está la carga de la tradición que todavía tiende a apesadumbrarnos. En segundo lugar, están las cargas de los nuevos estilos de vida, las expectativas de todos los nuevos papeles que tenemos que tomar. Todo esto, en conjunto, se vuelve una mezcla muy confusa para cualquier mujer, pero especialmente para la joven que no se ha dado cuenta de hacia dónde está dirigiendo su vida:

-          ¡Cuando me case, tendré que dejar mi libertad?

-          ¿Seré capaz de manejar mi carrera y todavía cuidar bien a mis hijos?

-          ¡Estoy tan cansada y no sé por qué! Ya ni siquiera sé quien soy… ¿Estoy cambiando mucho?

-          ¿Y si no encuentro el hombre adecuado? ¿Cómo encauzaré mi vida?

-          El único objetivo de mi madre es que yo encuentre un marido, pero primero quiero terminar mi educación. Me ocuparé de ese asunto del matrimonio después…

Estas son importantes cuestiones que afectan a incontables mujeres hoy en día. Constantemente encontramos situaciones que son vastamente diferentes de las que conocimos cuando estábamos creciendo.

Enfrentarnos con estas expectativas sin tener experiencia para juzgarlas, nos conduce a caer en papeles menos riesgosos que aprendimos cuando niñas, y claudicar en nuestros esfuerzos de hacer más por nosotras mismas.

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