jueves, 29 de enero de 2026

Del Libro “La Vaca” del Dr. Camilo Cruz - Programación negativa

 

Del Libro “La Vaca” del Dr. Camilo Cruz

 (La figura de la vaca simboliza toda excusa, hábito, pretexto o justificación que nos impide vivir a plenitud).

 



Muchas de las vacas que nos atan a una vida de mediocridad nos fueron obsequiadas por otros. Con frecuencia somos víctimas de las influencias negativas de otras personas; aceptamos su programación negativa sin cuestionamientos. Al hacer esto, permitimos que siembren en nuestra mente falsas creencias que nos limitan física, emocional e intelectualmente.

Estas ideas, que han sido programadas por nuestros padres, profesores, familiares, amigos e, inclusive, por perfectos desconocidos, terminan por hacernos creer que somos personas comunes y corrientes. Y por ello hoy nos resulta difícil creer que poseemos el potencial necesario para triunfar y alcanzar grandes metas.

Es igualmente devastador permitir que las experiencias negativas del pasado dictaminen nuestro futuro. Por supuesto que es importante aprender de nuestros errores, pero no debemos permitir que los fracasos y las caídas del pasado cierren para siempre las puertas de la oportunidad de éxitos futuros. ¿Qué importa que hayas tratado cinco veces y hayas fracasado? Lo únicos que eso significa es que ahora conoces cinco maneras de no volverlo a hacer. No es que el universo esté conspirando para que desistas de tu idea. No es el destino ensañándose contigo, ni es tu ‘característica’ mala suerte. Recuerda que el éxito es el resultado de las buenas decisiones. Las buenas decisiones son el resultado de la experiencia y la experiencia es el resultado de las pobres decisiones. Todo esto es parte del proceso. Ahora ya sabes el secreto, la clave del éxito es no darte por vencido.

Este es quizás uno de los principios de éxito más importantes que he aprendido. Tu futuro no tiene que ser igual a tu pasado. Siempre podemos cambiar, aprender y crecer. Todos tenemos la capacidad de darle un vuelco total a nuestras vidas en cualquier momento. Nadie está condenado a vivir una vida de mediocridad. Si has fracasado en el pasado, eso no quiere decir que siempre vayas a fracasar.

No debemos olvidar que todo lo que programemos en nuestra mente determinará si triunfamos o fracasamos. Las creencias, valores y convicciones que recojamos a lo largo del camino y reforcemos con nuestras acciones, forjarán la persona en la cual nos convertiremos. Tristemente, cuando la mayoría de nosotros nos graduamos de la escuela secundaria, ya hemos sido programados casi totalmente para le mediocridad. Sé que suena un tanto áspero, pero es cierto.

En su libro Aprendizaje acelerado para el siglo XXI, Colin Rose y Malcolm J. Nicholl presentaron los resultados de un estudio que mostró que más del 82% de los niños que entran a la escuela entre los cinco y los seis años de edad tiene una gran confianza en su habilidad para aprender. Sin embargo, a los 16 años el porcentaje que aún muestra esta confianza en sus propias habilidades se ha reducido a tan solo 18%. Es inconcebible que, durante nuestros años de formación escolar, cuando deberíamos desarrollar nuestro potencial al máximo, adquiramos tantas limitaciones y falsas creencias acerca de nuestras propias habilidades. Lo peor de todo es que de ahí en adelante nos acompaña una tendencia casi inalterable a aceptar la mediocridad en todas las áreas de nuestra vida.

Expresiones como:

-          Tengo una relación de pareja infeliz, pero yo creo que así deben ser todos los matrimonios.

-          Quisiera empezar una nueva carrera, pero ya estoy demasiado viejo para cambiar. Además, jamás hice otra cosa.

-          Tengo un pésimo estado físico, pero según escucho en los medios así está la mayoría de las personas.

Estas expresiones denotan una aceptación de la mediocridad como alternativa viable. Terminamos por aceptar matrimonios que andan más o menos bien, en lugar de buscar una relación de pareja extraordinaria, ya que desde jóvenes hemos aprendido que los matrimonios extraordinarios no existen, son casi imposibles o, si se dan, otra cosa seguramente andará mal. Y así, muchas parejas viven durante años y hasta décadas, en matrimonios mediocres porque no creen que puedan hacer algo para cambiar su realidad.

He aquí otro ejemplo. Si desde temprana edad escuchaste en casa que querer ganar mucho dinero era señal de codicia y producía infelicidad y que lo más prudente era contentarse con lo poco que uno tenía, porque es mejor tener poco y ser feliz, que querer tener mucho y ser infeliz, pues no te sorprenda que hoy tengas apenas lo suficiente para sobrevivir. 

La repetición constante de expresiones como éstas, pronto las convierte en programas mentales que dirigen nuestra manera de pensar y actuar. Con el tiempo, estas acciones se vuelven hábitos que poco a poco moldean nuestro destino. ¿Vas a permitir que sean estas vacas las que labren tu destino?

Recuerda el hermoso poema de Amado Nervo que dice:

… Porque veo al final de mi rudo camino

que yo fui el arquitecto de mi propio destino;

que si extraje la miel o la hiel de las cosas

fue porque en ellas puse hiel o mieles sabrosas:

cuando planté rosales, coseché siempre rosas.

El mensaje de Nervo es simple: si siembras un pensamiento negativo, cosecharás un pobre hábito. Siembra un pobre hábito y, en el mejor de los casos, cosecharás un futuro incierto.

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jueves, 22 de enero de 2026

Del libro “El regalo” de Stefanos Xenakis - Las señales

 

Las señales




Íbamos con prisa. Siempre vamos con prisa cuando visitamos el parque de atracciones.  Ni las niñas ni yo queremos perdernos un minuto de diversión. Iban en los asientos de atrás haciendo bromas y riéndose. Yo conducía rápido, pero con cabeza. En ese momento, de repente, se encendió una lucecita roja en el salpicadero. No la había visto en mi vida, pero al instante pensé que tendría algo que ver con la presión de los neumáticos.  Intenté ignorarla, pero la seguía viendo con el rabillo del ojo. Esa molesta vocecilla interior comenzó a discutírmelo todo.

  Mañana – le dije.

– No, hoy -replicó –. ¿Y si es serio? Hay una gasolinera justo delante.

El coche giró hacia la gasolinera como si le hubiera puesto el piloto automático.

El dependiente me atendió con diligencia. Le enseñé el indicador.

  Yo te lo arreglo – afirmó –.  ¿Cuánta presión necesitan las ruedas?

– No lo sé. ¿Hay alguna forma de descubrirlo?

No se lo tuve que decir dos veces. Al final resultó que la rueda de repuesto que le había puesto al coche la semana anterior tenía la presión demasiado alta.  Con cuidado, dejó escapar la cantidad necesaria de aire y yo le di una buena propina. Solía ser un tipo bastante agarrado, pero eso se acabó. Dar buenas propinas me hace muy feliz. El dependiente esbozó una sonrisa radiante. Se la devolvimos y nos pusimos en marcha.

Puede que llegáramos al parque de atracciones unos minutos más tarde de lo previsto, pero lo disfruté aún más sabiendo que había hecho lo que tenía que hacer. No siempre hacemos lo correcto, sino lo que nos resulta más sencillo.

No nos gusta salir de nuestra

zona de confort.

Por eso no llevamos las vidas que

queremos.

 Ignoramos las señales, aunque la lucecilla roja no deje de parpadear. “¿Qué más da?” es el mantra que te va royendo la vida poco a poco.  “¿Para qué me voy a preocupar de arreglar la rueda?” se acaba convirtiendo en para qué te vas a levantar del sofá, hacerte un chequeo, ir al gimnasio o leer un libro. Y la tele sigue encendida y tú evitas esas conversaciones difíciles, te haces un ovillo en el sofá y, antes de que te des cuenta, los años irán pasando. Y, al final, te verás en el espejo y te castigarás por haber malgastado el tiempo.

 Al principio no es más que una lucecita roja.

Luego se convierte en un destellante cartel de neón.

Hasta que te acaba golpeando la cabeza.

“¿A dónde diantres se me ha ido la vida?”, te preguntas.

¿Quién me la ha robado?

¿Mi jefe?

¿Mi pareja?

Mírate bien en el espejo.

Te la has robado tú.

Y ha llegado el momento de devolvértela.

Ha llegado el momento de no ignorar las señales y reaccionar.

 

PONERSE DEMASIADO CÓMODO ES EL MEJOR CAMINO HACIA UNA MUERTE LENTA Y TORTUOSA.

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jueves, 15 de enero de 2026

 

MIEDO A LA VEJEZ

Autora:  Alicia Campos Vera


El miedo a la vejez tiene mucho que ver con la forma en que aprendiste a verla a temprana edad.

Si de niño tuviste que cuidar a un adulto mayor enfermo, imposibilitado para moverse, y con un aspecto frágil y muy deteriorado, es comprensible que te asuste llegar a esa edad.

Si de niño te asustaban con la idea de envejecer y morir, puede ser causal de preocupación en la edad adulta.

Si durante la juventud los comentarios en torno a la vejez estuvieron cargados de connotaciones negativas, —remarcando incapacidades y dificultades para valerse por sí mismo—, es natural que genere inquietud.

Si tu pareja en algún momento dijo que te abandonaría por alguien más joven, el paso de los años puede resultarte incómodo.

Si como hombre has sido testigo de vidas de otros hombres de edad avanzada, enfrentando una enfermedad y sin redes de apoyo, es natural que el miedo a la vejez se intensifique.

Y si en la edad madura se asume que el éxito tiene una cima y que, una vez alcanzada, el resto del camino es “cuesta abajo” —con dificultades para conseguir trabajo, para ver, para mantener claridad mental, movilidad e incluso para valerte por ti mismo—, el miedo a seguir avanzando en edad puede volverse bastante preocupante.

Por otro lado, si de niño observabas a tus abuelos o a cualquier adulto mayor con gran sentido del humor, bailando y disfrutando de la vida, es muy probable que percibas la vejez con naturalidad.

Si creciste en un ambiente donde los ancianos se reunían a tomar café, se divertían con juegos de mesa, conducían sus autos incluso a los 90 años, paseaban por centros comerciales y viajaban, no solo verás la vejez como algo grato y disfrutable, sino que el término jubilación se convertirá en una meta a alcanzar.

Si en algún momento los consejos, comentarios y, en general, la sabiduría de un adulto mayor te hizo reflexionar, te ayudó o te impresionó, quizá comprendiste que esa es una de las grandes ventajas de tantos años de experiencia y una vida bien vivida.

La vejez es solo una etapa de la vida, así como la niñez, la adolescencia y la juventud; cada una con aspectos agradables y otros no tanto. El niño quiere ser adulto, el joven quiere independencia, pero cada etapa tiene lo suyo y es importante respetar ese ciclo vital.

Aunque nunca sabremos cuántos años vamos a vivir, lo verdaderamente importante es prepararse física, emocional y económicamente para ello. ¿Cómo?

  1. Cuidando la salud (física, mental y emocional), para poder ser un adulto mayor sano, con energía, movilidad, autonomía y paz interior.
  2. Cuidando las finanzas, para no depender económicamente de nadie y así no solo cubrir los gastos básicos, sino también gustos, viajes, imprevistos y hasta la estancia en alguna casa de retiro o residencia geriátrica.
  3. Cuidando las diferentes redes de apoyo (familiares, sociales, deportivas, comunitarias, religiosas, etc.). Una buena convivencia propicia una actitud de ayuda mutua.

En conclusión: La vejez no es buena ni mala, es solo una etapa natural de la vida que conviene aceptar, y para la cual hay que prepararse desde HOY, cuidando la salud, las finanzas y las redes de apoyo, para con eso reducir el miedo y asegurar una vejez plena y con calidad de vida.

 .

jueves, 8 de enero de 2026

Del libro “Inquebrantables” de Daniel Habif - Cambiar

 

Del libro “Inquebrantables” de Daniel Habif

 



Es el momento de cambiar. Si has sido igual toda tu vida, ¿no crees que ya es hora de ser mejor? No quiero que lo hagas cuando termines de leer esta página, ni en un mes. Quiero que lo hagas ahora: deja el libro y hazlo, consigue que suceda algo nuevo.

Revientas de dones y talentos, pero no sabes donde encontrarlos. Deja de insultarte por la forma de tu cuerpo o por la de tu nariz, por tu exceso de panza o tu falta de pelo. Deja de quejarte por ser pobre, sin títulos o porque sientes que te pesan los años. Si le dijeras a tus amigos las cosas que te dices a ti, ¿serían aún tus amigos? Si te comieras tus palabras ¿estarías nutriéndote o envenenándote?

Sé que es difícil y cuesta trabajo, pero si yo emergiera del papel, te pusiera un revolver en la frente y te dijera que cambiaras, ¿no buscarías todos los recursos necesarios para hacerlo? ¿No es eso mismo lo que la vida hace contigo?, te presiona para que reacciones, porque solo en la adversidad nos superamos. Es en momentos como esos cuando debes hacer lo necesario para que cada paso te acerque a la meta. Deja de tener un listado de deseos, empieza a dominar tu mente y ponla al servicio de tu espíritu.

Ama tus cicatrices, presume de tus rasguños y fracturas, utilízalos a tu favor. No puedes conquistar nuevas tierras con un alma de víctima. ¡Ve y pelea tu batalla! Tu decides quien eres, no las circunstancias, no los demás. Lo que pasó, pasó. Nada es permanente. No asumas tu escenario actual como un estado final.  

 

NO VIVAS LA VIDA QUE TE TOCÓ,

VIVE LA VIDA QUE QUIERES.

 

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lunes, 5 de enero de 2026

 


DUELO   SANO

Autora:  Alicia Campos Vera




       El duelo sano se caracteriza principalmente por los siguientes aspectos:

           La persona puede expresar libremente sus emociones y sentimientos tras la pérdida.

           Existe llanto debido al dolor que implica la ausencia física del ser querido; sin embargo, disminuye de manera gradual y, en promedio, puede extenderse alrededor de un año.

           Se reconoce y acepta la muerte como parte natural del ciclo de la vida lo cual favorece el proceso de aceptación.

           No quedaron asuntos pendientes o conflictos no resueltos con la persona fallecida, lo que genera una sensación de paz y bienestar emocional.

           El enfoque se centra principalmente en los momentos y experiencias compartidas con el ser querido, más que en el instante de su partida.

           Hay conciencia de que la vida continúa, por lo que se inicia un proceso de adaptación a una nueva realidad sin la presencia física del ser amado.

 


jueves, 18 de diciembre de 2025

Del libro “Por el placer de vivir” de César Lozano - Decisiones

 

Del libro “Por el placer de vivir”  de César Lozano

 


El peor momento que podemos elegir para tomar decisiones es precisamente cuando se está enojado.

Al respecto, recordé una historia que me compartieron.

Un hombre tenía que tomar una decisión importante. Acudió con un sabio a quien él respetaba y admiraba por su forma inteligente de solucionar los problemas. Le expresó su preocupación sobre decir sí o no a un ofrecimiento.

El sabio le dijo: “Sube a lo alto de aquella montaña. Al llegar a la cumbre encontrarás una piedra. La tomas y la lanzas con fuerza hacia arriba. Si la piedra cae a tu derecha, haz lo que se te propuso. Si la piedra cae a tu izquierda, la respuesta es no. No lo hagas.”

El hombre subió feliz a la montaña con la seguridad de que el sabio le había dado el mejor consejo. Al llegar a la cumbre, se encontró la piedra, tal y como el hombre se lo había dicho. La agarró y la lanzó con fuerza hacia arriba, y de pronto, ¡la piedra le cayó en la cabeza! Con mucha rabia y dolor el hombre bajó de la montaña a buscar al sabio.

Entró a su casa abruptamente y le dijo: “¡Me mentiste!”

“¿Por qué me dices eso?”, preguntó el sabio. 

“¡Porque la piedra la lancé como me dijiste, pero me cayó en la cabeza!”

A lo que el sabio le contestó: “¡Y después de que cayó en tu cabeza, a dónde fue a parar, a tu derecha o a tu izquierda?” 

Pues no sé” dijo el hombre sobándose todavía del dolor. “No me fijé,” 

Ah, dijo el sabio.  Así son las decisiones.  El peor momento para tomarlas es cuando se encuentra uno enojado por el dolor.”

 

Moraleja:  nunca tomemos una decisión importante o trascendente cuando estemos enojados.


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