jueves, 2 de junio de 2011

Del libro “La violencia está en casa” de Dr. Ernesto Lammoglia

TESTIMONIO DEL CHALE

Yo me salí de mi casa bien chico porque, chale, estaba cañón. Mi papá es un pinche borracho cabrón que nomás agarra a garrotazos a mi mamá. A veces la amarraba y a mi también, y luego dale con el palo. Después, como teníamos hartos mallugones nos dejaba amarrados o nos encerraba pa’ que nadie nos viera.

Antes tenía un hermano más grande al que le pegaba más, pero se fue hace mucho, cuando mi mamá lo mandó con un dinero para que dejaran bajar a mi papá de la patrulla, porque ya lo tenían agarrado, y el güey, chale, que se pela con todo y lana y ya nunca volvió.

Mi papá siempre andaba borracho y casi no daba dinero, entonces mi mamá iba a lavar ajeno pa’ que comiéramos. A veces no venía en muchos días a la casa y entonces. mi mamá la agarraba conmigo y, chale, también me sonaba. Una vez, que me defiendo y que le doy una patada. Ella que agarra la olla de la lumbre y yo que corro, pero me cayó el agua en las piernas; mire usté cómo me quedaron: como chicharrón. Entonces yo sí gritaba de lo que me dolía y después de mucho rato me llevó al doctor. Le decía puras mentiras, quesque yo había jalado la olla, ¿usté cree? Luego por muchos días yo no podía caminar y casi no me daba de comer. También ella se ponía borracha.

Un día llegó mi papá y, chale, sacó una pistola, dijo que nos iba a matar, venía bien borracho. Y que le dispara a mi mamá y yo que me echo a correr, y él que corre atrás de mí, y mi mamá venía gritando, y él que tiraba balazos, y yo patas pa’ que las quiero, me fui bien lejos. Ya luego encontré unos chavos que me vieron así como muy chiquito y me quedé con ellos.

Primero nos atajábamos debajo de un puente que está bien oscuro y luego ya encontramos otro lugar que no le voy a decir donde está, pero ahí estamos muchos. A veces andamos vendiendo chicles, a veces, pues sí, robamos o pedimos. Todos nos echamos aguas. Las niñas, unas venden chicles o lavan coches. Otras, ya sabe, le chambean de noche. Está la Rosy que dice que tiene trece años. Legó el año pasado y ella se fue porque su papá se la echaba y luego le hacía que se fuera con otros tipos y él se quedaba con la lana. Dice que así está mejor porque ahora ella se queda con la lana y ya no tiene que aguantar a su papá, dice que es un marrano. También está la Camelia que ya tuvo bebé. Ahí nació y, chale, todos lo vimos cuando nació. Eso fue hace mucho porque El Ratón, así le decimos, ya hasta camina.

Algunos sí le hacen a eso de las drogas y se ponen muy locos, pero yo no, no vaya usté a creer ¿pa’ qué quiero andar loco? A mí me gustaría ser policía. Si fuera policía dejaría a los chavos en paz y no les quitaba su dinero….

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Estos niños escapan a reglas disciplinarias denigrantes, pero, por desgracia, se incorporan a otras formas de esclavitud, como bandas, una vida controlada por las drogas, las mafias que someten a menores para corromperlos en prostitución, tráfico de drogas, etc.

… Para ellos, el concepto de familia no representa un elemento de arraigo y mucho menos factor de unidad. Si llegan a formar una familia van a reproducir los mismos esquemas deteriorados con los cuales subsistieron; con sentimientos de autodestrucción, abandono, incomprensión, baja autoestima y depresión. Generarán relaciones destructivas totalmente alejadas de lo que podría ser una verdadera familia y, por consiguiente, sus relaciones con el entorno serán violentas o con tendencias autodestructivas.

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