jueves, 14 de mayo de 2026

Del libro “Hijos invisibles” de Martha Alicia Chávez - Me ven porque me ven

 

Del libro “Hijos invisibles” de Martha Alicia Chávez

 

¡Me ven porque me ven!

 



A donde quiera que vayamos, encontraremos a estos seres invisibles intentando volverse visibles ¡a la fuerza! Son aquellas personas que llaman la atención comportándose de manera escandalosa y/o exhibicionista, así como llevando en su cabello o su cuerpo toda clase de ropas, accesorios o cosas inusuales y estrafalarias, obligando a los demás a verlos de forma inevitable. Con gran frecuencia reciben burlas, desprecio y rechazo, pero tal vez eso sea menos duro que no ser vistos. “Véanme, aunque me desprecien. Otórguenme su atención, aunque sea para burlarse. Concédanme una mirada, aunque sea humillante”, pareciera que así implora el corazón de estos seres invisibles, que buscan ser notados a través de ser diferentes, ¡muy diferentes!

En estas personas, por lo general, también hay una actitud de superioridad, convencidos de que por ser como son, hacer lo que hacen y vestir como visten son libres, diferentes y, de alguna manera, superiores y mejores que el resto de nosotros. La verdad detrás de estos comportamientos es que hay un gran complejo de inferioridad que se trata de disfrazar con su opuesto: sentirse superiores, menospreciando a los otros.

Hablar a gritos y comportarse de manera histriónica, provocando que todos alrededor volteen a ver, es otra forma de llamar la atención, de hacerse presente, de decirle al mundo: “¡Aquí estoy!”.

Como ya mencioné, la necesidad de ser vistos es tan grande, que nos aferramos a cualquier cosa, comportamiento o apariencia que nos otorgue la atención que el niño interior herido sigue buscando, sin importar la edad que tengamos.

Yo conocí muy de cerca a una mujer que bien puede servirnos como ejemplo en este caso. Estuvo presente en mi vida durante 10 años hasta que se fue a vivir muy lejos y perdí contacto con ella. A lo largo de ese tiempo presencié infinidad de veces toda clase de actos de exhibicionismo que en ocasiones eran obvios e inconfundibles, pero a veces se presentaban tan sutiles y disfrazados que podrían haberse interpretado simplemente como los de una personalidad extrovertida y sin prejuicios.

Ella tenía como mascota a una hermosa perrita de una raza realmente rara, cuyo nombre no recuerdo: la tenía a su lado, literalmente las 24 horas del día. La perrita tenía una apariencia tan especial, única y hermosa, que a donde iba llamaba la atención. En todos lados detenían a esta mujer para admirar a la perrita y hacerle preguntas sobre ella. Así, tener esa mascota especial que llamaba la atención la hacía a ella sentirse especial y, por ende, atraer también la atención hacia sí misma.

Después de varios años en su vida, la perrita murió, lo cual la metió en un profundo proceso de duelo por su pérdida. En cuanto se recuperó un poco adoptó a otro perrito, pero éste era tan normal y común que no le brindaba la atención de los demás que el anterior sí le proporcionaba. Entonces, aunque sea difícil de creer –yo no lo podía creer–, ¡decidió que lo pintaría de azul! De haberlo hecho, sin duda alguna, hubiera sido la estrella, el centro de atención a donde quiera que fuera. Pero quiso el destino, o quizá las diosas protectoras de los perro, que justo el día cuando llevó al perrito al salón de belleza para que le aplicaran el tinte en sus tupidos pelos ahí se encontrara una apasionada activista de la sociedad protectora de animales, quien al enterarse sobre lo que estaba a punto de hacer se puso furiosa y le advirtió que si le ponía ese tinte al perrito, ella la acusaría y la institución se lo quitaría porque ésa era una forma de abuso que ponía en riesgo la salud del animalito. Ella, que ya se había encariñado con su nueva mascota, no pudo más que obedecer y conformarse con su perrito común y corriente.

Sin embargo, no importaba, porque tenía otras formas de llamar la atención. Por ejemplo, el extraño vehículo que poseía: una camioneta con zonas perfectamente renovadas y relucientes, y otras tan destartaladas que daba la impresión de que en cualquier momento se partiría en pedazos. Obviamente, también el vehículo llamaba la atención. Cuando de plano se le acabó, compró un auto compacto, tan común y corriente que no lo pudo soportar. Mandó pegarle por todos lados unas enormes calcomanías con formas de soles sonrientes, de manera tal que al verlo pasar resultaba difícil distinguir que rayos era eso. Como es de suponer, su auto, y ella dentro de él, no pasaban desapercibidos; ¡era imposible no verlos!...

Con cada uno de sus comportamientos parecía suplicar: “¡Por favor, hablen de mí! ¡Por favor, tómenme en cuenta! ¡Por favor, volteen a verme!”. Y siempre lo consiguió.

 


jueves, 7 de mayo de 2026

Del libro “Hijos invisibles” de Martha Alicia Chávez - ¿Cómo se vuelven invisibles?

 

Del libro “Hijos invisibles” de Martha Alicia Chávez

 

¿Cómo se vuelven invisibles los niños?

 



La indiferencia de los padres. Esta frase engloba de manera perfecta todas y cada una de las situaciones que vuelven invisible a un niño. En forma general, dicha indiferencia se manifiesta precisamente en la falta de atención e interés en la vida, los asuntos, los sentimientos y las necesidades del niño, cuyos padres ignoran, no ven, porque están muy ocupados viendo a los otros hijos, o a sí mismos y sus propios problemas. El niño, entonces, es un ser ignorado, invisible: no es visto.

Los niños cuyos padres están demasiado ocupados en sus quehaceres o en sus problemas, y en consecuencia no los atienden, desarrollarán esa sensación de aislamiento y soledad que son típicos de los seres invisibles. Recordemos que en la infancia lo que nos da el punto de referencia de que existimos, somos valiosos y merecedores, es justamente la atención que nos brindan los adultos significativos, pero muy en especial nuestros padres.

Así, son determinadas situaciones de la vida y ciertas actitudes de los padres y adultos significativos los que vuelven invisibles a un bebé, un niño o un adolescente:

·         Cuando los padres son indiferentes; es decir, están demasiado ocupados en sus propios asuntos, no pasan tiempo con sus hijos y/o no prestan atención a sus necesidades.

Los padres ausentes en la vida de sus hijos, por la razón que sea –demasiado trabajo, conflictos emocionales, enfermedad física, incapacidad de amar y comprometerse, etc.–, les envían el mensaje de que todo lo demás es mucho mas importante que ellos.

·         Cuando los padres y familiares adultos no les cumplen las promesas que les hacen.

·         Cuando no se toma en cuenta al niño o adolescente para ningún asunto relacionado con la familia.

·         Cuando existe en casa un hijo enfermo o que presentan problemas de cualquier tipo, quien acapara toda la atención de los padres provocando que se olviden de los otros hijos.

·         Cuando no se le informa sobre acontecimientos que conciernen a la familia o directamente al niño. Por ejemplo, que el tío vendrá a vivir con ellos durante algún tiempo, que el padre cambiará de empleo o las razones por las que se le va a cambiar de escuela.

·         Cuando se ignoran los sentimientos, no se le brinda apoyo o se minimizan lo que el niño considera sus problemas.

·         Cuando, como estilo de vida –patrón–, literalmente no se le mira de forma directa a la cara mientras se le habla o nos habla.

·         Cuando no se toman en cuenta sus ideas, comentarios, sueños, logros, errores, etcétera.

·         Cuando se es injusto con los hijos y no se les da o se les prohíbe lo mismo a todos. Es decir, se tiene preferencia por un hijo.

·         Cuando ambos padres, o uno de ellos, abandonan el hogar, lo cual hace sentir al hijo que no es suficientemente valioso como para que el padre o madre quiera estar con él y por eso se va.

·         Cuando un hijo muere y la madre, el padre o ambos, sumidos en su duelo, se olvidan de que tienen otros hijos vivos, que los necesitan. Es natural y necesario respetarse uno mismo su tiempo de duelo, pero cuando éste es mal manejado, puede extenderse por muchos años o el resto de la vida de los padres, dejando a los otros hijos huérfanos y desamparados.

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jueves, 30 de abril de 2026

Del libro “365 ideas para una vida plena” de Dr. Mario alonso Puig - Los niños

 

Del libro “365 ideas para una vida plena” de Dr. Mario alonso Puig

 

 


 

140. De los niños hemos de aprender al menos cinco cosas:

1)          1)   La extraordinaria curiosidad que tienen para explorar el mundo.

2)          2)   Su tesón para levantarse cuando se caen.

3)          3)   La pasión que tienen por jugar.

4)          4)   La gran capacidad de asombro que muestran, incluso ante las cosas más sencillas.

5)          5)   La facilidad y frecuencia con la que se ríen.

 

39.  La curiosidad te llevará a explorar con verdadero interés y capacidad de asombro nuevas formas de relacionarte contigo mismo, con los demás y con el mundo.

 

37.  Si eres una persona curiosa te preguntarás sobre cosas que te sorprenden y desconciertan. Mantener la capacidad de asombro es importante para salirse del propio “mapa mental” y descubrir todas las posibilidades que se encuentran en ese territorio que existe más allá de dicho mapa.

 

315.  Para que tus sueños se hagan realidad es necesario que mantengas una determinación constante por conseguirlos. A muchas personas a las que se les resiste el éxito no es por falta de talento, sino por falta de fuerza de voluntad y de carácter. No han desarrollado esa capacidad de ser inasequibles al desaliento y de levantarse una y otra vez por dura que resulte cada caída.


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jueves, 23 de abril de 2026

Si alguien lo hace por ti… Autora: Alicia Campos Vera + IA

 

Si alguien lo hace por ti…  Autora:  Alicia Campos Vera + IA



 

En la rama más firme de un viejo roble vivían una ardilla de nombre Tita y su hijo Nilo. Desde pequeño, cada vez que Nilo encontraba una nuez, su madre le ayudaba a perforar la cáscara para que pudiera comer sin dificultad.

Un día, como tantos otros, Nilo sostuvo una nuez entre sus pequeñas patas y miró a su madre en busca de ayuda, pero esta vez ella solo lo observó con ternura y le dijo ya era tiempo de que él solo pelara la nuez.

Nilo se quedó inmóvil. Sus ojitos se llenaron de lágrimas y dijo:

—¿No me vas a ayudar?, ¿Ya no me quieres?

Tita sintió un nudo en el corazón. Se acercó, lo abrazó con su cola y con mucho cuidado secó sus lágrimas.

—Claro que te quiero, eres lo más importante y valioso para mí… No llores y escucha con atención la historia que te voy a contar.

—Hace tiempo, en este mismo bosque vivía una pequeña ardilla. Era la consentida de su papá. Él la amaba tanto, que siempre le daba todo ya hecho. Cada nuez… ya estaba perforada. Cada dificultad… ya estaba resuelta. Ella creció creyendo que así debía ser la vida. Nunca tuvo que esforzarse, nunca tuvo que intentar… porque su papá siempre estaba ahí para hacerlo por ella. Pero un día, su papá ya no estuvo.

Nilo abrió los ojos con sorpresa.

—La ardilla, como de costumbre, salió a buscar nueces –continuó Tita–. Encontró una muy grande y se puso feliz; pero, al querer perforarla, no pudo. Lo intentó varias veces sin lograrlo y entonces se puso a llorar. Extrañó a su padre, se sintió sola y muy triste.

Tita hizo una breve pausa antes de seguir:

—Pasó el tiempo y la ardilla ya tenía mucha hambre, hasta que un sabio búho del bosque, que ayudaba a los animales a descubrir sus propias capacidades, se acercó a ella.

—¿Un búho? —preguntó Nilo.

—Sí —sonrió Tita—. El búho la miró con calma y le dijo: “Tienes todo lo que necesitas: tus patas, tus dientes, tu fuerza… pero nunca te has dado la oportunidad de descubrirlo, porque había alguien que hacía todo por ti, pero tú puedes.

—¿Y qué hizo la ardilla? —interrumpió Nilo, ahora muy interesado en el desenlace de esa historia.

—Al principio tuvo miedo, dudó de sí misma… pero decidió intentarlo. Una y otra vez. Y aunque al principio fallaba, poco a poco aprendió. Hasta que un día… logró perforar su enorme nuez. Desde entonces esa ardilla entendió algo muy importante: que el amor no siempre es hacer las cosas por alguien… sino acompañarlo mientras descubre que puede hacerlo por sí mismo.

Hubo un pequeño silencio.

—Mamá… —dijo Nilo en voz bajita—, ¿esa ardilla eras tú?

Tita lo miró con dulzura.

—Sí —respondió—. Y por eso, aunque me cueste verte esforzarte… no quiero cometer el mismo error. Si alguien hace las cosas por ti, no te darás cuenta de lo que eres capaz, y yo te amo demasiado como hacer todo por ti y no darte la oportunidad de descubrir tus talentos.

Nilo respiró hondo. Miró la nuez entre sus patas. Dudó un momento… pero esta vez no la soltó. Intentó perforarla. No lo logró. Volvió a intentar… y otra vez falló.

Miró a su madre.

Tita no se movió, pero le sonrió con confianza.

Nilo lo intentó una vez más… y entonces, crack, la cáscara cedió.

Sus ojos se iluminaron.

—¡Lo logré mamá!, ¡Lo logré! —exclamó.

Tita lo abrazó con orgullo.

Siempre pudiste —le dijo.

Desde ese día, cada nuez fue una oportunidad para crecer. Y aunque a veces Nilo pedía ayuda, Tita aprendió a solo estar cerca… lista para acompañar y alentar, pero no reemplazar.

 

Moraleja:
Amar también es dejar que los hijos solos enfrenten situaciones difíciles. Cuando dejamos que ellos intenten por sí mismos, les regalamos la oportunidad de descubrir su verdadera fuerza.

 

jueves, 16 de abril de 2026

Del libro “90 respuestas a 90 preguntas” de Martha Alicia Chávez - La envidia

 

Del libro “90 respuestas a 90 preguntas” de Martha Alicia Chávez

 

¿Cuál es la función de la envidia?

 



“Mi amiga la envidia.” Así le llamo yo a este estado interno que es mucho más que un sentimiento. Amiga, porque desde el momento en que entendí su función, la he convertido en mi aliada para aprender y crecer. A ella le debo importantes y saludables cambios en mi vida y la realización de acciones que me han atraído infinidad de recompensas. La envidia, por ejemplo, fue la chispa que gestó en mí el impulso de escribir mi primer libro y best seller, Tu hijo, tu espejo, que me ha traído incontables bendiciones en todas las áreas de mi vida.

Para que la envidia se convierta en una aliada para crecer, hay que entender su función. Tenemos la tendencia a etiquetar las cosas y los sentimientos como “malos o buenos”, “deseables o indeseables”, “pecados o virtudes”. La envidia no es la excepción. Pero con esta forma de calificar y clasificar lo que es parte de la vida misma, no aprendemos nada ni crecemos. Aun los asuntos que calificamos de malos tienen una función, lo que hace que nada en realidad sea malo, sólo es.

En el caso de la envidia, siendo algo tan mal visto tendemos a negar cuando la sentimos y a proyectarla en otros a través de la critica y el juicio. Sí… la crítica y el juicio son el lenguaje de la envida, de manera tal que cuando criticamos y juzgamos, muy probablemente sentimos envidia. Se necesita mucho valor, madurez y autenticidad para reconocerlo, porque a nadie le gusta aceptar que la siente. Algunas personas hasta se ofenderían si ante algún comentario enjuiciador hacia alguien le dijéramos que le tiene envidia. Al parecer suponemos que ésta sólo la experimentan los “malos”. No es así, … ¡todos, absolutamente todos!, la experimentamos y es parte de la vida. El otro tiene algo que yo deseo, y esto me confronta con mi carencia.

Veamos. A veces la envidia se nos manifiesta tan clara que sólo falta la voluntad de reconocerla para darnos cuenta de que la sentimos. Sin embargo, en otras ocasiones lo que le envidiamos a alguien parece estar encubierto y enmascarado detrás de un rasgo de su personalidad o un comportamiento que catalogaríamos como “malo” e “indeseable”. En estos casos no resulta claro identificarla, pero una vez que entendemos esta dinámica, se vuelve clara como el agua. Pondré un ejemplo: una persona habla de otra, afirmando que es agresiva y ofensiva. Puede quedar en sólo un comentario sin carga emocional, o puede ser que lo acompañe una actitud de juicio, crítica y hasta desprecio hacia tal persona. En el primer caso se trata sólo de una aseveración; en el segundo, es envidia. Si confrontáramos a quien hizo el comentario, podría replicar con justa razón: “¡Por supuesto que no le tengo envidia! Yo no quiero ser agresivo ni ofensivo”. Si nos quedamos ahí, parece que eso es todo; pero si vemos más allá, entendemos que no es el comportamiento agresivo y ofensivo el que se envidia, sino lo que hay detrás de él: “¡Se atreve a decir lo que piensa, quiere y siente, y yo no!” Si bien es cierto que esta forma de afirmar lo que se piensa, quiere y siente no es sana, eso no nos importa en este espacio: lo que nos interesa es descubrir la envidia detrás del desprecio hacia tales actitudes.

Cada vez que nuestros comentarios acerca de otros tienen una carga de juicio, crítica y menosprecio, podemos estar seguros de que tenemos envidia. Si somos honestos, con sólo una leve exploración la identificaremos.

Yo estoy muy convencida de que envidia es una MENSAJERA DEL ALMA. A través de ella, el alma nos muestra los asuntos de nuestra vida en que es necesario trabajar y que es indispensable atender. ¿Cómo entonces convertirla en una aliada para crecer?

·         Teniendo la voluntad para reconocer que la sientes cada vez que se te presenta, ya sea como un claro e inequívoco sentimiento, o enmascarada detrás del juicio hacia un rasgo de la personalidad o del comportamiento indeseable del otro.

·         Una vez que la reconoces como propia, identifica qué es lo que envidias para darte cuenta de cuál es el mensaje que tu alma te quiere dar a través de ella. Esto es muy sencillo: si envidias a tu hermano por su éxito profesional, tu alma te está diciendo algo así como: “Necesitas echar a andar los talentos que tienes en total abandono y trabajar en lograr tus sueños”. Si envidias la belleza de tu amiga, quizá el mensaje sea: “¡Has descuidado tanto tu cuerpo! ¡Aliméntate sanamente, haz ejercicio, arréglate!” Tal vez sientas envidia de tus amigos por su sana y hermosa relación de pareja, y el mensaje sea que es urgente que atiendas tu propia relación, que acudas a terapia de pareja, que deje tu ego a un lado y comiences a ser amoroso con tu cónyuge.

·         Luego viene una acción que al ego no le gusta, pero que es necesaria dentro de este proceso de convertir a la envidia en aliada para crecer: reconocerle verbalmente a la persona eso que le envidias: “Te felicito por tus logros y tu éxito profesional”, “¡Qué bonito cuerpo tienes!”, “Tu presentación estuvo de primera”, “Tienes un carisma increíble con la gente”, “Felicidades por tu nuevo auto”, etcétera. Las sensaciones que experimentarás al hacer esto serán muy agradables, sanadoras y hasta conmovedoras, ya lo verás.

·         Enseguida, habrás de interrogar a la persona sobre eso que le envidias, pedirle que te enseñe: “¿Cómo le haces para tomarte la vida con calma y ser paciente?”, “¿Cómo has logrado tener la valentía de correr riesgos para realizar tus sueños?”, “¿Cómo consigues ser fiel a ti mismo sin importarte el qué dirán?” “¿Qué haces para mantener tu cuerpo tan bello?”, “Has construido una hermosa relación de pareja, ¿cuáles son tus secretos y consejos?” Lo que se aprende con las respuestas a estas preguntas no tiene precio y es por demás fascinante y maravilloso. Compruébalo.

 

La envida, pues, puede ser una ácida sensación que nos hace sufrir y atora nuestro crecimiento, o una poderosa aliada que lo propicia. La decisión, como siempre, está en uno mismo.

 

 

jueves, 9 de abril de 2026

Del libro “INQUEBRANTABLES” de Daniel Habif - La belleza… la sonrisa

 

Del libro “INQUEBRANTABLES” de Daniel Habif

 


 

Mira la belleza a tu alrededor. Quien no se sorprende con las maravillas de lo cotidiano no entiende de qué se trata la vida. En este segmento, quiero que salgas a ver la belleza, que seas un viajero en el escenario de tus días. ¿Hace cuánto no te emocionan las maravillas de tu ciudad o de tu barrio?

Quiero que salgas. Siéntate en la plaza del parque, tómate una foto en los íconos que ves todos los días, maravíllate con ellos. Quizás has pasado tantas veces por allí que no te has detenido a ver la belleza en las fachadas y los rostros, en las esquinas y los mercados. Tómate un café con la calma de los jubilados y mira a los niños jugar.

Cuando descubras algo hermoso, algo que hayas visto mil veces sin percatarte de su belleza, tómale una foto, como si fuera la torre Eiffel, la pirámide de Giza, o el Big Ben, quizás sea incluso más bello y tenga más significado para ti. Allí donde estés, en Villavicencio o en Rosario, en Concepción o en Cumaná. Ve y publica una foto tuya con la etiqueta #Mazatlán, #Arequipa o #Lavapies.

¡Hazlo! Solo hazlo. Mira que el tiempo pasa como un puñado de sal en la mano izquierda y un puñado de luz en la derecha. Hay demasiada belleza que se pierde. Un pestañeo y estás, otro y ya no.

Tu hogar es también un paraíso por recorrer. Lo más hermoso de viajar es volver y darte cuenta de que ya no cabes en la misma caja. Viaja, que la vida se lee con los pies.

Construye una realidad de la cual no quieras escapar, una de la que no necesites vacaciones. En este viaje es necesario perder la maleta, aprender, pero sobre todo desaprender, perderse y encontrarse, buscar respuestas y regresar con más preguntas, ilusionarse y despertar, emborracharse de nostalgia y reírse de las lágrimas.

Sé tú también fuente de belleza.  Que tu rostro ilumine el viaje de otros. La oscuridad le teme a la luz que emana de las profundas aguas del dolor. Una sonrisa no solo ilumina, sino que también emite calor, ya que emana de la combustión que hace arder la eternidad. Tu sonrisa puede cambiar la realidad y sus imperfecciones, es un rayo de luz tan potente que tiene la capacidad de dar esperanza a un mundo cada vez más enfocado en sus conveniencias que en sus convicciones.

Sonríe a pesar de tu ansiedad y de tu tristeza. Muéstrale a tu mente que, aunque ella no logre entender la complejidad del caos, tú tienes un poderoso cañón en los labios y que tus dientes son municiones expansivas que le van a abrir un boquete a la depresión. Sonríe sin razón alguna, sonríe porque sí, sonríe porque puedes y porque tienes boca, sonríe porque así confundes al mal y motivas al bien, sonríe porque aligeras la carga de los abrumados.

Aunque estés destrozado, sonríe, porque eres gracia y amor. Eres digno de tu sonrisa. Créeme y lo verás, pero primero sonríe, porque tu boca es un arsenal demoledor. Ordénales a tus labios que rompan fila y le quiebren el cuello al miedo.

La vida es una asignación personal y no puedes aplazar más:

Valoramos más la casa que el hogar.

Valoramos más la tierra que los pies que la pisan.

Valoramos más el dinero que los talentos que lo produjeron.

Valoramos más el regalo que las manos que lo entregan.

 

Valora la belleza, que ella te espera en el presente: las fragancias del amor, las caricias de la lluvia, los sabores de tu infancia, los azules intensos, el regocijo de la música. Están allí, ve a buscarlos.

 

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jueves, 2 de abril de 2026

Del libro “Mujeres de hierro y de cristal” de Dra. Silvana Rohana - Lenguaje corporal

 

Del libro “Mujeres de hierro y de cristal” de Dra. Silvana Rohana

 

LENGUAJE CORPORAL Y COMUNICACIÓN



Aunque parezca extraño, cualquiera que nos observe realmente está mirando nuestro lenguaje corporal más atentamente que si estuviera escuchando lo que decimos. Las señales inconscientes que enviamos en este sentido a menudo influyen en la gente para que confíe o desconfíe de nosotros, le agrademos o le desagrademos. ¡Y a menudo la otra persona no tiene idea de que nos está juzgando! Estudios recientes han mostrado que cerca de tres cuartos de nuestra comunicación uno a uno sucede a través del lenguaje corporal, y ¡sólo el cuarto restante a través de las palabras!

Así, puedes ver que tan importante es poner más atención para averiguar lo que tus posturas y gestos comunican. Por ejemplo:

¿Cómo te paras cuando estás en una entrevista o hablando en público?

¿Qué tipo de gestos utilizas mientras hablas?

¿Te ves confiada o tensa?

Mucha gente que realmente no sabe lo que hace, se muestra como insegura o agresiva debido a que no guarda una adecuada postura en la silla.

O juega nerviosamente con su cabello o habla muy alto. Seguramente has visto a personas como éstas. ¿Te sucede a ti? ¿Tu cuerpo comunica un mensaje que no es consistente con lo que estás diciendo?

Este es el primer paso para encontrar tu nueva imagen: pasar unos cuantos minutos sólo pensando acerca de tu postura y gestos para que puedas estar segura de que te ves tan inteligente como realmente eres.

Recuerda la última vez que estuviste en una situación en la cual te sentiste a disgusto o en la que tuviste que reunirte con personas nuevas.

¿Cómo te paraste? ¿Estabas derecha y confiada? ¿Te desaliñaste por el miedo? ¿Estabas tan tensa que la gente pudo encontrarte asustada? ¿Te acercaste mucho a la otra gente, o te alejaste mucho?

¿Te paraste en un sitio desde el que podías ver la cara a las demás personas? o ¿te escondiste en una esquina y hablaste quedito?

¿Qué gestos utilizaste? ¿Apuntaste con el dedo? ¿Moviste tus manos? ¿Jugaste con tu cabello, joyas, o constantemente te arreglabas la ropa?

¿Era tu ropa apropiada para la ocasión? ¿El color mandó el mensaje correcto? ¿Te veías profesional aun sin estar tensa?

Piensa en estas preguntas por unos minutos. Después empieza a observarte a ti misma en tu interacción con otros. Mantén un registro de la impresión que pareces causarles. ¿Te consideran relajada y extrovertida? ¿Luces como alguien que es responsable sin hacer sentir a los demás incómodos? Cuando hayas aprendido a proyectar una imagen relajada y confiada, encontrarás que tus relaciones mejorarán increíblemente.

 

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jueves, 26 de marzo de 2026

 

Del libro “90 respuestas a 90 preguntas” de Martha Alicia Chávez

 

¿Qué hay detrás de las excusas?

 




“La reina de las excusas.” Así bauticé para mis adentros a la mujer que más excusas pronuncia en menor tiempo. ¡Es impresionante! La mayoría de ellas son absurdas, increíbles y absolutamente innecesarias; algunas las expresa aun antes de que uno siquiera termine de hablar o, peor aún, incluso antes de que comience. La conocí hace poco por asuntos de negocios. Ella me ha hecho pensar mucho sobre este comportamiento, lamentablemente muy común.

Pero la vida es tan buena conmigo, que también hace poco me puso enfrente a otra mujer que — a diferencia de la acreedora al mencionado título – me ha sorprendido gratamente por su capacidad de reconocer sus errores, ofrecer una disculpa y encontrar la forma de corregir su falta cuanto antes. Interactuar con ella es muy agradable y relajante y me aviva la llama de la confianza.

Las excusas me molestan de verdad porque su función es culpar a algo o a alguien de un error cometido, en lugar de decir una frase tan liberadora y tan simple como “discúlpame”, “me equivoqué”, “se me olvidó”, etcétera.  Algunas son tan ridículas y tontas, que hasta ofenden la inteligencia de quien las escucha. Generalmente, las personas que usan la excusa como estilo de vida creen que el receptor les cree, y si éste confronta, refuta u objeta de alguna manera, el emisor de la excusa se siente ofendido.

El otro día, por ejemplo, llamé a una persona para pedirle, por sexta vez, que me enviara unos papeles que tenía pendientes de mandar. Me respondió con una nueva excusa, tan tonta como todas las anteriores, la cual confronté diciéndole que esperaba que esta vez sí cumpliera, porque cada día se comprometía a que esa tarde los mandaría y no sucedía, y luego, a mi siguiente llamada me sacaba una nueva excusa para justificar que no lo había hecho. Como siempre sucede con las personas que presentan esta inmadura actitud de justificar su ineficiencia o informalidad con excusas, se indignó por mi comentario, que no llevaba dentro más que la verdad. Una verdad que a los amantes de las excusas no les gusta ver. Esta actitud a mí de veras que no me cabe en la cabeza.

¿Qué hay detrás de las excusas? Por una parte, el temor a ser desaprobado y juzgado como tonto, ignorante, malo o inadecuado por haber cometido un error. Esto se da como consecuencia de haber crecido en un hogar donde se exigía perfección y donde los errores y la imperfección se condenaban fuertemente con burla, sarcasmo, castigo o cualquier otra forma de desaprobación y rechazo. También, detrás de las excusas está la soberbia, que no nos deja soportar la idea de que no somos perfectos e infalibles y de que otros se pueden dar cuenta de ello (¡como si no lo superan ya!). La falta de madurez y de responsabilidad por las propias acciones, y en general por todo lo que tenga que ver con uno mismo, es otro de los factores que hay detrás de las excusas.

De seguro todos hemos experimentado la sensación de libertad y paz que proporciona el reconocer el error que cometimos y disculparnos por ello, y también el estrés que casa inventar excusas, porque tenemos que seguir creando más y más para sustentar la que ya expresamos, formándose una interminable y angustiante cadena de mentiras que nos impiden tener paz. Asimismo, la imagen personal se deteriora y ensucia ante uno mismo, y por supuesto ante los demás, porque ¡te garantizo que se dan cuenta!

En cambio, reconocer nuestro error, disculparnos por ello, asumir las consecuencias y realizar las acciones necesarias para corregirlo, enaltece nuestra imagen ante nosotros mismo y ante los demás, que sentirán (lo expresen o no) una admiración por tan loable, madura y valiente actitud.

Perdámosle el miedo a reconocer nuestros errores y pedir perdón; démonos permiso de experimentar la agradable, liberadora y satisfactoria sensación que este comportamiento nos deja, y lo orgullosos que estaremos de nosotros mismos.

Vamos madurando y volviéndonos auténticos.

¡Dejemos ya de inventar excusas!

jueves, 19 de marzo de 2026

 

Del Libro “La felicidad en tiempos difíciles” de Andrew Matthews

 

LA  FELICIDAD -  SENTIRSE BIEN…

 



LA FELICIDAD – SENTIRTE BIEN – ES TU META MÁS IMPORTANTE.

Tu creas tu vida de acuerdo con lo que sientes. Cuando te sientes bien tu vida entera está en armonía con el mundo que te rodea. Al enfrentar los retos, encuentras las soluciones. Sueles encontrarte en el lugar correcto en el momento preciso. No se trata de tu cociente intelectual. No se trata de si eres santo o pecador. Se trata de cómo te sientes.

Tu misión es sentirte tan bien como sea posible, tan seguido como sea posible.

Estos hábitos ayudan a:

1.- Gustarte a ti mismo:

      La más importante relación de tu vida es la que mantienes contigo mismo. Cuando te criticas constantemente, saboteas tu vida. Cuando te gustas, te permites ser más feliz, más sano y más próspero. Sé gentil contigo mismo.

2.- Ser flexible:

      Tratar de controlar el mundo y juzgar a todos termina por dejarte exhausto. No te pongas a pelear con lo que ya ha sucedido. Deja atrás los golpes y disfruta las sorpresas que da la vida.

3.- Concéntrate en lo que quieres:

      Imagínate cómo quieres ser, ve tu vida tal como la quieres.

4.- Relajarte respecto al dinero:

      El dinero es un perro: cuando lo persigues, escapa. Si asumes que no le gustas al dinero, te morderá el trasero. Cuando estás cómodo con él, se te echará en las piernas para que le hagas cosquillas.

5.- Ser agradecido:

      No importa qué tan poco tienes. Concéntrate en lo que tienes y vendrá más. Busca las cosas buenas siempre. Dices: “¿Cuándo seré feliz?” Cuando la gratitud sea un hábito para ti.

 

Las personas dicen: “¡Cuando tenga lo que quiero, seré feliz!”, pero la cosa es al revés.

CUANDO ERES FELIZ OBTIENES LO QUE QUIERES.

jueves, 12 de marzo de 2026

Del libro “Los porqués del insomnio” de Martha Alicia Chávez - Esperando el regreso del ausente

 

Del libro “Los porqués del insomnio” de Martha Alicia Chávez

 

Esperando el regreso del ausente

 



La incertidumbre que la ausencia de un ser querido puede dejar en quienes viven esta experiencia es insoportable. Cuando este ser querido los abandonó, cuando se fue sin despedirse y sin explicación alguna, o incluso con despedida y explicación, quien se queda no tiene paz. La fallida esperanza de que algún día vuelva puede llegar a destrozar el corazón y a robar la tranquilidad.

Cuando David era un niño, una mañana su padre se fue de casa para vivir su romance con una mujer de la que se enamoró apasionadamente. No le importó su compromiso con la familia, ni el bienestar emocional de sus hijos, ni nada, sólo su deseo egoísta de vivir su vida como si todo lo demás no existiera.

Este abandono del padre devastó a David, quien desde ese día no volvió a vivir ni a dormir en paz. La esperanza de que el padre volviera, y la duda de cuándo eso sería, lo mantenían sumergido en el tormento emocional que la incertidumbre provoca.

Él recuerda que un día mamá entró a su recamara y lo encontró despierto a las dos de la mañana. Le preguntó si estaba enfermo o que le pasaba, a lo que respondió: “Quiero estar despierto, porque si llega mi papá y estoy dormido no lo veré”. Su mamá sensible y sabia como era, le dijo que durmiera tranquilo y le prometió que, si papá regresaba, ella misma lo despertaría. Por unos días esta promesa consoló a David, pero después pensó en que podría ser que papá viniera y mamá no se diera cuenta por estar profundamente dormida, y entonces no lo despertaría. Así que volvió a su vigilancia personal porque sintió que era la única forma de asegurarse de que no se perdería la anhelada y falsamente imaginada visita de papá.

La imagen de un pequeño forzándose a no dormir por si el amado y añorado padre regresa me conmueve sobremanera.

¡Por qué los padres y madres que abandonan no entienden la dolorosa y profunda herida que abren en el corazón de sus hijos! O si lo entienden, ¡por qué no les importa! Cuando ya no hay el amor ni la voluntad para seguir en pareja, que cada uno vuele por su propio cielo, pero a los niños ¡NUNCA! hay que abandonarlos.

Es claro que esta experiencia en la vida de David fue la causa de que su insomnio crónico se perpetuara hasta su adultez. La necesidad de vigilar durante la noche se estableció como un patrón rígido y arraigado en todas las áreas de su ser. El trabajo terapéutico que llevamos a cabo fue un proceso hermoso y sanador –aunque también doloroso–, que le permitió al pequeño David liberarse de aquella tormentosa expectativa que lo acompañó toda la infancia, y al David adulto, aprender por fin a abandonarse a las delicias de un sueño profundo.

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jueves, 5 de marzo de 2026

Del libro “Mujeres de hierro y de cristal” de Dra. Silvana Rohana - El mito de la Supermujer

 

Del libro “Mujeres de hierro y de cristal” de Dra. Silvana Rohana

 

El mito de la Supermujer


La revolución sexual que comenzó en los cincuentas favoreció que emergiera un nuevo tipo de mujer, la cual responde a la llamada de su propio destino al desarrollar una carrera, decidir su vida emocional y sexual, y escoger los roles que más le satisfagan, con plena libertad. Esta revolución trajo consigo una nueva actitud hacia el trabajo, el cambio social, la moral y los valores.

En la actualidad, muchas mujeres tienen actitudes más positivas:

-          No estudié para guardar mi título en un cajón. De eso estoy segura. Puedo trabajar y hacerme cargo de la casa al mismo tiempo. ¡Claro que lo haré!

-          Voy a hacer ejercicio para estar en mejor forma. Quiero sentirme bien y verme bien, no sólo por mi familia sino por mí también.

-          Este curso me servirá para lograr un ascenso en el trabajo. Al menos, mi jefe notará mi esfuerzo por salir adelante.

-          Quiero ser un ejemplo de energía, fuerza y buen humor para mis hijos. Quiero contagiarles mi alegría y mi ánimo.

Muchas de nosotras queremos ser así, y muchas lo manejan bien por mucho tiempo. La lucha parece continuar, para volver a caer en el sistema tradicional, donde vemos sólo las limitaciones de nuestro potencial. Veo muchas mujeres que tienen buenas intenciones, pero no hacen nada por llenarlas.

¿Qué pasó con su vieja amiga que iba a comerse el mundo?

Cuando se la encontró el año pasado estaba donde mismo, realmente no logró llegar a ningún lado. ¿Por qué es tan duro vivir nuestros sueños? ¿Qué sale mal?

Pienso que una respuesta probable a esta pregunta es que los cambios dramáticos y recientes en nuestra sociedad han hecho las cosas más duras para la mayoría de las mujeres. Ahora la mujer que trabaja, especialmente la madre que trabaja, se encuentra viviendo bajo una grandísima y terrible tensión.

Todos hemos oído a mujeres decir:

-          ¡Estoy tan harta del quehacer de la casa! Nunca se acaba, sólo es una rutina aburrida y monótona… Y nadie la reconoce.

-          Si no es mi marido o los niños, es mi familia. Siempre estoy de un lado para otro, soy el chofer disponible. ¡Me siento exhausta!

-          Algunas veces, en un momentito de soledad, me pregunto si tendré un día tiempo libre para mí.

-          La verdad es que me encargo de todo – la casa, los niños, la vida social de mi esposo y la nuestra. Pero todo se vuelve una carga cuando sólo hay veinticuatro horas para un solo día.

-          Si acaso me tomo un minuto para hablar con mis amigas, a las que apenas veo, mi familia se queja y no cooperan.

-          ¡Me interrumpen a cada rato! Me siento como esclava.

 

Al mismo tiempo la gente más tradicional nos critica si tomamos más de un rol. Por ejemplo, María Fernanda es la directora general de una compañía de computadoras líder en el mercado. Tiene treinta y dos años, tres hijos y un marido no menos exitoso que ella. Podríamos catalogarla como una verdadera mujer nueva que a base de esfuerzo y reflexión ha logrado equilibrar su vida de una manera envidiable. Las personas que la rodean la admiran y la respetan, aparentemente, porque apenas se da la media vuelta, dicen, haciendo un gesto de incredulidad:

-          Seguramente ella no sabe ni freír un huevo…

Y si una mujer sobresale en los deportes, se supone automáticamente que su casa y sus niños son un desastre:

Carolina es campeona de tenis a nivel nacional. Es madre, esposa, y aparte se da tiempo para ayudar a la gente necesitada. Su casa es pequeña pero confortable y limpia, y sus dos hijos varones, están educados estupendamente. Pero todos le inventan historias falsas acerca de su vida privada. ¿Por qué?

Para evitar ser “atacadas”, debemos tener un exitoso balance como amas de casa y como trabajadoras.  Y por supuesto tenemos que ser excelentes en todas nuestras otras tareas.

Pero, por otro lado, algunos apoyan y aplauden a las mujeres que toman diversos papeles:

-          Realmente le doy crédito. Está trabajando, su casa está en perfecto orden y ¡todavía tiene tiempo de entrar al torneo de natación!

-          Ella se va a trabajar y además se encarga de sí misma y de su hogar. ¿Cómo le hace?

-          Martha es agradable y educada. ¡Siempre luce tan bien…! Y su casa, que bárbara, parece una tacita de porcelana.

Lamentablemente, aunque las cosas están cambiando, la sociedad nos pone una pesada carga. Y si fallamos en cumplir todas estas demandas, la gente estará ansiosa por criticarnos. No son únicamente demandas en términos de tiempo: ¡también tenemos que encontrarle el sentido a todo!

Primero, está la carga de la tradición que todavía tiende a apesadumbrarnos. En segundo lugar, están las cargas de los nuevos estilos de vida, las expectativas de todos los nuevos papeles que tenemos que tomar. Todo esto, en conjunto, se vuelve una mezcla muy confusa para cualquier mujer, pero especialmente para la joven que no se ha dado cuenta de hacia dónde está dirigiendo su vida:

-          ¡Cuando me case, tendré que dejar mi libertad?

-          ¿Seré capaz de manejar mi carrera y todavía cuidar bien a mis hijos?

-          ¡Estoy tan cansada y no sé por qué! Ya ni siquiera sé quien soy… ¿Estoy cambiando mucho?

-          ¿Y si no encuentro el hombre adecuado? ¿Cómo encauzaré mi vida?

-          El único objetivo de mi madre es que yo encuentre un marido, pero primero quiero terminar mi educación. Me ocuparé de ese asunto del matrimonio después…

Estas son importantes cuestiones que afectan a incontables mujeres hoy en día. Constantemente encontramos situaciones que son vastamente diferentes de las que conocimos cuando estábamos creciendo.

Enfrentarnos con estas expectativas sin tener experiencia para juzgarlas, nos conduce a caer en papeles menos riesgosos que aprendimos cuando niñas, y claudicar en nuestros esfuerzos de hacer más por nosotras mismas.

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jueves, 26 de febrero de 2026

Del libro “No te compliques” de Mario Guerra - Poner límites

 

Del libro “No te compliques” de Mario  Guerra

 

6 pasos para poner límites

 



1.- Identifica primero tus límites

a) Piensa en las cosas que más te molestan que la gente haga contigo. Por ejemplo: críticas, comentarios acerca de tu apariencia o peso, incumplimientos de promesas o acuerdos, tomar cosas de tu propiedad sin permiso, fumar en tu casa cuando tú no lo permites, hurgar en tu celular o correo electrónico, burlas, gritos, insultos, amenazas, chantajes, abusos de confianza, préstamos nunca pagados, aprovecharse de tu disposición, llegar tarde, etcétera.

b) Estos son tus límites personales; identifica cuáles pueden ser más flexibles o negociables y cuáles definitivamente no estás dispuesto a permitir a nadie. Clasifícalos entonces en “Negociables” y “No negociables”.

c) Esta lista será para ti una especie de mapa de ruta para tus relaciones y puedes modificarlo según lo necesites.

 

2.- Ponte atento a tus alarmas internas.

a) Sabiendo qué estás dispuesto a permitir y qué no, bajo ninguna circunstancia, es hora de interactuar con el mundo. Imagina que tu mente es como una computadora a la que alimentaste con los datos del paso anterior y ahora tiene una alarma que suena cuando detecta que alguien traspasa los límites de tu lista.

b) Esa “alarma” no es otra cosa que tu voz interior, la que por cierto ya en el pasado te advirtió sobre estas trasgresiones, pero que no has reconocido. En términos de sentimientos, esa alarma puede venir bajo la forma de un sentimiento de enojo, vergüenza o desacuerdo profundo cuando alguien hace alguna de esas cosas. Imagina que esa alarma te indica que hay un “intruso” no autorizado dentro de los límites de tu mundo personal. Es una gran luz roja que se enciende y dice NO.

 

3.- Expresa con claridad tus límites.

a) Cuando tu sistema de reconocimiento interno de límites haga sonar esa alarma, es hora de activar tu voz para indicar al intruso que traspasó los límites permitidos para él. Dile con claridad, sin titubeos, con una voz calmada y firme lo que está sucediendo.

b) Por ejemplo puedes decir algo como:

* “Por favor, te pido que no tomes mi ropa sin que yo te la haya prestado.”

* “No me gusta que me digas gorda; te pido que dejes de hacerlo.”

* “Cuando te preste mi computadora te voy a pedir que no le instales ningún programa sin que yo te haya autorizado a hacerlo.”

c) Cuando expreses tus límites evita que tu tono de voz suene a broma. Incluso mira y habla con la persona de una manera más firme de lo habitual. Recuerda, no hay necesidad de levantar la voz o ser agresivos de ninguna manera.

 

4.- Mantente en equilibrio ante las reacciones del otro

a) Como ya vimos en este capítulo, la persona no acostumbrada a respetar límites puede no recibir de buena manera que se los pongas. Puede reaccionar de manera hostil, burlona o sarcástica, presionarte con chantajes, acusaciones de tu falta de solidaridad o hasta amenazarte con no volver a hablarte. Son reacciones comprensibles en una persona así pero, aunque eso lo explique, no la justifica.

b) Conviene que te mantengas firme una vez establecidos tus límites. No esperes que el otro esté de acuerdo con tus necesidades. A lo que puedes aspirar es a que las respete.

c) Evita también que tus emociones se desborden y empieces a gritar, manotear o insultar al otro. Eso ya no es poner límites sanos y empezarás una guerra de agresiones. Trata de mostrarte firme ante los desbordes del otro. Si haces esto ¡sus emociones pueden mojar tus pies, pero jamás te ahogarán!

d) Finalmente, lo que decida hacer esa persona ante tus límites es su decisión. Para ti lo importante es que respete lo que le pediste. Es lamentable si decide no hablarte, por ejemplo, pero recuerda que es su decisión y tu tienes el derecho de poner los límites que te convengan. Eso sí, nunca permitas que, como resultado de tu claridad, el otro te lastime o quiera dañarte física, emocional o psicológicamente. Si su agresión es desmedida o inaceptable, pon distancia de inmediato.

 

5.- Reconoce y acepta tus sentimientos.

a) Es posible que si no estás habituado a poner límites sientas que eres muy duro o experimentes un sentimiento de culpa. Es normal. Quien ha sido “blando”, al ponerse firme siente como si fuera muy áspero.

b) No alimentes ni bloquees lo que sientes. Obsérvalo como parte del proceso de cambio que realizas. Es desagradable por el momento y a veces es inevitable lamentarlo por un tiempo, pero no será un sentimiento permanente en tanto no lo hagas crecer.

c) Piensa que las decisiones y límites que impones hoy serán en beneficio del Tú del futuro. Imagina a ese Tú viviendo una vida más libre, con mayor respeto y sin abusos gracias a lo que hoy haces. Deja que un sentimiento de gratitud que fluye desde ese Tú del futuro llegue hacia ti.

 

6.- Devuelve el valor a tu palabra.

a) La clave final es la persistencia. Mantente en la ruta de la claridad y la firmeza cálida. Recuerda que no agredes a nadie, sólo proteges tu mundo interior.

b) Busca ser consistente; si no permites algo hoy, evita permitirlo mañana para luego volver a limitarlo pasado mañana. Evita también cambiar tus límites de acuerdo con tu estado de ánimo del momento. Eso te confunde a ti y confunde a otros.

* Si por alguna razón decides cambiar de opinión respecto al limite que has impuesto, hazlo en el futuro y no al ponerlo. Deja claro que lo has modificado porque así lo decidiste y no como producto de la culpa o el arrepentimiento. Si vas a modificar tus límites no lo hagas con frecuencia y hazlo saber con claridad.

c) Ante una transgresión, se trata de que hagas lo que dijiste como consecuencia de esa violación a tus límites. Por eso es importante que esas consecuencias sean alcanzables y no fantasiosas. Por ejemplo, si dices algo como “Si me vuelves a marcar nunca más te voy a contestar el teléfono”, deberás cumplir lo dicho, de otra manera el transgresor sabrá que tus palabras realmente no tienen consecuencias duraderas y menos te respetará.

 

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viernes, 20 de febrero de 2026

Del libro "No te compliques" de Mario Guerra - Límites

 

Del libro "No te compliques" de Mario Guerra

 

¿Cómo se ponen los límites?




Muchas personas se imaginan que poner límites es igual a iniciar una guerra, ponerse "rudos" o ponerle un violento "hasta aquí" a alguien que ya se pasó de la raya. Y no es injustificada esta creencia, pues mucha gente se ve en la necesidad de hacerlo porque ya dejaron que las cosas llegaran demasiado lejos. Hay quien, por no verse grosero, permite que otros penetren cada vez más en su espacio privado, fuera de los límites de lo que es cómodo o aceptable y sólo cuando ya causaron mucho daño se explota y se les expulsa violentamente con un: "¡Lárgate de aquí, ya me tienes hasta la mía!"

No habría que llegar a esos extremos si desde la primera transgresión hubiéramos hablado con esa persona y le hubiésemos hecho saber nuestros límites y nuestro desacuerdo o incomodidad con su actitud para que, a partir de ahí, se iniciara un proceso de fijar nuevas reglas entre ambos. Los límites no son un castigo para el otro, sino una sana frontera para tu bienestar. 

Entonces, uno pone límites, primero haciéndolos notar, luego siendo más claro al expresar su importancia a nivel personal, en un tono de voz neutral, si lo anterior no fue suficiente. Se puede luego iniciar un diálogo con el otro diciéndole lo que ha ocurrido y las razones por las que no estás de acuerdo con eso. No se trata de convencer al otro, por supuesto, sino hacerle ver nuestra perspectiva, necesidades o límites personales

Aunque hablaré del "No" con detalle, es importante ahora señalar que, si bien en lo posible debe prevalecer el diálogo, se hace necesario incluir en él algunas frases cortas que involucren la palabra "No", por ejemplo:

No

No quiero

Ya no

Ahí no

Así no

Aquí no

Ahorita no

Prefiero no

 

Sería deseable que estas frases pudieran ser matizadas con algún "por favor" o "gracias", nunca con un "perdona" porque al poner límites no hay nada que perdonar. No es un pecado. Eventualmente, si el otro insiste en brincarse la frontera, el diálogo puede cambiar de tono o se llega a otras acciones, como cerrar la puerta a esa persona y alejarse de ella. 

Como ya dije, poner límites se logra justamente así: haciéndolos visibles. Como "pintar tu raya" y mantener a quien tú decidas del otro lado. 


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jueves, 12 de febrero de 2026

Del libro “Por el placer de vivir” de César Lozano - Factores que afectan una relación de pareja

 

Del libro “Por el placer de vivir”  de César Lozano

 

FACTORES QUE AFECTAN UNA RELACIÓN DE PAREJA.

 


 * El miedo al compromiso.  Hoy en día es más común verlo entre los jóvenes. Las historias de vida de quienes se han separado derivan en miedo y deseos de no vivir experiencias similares; de allí que sea más común que hombres y mujeres busquen la comodidad de disfrutar sin compromisos.  Es muy difícil establecer un acuerdo entre personas que se centran en las diferencias y defectos, no en las cualidades y virtudes. También es complicado encarar un compromiso cuando la distancia los separa físicamente, o existe el temor a comprometerse cuando no se cuenta con los medios para sostener un hogar.

 

* Actitudes de dominio.  Creer que porque se unieron en matrimonio, ya sea el hombre (en la mayoría de los casos) o la mujer, tienen el dominio y la posesión de la voluntad y acciones de su pareja, y si lo hacen argumentan: “Es porque te quiero mucho.”

 

* Codependencia.  Término muy usado en la actualidad que significa que las personas tienden a confundir la dependencia psicológica con el amor.  Estas personas piensan que aman demasiado, pero son verdaderos parásitos que satisfacen únicamente sus necesidades, sin importar los sentimientos y carencias de la pareja.

 

* Los celos.  Es la expresión mas fuerte de la inseguridad; es un terrible complejo. Vigilar, espiar los movimientos y acciones de la pareja por temor a perderlo. Tratar de demostrar cariño con celos absurdos solo demuestra el error en la elección, la inseguridad de quien los padece y falta de confianza, lo que conduce el matrimonio a la ruina. Los factores que ocasionan los celos pueden ser:

El mas común: la falta de confianza en la pareja y en uno mismo. Se sienten inseguras o inseguros de tanto amor y eso los lleva a desconfiar de su pareja.

Las experiencias familiares. Si tuvo el ejemplo de un padre o madre así, puede imitarse el patrón de conducta. Recuerdo el caso de un hombre que celaba muchísimo a su mujer. La pobre, a sus 78 años, salía con sus hijas y tenía que reportarse continuamente con él.  El hombre la espiaba con frecuencia ¡y a esa edad le hacia escenas de celos! Cuando la mujer murió, el hombre acongojado preguntaba una y otra vez ¡¿Quién la iba a cambiar y a maquillar en la funeraria?! ¡La celaba hasta muerta! Obviamente, este tipo de celotipia cae en la clasificación de trastorno psicológico. Esta pareja tuvo cuatro hijos varones, de los cuales tres padecen la misma obsesión. El otro hijo no (habrá que ver de quien es…).

Experiencias vividas. Por supuesto que “la burra no era arisca, ¡la hicieron!” Es difícil soportar una infidelidad, y es razón de sobra para celar hasta ganarse nuevamente la confianza. “¿Eres celosa?”, pregunto a una conocida que me responde: “¡No! Solo lo normal… Checo a dónde va, con quien anda, a que hora llega, reviso su celular, su ropa, ¡incluso su ropa interior!, pero no soy celosa” (¡nomás tantito…!).

 

* La infidelidad.  Falta de honestidad en los sentimientos. Buscar con quien sobrellevar carencias que nos acosan porque “somos víctimas de las circunstancias”.

Razones para ser infiel hay muchas y muy variadas. La victima se llena de odio, resentimiento y de pensamientos como: “¿En que fallé?” “¿Qué tiene esa persona que no tenga yo?” “No puedo creer que me haga esto después de todo lo que le he dado…” Menos infidelidades habría si entendiéramos la sentencia: No hagas a los demás lo que no quieras que te hagan a ti.

 

Por todo lo anterior, creo que es fundamental un proceso de conocimiento entre él y ella. Jamás encontraremos a la pareja perfecta, no la hay. Pero con el trato, la expresión del verdadero amor, la mutua tolerancia, la autocrítica y el deseo de brindar felicidad a quien nos ha confiado su vida para compartirla, en las buenas y en las malas, podremos cimentar una relación sana y feliz.