jueves, 17 de septiembre de 2026

Del libro “Palabras de poder” de Fer Broca - Las palabras se activan

 

Del libro “Palabras de poder” de Fer Broca

 

Las palabras se activan



 

En la tradición egipcia existe una forma de nombrar las cosas que me gusta mucho. Ellos dicen que hay palabras que se dotan de vida. A mi me encanta esta expresión, porque es lo que yo llamo: activar las palabras.

Tú puedes decir:   “Te deseo lo mejor” como si estuvieras leyendo algo obligado, o lo puedes decir con marcado énfasis: “Desde el fondo de mi ser, te deseo lo mejor”. Mientras que, en el primer caso, las palabras están inactivas, muertas, carentes de significado, en el segundo esas palabras están rebosantes de vida. Esto es algo que se nota especialmente en los funerales, cuando ves a personas que asisten sólo por cumplir con un compromiso social. En esos casos, las palabras se sienten vacías, inertes. En cambio, cuando alguien realmente aprecia a la persona fallecida y siente su dolor, esa persona, al acercarse al funeral, dirá con sinceridad: “Te acompaño en tu dolor”. Ahí se activa la palabra.

Las palabras se activan a través de la intención.  Si no hay una genuina intención detrás, no hay activación. Cuando usas la palabra “merezco”, una de mis palabras gatillo, y la dices convencido de que en verdad mereces, no desde la arrogancia o el ego, ahí se activa la palabra. Una activación que le da significado, contenido, esencia.

La mundialmente conocida reina del pop, Madonna, es un ejemplo claro de activación de una palabra. Su nombre artístico tiene un significado que la mayoría de las personas reconoce. Ella no necesita salir y presentarse como “la reina del pop”; la palabra “Madonna” ya trae consigo un significado que ella ha hecho suyo. Se adueñó del poder de su nombre. Lo mismo ocurre con Messi: cuando mencionas su apellido, la mayoría sabe quién es y lo que representa.

Cuando te apropias del significado de una palabra te conviertes en eso que la palabra significa. Una persona abundante no necesita mostrar su cuenta bancaria, sus bienes o su billetera para demostrar que es abundante. Simplemente, lo es. Lo mismo pasa con una persona educada: no necesita demostrar su nivel académico, sólo se expresa de forma natural. Simplemente, lo es.

Ellos, en algún momento de sus vidas, activaron esas palabras y luego se apropiaron de ellas hasta convertirse en lo que éstas significaban. Y ése tiene que ser también nuestro objetivo: escoger las palabras que serán importantes en nuestras vidas, activarlas y apropiarnos de ellas. Tenemos que convertirnos en esas palabras. Este proceso tiene una potencialidad infinita.

Ahora bien, podrías repetir la palabra “merezco” diez mil veces sin llegar a activarla. Porque la activación no es sólo cuestión de repetición, sino de intención, como te mencioné antes. Se activa con la intención. Si tienes la intención de merecer, la palabra se activará con tan sólo repetirla unas cuantas veces. Y sabrás que la has activado porque empezarás a recibir todo lo que mereces. Te convertirás en un merecedor. Así, podrás constatar por tu propia experiencia lo que significa convertirte en la palabra.

Toda tu realidad está, en gran medida, basada en esto: no atraes lo que quieres, sino lo que eres. Esta es una máxima espiritual. Decir “Yo quiero ser abundante” no es lo mismo que decir “Yo soy abundante”.

 

EJERCICIO

Siéntate un momento en silencio. Lleva las manos al centro de tu corazón. Sé consciente de qué palabra en este momento te ayudaría positivamente en tu vida. Quizá sea “confianza” o “me amo”. También podría ser “pongo límites” o “suelto en paz”. Es importante que te escuches. Que vayas al interior y te preguntes qué frase o palabra te ayudaría en este momento de tu vida.

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