MIEDO A LA VEJEZ
Autora: Alicia Campos Vera
El miedo a la vejez tiene mucho que ver con la forma en
que aprendiste a verla a temprana edad.
Si de niño tuviste que cuidar a un adulto mayor enfermo,
imposibilitado para moverse, y con un aspecto frágil y muy deteriorado, es
comprensible que te asuste llegar a esa edad.
Si de niño te asustaban con la idea de envejecer y morir,
puede ser causal de preocupación en la edad adulta.
Si durante la juventud los comentarios en torno a la vejez estuvieron
cargados de connotaciones negativas, —remarcando incapacidades y dificultades
para valerse por sí mismo—, es natural que genere inquietud.
Si tu pareja en algún momento dijo que te abandonaría por
alguien más joven, el paso de los años puede resultarte incómodo.
Si como hombre has sido testigo de vidas de otros hombres de
edad avanzada, enfrentando una enfermedad y sin redes de apoyo, es natural que
el miedo a la vejez se intensifique.
Y si en la edad madura se asume que el éxito tiene una cima y que, una vez alcanzada, el resto del camino es “cuesta abajo” —con dificultades para conseguir trabajo, para ver, para mantener claridad mental, movilidad e incluso para valerte por ti mismo—, el miedo a seguir avanzando en edad puede volverse bastante preocupante.
Por otro lado, si de niño observabas a tus abuelos o a
cualquier adulto mayor con gran sentido del humor, bailando y disfrutando de la
vida, es muy probable que percibas la vejez con naturalidad.
Si creciste en un ambiente donde los ancianos se reunían a
tomar café, se divertían con juegos de mesa, conducían sus autos incluso a los
90 años, paseaban por centros comerciales y viajaban, no solo verás la vejez
como algo grato y disfrutable, sino que el término jubilación se convertirá en
una meta a alcanzar.
Si en algún momento los consejos, comentarios y, en general, la sabiduría de un adulto mayor te hizo reflexionar, te ayudó o te impresionó, quizá comprendiste que esa es una de las grandes ventajas de tantos años de experiencia y una vida bien vivida.
La vejez es solo una etapa de la vida, así como la niñez, la adolescencia y la juventud; cada una con aspectos agradables y otros no tanto. El niño quiere ser adulto, el joven quiere independencia, pero cada etapa tiene lo suyo y es importante respetar ese ciclo vital.
Aunque nunca sabremos cuántos años vamos a vivir, lo
verdaderamente importante es prepararse física, emocional y económicamente
para ello. ¿Cómo?
- Cuidando
la salud (física, mental y emocional), para poder ser un adulto mayor sano,
con energía, movilidad, autonomía y paz interior.
- Cuidando
las finanzas, para no depender económicamente de nadie y así no solo
cubrir los gastos básicos, sino también gustos, viajes, imprevistos y
hasta la estancia en alguna casa de retiro o residencia geriátrica.
- Cuidando
las diferentes redes de apoyo (familiares, sociales, deportivas,
comunitarias, religiosas, etc.). Una buena convivencia propicia una
actitud de ayuda mutua.
En conclusión: La vejez no es buena ni mala,
es solo una etapa natural de la vida que conviene aceptar, y para la
cual hay que prepararse desde HOY, cuidando la salud, las
finanzas y las redes de apoyo, para con eso reducir el miedo y asegurar una vejez
plena y con calidad de vida.
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