viernes, 4 de mayo de 2012

Del Libro “90 respuestas a 90 preguntas” de Martha Alicia Chávez…..



¿Cuál es el sentido del trabajo?



Parte de mi labor profesional consiste en dar conferencias y cursos / talleres  en diversas ciudades.  Hace unos días, el botones de un hotel me preguntó mientras me conducía a mi habitación:  “¿Viene a trabajar?”    Ante mi respuesta afirmativa, con una intensidad que le salió desde el fondo del alma, expresó:  “¡Qué horror!”  Y como si su aversión fuera asunto mío, le eché un sermón sobre el sentido profundo del trabajo, que para su fortuna duró sólo un par de minutos mientras llegamos a mi habitación, donde cerré la boca para dejar que a su vez pronunciara su sermón, ese que los botones dan acerca de las monerías que hay en la habitación, el cual me resulta tan aburrido como a él debió haberle resultado el mío.
Más allá de las disertaciones que muchas empresas descargan sobre sus empleados para convencerlos de que el trabajo es una maravilla y lograr que mejores su productividad, la verdad es que yo creo de corazón que todo lo que el trabajo aporta a la vida de un ser humano es insustituible, valiosísimo, sublime.
El trabajo es un medio para satisfacer las necesidades humanas descritas por Abraham Maslow, lo cual es indispensable para una salud mental, emocional, física y hasta espiritual.  Esta propuesta de Maslow está representada en su famosa pirámide que enuncia dichas necesidades humanas:
El trabajo ayuda a satisfacer todas esas necesidades, ya que aporta seguridad económica y también un sinnúmero de experiencias y aprendizajes de todo tipo, los cuales nos llevan a madurar, auto conocernos y evolucionar.  Por otra parte, representa una oportunidad de establecer relaciones interpersonales, con todo lo que éstas conllevan:  en ellas aprendemos a negociar conflictos, a ser humildes, a poner límites, a ayudar y pedir ayuda, a trabajar en equipo y mucho más.
El trabajo abre la puerta para expresar nuestros talentos;  esto se llama autorrealización.  Ello satisface y nutre los anhelos del alma, porque ir por la vida sin expresarlos deja una dolorosa sensación de estar incompletos e insatisfechos.  Todos tenemos un talento único y una forma única e irrepetible de expresarlo.  Cuando lo hagamos, tocaremos los dinteles de la gloria, los éxtasis de cuerpo y alma que se experimentan cuando uno está expresando ese talento.  Todo aquel que ama su trabajo sabe de qué estoy hablando, pues lo ama porque está en el lugar correcto;  no me refiero a un lugar físico, sino a las actividades que le permiten expresar ese regalo único e irrepetible que es su talento.  La oportunidad de servir a la sociedad en que vivimos y ser parte de la historia son también necesidades de trascendencia que el trabajo ayuda a satisfacer.
Hay todo tipo de reacciones ante el trabajo.  A algunas personas les ofende; otras lo consideran una parte obligada y tediosa de la vida, pero necesaria para obtener el dinero para vivir, y sólo para unos pocos es una fuente de profundo júbilo y bendiciones.   Yo creo que en lugar de quejarnos y odiar y criticar constantemente a la empresa o institución donde laboramos, deberíamos honrar y apreciar nuestro trabajo, por todas las cosas maravillosas que aporta a nuestra vida.  En una ocasión, un amigo me dijo:  “El desgraciado de mi jefe me despidió”.  Yo le contesté:  “No fue tu jefe, fuiste tú quien alejó ese empleo de tu vida, porque te la pasas criticando y despreciando a la empresa y a tu trabajo.  La vida sólo respondió a ello.  Tú creaste ese despido”.
Cuando era adolescente formé parte de un grupo de teatro en el que representamos cientos de vences una maravillosa obra de Jodorowsky llamada  El juego que todos jugamos.  Había en ella un parlamento que me impactaba mucho por su crudo realismo, y con el cual, mientras más maduro, más de acuerdo estoy:  “Es mejor cobrar dando lo mejor de uno mismo, que cobrar prostituyendo nuestra alma.  Si tú estás trabajando en algo que odias… ¡renuncia, amigo!.... ¡renuncia!”
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