jueves, 18 de junio de 2026

Del libro “Hijos invisibles” de Martha Alicia Chávez - Hazlos visibles

 

Del libro “Hijos invisibles” de Martha Alicia Chávez

 

HAZLOS VISIBLES ANTE EL MUNDO

 



No podemos negar la agradable sensación que experimentamos, a cualquier edad, cuando alguien habla bien de nosotros en público, más aún si ese alguien es una persona muy significativa, como lo son los padres para un niño.

Muchas personas consideran inapropiado el decir cosas positivas de sus hijos y presumirlos. Si bien esto puede presentarse en un extremo, cuando proviene de un mesurado y genuino orgullo por nuestros hijos no tendría por qué ser inadecuado.

Está bien probado que esta conducta es uno de los factores que estrechan hermosamente una relación, del tipo que sea: de pareja, de amistad y, no se diga, entre padres e hijos.

Yo observo qué fácil resulta para la mayoría de los padres hablar a otros de los problemas que sus hijos les dan y de los defectos que tienen. Esto es recibido con total naturalidad por quienes escuchan. Pero cuando se habla de lo maravillosos que son sus hijos, no es tan bien recibido; al contrario, es desaprobado.

Esto proviene en parte de viejos e inadecuados aprendizajes sobre modestia que por años se nos inculcaron. Les llamo inadecuados porque en realidad el significado de la modestia se ha distorsionado en las interpretaciones sociales que se le dan. Éstas sugieren que cuando alguien te halaga en cualquier aspecto la respuesta correcta debiera ser algo así como: “Ay no, de ninguna manera, yo no soy…”, y mejor aún si complementas tu respuesta diciendo algo negativo sobre ti mismo.

Un día estaba con tres hermanas y su mamá, que son mis amigas desde la adolescencia. Alguien llamó la atención de la madre al reconocer lo guapas que eran sus hijas –y sí lo son–, a lo que ella contestó: “Ay no, son muy feas, pero son buenas personas”. Las tres hijas reclamaron al unísono en son de broma: “Oye, no, ¡sí somos muy guapas!” La madre puso su dedo sobre sus labios en señal de que guardaran silencio y les dijo como un susurro: “Imagínense que mal me vería si digo que mis hijas son guapas”.

En realidad, la modestia implica la capacidad de reconocer honestamente virtudes y tu innegable grandeza, así como tus defectos y también innegables limitaciones.

Cuando lo padres sólo halagan y presumen a sus hijos de manera desmesurada es simplemente por una necesidad de reafirmarse a sí mismos como buenos padres –¡padres perfectos! – ante los demás.

La conducta que yo estoy sugiriendo implica que se deben reconocer las limitaciones de los hijos, pero cuando se dan las circunstancias apropiadas no se debe tener problema en mostrar a otros sus virtudes y grandezas.

Para finalizar este apartado, te pido que recuerdes alguna ocasión en la que alguien te halagó/reconoció ante otros. Qué maravilloso se siente, ¿verdad? Imagina ahora como se sentirá un niño cuyos padres, que son su universo y su palabra la verdad absoluta, escucha algo así. Con gran intensidad te invito a que instaures esta conducta en tus relaciones con la gente a quien quieres y veas la magia que provoca.

 

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