Del libro “Palabras de poder” de Fer Broca
Las palabras se activan
En la tradición egipcia existe una forma de nombrar las cosas que me gusta mucho. Ellos dicen que hay palabras que se dotan de vida. A mi me encanta esta expresión, porque es lo que yo llamo: activar las palabras.
Tú puedes decir: “Te deseo lo mejor” como si estuvieras leyendo
algo obligado, o lo puedes decir con marcado énfasis: “Desde el fondo de mi
ser, te deseo lo mejor”. Mientras que, en el primer caso, las palabras
están inactivas, muertas, carentes de significado, en el segundo esas palabras
están rebosantes de vida. Esto es algo que se nota especialmente en los
funerales, cuando ves a personas que asisten sólo por cumplir con un compromiso
social. En esos casos, las palabras se sienten vacías, inertes. En cambio,
cuando alguien realmente aprecia a la persona fallecida y siente su dolor, esa
persona, al acercarse al funeral, dirá con sinceridad: “Te acompaño en tu
dolor”. Ahí se activa la palabra.
Las palabras se activan a través de la intención. Si no hay una genuina intención detrás, no
hay activación. Cuando usas la palabra “merezco”, una de mis palabras
gatillo, y la dices convencido de que en verdad mereces, no desde la arrogancia
o el ego, ahí se activa la palabra. Una activación que le da significado,
contenido, esencia.
La mundialmente conocida reina del pop, Madonna, es
un ejemplo claro de activación de una palabra. Su nombre artístico tiene un
significado que la mayoría de las personas reconoce. Ella no necesita salir y
presentarse como “la reina del pop”; la palabra “Madonna” ya trae
consigo un significado que ella ha hecho suyo. Se adueñó del poder de su
nombre. Lo mismo ocurre con Messi: cuando mencionas su apellido, la mayoría
sabe quién es y lo que representa.
Cuando te apropias del significado de una palabra te conviertes
en eso que la palabra significa. Una persona abundante no necesita mostrar su
cuenta bancaria, sus bienes o su billetera para demostrar que es abundante.
Simplemente, lo es. Lo mismo pasa con una persona educada: no necesita
demostrar su nivel académico, sólo se expresa de forma natural. Simplemente, lo
es.
Ellos, en algún momento de sus vidas, activaron esas
palabras y luego se apropiaron de ellas hasta convertirse en lo que éstas
significaban. Y ése tiene que ser también nuestro objetivo: escoger las
palabras que serán importantes en nuestras vidas, activarlas y apropiarnos de
ellas. Tenemos que convertirnos en esas palabras. Este proceso tiene una
potencialidad infinita.
Ahora bien, podrías repetir la palabra “merezco” diez mil
veces sin llegar a activarla. Porque la activación no es sólo cuestión de
repetición, sino de intención, como te mencioné antes. Se activa con la intención.
Si tienes la intención de merecer, la palabra se activará con tan sólo
repetirla unas cuantas veces. Y sabrás que la has activado porque empezarás a
recibir todo lo que mereces. Te convertirás en un merecedor. Así, podrás
constatar por tu propia experiencia lo que significa convertirte en la palabra.
Toda tu realidad está, en gran medida, basada en esto: no
atraes lo que quieres, sino lo que eres. Esta es una máxima espiritual. Decir
“Yo quiero ser abundante” no es lo mismo que decir “Yo soy abundante”.
EJERCICIO
Siéntate un momento en silencio. Lleva las manos al centro
de tu corazón. Sé consciente de qué palabra en este momento te ayudaría
positivamente en tu vida. Quizá sea “confianza” o “me amo”.
También podría ser “pongo límites” o “suelto en paz”. Es
importante que te escuches. Que vayas al interior y te preguntes qué frase o
palabra te ayudaría en este momento de tu vida.