Del libro “Hijos invisibles” de Martha Alicia Chávez
HAZLOS VISIBLES ANTE EL MUNDO
No podemos negar la agradable sensación que
experimentamos, a cualquier edad, cuando alguien habla bien de nosotros en público,
más aún si ese alguien es una persona muy significativa, como lo son los
padres para un niño.
Muchas personas consideran inapropiado el decir cosas
positivas de sus hijos y presumirlos. Si bien esto puede
presentarse en un extremo, cuando proviene de un mesurado y genuino
orgullo por nuestros hijos no tendría por qué ser inadecuado.
Está bien probado que esta conducta es uno de los factores
que estrechan hermosamente una relación, del tipo que sea: de pareja, de
amistad y, no se diga, entre padres e hijos.
Yo observo qué fácil resulta para la mayoría de los padres
hablar a otros de los problemas que sus hijos les dan y de los defectos que
tienen. Esto es recibido con total naturalidad por quienes escuchan. Pero
cuando se habla de lo maravillosos que son sus hijos, no es tan bien recibido;
al contrario, es desaprobado.
Esto proviene en parte de viejos e inadecuados aprendizajes
sobre modestia que por años se nos inculcaron. Les llamo inadecuados
porque en realidad el significado de la modestia se ha distorsionado en las
interpretaciones sociales que se le dan. Éstas sugieren que cuando alguien te
halaga en cualquier aspecto la respuesta correcta debiera ser algo así
como: “Ay no, de ninguna manera, yo no soy…”, y mejor aún si complementas tu
respuesta diciendo algo negativo sobre ti mismo.
Un día estaba con tres hermanas y su mamá, que son mis
amigas desde la adolescencia. Alguien llamó la atención de la madre al
reconocer lo guapas que eran sus hijas –y sí lo son–, a lo que ella contestó:
“Ay no, son muy feas, pero son buenas personas”. Las tres hijas reclamaron al
unísono en son de broma: “Oye, no, ¡sí somos muy guapas!” La madre puso su dedo
sobre sus labios en señal de que guardaran silencio y les dijo como un susurro:
“Imagínense que mal me vería si digo que mis hijas son guapas”.
En realidad, la modestia implica la capacidad de
reconocer honestamente virtudes y tu innegable grandeza, así como tus defectos
y también innegables limitaciones.
Cuando lo padres sólo halagan y presumen a sus hijos de
manera desmesurada es simplemente por una necesidad de reafirmarse a sí mismos
como buenos padres –¡padres perfectos! – ante los demás.
La conducta que yo estoy sugiriendo implica que se deben
reconocer las limitaciones de los hijos, pero cuando se dan las circunstancias
apropiadas no se debe tener problema en mostrar a otros sus virtudes y
grandezas.
Para finalizar este apartado, te pido que recuerdes alguna
ocasión en la que alguien te halagó/reconoció ante otros. Qué maravilloso se
siente, ¿verdad? Imagina ahora como se sentirá un niño cuyos padres, que son su
universo y su palabra la verdad absoluta, escucha algo así. Con gran intensidad
te invito a que instaures esta conducta en tus relaciones con la gente a quien
quieres y veas la magia que provoca.
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