Del libro “90 respuestas a 90 preguntas” de Martha Alicia
Chávez
¿Cuál es la función de la envidia?
“Mi amiga la envidia.” Así le llamo yo a este estado interno que es mucho más que un sentimiento. Amiga, porque desde el momento en que entendí su función, la he convertido en mi aliada para aprender y crecer. A ella le debo importantes y saludables cambios en mi vida y la realización de acciones que me han atraído infinidad de recompensas. La envidia, por ejemplo, fue la chispa que gestó en mí el impulso de escribir mi primer libro y best seller, Tu hijo, tu espejo, que me ha traído incontables bendiciones en todas las áreas de mi vida.
Para que la envidia se convierta en una aliada para crecer, hay
que entender su función. Tenemos la tendencia a etiquetar las cosas y los
sentimientos como “malos o buenos”, “deseables o indeseables”, “pecados o
virtudes”. La envidia no es la excepción. Pero con esta forma de calificar y
clasificar lo que es parte de la vida misma, no aprendemos nada ni crecemos.
Aun los asuntos que calificamos de malos tienen una función, lo que hace que
nada en realidad sea malo, sólo es.
En el caso de la envidia, siendo algo tan mal visto tendemos
a negar cuando la sentimos y a proyectarla en otros a través de la
critica y el juicio. Sí… la crítica y el juicio son el lenguaje
de la envida, de manera tal que cuando criticamos y juzgamos, muy probablemente
sentimos envidia. Se necesita mucho valor, madurez y autenticidad para
reconocerlo, porque a nadie le gusta aceptar que la siente. Algunas
personas hasta se ofenderían si ante algún comentario enjuiciador hacia alguien
le dijéramos que le tiene envidia. Al parecer suponemos que ésta sólo la
experimentan los “malos”. No es así, … ¡todos, absolutamente todos!, la
experimentamos y es parte de la vida. El otro tiene algo que yo deseo, y
esto me confronta con mi carencia.
Veamos. A veces la envidia se nos manifiesta tan clara que
sólo falta la voluntad de reconocerla para darnos cuenta de que la sentimos.
Sin embargo, en otras ocasiones lo que le envidiamos a alguien parece estar
encubierto y enmascarado detrás de un rasgo de su personalidad o un
comportamiento que catalogaríamos como “malo” e “indeseable”. En estos casos no
resulta claro identificarla, pero una vez que entendemos esta dinámica, se
vuelve clara como el agua. Pondré un ejemplo: una persona habla de otra,
afirmando que es agresiva y ofensiva. Puede quedar en sólo un comentario sin
carga emocional, o puede ser que lo acompañe una actitud de juicio, crítica y
hasta desprecio hacia tal persona. En el primer caso se trata sólo de una
aseveración; en el segundo, es envidia. Si confrontáramos a quien hizo el
comentario, podría replicar con justa razón: “¡Por supuesto que no le tengo
envidia! Yo no quiero ser agresivo ni ofensivo”. Si nos quedamos ahí, parece
que eso es todo; pero si vemos más allá, entendemos que no es el
comportamiento agresivo y ofensivo el que se envidia, sino lo que hay
detrás de él: “¡Se atreve a decir lo que piensa, quiere y siente, y yo
no!” Si bien es cierto que esta forma de afirmar lo que se piensa, quiere y
siente no es sana, eso no nos importa en este espacio: lo que nos interesa es
descubrir la envidia detrás del desprecio hacia tales actitudes.
Cada vez que nuestros comentarios acerca de otros tienen
una carga de juicio, crítica y menosprecio, podemos estar seguros de que
tenemos envidia. Si somos honestos, con sólo una leve exploración la
identificaremos.
Yo estoy muy convencida de que envidia es una MENSAJERA DEL
ALMA. A través de ella, el alma nos muestra los asuntos de nuestra vida en que
es necesario trabajar y que es indispensable atender. ¿Cómo entonces
convertirla en una aliada para crecer?
·
Teniendo la voluntad para reconocer que la
sientes cada vez que se te presenta, ya sea como un claro e inequívoco
sentimiento, o enmascarada detrás del juicio hacia un rasgo de la personalidad
o del comportamiento indeseable del otro.
·
Una vez que la reconoces como propia, identifica
qué es lo que envidias para darte cuenta de cuál es el mensaje que tu
alma te quiere dar a través de ella. Esto es muy sencillo: si envidias a tu
hermano por su éxito profesional, tu alma te está diciendo algo así
como: “Necesitas echar a andar los talentos que tienes en total abandono y trabajar
en lograr tus sueños”. Si envidias la belleza de tu amiga, quizá el
mensaje sea: “¡Has descuidado tanto tu cuerpo! ¡Aliméntate sanamente, haz
ejercicio, arréglate!” Tal vez sientas envidia de tus amigos por su
sana y hermosa relación de pareja, y el mensaje sea que es urgente
que atiendas tu propia relación, que acudas a terapia de pareja, que deje
tu ego a un lado y comiences a ser amoroso con tu cónyuge.
·
Luego viene una acción que al ego no le gusta,
pero que es necesaria dentro de este proceso de convertir a la envidia en
aliada para crecer: reconocerle verbalmente a la persona eso que le envidias:
“Te felicito por tus logros y tu éxito profesional”, “¡Qué bonito
cuerpo tienes!”, “Tu presentación estuvo de primera”, “Tienes un
carisma increíble con la gente”, “Felicidades por tu nuevo auto”, etcétera.
Las sensaciones que experimentarás al hacer esto serán muy agradables,
sanadoras y hasta conmovedoras, ya lo verás.
·
Enseguida, habrás de interrogar a la persona
sobre eso que le envidias, pedirle que te enseñe: “¿Cómo le haces
para tomarte la vida con calma y ser paciente?”, “¿Cómo has logrado
tener la valentía de correr riesgos para realizar tus sueños?”, “¿Cómo
consigues ser fiel a ti mismo sin importarte el qué dirán?” “¿Qué haces
para mantener tu cuerpo tan bello?”, “Has construido una hermosa relación
de pareja, ¿cuáles son tus secretos y consejos?” Lo que se aprende con
las respuestas a estas preguntas no tiene precio y es por demás fascinante y maravilloso.
Compruébalo.
La envida, pues, puede
ser una ácida sensación que nos hace sufrir y atora nuestro crecimiento, o
una poderosa aliada que lo propicia. La decisión, como siempre, está en uno
mismo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario