jueves, 2 de abril de 2026

Del libro “Mujeres de hierro y de cristal” de Dra. Silvana Rohana - Lenguaje corporal

 

Del libro “Mujeres de hierro y de cristal” de Dra. Silvana Rohana

 

LENGUAJE CORPORAL Y COMUNICACIÓN



Aunque parezca extraño, cualquiera que nos observe realmente está mirando nuestro lenguaje corporal más atentamente que si estuviera escuchando lo que decimos. Las señales inconscientes que enviamos en este sentido a menudo influyen en la gente para que confíe o desconfíe de nosotros, le agrademos o le desagrademos. ¡Y a menudo la otra persona no tiene idea de que nos está juzgando! Estudios recientes han mostrado que cerca de tres cuartos de nuestra comunicación uno a uno sucede a través del lenguaje corporal, y ¡sólo el cuarto restante a través de las palabras!

Así, puedes ver que tan importante es poner más atención para averiguar lo que tus posturas y gestos comunican. Por ejemplo:

¿Cómo te paras cuando estás en una entrevista o hablando en público?

¿Qué tipo de gestos utilizas mientras hablas?

¿Te ves confiada o tensa?

Mucha gente que realmente no sabe lo que hace, se muestra como insegura o agresiva debido a que no guarda una adecuada postura en la silla.

O juega nerviosamente con su cabello o habla muy alto. Seguramente has visto a personas como éstas. ¿Te sucede a ti? ¿Tu cuerpo comunica un mensaje que no es consistente con lo que estás diciendo?

Este es el primer paso para encontrar tu nueva imagen: pasar unos cuantos minutos sólo pensando acerca de tu postura y gestos para que puedas estar segura de que te ves tan inteligente como realmente eres.

Recuerda la última vez que estuviste en una situación en la cual te sentiste a disgusto o en la que tuviste que reunirte con personas nuevas.

¿Cómo te paraste? ¿Estabas derecha y confiada? ¿Te desaliñaste por el miedo? ¿Estabas tan tensa que la gente pudo encontrarte asustada? ¿Te acercaste mucho a la otra gente, o te alejaste mucho?

¿Te paraste en un sitio desde el que podías ver la cara a las demás personas? o ¿te escondiste en una esquina y hablaste quedito?

¿Qué gestos utilizaste? ¿Apuntaste con el dedo? ¿Moviste tus manos? ¿Jugaste con tu cabello, joyas, o constantemente te arreglabas la ropa?

¿Era tu ropa apropiada para la ocasión? ¿El color mandó el mensaje correcto? ¿Te veías profesional aun sin estar tensa?

Piensa en estas preguntas por unos minutos. Después empieza a observarte a ti misma en tu interacción con otros. Mantén un registro de la impresión que pareces causarles. ¿Te consideran relajada y extrovertida? ¿Luces como alguien que es responsable sin hacer sentir a los demás incómodos? Cuando hayas aprendido a proyectar una imagen relajada y confiada, encontrarás que tus relaciones mejorarán increíblemente.

 

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jueves, 26 de marzo de 2026

 

Del libro “90 respuestas a 90 preguntas” de Martha Alicia Chávez

 

¿Qué hay detrás de las excusas?

 




“La reina de las excusas.” Así bauticé para mis adentros a la mujer que más excusas pronuncia en menor tiempo. ¡Es impresionante! La mayoría de ellas son absurdas, increíbles y absolutamente innecesarias; algunas las expresa aun antes de que uno siquiera termine de hablar o, peor aún, incluso antes de que comience. La conocí hace poco por asuntos de negocios. Ella me ha hecho pensar mucho sobre este comportamiento, lamentablemente muy común.

Pero la vida es tan buena conmigo, que también hace poco me puso enfrente a otra mujer que — a diferencia de la acreedora al mencionado título – me ha sorprendido gratamente por su capacidad de reconocer sus errores, ofrecer una disculpa y encontrar la forma de corregir su falta cuanto antes. Interactuar con ella es muy agradable y relajante y me aviva la llama de la confianza.

Las excusas me molestan de verdad porque su función es culpar a algo o a alguien de un error cometido, en lugar de decir una frase tan liberadora y tan simple como “discúlpame”, “me equivoqué”, “se me olvidó”, etcétera.  Algunas son tan ridículas y tontas, que hasta ofenden la inteligencia de quien las escucha. Generalmente, las personas que usan la excusa como estilo de vida creen que el receptor les cree, y si éste confronta, refuta u objeta de alguna manera, el emisor de la excusa se siente ofendido.

El otro día, por ejemplo, llamé a una persona para pedirle, por sexta vez, que me enviara unos papeles que tenía pendientes de mandar. Me respondió con una nueva excusa, tan tonta como todas las anteriores, la cual confronté diciéndole que esperaba que esta vez sí cumpliera, porque cada día se comprometía a que esa tarde los mandaría y no sucedía, y luego, a mi siguiente llamada me sacaba una nueva excusa para justificar que no lo había hecho. Como siempre sucede con las personas que presentan esta inmadura actitud de justificar su ineficiencia o informalidad con excusas, se indignó por mi comentario, que no llevaba dentro más que la verdad. Una verdad que a los amantes de las excusas no les gusta ver. Esta actitud a mí de veras que no me cabe en la cabeza.

¿Qué hay detrás de las excusas? Por una parte, el temor a ser desaprobado y juzgado como tonto, ignorante, malo o inadecuado por haber cometido un error. Esto se da como consecuencia de haber crecido en un hogar donde se exigía perfección y donde los errores y la imperfección se condenaban fuertemente con burla, sarcasmo, castigo o cualquier otra forma de desaprobación y rechazo. También, detrás de las excusas está la soberbia, que no nos deja soportar la idea de que no somos perfectos e infalibles y de que otros se pueden dar cuenta de ello (¡como si no lo superan ya!). La falta de madurez y de responsabilidad por las propias acciones, y en general por todo lo que tenga que ver con uno mismo, es otro de los factores que hay detrás de las excusas.

De seguro todos hemos experimentado la sensación de libertad y paz que proporciona el reconocer el error que cometimos y disculparnos por ello, y también el estrés que casa inventar excusas, porque tenemos que seguir creando más y más para sustentar la que ya expresamos, formándose una interminable y angustiante cadena de mentiras que nos impiden tener paz. Asimismo, la imagen personal se deteriora y ensucia ante uno mismo, y por supuesto ante los demás, porque ¡te garantizo que se dan cuenta!

En cambio, reconocer nuestro error, disculparnos por ello, asumir las consecuencias y realizar las acciones necesarias para corregirlo, enaltece nuestra imagen ante nosotros mismo y ante los demás, que sentirán (lo expresen o no) una admiración por tan loable, madura y valiente actitud.

Perdámosle el miedo a reconocer nuestros errores y pedir perdón; démonos permiso de experimentar la agradable, liberadora y satisfactoria sensación que este comportamiento nos deja, y lo orgullosos que estaremos de nosotros mismos.

Vamos madurando y volviéndonos auténticos.

¡Dejemos ya de inventar excusas!

jueves, 19 de marzo de 2026

 

Del Libro “La felicidad en tiempos difíciles” de Andrew Matthews

 

LA  FELICIDAD -  SENTIRSE BIEN…

 



LA FELICIDAD – SENTIRTE BIEN – ES TU META MÁS IMPORTANTE.

Tu creas tu vida de acuerdo con lo que sientes. Cuando te sientes bien tu vida entera está en armonía con el mundo que te rodea. Al enfrentar los retos, encuentras las soluciones. Sueles encontrarte en el lugar correcto en el momento preciso. No se trata de tu cociente intelectual. No se trata de si eres santo o pecador. Se trata de cómo te sientes.

Tu misión es sentirte tan bien como sea posible, tan seguido como sea posible.

Estos hábitos ayudan a:

1.- Gustarte a ti mismo:

      La más importante relación de tu vida es la que mantienes contigo mismo. Cuando te criticas constantemente, saboteas tu vida. Cuando te gustas, te permites ser más feliz, más sano y más próspero. Sé gentil contigo mismo.

2.- Ser flexible:

      Tratar de controlar el mundo y juzgar a todos termina por dejarte exhausto. No te pongas a pelear con lo que ya ha sucedido. Deja atrás los golpes y disfruta las sorpresas que da la vida.

3.- Concéntrate en lo que quieres:

      Imagínate cómo quieres ser, ve tu vida tal como la quieres.

4.- Relajarte respecto al dinero:

      El dinero es un perro: cuando lo persigues, escapa. Si asumes que no le gustas al dinero, te morderá el trasero. Cuando estás cómodo con él, se te echará en las piernas para que le hagas cosquillas.

5.- Ser agradecido:

      No importa qué tan poco tienes. Concéntrate en lo que tienes y vendrá más. Busca las cosas buenas siempre. Dices: “¿Cuándo seré feliz?” Cuando la gratitud sea un hábito para ti.

 

Las personas dicen: “¡Cuando tenga lo que quiero, seré feliz!”, pero la cosa es al revés.

CUANDO ERES FELIZ OBTIENES LO QUE QUIERES.

jueves, 12 de marzo de 2026

Del libro “Los porqués del insomnio” de Martha Alicia Chávez - Esperando el regreso del ausente

 

Del libro “Los porqués del insomnio” de Martha Alicia Chávez

 

Esperando el regreso del ausente

 



La incertidumbre que la ausencia de un ser querido puede dejar en quienes viven esta experiencia es insoportable. Cuando este ser querido los abandonó, cuando se fue sin despedirse y sin explicación alguna, o incluso con despedida y explicación, quien se queda no tiene paz. La fallida esperanza de que algún día vuelva puede llegar a destrozar el corazón y a robar la tranquilidad.

Cuando David era un niño, una mañana su padre se fue de casa para vivir su romance con una mujer de la que se enamoró apasionadamente. No le importó su compromiso con la familia, ni el bienestar emocional de sus hijos, ni nada, sólo su deseo egoísta de vivir su vida como si todo lo demás no existiera.

Este abandono del padre devastó a David, quien desde ese día no volvió a vivir ni a dormir en paz. La esperanza de que el padre volviera, y la duda de cuándo eso sería, lo mantenían sumergido en el tormento emocional que la incertidumbre provoca.

Él recuerda que un día mamá entró a su recamara y lo encontró despierto a las dos de la mañana. Le preguntó si estaba enfermo o que le pasaba, a lo que respondió: “Quiero estar despierto, porque si llega mi papá y estoy dormido no lo veré”. Su mamá sensible y sabia como era, le dijo que durmiera tranquilo y le prometió que, si papá regresaba, ella misma lo despertaría. Por unos días esta promesa consoló a David, pero después pensó en que podría ser que papá viniera y mamá no se diera cuenta por estar profundamente dormida, y entonces no lo despertaría. Así que volvió a su vigilancia personal porque sintió que era la única forma de asegurarse de que no se perdería la anhelada y falsamente imaginada visita de papá.

La imagen de un pequeño forzándose a no dormir por si el amado y añorado padre regresa me conmueve sobremanera.

¡Por qué los padres y madres que abandonan no entienden la dolorosa y profunda herida que abren en el corazón de sus hijos! O si lo entienden, ¡por qué no les importa! Cuando ya no hay el amor ni la voluntad para seguir en pareja, que cada uno vuele por su propio cielo, pero a los niños ¡NUNCA! hay que abandonarlos.

Es claro que esta experiencia en la vida de David fue la causa de que su insomnio crónico se perpetuara hasta su adultez. La necesidad de vigilar durante la noche se estableció como un patrón rígido y arraigado en todas las áreas de su ser. El trabajo terapéutico que llevamos a cabo fue un proceso hermoso y sanador –aunque también doloroso–, que le permitió al pequeño David liberarse de aquella tormentosa expectativa que lo acompañó toda la infancia, y al David adulto, aprender por fin a abandonarse a las delicias de un sueño profundo.

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jueves, 5 de marzo de 2026

Del libro “Mujeres de hierro y de cristal” de Dra. Silvana Rohana - El mito de la Supermujer

 

Del libro “Mujeres de hierro y de cristal” de Dra. Silvana Rohana

 

El mito de la Supermujer


La revolución sexual que comenzó en los cincuentas favoreció que emergiera un nuevo tipo de mujer, la cual responde a la llamada de su propio destino al desarrollar una carrera, decidir su vida emocional y sexual, y escoger los roles que más le satisfagan, con plena libertad. Esta revolución trajo consigo una nueva actitud hacia el trabajo, el cambio social, la moral y los valores.

En la actualidad, muchas mujeres tienen actitudes más positivas:

-          No estudié para guardar mi título en un cajón. De eso estoy segura. Puedo trabajar y hacerme cargo de la casa al mismo tiempo. ¡Claro que lo haré!

-          Voy a hacer ejercicio para estar en mejor forma. Quiero sentirme bien y verme bien, no sólo por mi familia sino por mí también.

-          Este curso me servirá para lograr un ascenso en el trabajo. Al menos, mi jefe notará mi esfuerzo por salir adelante.

-          Quiero ser un ejemplo de energía, fuerza y buen humor para mis hijos. Quiero contagiarles mi alegría y mi ánimo.

Muchas de nosotras queremos ser así, y muchas lo manejan bien por mucho tiempo. La lucha parece continuar, para volver a caer en el sistema tradicional, donde vemos sólo las limitaciones de nuestro potencial. Veo muchas mujeres que tienen buenas intenciones, pero no hacen nada por llenarlas.

¿Qué pasó con su vieja amiga que iba a comerse el mundo?

Cuando se la encontró el año pasado estaba donde mismo, realmente no logró llegar a ningún lado. ¿Por qué es tan duro vivir nuestros sueños? ¿Qué sale mal?

Pienso que una respuesta probable a esta pregunta es que los cambios dramáticos y recientes en nuestra sociedad han hecho las cosas más duras para la mayoría de las mujeres. Ahora la mujer que trabaja, especialmente la madre que trabaja, se encuentra viviendo bajo una grandísima y terrible tensión.

Todos hemos oído a mujeres decir:

-          ¡Estoy tan harta del quehacer de la casa! Nunca se acaba, sólo es una rutina aburrida y monótona… Y nadie la reconoce.

-          Si no es mi marido o los niños, es mi familia. Siempre estoy de un lado para otro, soy el chofer disponible. ¡Me siento exhausta!

-          Algunas veces, en un momentito de soledad, me pregunto si tendré un día tiempo libre para mí.

-          La verdad es que me encargo de todo – la casa, los niños, la vida social de mi esposo y la nuestra. Pero todo se vuelve una carga cuando sólo hay veinticuatro horas para un solo día.

-          Si acaso me tomo un minuto para hablar con mis amigas, a las que apenas veo, mi familia se queja y no cooperan.

-          ¡Me interrumpen a cada rato! Me siento como esclava.

 

Al mismo tiempo la gente más tradicional nos critica si tomamos más de un rol. Por ejemplo, María Fernanda es la directora general de una compañía de computadoras líder en el mercado. Tiene treinta y dos años, tres hijos y un marido no menos exitoso que ella. Podríamos catalogarla como una verdadera mujer nueva que a base de esfuerzo y reflexión ha logrado equilibrar su vida de una manera envidiable. Las personas que la rodean la admiran y la respetan, aparentemente, porque apenas se da la media vuelta, dicen, haciendo un gesto de incredulidad:

-          Seguramente ella no sabe ni freír un huevo…

Y si una mujer sobresale en los deportes, se supone automáticamente que su casa y sus niños son un desastre:

Carolina es campeona de tenis a nivel nacional. Es madre, esposa, y aparte se da tiempo para ayudar a la gente necesitada. Su casa es pequeña pero confortable y limpia, y sus dos hijos varones, están educados estupendamente. Pero todos le inventan historias falsas acerca de su vida privada. ¿Por qué?

Para evitar ser “atacadas”, debemos tener un exitoso balance como amas de casa y como trabajadoras.  Y por supuesto tenemos que ser excelentes en todas nuestras otras tareas.

Pero, por otro lado, algunos apoyan y aplauden a las mujeres que toman diversos papeles:

-          Realmente le doy crédito. Está trabajando, su casa está en perfecto orden y ¡todavía tiene tiempo de entrar al torneo de natación!

-          Ella se va a trabajar y además se encarga de sí misma y de su hogar. ¿Cómo le hace?

-          Martha es agradable y educada. ¡Siempre luce tan bien…! Y su casa, que bárbara, parece una tacita de porcelana.

Lamentablemente, aunque las cosas están cambiando, la sociedad nos pone una pesada carga. Y si fallamos en cumplir todas estas demandas, la gente estará ansiosa por criticarnos. No son únicamente demandas en términos de tiempo: ¡también tenemos que encontrarle el sentido a todo!

Primero, está la carga de la tradición que todavía tiende a apesadumbrarnos. En segundo lugar, están las cargas de los nuevos estilos de vida, las expectativas de todos los nuevos papeles que tenemos que tomar. Todo esto, en conjunto, se vuelve una mezcla muy confusa para cualquier mujer, pero especialmente para la joven que no se ha dado cuenta de hacia dónde está dirigiendo su vida:

-          ¡Cuando me case, tendré que dejar mi libertad?

-          ¿Seré capaz de manejar mi carrera y todavía cuidar bien a mis hijos?

-          ¡Estoy tan cansada y no sé por qué! Ya ni siquiera sé quien soy… ¿Estoy cambiando mucho?

-          ¿Y si no encuentro el hombre adecuado? ¿Cómo encauzaré mi vida?

-          El único objetivo de mi madre es que yo encuentre un marido, pero primero quiero terminar mi educación. Me ocuparé de ese asunto del matrimonio después…

Estas son importantes cuestiones que afectan a incontables mujeres hoy en día. Constantemente encontramos situaciones que son vastamente diferentes de las que conocimos cuando estábamos creciendo.

Enfrentarnos con estas expectativas sin tener experiencia para juzgarlas, nos conduce a caer en papeles menos riesgosos que aprendimos cuando niñas, y claudicar en nuestros esfuerzos de hacer más por nosotras mismas.

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jueves, 26 de febrero de 2026

Del libro “No te compliques” de Mario Guerra - Poner límites

 

Del libro “No te compliques” de Mario  Guerra

 

6 pasos para poner límites

 



1.- Identifica primero tus límites

a) Piensa en las cosas que más te molestan que la gente haga contigo. Por ejemplo: críticas, comentarios acerca de tu apariencia o peso, incumplimientos de promesas o acuerdos, tomar cosas de tu propiedad sin permiso, fumar en tu casa cuando tú no lo permites, hurgar en tu celular o correo electrónico, burlas, gritos, insultos, amenazas, chantajes, abusos de confianza, préstamos nunca pagados, aprovecharse de tu disposición, llegar tarde, etcétera.

b) Estos son tus límites personales; identifica cuáles pueden ser más flexibles o negociables y cuáles definitivamente no estás dispuesto a permitir a nadie. Clasifícalos entonces en “Negociables” y “No negociables”.

c) Esta lista será para ti una especie de mapa de ruta para tus relaciones y puedes modificarlo según lo necesites.

 

2.- Ponte atento a tus alarmas internas.

a) Sabiendo qué estás dispuesto a permitir y qué no, bajo ninguna circunstancia, es hora de interactuar con el mundo. Imagina que tu mente es como una computadora a la que alimentaste con los datos del paso anterior y ahora tiene una alarma que suena cuando detecta que alguien traspasa los límites de tu lista.

b) Esa “alarma” no es otra cosa que tu voz interior, la que por cierto ya en el pasado te advirtió sobre estas trasgresiones, pero que no has reconocido. En términos de sentimientos, esa alarma puede venir bajo la forma de un sentimiento de enojo, vergüenza o desacuerdo profundo cuando alguien hace alguna de esas cosas. Imagina que esa alarma te indica que hay un “intruso” no autorizado dentro de los límites de tu mundo personal. Es una gran luz roja que se enciende y dice NO.

 

3.- Expresa con claridad tus límites.

a) Cuando tu sistema de reconocimiento interno de límites haga sonar esa alarma, es hora de activar tu voz para indicar al intruso que traspasó los límites permitidos para él. Dile con claridad, sin titubeos, con una voz calmada y firme lo que está sucediendo.

b) Por ejemplo puedes decir algo como:

* “Por favor, te pido que no tomes mi ropa sin que yo te la haya prestado.”

* “No me gusta que me digas gorda; te pido que dejes de hacerlo.”

* “Cuando te preste mi computadora te voy a pedir que no le instales ningún programa sin que yo te haya autorizado a hacerlo.”

c) Cuando expreses tus límites evita que tu tono de voz suene a broma. Incluso mira y habla con la persona de una manera más firme de lo habitual. Recuerda, no hay necesidad de levantar la voz o ser agresivos de ninguna manera.

 

4.- Mantente en equilibrio ante las reacciones del otro

a) Como ya vimos en este capítulo, la persona no acostumbrada a respetar límites puede no recibir de buena manera que se los pongas. Puede reaccionar de manera hostil, burlona o sarcástica, presionarte con chantajes, acusaciones de tu falta de solidaridad o hasta amenazarte con no volver a hablarte. Son reacciones comprensibles en una persona así pero, aunque eso lo explique, no la justifica.

b) Conviene que te mantengas firme una vez establecidos tus límites. No esperes que el otro esté de acuerdo con tus necesidades. A lo que puedes aspirar es a que las respete.

c) Evita también que tus emociones se desborden y empieces a gritar, manotear o insultar al otro. Eso ya no es poner límites sanos y empezarás una guerra de agresiones. Trata de mostrarte firme ante los desbordes del otro. Si haces esto ¡sus emociones pueden mojar tus pies, pero jamás te ahogarán!

d) Finalmente, lo que decida hacer esa persona ante tus límites es su decisión. Para ti lo importante es que respete lo que le pediste. Es lamentable si decide no hablarte, por ejemplo, pero recuerda que es su decisión y tu tienes el derecho de poner los límites que te convengan. Eso sí, nunca permitas que, como resultado de tu claridad, el otro te lastime o quiera dañarte física, emocional o psicológicamente. Si su agresión es desmedida o inaceptable, pon distancia de inmediato.

 

5.- Reconoce y acepta tus sentimientos.

a) Es posible que si no estás habituado a poner límites sientas que eres muy duro o experimentes un sentimiento de culpa. Es normal. Quien ha sido “blando”, al ponerse firme siente como si fuera muy áspero.

b) No alimentes ni bloquees lo que sientes. Obsérvalo como parte del proceso de cambio que realizas. Es desagradable por el momento y a veces es inevitable lamentarlo por un tiempo, pero no será un sentimiento permanente en tanto no lo hagas crecer.

c) Piensa que las decisiones y límites que impones hoy serán en beneficio del Tú del futuro. Imagina a ese Tú viviendo una vida más libre, con mayor respeto y sin abusos gracias a lo que hoy haces. Deja que un sentimiento de gratitud que fluye desde ese Tú del futuro llegue hacia ti.

 

6.- Devuelve el valor a tu palabra.

a) La clave final es la persistencia. Mantente en la ruta de la claridad y la firmeza cálida. Recuerda que no agredes a nadie, sólo proteges tu mundo interior.

b) Busca ser consistente; si no permites algo hoy, evita permitirlo mañana para luego volver a limitarlo pasado mañana. Evita también cambiar tus límites de acuerdo con tu estado de ánimo del momento. Eso te confunde a ti y confunde a otros.

* Si por alguna razón decides cambiar de opinión respecto al limite que has impuesto, hazlo en el futuro y no al ponerlo. Deja claro que lo has modificado porque así lo decidiste y no como producto de la culpa o el arrepentimiento. Si vas a modificar tus límites no lo hagas con frecuencia y hazlo saber con claridad.

c) Ante una transgresión, se trata de que hagas lo que dijiste como consecuencia de esa violación a tus límites. Por eso es importante que esas consecuencias sean alcanzables y no fantasiosas. Por ejemplo, si dices algo como “Si me vuelves a marcar nunca más te voy a contestar el teléfono”, deberás cumplir lo dicho, de otra manera el transgresor sabrá que tus palabras realmente no tienen consecuencias duraderas y menos te respetará.

 

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viernes, 20 de febrero de 2026

Del libro "No te compliques" de Mario Guerra - Límites

 

Del libro "No te compliques" de Mario Guerra

 

¿Cómo se ponen los límites?




Muchas personas se imaginan que poner límites es igual a iniciar una guerra, ponerse "rudos" o ponerle un violento "hasta aquí" a alguien que ya se pasó de la raya. Y no es injustificada esta creencia, pues mucha gente se ve en la necesidad de hacerlo porque ya dejaron que las cosas llegaran demasiado lejos. Hay quien, por no verse grosero, permite que otros penetren cada vez más en su espacio privado, fuera de los límites de lo que es cómodo o aceptable y sólo cuando ya causaron mucho daño se explota y se les expulsa violentamente con un: "¡Lárgate de aquí, ya me tienes hasta la mía!"

No habría que llegar a esos extremos si desde la primera transgresión hubiéramos hablado con esa persona y le hubiésemos hecho saber nuestros límites y nuestro desacuerdo o incomodidad con su actitud para que, a partir de ahí, se iniciara un proceso de fijar nuevas reglas entre ambos. Los límites no son un castigo para el otro, sino una sana frontera para tu bienestar. 

Entonces, uno pone límites, primero haciéndolos notar, luego siendo más claro al expresar su importancia a nivel personal, en un tono de voz neutral, si lo anterior no fue suficiente. Se puede luego iniciar un diálogo con el otro diciéndole lo que ha ocurrido y las razones por las que no estás de acuerdo con eso. No se trata de convencer al otro, por supuesto, sino hacerle ver nuestra perspectiva, necesidades o límites personales

Aunque hablaré del "No" con detalle, es importante ahora señalar que, si bien en lo posible debe prevalecer el diálogo, se hace necesario incluir en él algunas frases cortas que involucren la palabra "No", por ejemplo:

No

No quiero

Ya no

Ahí no

Así no

Aquí no

Ahorita no

Prefiero no

 

Sería deseable que estas frases pudieran ser matizadas con algún "por favor" o "gracias", nunca con un "perdona" porque al poner límites no hay nada que perdonar. No es un pecado. Eventualmente, si el otro insiste en brincarse la frontera, el diálogo puede cambiar de tono o se llega a otras acciones, como cerrar la puerta a esa persona y alejarse de ella. 

Como ya dije, poner límites se logra justamente así: haciéndolos visibles. Como "pintar tu raya" y mantener a quien tú decidas del otro lado. 


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jueves, 12 de febrero de 2026

Del libro “Por el placer de vivir” de César Lozano - Factores que afectan una relación de pareja

 

Del libro “Por el placer de vivir”  de César Lozano

 

FACTORES QUE AFECTAN UNA RELACIÓN DE PAREJA.

 


 * El miedo al compromiso.  Hoy en día es más común verlo entre los jóvenes. Las historias de vida de quienes se han separado derivan en miedo y deseos de no vivir experiencias similares; de allí que sea más común que hombres y mujeres busquen la comodidad de disfrutar sin compromisos.  Es muy difícil establecer un acuerdo entre personas que se centran en las diferencias y defectos, no en las cualidades y virtudes. También es complicado encarar un compromiso cuando la distancia los separa físicamente, o existe el temor a comprometerse cuando no se cuenta con los medios para sostener un hogar.

 

* Actitudes de dominio.  Creer que porque se unieron en matrimonio, ya sea el hombre (en la mayoría de los casos) o la mujer, tienen el dominio y la posesión de la voluntad y acciones de su pareja, y si lo hacen argumentan: “Es porque te quiero mucho.”

 

* Codependencia.  Término muy usado en la actualidad que significa que las personas tienden a confundir la dependencia psicológica con el amor.  Estas personas piensan que aman demasiado, pero son verdaderos parásitos que satisfacen únicamente sus necesidades, sin importar los sentimientos y carencias de la pareja.

 

* Los celos.  Es la expresión mas fuerte de la inseguridad; es un terrible complejo. Vigilar, espiar los movimientos y acciones de la pareja por temor a perderlo. Tratar de demostrar cariño con celos absurdos solo demuestra el error en la elección, la inseguridad de quien los padece y falta de confianza, lo que conduce el matrimonio a la ruina. Los factores que ocasionan los celos pueden ser:

El mas común: la falta de confianza en la pareja y en uno mismo. Se sienten inseguras o inseguros de tanto amor y eso los lleva a desconfiar de su pareja.

Las experiencias familiares. Si tuvo el ejemplo de un padre o madre así, puede imitarse el patrón de conducta. Recuerdo el caso de un hombre que celaba muchísimo a su mujer. La pobre, a sus 78 años, salía con sus hijas y tenía que reportarse continuamente con él.  El hombre la espiaba con frecuencia ¡y a esa edad le hacia escenas de celos! Cuando la mujer murió, el hombre acongojado preguntaba una y otra vez ¡¿Quién la iba a cambiar y a maquillar en la funeraria?! ¡La celaba hasta muerta! Obviamente, este tipo de celotipia cae en la clasificación de trastorno psicológico. Esta pareja tuvo cuatro hijos varones, de los cuales tres padecen la misma obsesión. El otro hijo no (habrá que ver de quien es…).

Experiencias vividas. Por supuesto que “la burra no era arisca, ¡la hicieron!” Es difícil soportar una infidelidad, y es razón de sobra para celar hasta ganarse nuevamente la confianza. “¿Eres celosa?”, pregunto a una conocida que me responde: “¡No! Solo lo normal… Checo a dónde va, con quien anda, a que hora llega, reviso su celular, su ropa, ¡incluso su ropa interior!, pero no soy celosa” (¡nomás tantito…!).

 

* La infidelidad.  Falta de honestidad en los sentimientos. Buscar con quien sobrellevar carencias que nos acosan porque “somos víctimas de las circunstancias”.

Razones para ser infiel hay muchas y muy variadas. La victima se llena de odio, resentimiento y de pensamientos como: “¿En que fallé?” “¿Qué tiene esa persona que no tenga yo?” “No puedo creer que me haga esto después de todo lo que le he dado…” Menos infidelidades habría si entendiéramos la sentencia: No hagas a los demás lo que no quieras que te hagan a ti.

 

Por todo lo anterior, creo que es fundamental un proceso de conocimiento entre él y ella. Jamás encontraremos a la pareja perfecta, no la hay. Pero con el trato, la expresión del verdadero amor, la mutua tolerancia, la autocrítica y el deseo de brindar felicidad a quien nos ha confiado su vida para compartirla, en las buenas y en las malas, podremos cimentar una relación sana y feliz.

 

 

jueves, 5 de febrero de 2026

Del libro “20 pasos hacia adelante” de Jorge Bucay - Aprende a negociar

 Del libro “20 pasos hacia adelante” de Jorge Bucay




APRENDE A NEGOCIAR LO IMPRESCINDIBLE

 El paso que propongo consiste en aprender a “negociar” solamente en los negocios, en los litigios, en los conflictos. En la política, si no podemos encontrar un acuerdo, y en la guerra sólo para acercar el camino hacia la paz.

En los demás casos, y especialmente en nuestras relaciones amorosas y significativas, sería mejor cambiar el verbo para evitar confusiones. En la amistad, en la familia y en la pareja me gustan mucho más los acuerdos que las negociaciones, y prefiero siempre las renuncias a los sacrificios. Me gusta ayudar a mis pacientes a que se den cuenta de lo que tienen ganas de hacer para resolver su desencuentro, pero no admito las frases miserablemente especulativas que se enuncian desde el “yo haré esto si tú haces esto otro…”.

A pesar de todo, prefiero la negociación antes que la imposición del criterio de uno sobre otros. Prefiero la negociación a la violencia, a la mentira o al engaño. La prefiero antes que la manipulación o la fuerza bruta.

Y cuando negociar sea el único o el mejor camino habrá que tener en cuenta, de todas formas, algunas cosas. Habrá que saber si podemos confiar en aquellos con los que negociamos, habrá que ofrecer lo que podemos conceder y no pedir lo que sabeos que no pueden darnos. Es necesario ser conscientes de que sólo es posible o razonable ceder hasta donde nuestra realidad interna o externa nos lo permite, y que el otro está en la misma situación.  

Por salvar al hijo del zar, que se ahogaba en el río, tres campesinos fueron recibidos en palacio, donde el monarca les invitó a elegir su recompensa. El primero pidió la mano de la princesa, el segundo solicitó poder absoluto sobre su condado y el tercero, después de un silencio, pidió solamente una bolsa de monedas. Los otros dos lo acusaron de estúpido y de no saber aprovechar una oportunidad única. El tercer hombre les dijo:

–Si es intención del zar darnos algo, cosa que dudo, yo quiero estar seguro de pedir aquello que puede ser que me conceda…

 Tienes razón si estas pensado que hay algunas situaciones en las que “la posibilidad” de un acuerdo “no es posible”. ¿Qué hacer entonces?

La respuesta es tan obvia como importante: habrá que aprender a negociar el desacuerdo, aun cuando esto signifique, como decía mas arriba, una lisa y llana renuncia a algunas de mis pretensiones, sin resentimientos ni esperando la revancha. La simple pero difícil aceptación de la realidad tal como viene… aunque sólo sea para usarla como punto de partida de la lucha por una realidad diferente.

Presta atención a esta historia:

Cuentan que, hace muchísimos años, en un pequeño pueblo de Inglaterra sucedió algo que cambiaría para siempre la vida del joven Mortimer y la de sus dos amigos.

Una mañana, cuando iba de camino a la escuela, el jovencito divisó a un lado del bosque un enorme nogal cargado de nueces. Sorprendido, porque nunca lo había visto, se acercó sigilosamente hasta el alambrado y evaluó de un vistazo las posibilidades de robar alguno de esos frutos sin ser atrapado. Rápidamente se dio cuenta de que no era un trabajo para hacer en solitario; necesitaría ayuda si esa noche quería comer nueces con su pudín. Al llegar a la escuela, contó a sus futuros cómplices lo que había visto, y decidieron dar el golpe esa misma tarde, cuando salieran de clase. Así fue. Mientras Mortimer vigilaba el sendero para evitar ser atrapados, uno de sus amigos hacía de espía para que el más ágil y pequeño de los tres trepara por el tronco e hiciera caer las nueces.

Apenas Mortimer vio que se acercaba un carro, dio la alarma y los otros recogieron las nueces caídas y salieron corriendo para encontrarse con Mortimer en el bosque.

Allí, jadeando y riendo, los ladronzuelos vaciaron los bolsillos y miraron con satisfacción el pequeño montoncito de nueces conseguidas.

–Hay que repartirlas – dijo uno.

–Sí – dijo otro.

–¿Cuántas son? – preguntó el tercero...

Y contaron… una … dos… tres…

Eran diecisiete.

Los tres se miraron mientras multiplicaban buscando alternativas en la tabla del tres…

Tres por cuatro, doce… tres por cinco, quince… tres por seis … ¡dieciocho!

Finalmente, Mortimer tomó la palabra.

–Ya que yo soy el que dio la información, creo evidente el reparto que hay que hacer: cinco para cada uno y las restantes dos para mí.

–En todo caso – dijo el que había trepado–, una para ti y otra para mí, porque si yo no hubiera subido…

–Un momento– interrumpió el tercero–, que si yo no te hubiera sostenido nunca habrías podido agarrar ni una sola nuez. Así que …

Como no pudieron llegar a un acuerdo, decidieron preguntarle al viejo sabio que vivía en el claro del bosque. Él los ayudaría. Lo encontraron en su cabaña y le explicaron el problema del reparto. El viejo escuchó y preguntó:

–¿Y quieren que reparta las nueces por ustedes?

–Sí– dijeron los tres.

–¿Y cómo quieren que lo haga? – preguntó el anciano–, ¿un reparto natural o como a mí me parezca…?

–No. Como a ti te parezca no. Queremos un reparto natural, lo más natural que puedas... – dijeron los tres casi a coro.

El viejo contó las nueces y luego las fue repartiendo. Le dio al que había hecho de sostén once nueces. Al que había trepado le dio cuatro y a Mortimer sólo dos.

–¿Qué es esto? – preguntaron todos, descontentos por igual–, te dijimos naturalmente, no como tú quisieras…

–Si lo hubiera hecho como yo quería, hubiese sido más equitativo. Hubiera puesto en manos de cada uno cinco nueces, hubiera abierto las restantes dos, hubiera agregado a su posesión media nuez más para cada uno y me hubiera comido la última mitad en pago de mi participación, para no favorecer a ninguno de los tres. Pero ustedes me pidieron que fuera reparto natural. Pus bien, la naturaleza es así, a unos les da mucho, a otros algo menos y a algunos no les concede casi nada. 

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jueves, 29 de enero de 2026

Del Libro “La Vaca” del Dr. Camilo Cruz - Programación negativa

 

Del Libro “La Vaca” del Dr. Camilo Cruz

 (La figura de la vaca simboliza toda excusa, hábito, pretexto o justificación que nos impide vivir a plenitud).

 



Muchas de las vacas que nos atan a una vida de mediocridad nos fueron obsequiadas por otros. Con frecuencia somos víctimas de las influencias negativas de otras personas; aceptamos su programación negativa sin cuestionamientos. Al hacer esto, permitimos que siembren en nuestra mente falsas creencias que nos limitan física, emocional e intelectualmente.

Estas ideas, que han sido programadas por nuestros padres, profesores, familiares, amigos e, inclusive, por perfectos desconocidos, terminan por hacernos creer que somos personas comunes y corrientes. Y por ello hoy nos resulta difícil creer que poseemos el potencial necesario para triunfar y alcanzar grandes metas.

Es igualmente devastador permitir que las experiencias negativas del pasado dictaminen nuestro futuro. Por supuesto que es importante aprender de nuestros errores, pero no debemos permitir que los fracasos y las caídas del pasado cierren para siempre las puertas de la oportunidad de éxitos futuros. ¿Qué importa que hayas tratado cinco veces y hayas fracasado? Lo únicos que eso significa es que ahora conoces cinco maneras de no volverlo a hacer. No es que el universo esté conspirando para que desistas de tu idea. No es el destino ensañándose contigo, ni es tu ‘característica’ mala suerte. Recuerda que el éxito es el resultado de las buenas decisiones. Las buenas decisiones son el resultado de la experiencia y la experiencia es el resultado de las pobres decisiones. Todo esto es parte del proceso. Ahora ya sabes el secreto, la clave del éxito es no darte por vencido.

Este es quizás uno de los principios de éxito más importantes que he aprendido. Tu futuro no tiene que ser igual a tu pasado. Siempre podemos cambiar, aprender y crecer. Todos tenemos la capacidad de darle un vuelco total a nuestras vidas en cualquier momento. Nadie está condenado a vivir una vida de mediocridad. Si has fracasado en el pasado, eso no quiere decir que siempre vayas a fracasar.

No debemos olvidar que todo lo que programemos en nuestra mente determinará si triunfamos o fracasamos. Las creencias, valores y convicciones que recojamos a lo largo del camino y reforcemos con nuestras acciones, forjarán la persona en la cual nos convertiremos. Tristemente, cuando la mayoría de nosotros nos graduamos de la escuela secundaria, ya hemos sido programados casi totalmente para le mediocridad. Sé que suena un tanto áspero, pero es cierto.

En su libro Aprendizaje acelerado para el siglo XXI, Colin Rose y Malcolm J. Nicholl presentaron los resultados de un estudio que mostró que más del 82% de los niños que entran a la escuela entre los cinco y los seis años de edad tiene una gran confianza en su habilidad para aprender. Sin embargo, a los 16 años el porcentaje que aún muestra esta confianza en sus propias habilidades se ha reducido a tan solo 18%. Es inconcebible que, durante nuestros años de formación escolar, cuando deberíamos desarrollar nuestro potencial al máximo, adquiramos tantas limitaciones y falsas creencias acerca de nuestras propias habilidades. Lo peor de todo es que de ahí en adelante nos acompaña una tendencia casi inalterable a aceptar la mediocridad en todas las áreas de nuestra vida.

Expresiones como:

-          Tengo una relación de pareja infeliz, pero yo creo que así deben ser todos los matrimonios.

-          Quisiera empezar una nueva carrera, pero ya estoy demasiado viejo para cambiar. Además, jamás hice otra cosa.

-          Tengo un pésimo estado físico, pero según escucho en los medios así está la mayoría de las personas.

Estas expresiones denotan una aceptación de la mediocridad como alternativa viable. Terminamos por aceptar matrimonios que andan más o menos bien, en lugar de buscar una relación de pareja extraordinaria, ya que desde jóvenes hemos aprendido que los matrimonios extraordinarios no existen, son casi imposibles o, si se dan, otra cosa seguramente andará mal. Y así, muchas parejas viven durante años y hasta décadas, en matrimonios mediocres porque no creen que puedan hacer algo para cambiar su realidad.

He aquí otro ejemplo. Si desde temprana edad escuchaste en casa que querer ganar mucho dinero era señal de codicia y producía infelicidad y que lo más prudente era contentarse con lo poco que uno tenía, porque es mejor tener poco y ser feliz, que querer tener mucho y ser infeliz, pues no te sorprenda que hoy tengas apenas lo suficiente para sobrevivir. 

La repetición constante de expresiones como éstas, pronto las convierte en programas mentales que dirigen nuestra manera de pensar y actuar. Con el tiempo, estas acciones se vuelven hábitos que poco a poco moldean nuestro destino. ¿Vas a permitir que sean estas vacas las que labren tu destino?

Recuerda el hermoso poema de Amado Nervo que dice:

… Porque veo al final de mi rudo camino

que yo fui el arquitecto de mi propio destino;

que si extraje la miel o la hiel de las cosas

fue porque en ellas puse hiel o mieles sabrosas:

cuando planté rosales, coseché siempre rosas.

El mensaje de Nervo es simple: si siembras un pensamiento negativo, cosecharás un pobre hábito. Siembra un pobre hábito y, en el mejor de los casos, cosecharás un futuro incierto.

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jueves, 22 de enero de 2026

Del libro “El regalo” de Stefanos Xenakis - Las señales

 

Las señales




Íbamos con prisa. Siempre vamos con prisa cuando visitamos el parque de atracciones.  Ni las niñas ni yo queremos perdernos un minuto de diversión. Iban en los asientos de atrás haciendo bromas y riéndose. Yo conducía rápido, pero con cabeza. En ese momento, de repente, se encendió una lucecita roja en el salpicadero. No la había visto en mi vida, pero al instante pensé que tendría algo que ver con la presión de los neumáticos.  Intenté ignorarla, pero la seguía viendo con el rabillo del ojo. Esa molesta vocecilla interior comenzó a discutírmelo todo.

  Mañana – le dije.

– No, hoy -replicó –. ¿Y si es serio? Hay una gasolinera justo delante.

El coche giró hacia la gasolinera como si le hubiera puesto el piloto automático.

El dependiente me atendió con diligencia. Le enseñé el indicador.

  Yo te lo arreglo – afirmó –.  ¿Cuánta presión necesitan las ruedas?

– No lo sé. ¿Hay alguna forma de descubrirlo?

No se lo tuve que decir dos veces. Al final resultó que la rueda de repuesto que le había puesto al coche la semana anterior tenía la presión demasiado alta.  Con cuidado, dejó escapar la cantidad necesaria de aire y yo le di una buena propina. Solía ser un tipo bastante agarrado, pero eso se acabó. Dar buenas propinas me hace muy feliz. El dependiente esbozó una sonrisa radiante. Se la devolvimos y nos pusimos en marcha.

Puede que llegáramos al parque de atracciones unos minutos más tarde de lo previsto, pero lo disfruté aún más sabiendo que había hecho lo que tenía que hacer. No siempre hacemos lo correcto, sino lo que nos resulta más sencillo.

No nos gusta salir de nuestra

zona de confort.

Por eso no llevamos las vidas que

queremos.

 Ignoramos las señales, aunque la lucecilla roja no deje de parpadear. “¿Qué más da?” es el mantra que te va royendo la vida poco a poco.  “¿Para qué me voy a preocupar de arreglar la rueda?” se acaba convirtiendo en para qué te vas a levantar del sofá, hacerte un chequeo, ir al gimnasio o leer un libro. Y la tele sigue encendida y tú evitas esas conversaciones difíciles, te haces un ovillo en el sofá y, antes de que te des cuenta, los años irán pasando. Y, al final, te verás en el espejo y te castigarás por haber malgastado el tiempo.

 Al principio no es más que una lucecita roja.

Luego se convierte en un destellante cartel de neón.

Hasta que te acaba golpeando la cabeza.

“¿A dónde diantres se me ha ido la vida?”, te preguntas.

¿Quién me la ha robado?

¿Mi jefe?

¿Mi pareja?

Mírate bien en el espejo.

Te la has robado tú.

Y ha llegado el momento de devolvértela.

Ha llegado el momento de no ignorar las señales y reaccionar.

 

PONERSE DEMASIADO CÓMODO ES EL MEJOR CAMINO HACIA UNA MUERTE LENTA Y TORTUOSA.

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jueves, 15 de enero de 2026

 

MIEDO A LA VEJEZ

Autora:  Alicia Campos Vera


El miedo a la vejez tiene mucho que ver con la forma en que aprendiste a verla a temprana edad.

Si de niño tuviste que cuidar a un adulto mayor enfermo, imposibilitado para moverse, y con un aspecto frágil y muy deteriorado, es comprensible que te asuste llegar a esa edad.

Si de niño te asustaban con la idea de envejecer y morir, puede ser causal de preocupación en la edad adulta.

Si durante la juventud los comentarios en torno a la vejez estuvieron cargados de connotaciones negativas, —remarcando incapacidades y dificultades para valerse por sí mismo—, es natural que genere inquietud.

Si tu pareja en algún momento dijo que te abandonaría por alguien más joven, el paso de los años puede resultarte incómodo.

Si como hombre has sido testigo de vidas de otros hombres de edad avanzada, enfrentando una enfermedad en soledad, por falta de redes de apoyo, es natural que el miedo a la vejez se intensifique.

Y si en la edad madura se asume que el éxito tiene una cima y que, una vez alcanzada, el resto del camino es “cuesta abajo” —con dificultades para conseguir trabajo, para ver, para mantener claridad mental, movilidad e incluso para valerte por ti mismo—, el miedo a seguir avanzando en edad puede volverse bastante preocupante.

Por otro lado, si de niño observabas a tus abuelos o a cualquier adulto mayor con gran sentido del humor, bailando y disfrutando de la vida, es muy probable que percibas la vejez con naturalidad.

Si creciste en un ambiente donde los ancianos se reunían a tomar café, se divertían con juegos de mesa, conducían sus autos incluso a los 90 años, paseaban por centros comerciales y viajaban, no solo verás la vejez como algo grato y disfrutable, sino que el término jubilación se convertirá en una meta a alcanzar.

Si en algún momento los consejos, comentarios y, en general, la sabiduría de un adulto mayor te hizo reflexionar, te ayudó o te impresionó, quizá comprendiste que esa es una de las grandes ventajas de tantos años de experiencia y una vida bien vivida.

La vejez es solo una etapa de la vida, así como la niñez, la adolescencia y la juventud; cada una con aspectos agradables y otros no tanto. El niño quiere ser adulto, el joven quiere independencia, pero cada etapa tiene lo suyo y es importante respetar ese ciclo vital.

Aunque nunca sabremos cuántos años vamos a vivir, lo verdaderamente importante es prepararse física, emocional y económicamente para ello. ¿Cómo?

  1. Cuidando la salud (física, mental y emocional), para poder ser un adulto mayor sano, con energía, movilidad, autonomía y paz interior.
  2. Cuidando las finanzas, para no depender económicamente de nadie y así no solo cubrir los gastos básicos, sino también gustos, viajes, imprevistos y hasta la estancia en alguna casa de retiro o residencia geriátrica.
  3. Cuidando las diferentes redes de apoyo (familiares, sociales, deportivas, comunitarias, religiosas, etc.). Una buena convivencia propicia una actitud de ayuda mutua.

En conclusión: La vejez no es buena ni mala, es solo una etapa natural de la vida que conviene aceptar, y para la cual hay que prepararse desde HOY, cuidando la salud, las finanzas y las redes de apoyo, para con eso reducir el miedo y asegurar una vejez plena y con calidad de vida.

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jueves, 8 de enero de 2026

Del libro “Inquebrantables” de Daniel Habif - Cambiar

 

Del libro “Inquebrantables” de Daniel Habif

 



Es el momento de cambiar. Si has sido igual toda tu vida, ¿no crees que ya es hora de ser mejor? No quiero que lo hagas cuando termines de leer esta página, ni en un mes. Quiero que lo hagas ahora: deja el libro y hazlo, consigue que suceda algo nuevo.

Revientas de dones y talentos, pero no sabes donde encontrarlos. Deja de insultarte por la forma de tu cuerpo o por la de tu nariz, por tu exceso de panza o tu falta de pelo. Deja de quejarte por ser pobre, sin títulos o porque sientes que te pesan los años. Si le dijeras a tus amigos las cosas que te dices a ti, ¿serían aún tus amigos? Si te comieras tus palabras ¿estarías nutriéndote o envenenándote?

Sé que es difícil y cuesta trabajo, pero si yo emergiera del papel, te pusiera un revolver en la frente y te dijera que cambiaras, ¿no buscarías todos los recursos necesarios para hacerlo? ¿No es eso mismo lo que la vida hace contigo?, te presiona para que reacciones, porque solo en la adversidad nos superamos. Es en momentos como esos cuando debes hacer lo necesario para que cada paso te acerque a la meta. Deja de tener un listado de deseos, empieza a dominar tu mente y ponla al servicio de tu espíritu.

Ama tus cicatrices, presume de tus rasguños y fracturas, utilízalos a tu favor. No puedes conquistar nuevas tierras con un alma de víctima. ¡Ve y pelea tu batalla! Tu decides quien eres, no las circunstancias, no los demás. Lo que pasó, pasó. Nada es permanente. No asumas tu escenario actual como un estado final.  

 

NO VIVAS LA VIDA QUE TE TOCÓ,

VIVE LA VIDA QUE QUIERES.

 

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lunes, 5 de enero de 2026

 


DUELO   SANO

Autora:  Alicia Campos Vera




       El duelo sano se caracteriza principalmente por los siguientes aspectos:

           La persona puede expresar libremente sus emociones y sentimientos tras la pérdida.

           Existe llanto debido al dolor que implica la ausencia física del ser querido; sin embargo, disminuye de manera gradual y, en promedio, puede extenderse alrededor de un año.

           Se reconoce y acepta la muerte como parte natural del ciclo de la vida lo cual favorece el proceso de aceptación.

           No quedaron asuntos pendientes o conflictos no resueltos con la persona fallecida, lo que genera una sensación de paz y bienestar emocional.

           El enfoque se centra principalmente en los momentos y experiencias compartidas con el ser querido, más que en el instante de su partida.

           Hay conciencia de que la vida continúa, por lo que se inicia un proceso de adaptación a una nueva realidad sin la presencia física del ser amado.