jueves, 14 de mayo de 2026

Del libro “Hijos invisibles” de Martha Alicia Chávez - Me ven porque me ven

 

Del libro “Hijos invisibles” de Martha Alicia Chávez

 

¡Me ven porque me ven!

 



A donde quiera que vayamos, encontraremos a estos seres invisibles intentando volverse visibles ¡a la fuerza! Son aquellas personas que llaman la atención comportándose de manera escandalosa y/o exhibicionista, así como llevando en su cabello o su cuerpo toda clase de ropas, accesorios o cosas inusuales y estrafalarias, obligando a los demás a verlos de forma inevitable. Con gran frecuencia reciben burlas, desprecio y rechazo, pero tal vez eso sea menos duro que no ser vistos. “Véanme, aunque me desprecien. Otórguenme su atención, aunque sea para burlarse. Concédanme una mirada, aunque sea humillante”, pareciera que así implora el corazón de estos seres invisibles, que buscan ser notados a través de ser diferentes, ¡muy diferentes!

En estas personas, por lo general, también hay una actitud de superioridad, convencidos de que por ser como son, hacer lo que hacen y vestir como visten son libres, diferentes y, de alguna manera, superiores y mejores que el resto de nosotros. La verdad detrás de estos comportamientos es que hay un gran complejo de inferioridad que se trata de disfrazar con su opuesto: sentirse superiores, menospreciando a los otros.

Hablar a gritos y comportarse de manera histriónica, provocando que todos alrededor volteen a ver, es otra forma de llamar la atención, de hacerse presente, de decirle al mundo: “¡Aquí estoy!”.

Como ya mencioné, la necesidad de ser vistos es tan grande, que nos aferramos a cualquier cosa, comportamiento o apariencia que nos otorgue la atención que el niño interior herido sigue buscando, sin importar la edad que tengamos.

Yo conocí muy de cerca a una mujer que bien puede servirnos como ejemplo en este caso. Estuvo presente en mi vida durante 10 años hasta que se fue a vivir muy lejos y perdí contacto con ella. A lo largo de ese tiempo presencié infinidad de veces toda clase de actos de exhibicionismo que en ocasiones eran obvios e inconfundibles, pero a veces se presentaban tan sutiles y disfrazados que podrían haberse interpretado simplemente como los de una personalidad extrovertida y sin prejuicios.

Ella tenía como mascota a una hermosa perrita de una raza realmente rara, cuyo nombre no recuerdo: la tenía a su lado, literalmente las 24 horas del día. La perrita tenía una apariencia tan especial, única y hermosa, que a donde iba llamaba la atención. En todos lados detenían a esta mujer para admirar a la perrita y hacerle preguntas sobre ella. Así, tener esa mascota especial que llamaba la atención la hacía a ella sentirse especial y, por ende, atraer también la atención hacia sí misma.

Después de varios años en su vida, la perrita murió, lo cual la metió en un profundo proceso de duelo por su pérdida. En cuanto se recuperó un poco adoptó a otro perrito, pero éste era tan normal y común que no le brindaba la atención de los demás que el anterior sí le proporcionaba. Entonces, aunque sea difícil de creer –yo no lo podía creer–, ¡decidió que lo pintaría de azul! De haberlo hecho, sin duda alguna, hubiera sido la estrella, el centro de atención a donde quiera que fuera. Pero quiso el destino, o quizá las diosas protectoras de los perro, que justo el día cuando llevó al perrito al salón de belleza para que le aplicaran el tinte en sus tupidos pelos ahí se encontrara una apasionada activista de la sociedad protectora de animales, quien al enterarse sobre lo que estaba a punto de hacer se puso furiosa y le advirtió que si le ponía ese tinte al perrito, ella la acusaría y la institución se lo quitaría porque ésa era una forma de abuso que ponía en riesgo la salud del animalito. Ella, que ya se había encariñado con su nueva mascota, no pudo más que obedecer y conformarse con su perrito común y corriente.

Sin embargo, no importaba, porque tenía otras formas de llamar la atención. Por ejemplo, el extraño vehículo que poseía: una camioneta con zonas perfectamente renovadas y relucientes, y otras tan destartaladas que daba la impresión de que en cualquier momento se partiría en pedazos. Obviamente, también el vehículo llamaba la atención. Cuando de plano se le acabó, compró un auto compacto, tan común y corriente que no lo pudo soportar. Mandó pegarle por todos lados unas enormes calcomanías con formas de soles sonrientes, de manera tal que al verlo pasar resultaba difícil distinguir que rayos era eso. Como es de suponer, su auto, y ella dentro de él, no pasaban desapercibidos; ¡era imposible no verlos!...

Con cada uno de sus comportamientos parecía suplicar: “¡Por favor, hablen de mí! ¡Por favor, tómenme en cuenta! ¡Por favor, volteen a verme!”. Y siempre lo consiguió.

 


jueves, 7 de mayo de 2026

Del libro “Hijos invisibles” de Martha Alicia Chávez - ¿Cómo se vuelven invisibles?

 

Del libro “Hijos invisibles” de Martha Alicia Chávez

 

¿Cómo se vuelven invisibles los niños?

 



La indiferencia de los padres. Esta frase engloba de manera perfecta todas y cada una de las situaciones que vuelven invisible a un niño. En forma general, dicha indiferencia se manifiesta precisamente en la falta de atención e interés en la vida, los asuntos, los sentimientos y las necesidades del niño, cuyos padres ignoran, no ven, porque están muy ocupados viendo a los otros hijos, o a sí mismos y sus propios problemas. El niño, entonces, es un ser ignorado, invisible: no es visto.

Los niños cuyos padres están demasiado ocupados en sus quehaceres o en sus problemas, y en consecuencia no los atienden, desarrollarán esa sensación de aislamiento y soledad que son típicos de los seres invisibles. Recordemos que en la infancia lo que nos da el punto de referencia de que existimos, somos valiosos y merecedores, es justamente la atención que nos brindan los adultos significativos, pero muy en especial nuestros padres.

Así, son determinadas situaciones de la vida y ciertas actitudes de los padres y adultos significativos los que vuelven invisibles a un bebé, un niño o un adolescente:

·         Cuando los padres son indiferentes; es decir, están demasiado ocupados en sus propios asuntos, no pasan tiempo con sus hijos y/o no prestan atención a sus necesidades.

Los padres ausentes en la vida de sus hijos, por la razón que sea –demasiado trabajo, conflictos emocionales, enfermedad física, incapacidad de amar y comprometerse, etc.–, les envían el mensaje de que todo lo demás es mucho mas importante que ellos.

·         Cuando los padres y familiares adultos no les cumplen las promesas que les hacen.

·         Cuando no se toma en cuenta al niño o adolescente para ningún asunto relacionado con la familia.

·         Cuando existe en casa un hijo enfermo o que presentan problemas de cualquier tipo, quien acapara toda la atención de los padres provocando que se olviden de los otros hijos.

·         Cuando no se le informa sobre acontecimientos que conciernen a la familia o directamente al niño. Por ejemplo, que el tío vendrá a vivir con ellos durante algún tiempo, que el padre cambiará de empleo o las razones por las que se le va a cambiar de escuela.

·         Cuando se ignoran los sentimientos, no se le brinda apoyo o se minimizan lo que el niño considera sus problemas.

·         Cuando, como estilo de vida –patrón–, literalmente no se le mira de forma directa a la cara mientras se le habla o nos habla.

·         Cuando no se toman en cuenta sus ideas, comentarios, sueños, logros, errores, etcétera.

·         Cuando se es injusto con los hijos y no se les da o se les prohíbe lo mismo a todos. Es decir, se tiene preferencia por un hijo.

·         Cuando ambos padres, o uno de ellos, abandonan el hogar, lo cual hace sentir al hijo que no es suficientemente valioso como para que el padre o madre quiera estar con él y por eso se va.

·         Cuando un hijo muere y la madre, el padre o ambos, sumidos en su duelo, se olvidan de que tienen otros hijos vivos, que los necesitan. Es natural y necesario respetarse uno mismo su tiempo de duelo, pero cuando éste es mal manejado, puede extenderse por muchos años o el resto de la vida de los padres, dejando a los otros hijos huérfanos y desamparados.

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jueves, 30 de abril de 2026

Del libro “365 ideas para una vida plena” de Dr. Mario alonso Puig - Los niños

 

Del libro “365 ideas para una vida plena” de Dr. Mario alonso Puig

 

 


 

140. De los niños hemos de aprender al menos cinco cosas:

1)          1)   La extraordinaria curiosidad que tienen para explorar el mundo.

2)          2)   Su tesón para levantarse cuando se caen.

3)          3)   La pasión que tienen por jugar.

4)          4)   La gran capacidad de asombro que muestran, incluso ante las cosas más sencillas.

5)          5)   La facilidad y frecuencia con la que se ríen.

 

39.  La curiosidad te llevará a explorar con verdadero interés y capacidad de asombro nuevas formas de relacionarte contigo mismo, con los demás y con el mundo.

 

37.  Si eres una persona curiosa te preguntarás sobre cosas que te sorprenden y desconciertan. Mantener la capacidad de asombro es importante para salirse del propio “mapa mental” y descubrir todas las posibilidades que se encuentran en ese territorio que existe más allá de dicho mapa.

 

315.  Para que tus sueños se hagan realidad es necesario que mantengas una determinación constante por conseguirlos. A muchas personas a las que se les resiste el éxito no es por falta de talento, sino por falta de fuerza de voluntad y de carácter. No han desarrollado esa capacidad de ser inasequibles al desaliento y de levantarse una y otra vez por dura que resulte cada caída.


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jueves, 23 de abril de 2026

Si alguien lo hace por ti… Autora: Alicia Campos Vera + IA

 

Si alguien lo hace por ti…  Autora:  Alicia Campos Vera + IA



 

En la rama más firme de un viejo roble vivían una ardilla de nombre Tita y su hijo Nilo. Desde pequeño, cada vez que Nilo encontraba una nuez, su madre le ayudaba a perforar la cáscara para que pudiera comer sin dificultad.

Un día, como tantos otros, Nilo sostuvo una nuez entre sus pequeñas patas y miró a su madre en busca de ayuda, pero esta vez ella solo lo observó con ternura y le dijo ya era tiempo de que él solo pelara la nuez.

Nilo se quedó inmóvil. Sus ojitos se llenaron de lágrimas y dijo:

—¿No me vas a ayudar?, ¿Ya no me quieres?

Tita sintió un nudo en el corazón. Se acercó, lo abrazó con su cola y con mucho cuidado secó sus lágrimas.

—Claro que te quiero, eres lo más importante y valioso para mí… No llores y escucha con atención la historia que te voy a contar.

—Hace tiempo, en este mismo bosque vivía una pequeña ardilla. Era la consentida de su papá. Él la amaba tanto, que siempre le daba todo ya hecho. Cada nuez… ya estaba perforada. Cada dificultad… ya estaba resuelta. Ella creció creyendo que así debía ser la vida. Nunca tuvo que esforzarse, nunca tuvo que intentar… porque su papá siempre estaba ahí para hacerlo por ella. Pero un día, su papá ya no estuvo.

Nilo abrió los ojos con sorpresa.

—La ardilla, como de costumbre, salió a buscar nueces –continuó Tita–. Encontró una muy grande y se puso feliz; pero, al querer perforarla, no pudo. Lo intentó varias veces sin lograrlo y entonces se puso a llorar. Extrañó a su padre, se sintió sola y muy triste.

Tita hizo una breve pausa antes de seguir:

—Pasó el tiempo y la ardilla ya tenía mucha hambre, hasta que un sabio búho del bosque, que ayudaba a los animales a descubrir sus propias capacidades, se acercó a ella.

—¿Un búho? —preguntó Nilo.

—Sí —sonrió Tita—. El búho la miró con calma y le dijo: “Tienes todo lo que necesitas: tus patas, tus dientes, tu fuerza… pero nunca te has dado la oportunidad de descubrirlo, porque había alguien que hacía todo por ti, pero tú puedes.

—¿Y qué hizo la ardilla? —interrumpió Nilo, ahora muy interesado en el desenlace de esa historia.

—Al principio tuvo miedo, dudó de sí misma… pero decidió intentarlo. Una y otra vez. Y aunque al principio fallaba, poco a poco aprendió. Hasta que un día… logró perforar su enorme nuez. Desde entonces esa ardilla entendió algo muy importante: que el amor no siempre es hacer las cosas por alguien… sino acompañarlo mientras descubre que puede hacerlo por sí mismo.

Hubo un pequeño silencio.

—Mamá… —dijo Nilo en voz bajita—, ¿esa ardilla eras tú?

Tita lo miró con dulzura.

—Sí —respondió—. Y por eso, aunque me cueste verte esforzarte… no quiero cometer el mismo error. Si alguien hace las cosas por ti, no te darás cuenta de lo que eres capaz, y yo te amo demasiado como hacer todo por ti y no darte la oportunidad de descubrir tus talentos.

Nilo respiró hondo. Miró la nuez entre sus patas. Dudó un momento… pero esta vez no la soltó. Intentó perforarla. No lo logró. Volvió a intentar… y otra vez falló.

Miró a su madre.

Tita no se movió, pero le sonrió con confianza.

Nilo lo intentó una vez más… y entonces, crack, la cáscara cedió.

Sus ojos se iluminaron.

—¡Lo logré mamá!, ¡Lo logré! —exclamó.

Tita lo abrazó con orgullo.

Siempre pudiste —le dijo.

Desde ese día, cada nuez fue una oportunidad para crecer. Y aunque a veces Nilo pedía ayuda, Tita aprendió a solo estar cerca… lista para acompañar y alentar, pero no reemplazar.

 

Moraleja:
Amar también es dejar que los hijos solos enfrenten situaciones difíciles. Cuando dejamos que ellos intenten por sí mismos, les regalamos la oportunidad de descubrir su verdadera fuerza.

 

jueves, 16 de abril de 2026

Del libro “90 respuestas a 90 preguntas” de Martha Alicia Chávez - La envidia

 

Del libro “90 respuestas a 90 preguntas” de Martha Alicia Chávez

 

¿Cuál es la función de la envidia?

 



“Mi amiga la envidia.” Así le llamo yo a este estado interno que es mucho más que un sentimiento. Amiga, porque desde el momento en que entendí su función, la he convertido en mi aliada para aprender y crecer. A ella le debo importantes y saludables cambios en mi vida y la realización de acciones que me han atraído infinidad de recompensas. La envidia, por ejemplo, fue la chispa que gestó en mí el impulso de escribir mi primer libro y best seller, Tu hijo, tu espejo, que me ha traído incontables bendiciones en todas las áreas de mi vida.

Para que la envidia se convierta en una aliada para crecer, hay que entender su función. Tenemos la tendencia a etiquetar las cosas y los sentimientos como “malos o buenos”, “deseables o indeseables”, “pecados o virtudes”. La envidia no es la excepción. Pero con esta forma de calificar y clasificar lo que es parte de la vida misma, no aprendemos nada ni crecemos. Aun los asuntos que calificamos de malos tienen una función, lo que hace que nada en realidad sea malo, sólo es.

En el caso de la envidia, siendo algo tan mal visto tendemos a negar cuando la sentimos y a proyectarla en otros a través de la critica y el juicio. Sí… la crítica y el juicio son el lenguaje de la envida, de manera tal que cuando criticamos y juzgamos, muy probablemente sentimos envidia. Se necesita mucho valor, madurez y autenticidad para reconocerlo, porque a nadie le gusta aceptar que la siente. Algunas personas hasta se ofenderían si ante algún comentario enjuiciador hacia alguien le dijéramos que le tiene envidia. Al parecer suponemos que ésta sólo la experimentan los “malos”. No es así, … ¡todos, absolutamente todos!, la experimentamos y es parte de la vida. El otro tiene algo que yo deseo, y esto me confronta con mi carencia.

Veamos. A veces la envidia se nos manifiesta tan clara que sólo falta la voluntad de reconocerla para darnos cuenta de que la sentimos. Sin embargo, en otras ocasiones lo que le envidiamos a alguien parece estar encubierto y enmascarado detrás de un rasgo de su personalidad o un comportamiento que catalogaríamos como “malo” e “indeseable”. En estos casos no resulta claro identificarla, pero una vez que entendemos esta dinámica, se vuelve clara como el agua. Pondré un ejemplo: una persona habla de otra, afirmando que es agresiva y ofensiva. Puede quedar en sólo un comentario sin carga emocional, o puede ser que lo acompañe una actitud de juicio, crítica y hasta desprecio hacia tal persona. En el primer caso se trata sólo de una aseveración; en el segundo, es envidia. Si confrontáramos a quien hizo el comentario, podría replicar con justa razón: “¡Por supuesto que no le tengo envidia! Yo no quiero ser agresivo ni ofensivo”. Si nos quedamos ahí, parece que eso es todo; pero si vemos más allá, entendemos que no es el comportamiento agresivo y ofensivo el que se envidia, sino lo que hay detrás de él: “¡Se atreve a decir lo que piensa, quiere y siente, y yo no!” Si bien es cierto que esta forma de afirmar lo que se piensa, quiere y siente no es sana, eso no nos importa en este espacio: lo que nos interesa es descubrir la envidia detrás del desprecio hacia tales actitudes.

Cada vez que nuestros comentarios acerca de otros tienen una carga de juicio, crítica y menosprecio, podemos estar seguros de que tenemos envidia. Si somos honestos, con sólo una leve exploración la identificaremos.

Yo estoy muy convencida de que envidia es una MENSAJERA DEL ALMA. A través de ella, el alma nos muestra los asuntos de nuestra vida en que es necesario trabajar y que es indispensable atender. ¿Cómo entonces convertirla en una aliada para crecer?

·         Teniendo la voluntad para reconocer que la sientes cada vez que se te presenta, ya sea como un claro e inequívoco sentimiento, o enmascarada detrás del juicio hacia un rasgo de la personalidad o del comportamiento indeseable del otro.

·         Una vez que la reconoces como propia, identifica qué es lo que envidias para darte cuenta de cuál es el mensaje que tu alma te quiere dar a través de ella. Esto es muy sencillo: si envidias a tu hermano por su éxito profesional, tu alma te está diciendo algo así como: “Necesitas echar a andar los talentos que tienes en total abandono y trabajar en lograr tus sueños”. Si envidias la belleza de tu amiga, quizá el mensaje sea: “¡Has descuidado tanto tu cuerpo! ¡Aliméntate sanamente, haz ejercicio, arréglate!” Tal vez sientas envidia de tus amigos por su sana y hermosa relación de pareja, y el mensaje sea que es urgente que atiendas tu propia relación, que acudas a terapia de pareja, que deje tu ego a un lado y comiences a ser amoroso con tu cónyuge.

·         Luego viene una acción que al ego no le gusta, pero que es necesaria dentro de este proceso de convertir a la envidia en aliada para crecer: reconocerle verbalmente a la persona eso que le envidias: “Te felicito por tus logros y tu éxito profesional”, “¡Qué bonito cuerpo tienes!”, “Tu presentación estuvo de primera”, “Tienes un carisma increíble con la gente”, “Felicidades por tu nuevo auto”, etcétera. Las sensaciones que experimentarás al hacer esto serán muy agradables, sanadoras y hasta conmovedoras, ya lo verás.

·         Enseguida, habrás de interrogar a la persona sobre eso que le envidias, pedirle que te enseñe: “¿Cómo le haces para tomarte la vida con calma y ser paciente?”, “¿Cómo has logrado tener la valentía de correr riesgos para realizar tus sueños?”, “¿Cómo consigues ser fiel a ti mismo sin importarte el qué dirán?” “¿Qué haces para mantener tu cuerpo tan bello?”, “Has construido una hermosa relación de pareja, ¿cuáles son tus secretos y consejos?” Lo que se aprende con las respuestas a estas preguntas no tiene precio y es por demás fascinante y maravilloso. Compruébalo.

 

La envida, pues, puede ser una ácida sensación que nos hace sufrir y atora nuestro crecimiento, o una poderosa aliada que lo propicia. La decisión, como siempre, está en uno mismo.

 

 

jueves, 9 de abril de 2026

Del libro “INQUEBRANTABLES” de Daniel Habif - La belleza… la sonrisa

 

Del libro “INQUEBRANTABLES” de Daniel Habif

 


 

Mira la belleza a tu alrededor. Quien no se sorprende con las maravillas de lo cotidiano no entiende de qué se trata la vida. En este segmento, quiero que salgas a ver la belleza, que seas un viajero en el escenario de tus días. ¿Hace cuánto no te emocionan las maravillas de tu ciudad o de tu barrio?

Quiero que salgas. Siéntate en la plaza del parque, tómate una foto en los íconos que ves todos los días, maravíllate con ellos. Quizás has pasado tantas veces por allí que no te has detenido a ver la belleza en las fachadas y los rostros, en las esquinas y los mercados. Tómate un café con la calma de los jubilados y mira a los niños jugar.

Cuando descubras algo hermoso, algo que hayas visto mil veces sin percatarte de su belleza, tómale una foto, como si fuera la torre Eiffel, la pirámide de Giza, o el Big Ben, quizás sea incluso más bello y tenga más significado para ti. Allí donde estés, en Villavicencio o en Rosario, en Concepción o en Cumaná. Ve y publica una foto tuya con la etiqueta #Mazatlán, #Arequipa o #Lavapies.

¡Hazlo! Solo hazlo. Mira que el tiempo pasa como un puñado de sal en la mano izquierda y un puñado de luz en la derecha. Hay demasiada belleza que se pierde. Un pestañeo y estás, otro y ya no.

Tu hogar es también un paraíso por recorrer. Lo más hermoso de viajar es volver y darte cuenta de que ya no cabes en la misma caja. Viaja, que la vida se lee con los pies.

Construye una realidad de la cual no quieras escapar, una de la que no necesites vacaciones. En este viaje es necesario perder la maleta, aprender, pero sobre todo desaprender, perderse y encontrarse, buscar respuestas y regresar con más preguntas, ilusionarse y despertar, emborracharse de nostalgia y reírse de las lágrimas.

Sé tú también fuente de belleza.  Que tu rostro ilumine el viaje de otros. La oscuridad le teme a la luz que emana de las profundas aguas del dolor. Una sonrisa no solo ilumina, sino que también emite calor, ya que emana de la combustión que hace arder la eternidad. Tu sonrisa puede cambiar la realidad y sus imperfecciones, es un rayo de luz tan potente que tiene la capacidad de dar esperanza a un mundo cada vez más enfocado en sus conveniencias que en sus convicciones.

Sonríe a pesar de tu ansiedad y de tu tristeza. Muéstrale a tu mente que, aunque ella no logre entender la complejidad del caos, tú tienes un poderoso cañón en los labios y que tus dientes son municiones expansivas que le van a abrir un boquete a la depresión. Sonríe sin razón alguna, sonríe porque sí, sonríe porque puedes y porque tienes boca, sonríe porque así confundes al mal y motivas al bien, sonríe porque aligeras la carga de los abrumados.

Aunque estés destrozado, sonríe, porque eres gracia y amor. Eres digno de tu sonrisa. Créeme y lo verás, pero primero sonríe, porque tu boca es un arsenal demoledor. Ordénales a tus labios que rompan fila y le quiebren el cuello al miedo.

La vida es una asignación personal y no puedes aplazar más:

Valoramos más la casa que el hogar.

Valoramos más la tierra que los pies que la pisan.

Valoramos más el dinero que los talentos que lo produjeron.

Valoramos más el regalo que las manos que lo entregan.

 

Valora la belleza, que ella te espera en el presente: las fragancias del amor, las caricias de la lluvia, los sabores de tu infancia, los azules intensos, el regocijo de la música. Están allí, ve a buscarlos.

 

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jueves, 2 de abril de 2026

Del libro “Mujeres de hierro y de cristal” de Dra. Silvana Rohana - Lenguaje corporal

 

Del libro “Mujeres de hierro y de cristal” de Dra. Silvana Rohana

 

LENGUAJE CORPORAL Y COMUNICACIÓN



Aunque parezca extraño, cualquiera que nos observe realmente está mirando nuestro lenguaje corporal más atentamente que si estuviera escuchando lo que decimos. Las señales inconscientes que enviamos en este sentido a menudo influyen en la gente para que confíe o desconfíe de nosotros, le agrademos o le desagrademos. ¡Y a menudo la otra persona no tiene idea de que nos está juzgando! Estudios recientes han mostrado que cerca de tres cuartos de nuestra comunicación uno a uno sucede a través del lenguaje corporal, y ¡sólo el cuarto restante a través de las palabras!

Así, puedes ver que tan importante es poner más atención para averiguar lo que tus posturas y gestos comunican. Por ejemplo:

¿Cómo te paras cuando estás en una entrevista o hablando en público?

¿Qué tipo de gestos utilizas mientras hablas?

¿Te ves confiada o tensa?

Mucha gente que realmente no sabe lo que hace, se muestra como insegura o agresiva debido a que no guarda una adecuada postura en la silla.

O juega nerviosamente con su cabello o habla muy alto. Seguramente has visto a personas como éstas. ¿Te sucede a ti? ¿Tu cuerpo comunica un mensaje que no es consistente con lo que estás diciendo?

Este es el primer paso para encontrar tu nueva imagen: pasar unos cuantos minutos sólo pensando acerca de tu postura y gestos para que puedas estar segura de que te ves tan inteligente como realmente eres.

Recuerda la última vez que estuviste en una situación en la cual te sentiste a disgusto o en la que tuviste que reunirte con personas nuevas.

¿Cómo te paraste? ¿Estabas derecha y confiada? ¿Te desaliñaste por el miedo? ¿Estabas tan tensa que la gente pudo encontrarte asustada? ¿Te acercaste mucho a la otra gente, o te alejaste mucho?

¿Te paraste en un sitio desde el que podías ver la cara a las demás personas? o ¿te escondiste en una esquina y hablaste quedito?

¿Qué gestos utilizaste? ¿Apuntaste con el dedo? ¿Moviste tus manos? ¿Jugaste con tu cabello, joyas, o constantemente te arreglabas la ropa?

¿Era tu ropa apropiada para la ocasión? ¿El color mandó el mensaje correcto? ¿Te veías profesional aun sin estar tensa?

Piensa en estas preguntas por unos minutos. Después empieza a observarte a ti misma en tu interacción con otros. Mantén un registro de la impresión que pareces causarles. ¿Te consideran relajada y extrovertida? ¿Luces como alguien que es responsable sin hacer sentir a los demás incómodos? Cuando hayas aprendido a proyectar una imagen relajada y confiada, encontrarás que tus relaciones mejorarán increíblemente.

 

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