jueves, 5 de marzo de 2026

Del libro “Mujeres de hierro y de cristal” de Dra. Silvana Rohana - El mito de la Supermujer

 

Del libro “Mujeres de hierro y de cristal” de Dra. Silvana Rohana

 

El mito de la Supermujer


La revolución sexual que comenzó en los cincuentas favoreció que emergiera un nuevo tipo de mujer, la cual responde a la llamada de su propio destino al desarrollar una carrera, decidir su vida emocional y sexual, y escoger los roles que más le satisfagan, con plena libertad. Esta revolución trajo consigo una nueva actitud hacia el trabajo, el cambio social, la moral y los valores.

En la actualidad, muchas mujeres tienen actitudes más positivas:

-          No estudié para guardar mi título en un cajón. De eso estoy segura. Puedo trabajar y hacerme cargo de la casa al mismo tiempo. ¡Claro que lo haré!

-          Voy a hacer ejercicio para estar en mejor forma. Quiero sentirme bien y verme bien, no sólo por mi familia sino por mí también.

-          Este curso me servirá para lograr un ascenso en el trabajo. Al menos, mi jefe notará mi esfuerzo por salir adelante.

-          Quiero ser un ejemplo de energía, fuerza y buen humor para mis hijos. Quiero contagiarles mi alegría y mi ánimo.

Muchas de nosotras queremos ser así, y muchas lo manejan bien por mucho tiempo. La lucha parece continuar, para volver a caer en el sistema tradicional, donde vemos sólo las limitaciones de nuestro potencial. Veo muchas mujeres que tienen buenas intenciones, pero no hacen nada por llenarlas.

¿Qué pasó con su vieja amiga que iba a comerse el mundo?

Cuando se la encontró el año pasado estaba donde mismo, realmente no logró llegar a ningún lado. ¿Por qué es tan duro vivir nuestros sueños? ¿Qué sale mal?

Pienso que una respuesta probable a esta pregunta es que los cambios dramáticos y recientes en nuestra sociedad han hecho las cosas más duras para la mayoría de las mujeres. Ahora la mujer que trabaja, especialmente la madre que trabaja, se encuentra viviendo bajo una grandísima y terrible tensión.

Todos hemos oído a mujeres decir:

-          ¡Estoy tan harta del quehacer de la casa! Nunca se acaba, sólo es una rutina aburrida y monótona… Y nadie la reconoce.

-          Si no es mi marido o los niños, es mi familia. Siempre estoy de un lado para otro, soy el chofer disponible. ¡Me siento exhausta!

-          Algunas veces, en un momentito de soledad, me pregunto si tendré un día tiempo libre para mí.

-          La verdad es que me encargo de todo – la casa, los niños, la vida social de mi esposo y la nuestra. Pero todo se vuelve una carga cuando sólo hay veinticuatro horas para un solo día.

-          Si acaso me tomo un minuto para hablar con mis amigas, a las que apenas veo, mi familia se queja y no cooperan.

-          ¡Me interrumpen a cada rato! Me siento como esclava.

 

Al mismo tiempo la gente más tradicional nos critica si tomamos más de un rol. Por ejemplo, María Fernanda es la directora general de una compañía de computadoras líder en el mercado. Tiene treinta y dos años, tres hijos y un marido no menos exitoso que ella. Podríamos catalogarla como una verdadera mujer nueva que a base de esfuerzo y reflexión ha logrado equilibrar su vida de una manera envidiable. Las personas que la rodean la admiran y la respetan, aparentemente, porque apenas se da la media vuelta, dicen, haciendo un gesto de incredulidad:

-          Seguramente ella no sabe ni freír un huevo…

Y si una mujer sobresale en los deportes, se supone automáticamente que su casa y sus niños son un desastre:

Carolina es campeona de tenis a nivel nacional. Es madre, esposa, y aparte se da tiempo para ayudar a la gente necesitada. Su casa es pequeña pero confortable y limpia, y sus dos hijos varones, están educados estupendamente. Pero todos le inventan historias falsas acerca de su vida privada. ¿Por qué?

Para evitar ser “atacadas”, debemos tener un exitoso balance como amas de casa y como trabajadoras.  Y por supuesto tenemos que ser excelentes en todas nuestras otras tareas.

Pero, por otro lado, algunos apoyan y aplauden a las mujeres que toman diversos papeles:

-          Realmente le doy crédito. Está trabajando, su casa está en perfecto orden y ¡todavía tiene tiempo de entrar al torneo de natación!

-          Ella se va a trabajar y además se encarga de sí misma y de su hogar. ¿Cómo le hace?

-          Martha es agradable y educada. ¡Siempre luce tan bien…! Y su casa, que bárbara, parece una tacita de porcelana.

Lamentablemente, aunque las cosas están cambiando, la sociedad nos pone una pesada carga. Y si fallamos en cumplir todas estas demandas, la gente estará ansiosa por criticarnos. No son únicamente demandas en términos de tiempo: ¡también tenemos que encontrarle el sentido a todo!

Primero, está la carga de la tradición que todavía tiende a apesadumbrarnos. En segundo lugar, están las cargas de los nuevos estilos de vida, las expectativas de todos los nuevos papeles que tenemos que tomar. Todo esto, en conjunto, se vuelve una mezcla muy confusa para cualquier mujer, pero especialmente para la joven que no se ha dado cuenta de hacia dónde está dirigiendo su vida:

-          ¡Cuando me case, tendré que dejar mi libertad?

-          ¿Seré capaz de manejar mi carrera y todavía cuidar bien a mis hijos?

-          ¡Estoy tan cansada y no sé por qué! Ya ni siquiera sé quien soy… ¿Estoy cambiando mucho?

-          ¿Y si no encuentro el hombre adecuado? ¿Cómo encauzaré mi vida?

-          El único objetivo de mi madre es que yo encuentre un marido, pero primero quiero terminar mi educación. Me ocuparé de ese asunto del matrimonio después…

Estas son importantes cuestiones que afectan a incontables mujeres hoy en día. Constantemente encontramos situaciones que son vastamente diferentes de las que conocimos cuando estábamos creciendo.

Enfrentarnos con estas expectativas sin tener experiencia para juzgarlas, nos conduce a caer en papeles menos riesgosos que aprendimos cuando niñas, y claudicar en nuestros esfuerzos de hacer más por nosotras mismas.

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