Del libro “Hijos invisibles” de Martha Alicia Chávez
¿Cómo se vuelven invisibles los niños?
La indiferencia de los padres. Esta frase engloba de manera
perfecta todas y cada una de las situaciones que vuelven invisible a un niño.
En forma general, dicha indiferencia se manifiesta precisamente en la falta de
atención e interés en la vida, los asuntos, los sentimientos y las necesidades
del niño, cuyos padres ignoran, no ven, porque están muy ocupados viendo a los
otros hijos, o a sí mismos y sus propios problemas. El niño, entonces, es un
ser ignorado, invisible: no es visto.
Los niños cuyos padres están demasiado ocupados en sus
quehaceres o en sus problemas, y en consecuencia no los atienden, desarrollarán
esa sensación de aislamiento y soledad que son típicos de los seres invisibles.
Recordemos que en la infancia lo que nos da el punto de referencia de que
existimos, somos valiosos y merecedores, es justamente la atención que nos
brindan los adultos significativos, pero muy en especial nuestros padres.
Así, son determinadas situaciones de la vida y ciertas
actitudes de los padres y adultos significativos los que vuelven invisibles a
un bebé, un niño o un adolescente:
·
Cuando los padres son indiferentes; es decir, están demasiado
ocupados en sus propios asuntos, no pasan tiempo con sus hijos y/o no
prestan atención a sus necesidades.
Los padres ausentes en la vida de sus hijos, por la razón que sea
–demasiado trabajo, conflictos emocionales, enfermedad física, incapacidad de
amar y comprometerse, etc.–, les envían el mensaje de que todo lo demás es
mucho mas importante que ellos.
·
Cuando los padres y familiares adultos no les cumplen las promesas
que les hacen.
·
Cuando no se toma en cuenta al niño o adolescente para ningún asunto
relacionado con la familia.
·
Cuando existe en casa un hijo enfermo o que presentan problemas de
cualquier tipo, quien acapara toda la atención de los padres provocando que
se olviden de los otros hijos.
·
Cuando no se le informa sobre acontecimientos que conciernen a la
familia o directamente al niño. Por ejemplo, que el tío vendrá a vivir con
ellos durante algún tiempo, que el padre cambiará de empleo o las razones por
las que se le va a cambiar de escuela.
·
Cuando se ignoran los sentimientos, no se le brinda apoyo o se
minimizan lo que el niño considera sus problemas.
·
Cuando, como estilo de vida –patrón–, literalmente no se le mira de
forma directa a la cara mientras se le habla o nos habla.
·
Cuando no se toman en cuenta sus ideas, comentarios, sueños, logros,
errores, etcétera.
·
Cuando se es injusto con los hijos y no se les da o se les prohíbe
lo mismo a todos. Es decir, se tiene preferencia por un hijo.
·
Cuando ambos padres, o uno de ellos, abandonan el hogar, lo cual hace sentir
al hijo que no es suficientemente valioso como para que el padre o madre quiera
estar con él y por eso se va.
·
Cuando un hijo muere y la madre, el padre o ambos, sumidos en su duelo,
se olvidan de que tienen otros hijos vivos, que los necesitan. Es natural y
necesario respetarse uno mismo su tiempo de duelo, pero cuando éste es mal
manejado, puede extenderse por muchos años o el resto de la vida de los padres,
dejando a los otros hijos huérfanos y desamparados.
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