Del libro “El camino de la sabiduría” de Jorge Bucay
INTOXICACIÓN
Pensando y pensando es como
empiezas a intoxicarte con la idea de lo que debería ser, con la idea de la
comparación, con la idea de lo que tienes y de tus carencias.
* Si siempre que estoy bien pienso
que podría estar mucho mejor, estoy intoxicado.
* Si mientras como mi plato de
fideos controlo el tamaño del plato que sirvieron a mi vecino, estoy
intoxicado.
* Si soy médico, o abogado, o
ingeniero y pienso que por eso tengo algún derecho especial, estoy intoxicado.
* Si pienso que por ser cliente de
esta tienda debe descuidarse la atención a otro para dármela a mí, estoy
intoxicado.
* Si creo que lo que me da derecho
a ser bien tratado por un funcionario público es que pago los impuestos, estoy
intoxicado.
* Si creo que es justo que yo no
pase hambre porque me he ganado el dinero con el que compro mi comida, estoy
intoxicado.
* Si a veces creo que soy el mejor
y otras que soy el peor, en ambos momentos, estoy intoxicado.
* Si alguna vez he pensado que soy
más o que soy menos que alguien o que algo, estoy intoxicado.
* Si pienso que por ser cristiano,
judío, budista o ateo soy muy diferente de quienes no lo son, estoy intoxicado.
Comparar siempre es tóxico
y la intoxicación crónica puede envenenarnos.
Si tú, como yo y como casi todos,
has recibido el veneno en pequeñas dosis desde el día en que naciste, tal vez
estés adaptado y ni te percates de que el veneno circula por tu cuerpo y anida
en tu cabeza.
Mi primera dosis, por
ejemplo, vino con la elección de mi nombre;
La segunda, con el color
de mi batita de bebé;
La tercera, con la cintita
roja que mi madre me ató contra el mal de ojo (porque yo era tan bonito…);
La cuarta, con el apodo
con el que me rebautizaron mis tíos;
La quinta, con mi primer
“muy-bien-diez-sobresaliente”;
La sexta, el día que mis
amiguitos de la escuela me llamaron gordo por primera vez;
La séptima…
Y podría seguir rastreando dosis
de encasillamiento, de discriminación, de condicionamientos,
de mensajes explícitos y subliminales, hasta el día de hoy.
Me he intoxicado lentamente, tan
lentamente que me he inmunizado al veneno.
Hoy soy tan inmune a la
intoxicación que, cuando digo que soy argentino, que soy judío, que no soy
demasiado inteligente o que soy el mejor amigo de Héctor, ni me doy cuenta
de que estoy pensando en términos de distinción, en términos de comparación,
en términos de discriminación y no de amor.
Todo tipo de competencia es
producto de un veneno.
Y hay que evitar todo lo que sea
tóxico. Hay que evitarlo en el plano físico, en el plano mental y en el plano
espiritual.
EL
VENENO SE LLAMA COMPARAR,
LA
INTOXICACIÓN SE LLAMA DISCRIMINACIÓN,
LA
ENFERMEDAD SE LLAMA COMPETENCIA
Y
LA ADICCIÓN SE LLAMA OBSESIÓN POR GANAR.