jueves, 26 de febrero de 2026

Del libro “No te compliques” de Mario Guerra - Poner límites

 

Del libro “No te compliques” de Mario  Guerra

 

6 pasos para poner límites

 



1.- Identifica primero tus límites

a) Piensa en las cosas que más te molestan que la gente haga contigo. Por ejemplo: críticas, comentarios acerca de tu apariencia o peso, incumplimientos de promesas o acuerdos, tomar cosas de tu propiedad sin permiso, fumar en tu casa cuando tú no lo permites, hurgar en tu celular o correo electrónico, burlas, gritos, insultos, amenazas, chantajes, abusos de confianza, préstamos nunca pagados, aprovecharse de tu disposición, llegar tarde, etcétera.

b) Estos son tus límites personales; identifica cuáles pueden ser más flexibles o negociables y cuáles definitivamente no estás dispuesto a permitir a nadie. Clasifícalos entonces en “Negociables” y “No negociables”.

c) Esta lista será para ti una especie de mapa de ruta para tus relaciones y puedes modificarlo según lo necesites.

 

2.- Ponte atento a tus alarmas internas.

a) Sabiendo qué estás dispuesto a permitir y qué no, bajo ninguna circunstancia, es hora de interactuar con el mundo. Imagina que tu mente es como una computadora a la que alimentaste con los datos del paso anterior y ahora tiene una alarma que suena cuando detecta que alguien traspasa los límites de tu lista.

b) Esa “alarma” no es otra cosa que tu voz interior, la que por cierto ya en el pasado te advirtió sobre estas trasgresiones, pero que no has reconocido. En términos de sentimientos, esa alarma puede venir bajo la forma de un sentimiento de enojo, vergüenza o desacuerdo profundo cuando alguien hace alguna de esas cosas. Imagina que esa alarma te indica que hay un “intruso” no autorizado dentro de los límites de tu mundo personal. Es una gran luz roja que se enciende y dice NO.

 

3.- Expresa con claridad tus límites.

a) Cuando tu sistema de reconocimiento interno de límites haga sonar esa alarma, es hora de activar tu voz para indicar al intruso que traspasó los límites permitidos para él. Dile con claridad, sin titubeos, con una voz calmada y firme lo que está sucediendo.

b) Por ejemplo puedes decir algo como:

* “Por favor, te pido que no tomes mi ropa sin que yo te la haya prestado.”

* “No me gusta que me digas gorda; te pido que dejes de hacerlo.”

* “Cuando te preste mi computadora te voy a pedir que no le instales ningún programa sin que yo te haya autorizado a hacerlo.”

c) Cuando expreses tus límites evita que tu tono de voz suene a broma. Incluso mira y habla con la persona de una manera más firme de lo habitual. Recuerda, no hay necesidad de levantar la voz o ser agresivos de ninguna manera.

 

4.- Mantente en equilibrio ante las reacciones del otro

a) Como ya vimos en este capítulo, la persona no acostumbrada a respetar límites puede no recibir de buena manera que se los pongas. Puede reaccionar de manera hostil, burlona o sarcástica, presionarte con chantajes, acusaciones de tu falta de solidaridad o hasta amenazarte con no volver a hablarte. Son reacciones comprensibles en una persona así pero, aunque eso lo explique, no la justifica.

b) Conviene que te mantengas firme una vez establecidos tus límites. No esperes que el otro esté de acuerdo con tus necesidades. A lo que puedes aspirar es a que las respete.

c) Evita también que tus emociones se desborden y empieces a gritar, manotear o insultar al otro. Eso ya no es poner límites sanos y empezarás una guerra de agresiones. Trata de mostrarte firme ante los desbordes del otro. Si haces esto ¡sus emociones pueden mojar tus pies, pero jamás te ahogarán!

d) Finalmente, lo que decida hacer esa persona ante tus límites es su decisión. Para ti lo importante es que respete lo que le pediste. Es lamentable si decide no hablarte, por ejemplo, pero recuerda que es su decisión y tu tienes el derecho de poner los límites que te convengan. Eso sí, nunca permitas que, como resultado de tu claridad, el otro te lastime o quiera dañarte física, emocional o psicológicamente. Si su agresión es desmedida o inaceptable, pon distancia de inmediato.

 

5.- Reconoce y acepta tus sentimientos.

a) Es posible que si no estás habituado a poner límites sientas que eres muy duro o experimentes un sentimiento de culpa. Es normal. Quien ha sido “blando”, al ponerse firme siente como si fuera muy áspero.

b) No alimentes ni bloquees lo que sientes. Obsérvalo como parte del proceso de cambio que realizas. Es desagradable por el momento y a veces es inevitable lamentarlo por un tiempo, pero no será un sentimiento permanente en tanto no lo hagas crecer.

c) Piensa que las decisiones y límites que impones hoy serán en beneficio del Tú del futuro. Imagina a ese Tú viviendo una vida más libre, con mayor respeto y sin abusos gracias a lo que hoy haces. Deja que un sentimiento de gratitud que fluye desde ese Tú del futuro llegue hacia ti.

 

6.- Devuelve el valor a tu palabra.

a) La clave final es la persistencia. Mantente en la ruta de la claridad y la firmeza cálida. Recuerda que no agredes a nadie, sólo proteges tu mundo interior.

b) Busca ser consistente; si no permites algo hoy, evita permitirlo mañana para luego volver a limitarlo pasado mañana. Evita también cambiar tus límites de acuerdo con tu estado de ánimo del momento. Eso te confunde a ti y confunde a otros.

* Si por alguna razón decides cambiar de opinión respecto al limite que has impuesto, hazlo en el futuro y no al ponerlo. Deja claro que lo has modificado porque así lo decidiste y no como producto de la culpa o el arrepentimiento. Si vas a modificar tus límites no lo hagas con frecuencia y hazlo saber con claridad.

c) Ante una transgresión, se trata de que hagas lo que dijiste como consecuencia de esa violación a tus límites. Por eso es importante que esas consecuencias sean alcanzables y no fantasiosas. Por ejemplo, si dices algo como “Si me vuelves a marcar nunca más te voy a contestar el teléfono”, deberás cumplir lo dicho, de otra manera el transgresor sabrá que tus palabras realmente no tienen consecuencias duraderas y menos te respetará.

 

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viernes, 20 de febrero de 2026

Del libro "No te compliques" de Mario Guerra - Límites

 

Del libro "No te compliques" de Mario Guerra

 

¿Cómo se ponen los límites?




Muchas personas se imaginan que poner límites es igual a iniciar una guerra, ponerse "rudos" o ponerle un violento "hasta aquí" a alguien que ya se pasó de la raya. Y no es injustificada esta creencia, pues mucha gente se ve en la necesidad de hacerlo porque ya dejaron que las cosas llegaran demasiado lejos. Hay quien, por no verse grosero, permite que otros penetren cada vez más en su espacio privado, fuera de los límites de lo que es cómodo o aceptable y sólo cuando ya causaron mucho daño se explota y se les expulsa violentamente con un: "¡Lárgate de aquí, ya me tienes hasta la mía!"

No habría que llegar a esos extremos si desde la primera transgresión hubiéramos hablado con esa persona y le hubiésemos hecho saber nuestros límites y nuestro desacuerdo o incomodidad con su actitud para que, a partir de ahí, se iniciara un proceso de fijar nuevas reglas entre ambos. Los límites no son un castigo para el otro, sino una sana frontera para tu bienestar. 

Entonces, uno pone límites, primero haciéndolos notar, luego siendo más claro al expresar su importancia a nivel personal, en un tono de voz neutral, si lo anterior no fue suficiente. Se puede luego iniciar un diálogo con el otro diciéndole lo que ha ocurrido y las razones por las que no estás de acuerdo con eso. No se trata de convencer al otro, por supuesto, sino hacerle ver nuestra perspectiva, necesidades o límites personales

Aunque hablaré del "No" con detalle, es importante ahora señalar que, si bien en lo posible debe prevalecer el diálogo, se hace necesario incluir en él algunas frases cortas que involucren la palabra "No", por ejemplo:

No

No quiero

Ya no

Ahí no

Así no

Aquí no

Ahorita no

Prefiero no

 

Sería deseable que estas frases pudieran ser matizadas con algún "por favor" o "gracias", nunca con un "perdona" porque al poner límites no hay nada que perdonar. No es un pecado. Eventualmente, si el otro insiste en brincarse la frontera, el diálogo puede cambiar de tono o se llega a otras acciones, como cerrar la puerta a esa persona y alejarse de ella. 

Como ya dije, poner límites se logra justamente así: haciéndolos visibles. Como "pintar tu raya" y mantener a quien tú decidas del otro lado. 


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jueves, 12 de febrero de 2026

Del libro “Por el placer de vivir” de César Lozano - Factores que afectan una relación de pareja

 

Del libro “Por el placer de vivir”  de César Lozano

 

FACTORES QUE AFECTAN UNA RELACIÓN DE PAREJA.

 


 * El miedo al compromiso.  Hoy en día es más común verlo entre los jóvenes. Las historias de vida de quienes se han separado derivan en miedo y deseos de no vivir experiencias similares; de allí que sea más común que hombres y mujeres busquen la comodidad de disfrutar sin compromisos.  Es muy difícil establecer un acuerdo entre personas que se centran en las diferencias y defectos, no en las cualidades y virtudes. También es complicado encarar un compromiso cuando la distancia los separa físicamente, o existe el temor a comprometerse cuando no se cuenta con los medios para sostener un hogar.

 

* Actitudes de dominio.  Creer que porque se unieron en matrimonio, ya sea el hombre (en la mayoría de los casos) o la mujer, tienen el dominio y la posesión de la voluntad y acciones de su pareja, y si lo hacen argumentan: “Es porque te quiero mucho.”

 

* Codependencia.  Término muy usado en la actualidad que significa que las personas tienden a confundir la dependencia psicológica con el amor.  Estas personas piensan que aman demasiado, pero son verdaderos parásitos que satisfacen únicamente sus necesidades, sin importar los sentimientos y carencias de la pareja.

 

* Los celos.  Es la expresión mas fuerte de la inseguridad; es un terrible complejo. Vigilar, espiar los movimientos y acciones de la pareja por temor a perderlo. Tratar de demostrar cariño con celos absurdos solo demuestra el error en la elección, la inseguridad de quien los padece y falta de confianza, lo que conduce el matrimonio a la ruina. Los factores que ocasionan los celos pueden ser:

El mas común: la falta de confianza en la pareja y en uno mismo. Se sienten inseguras o inseguros de tanto amor y eso los lleva a desconfiar de su pareja.

Las experiencias familiares. Si tuvo el ejemplo de un padre o madre así, puede imitarse el patrón de conducta. Recuerdo el caso de un hombre que celaba muchísimo a su mujer. La pobre, a sus 78 años, salía con sus hijas y tenía que reportarse continuamente con él.  El hombre la espiaba con frecuencia ¡y a esa edad le hacia escenas de celos! Cuando la mujer murió, el hombre acongojado preguntaba una y otra vez ¡¿Quién la iba a cambiar y a maquillar en la funeraria?! ¡La celaba hasta muerta! Obviamente, este tipo de celotipia cae en la clasificación de trastorno psicológico. Esta pareja tuvo cuatro hijos varones, de los cuales tres padecen la misma obsesión. El otro hijo no (habrá que ver de quien es…).

Experiencias vividas. Por supuesto que “la burra no era arisca, ¡la hicieron!” Es difícil soportar una infidelidad, y es razón de sobra para celar hasta ganarse nuevamente la confianza. “¿Eres celosa?”, pregunto a una conocida que me responde: “¡No! Solo lo normal… Checo a dónde va, con quien anda, a que hora llega, reviso su celular, su ropa, ¡incluso su ropa interior!, pero no soy celosa” (¡nomás tantito…!).

 

* La infidelidad.  Falta de honestidad en los sentimientos. Buscar con quien sobrellevar carencias que nos acosan porque “somos víctimas de las circunstancias”.

Razones para ser infiel hay muchas y muy variadas. La victima se llena de odio, resentimiento y de pensamientos como: “¿En que fallé?” “¿Qué tiene esa persona que no tenga yo?” “No puedo creer que me haga esto después de todo lo que le he dado…” Menos infidelidades habría si entendiéramos la sentencia: No hagas a los demás lo que no quieras que te hagan a ti.

 

Por todo lo anterior, creo que es fundamental un proceso de conocimiento entre él y ella. Jamás encontraremos a la pareja perfecta, no la hay. Pero con el trato, la expresión del verdadero amor, la mutua tolerancia, la autocrítica y el deseo de brindar felicidad a quien nos ha confiado su vida para compartirla, en las buenas y en las malas, podremos cimentar una relación sana y feliz.

 

 

jueves, 5 de febrero de 2026

Del libro “20 pasos hacia adelante” de Jorge Bucay - Aprende a negociar

 Del libro “20 pasos hacia adelante” de Jorge Bucay




APRENDE A NEGOCIAR LO IMPRESCINDIBLE

 El paso que propongo consiste en aprender a “negociar” solamente en los negocios, en los litigios, en los conflictos. En la política, si no podemos encontrar un acuerdo, y en la guerra sólo para acercar el camino hacia la paz.

En los demás casos, y especialmente en nuestras relaciones amorosas y significativas, sería mejor cambiar el verbo para evitar confusiones. En la amistad, en la familia y en la pareja me gustan mucho más los acuerdos que las negociaciones, y prefiero siempre las renuncias a los sacrificios. Me gusta ayudar a mis pacientes a que se den cuenta de lo que tienen ganas de hacer para resolver su desencuentro, pero no admito las frases miserablemente especulativas que se enuncian desde el “yo haré esto si tú haces esto otro…”.

A pesar de todo, prefiero la negociación antes que la imposición del criterio de uno sobre otros. Prefiero la negociación a la violencia, a la mentira o al engaño. La prefiero antes que la manipulación o la fuerza bruta.

Y cuando negociar sea el único o el mejor camino habrá que tener en cuenta, de todas formas, algunas cosas. Habrá que saber si podemos confiar en aquellos con los que negociamos, habrá que ofrecer lo que podemos conceder y no pedir lo que sabeos que no pueden darnos. Es necesario ser conscientes de que sólo es posible o razonable ceder hasta donde nuestra realidad interna o externa nos lo permite, y que el otro está en la misma situación.  

Por salvar al hijo del zar, que se ahogaba en el río, tres campesinos fueron recibidos en palacio, donde el monarca les invitó a elegir su recompensa. El primero pidió la mano de la princesa, el segundo solicitó poder absoluto sobre su condado y el tercero, después de un silencio, pidió solamente una bolsa de monedas. Los otros dos lo acusaron de estúpido y de no saber aprovechar una oportunidad única. El tercer hombre les dijo:

–Si es intención del zar darnos algo, cosa que dudo, yo quiero estar seguro de pedir aquello que puede ser que me conceda…

 Tienes razón si estas pensado que hay algunas situaciones en las que “la posibilidad” de un acuerdo “no es posible”. ¿Qué hacer entonces?

La respuesta es tan obvia como importante: habrá que aprender a negociar el desacuerdo, aun cuando esto signifique, como decía mas arriba, una lisa y llana renuncia a algunas de mis pretensiones, sin resentimientos ni esperando la revancha. La simple pero difícil aceptación de la realidad tal como viene… aunque sólo sea para usarla como punto de partida de la lucha por una realidad diferente.

Presta atención a esta historia:

Cuentan que, hace muchísimos años, en un pequeño pueblo de Inglaterra sucedió algo que cambiaría para siempre la vida del joven Mortimer y la de sus dos amigos.

Una mañana, cuando iba de camino a la escuela, el jovencito divisó a un lado del bosque un enorme nogal cargado de nueces. Sorprendido, porque nunca lo había visto, se acercó sigilosamente hasta el alambrado y evaluó de un vistazo las posibilidades de robar alguno de esos frutos sin ser atrapado. Rápidamente se dio cuenta de que no era un trabajo para hacer en solitario; necesitaría ayuda si esa noche quería comer nueces con su pudín. Al llegar a la escuela, contó a sus futuros cómplices lo que había visto, y decidieron dar el golpe esa misma tarde, cuando salieran de clase. Así fue. Mientras Mortimer vigilaba el sendero para evitar ser atrapados, uno de sus amigos hacía de espía para que el más ágil y pequeño de los tres trepara por el tronco e hiciera caer las nueces.

Apenas Mortimer vio que se acercaba un carro, dio la alarma y los otros recogieron las nueces caídas y salieron corriendo para encontrarse con Mortimer en el bosque.

Allí, jadeando y riendo, los ladronzuelos vaciaron los bolsillos y miraron con satisfacción el pequeño montoncito de nueces conseguidas.

–Hay que repartirlas – dijo uno.

–Sí – dijo otro.

–¿Cuántas son? – preguntó el tercero...

Y contaron… una … dos… tres…

Eran diecisiete.

Los tres se miraron mientras multiplicaban buscando alternativas en la tabla del tres…

Tres por cuatro, doce… tres por cinco, quince… tres por seis … ¡dieciocho!

Finalmente, Mortimer tomó la palabra.

–Ya que yo soy el que dio la información, creo evidente el reparto que hay que hacer: cinco para cada uno y las restantes dos para mí.

–En todo caso – dijo el que había trepado–, una para ti y otra para mí, porque si yo no hubiera subido…

–Un momento– interrumpió el tercero–, que si yo no te hubiera sostenido nunca habrías podido agarrar ni una sola nuez. Así que …

Como no pudieron llegar a un acuerdo, decidieron preguntarle al viejo sabio que vivía en el claro del bosque. Él los ayudaría. Lo encontraron en su cabaña y le explicaron el problema del reparto. El viejo escuchó y preguntó:

–¿Y quieren que reparta las nueces por ustedes?

–Sí– dijeron los tres.

–¿Y cómo quieren que lo haga? – preguntó el anciano–, ¿un reparto natural o como a mí me parezca…?

–No. Como a ti te parezca no. Queremos un reparto natural, lo más natural que puedas... – dijeron los tres casi a coro.

El viejo contó las nueces y luego las fue repartiendo. Le dio al que había hecho de sostén once nueces. Al que había trepado le dio cuatro y a Mortimer sólo dos.

–¿Qué es esto? – preguntaron todos, descontentos por igual–, te dijimos naturalmente, no como tú quisieras…

–Si lo hubiera hecho como yo quería, hubiese sido más equitativo. Hubiera puesto en manos de cada uno cinco nueces, hubiera abierto las restantes dos, hubiera agregado a su posesión media nuez más para cada uno y me hubiera comido la última mitad en pago de mi participación, para no favorecer a ninguno de los tres. Pero ustedes me pidieron que fuera reparto natural. Pus bien, la naturaleza es así, a unos les da mucho, a otros algo menos y a algunos no les concede casi nada. 

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