Del Libro “La felicidad en tiempos difíciles” de Andrew Matthews
CÓMO NO SE DEBE VIVIR
Fui muy afortunado al crecer…
Mi madre era alcohólica y a mi padre no le interesaba nada.
Mis dos hermanos mayores, Jim y Don, eran adictos a la
heroína y traficantes de drogas. Don fue asesinado y Jim murió por abusar de
las drogas.
Mis padres se separaron cuando yo tenía 13 años; después me
fui a vivir con mamá a una casa rodante. A partir de los 15 años, estuve casi
siempre solo.
¿Por qué digo que fui afortunado? Porque aprendí mucho de
la vida. Mi familia era el ejemplo perfecto de CÓMO NO SE DEBE VIVIR.
Mis padres y mis hermanos fueron mi motivo para construirme un futuro mejor.
Fui afortunado. Pero la buena suerte no necesariamente consiste en tener un
comienzo fácil en la vida.
Mis padres dormían en habitaciones separadas y jamás se
hablaban. Me pareció que eso era normal.
Cuando era muy pequeño, mis hermanos eran mis héroes. Luego
se metieron en las drogas y el crimen, a causa de ello me sentía desolado y
atemorizado. Los vendedores de droga venían a la casa a exigir su dinero.
Recuerdo cuando Big Bob, un matón local, nos hizo una visita. Espiando desde la
ventana de mi recámara, podía verlos a él y a mi hermano Jim en el jardín
frontal. Big Bob tenía el mango de un hacha en la mano y de pronto lo dejó caer
con toda su fuerza en la cabeza de Jim. Jim quedó tendido en un charco de
sangre.
La policía también solía visitarnos con frecuencia, por lo
regular para arrestar a alguno de mis hermanos. Jim y Don entraban y salían de
la cárcel por robo y tráfico. Me avergonzaba cuando alguno de ellos salía en la
televisión por sus fechorías; también me avergonzaba pasar mi infancia
visitando cárceles.
Cuando llegué a los 15 años, mi madre se había dado por
vencida en la vida. Se quedaba en la cama por semanas. Me dijo: “Ya tienes edad
suficiente para cuidarte solo.” Hice lo mejor que pude para cuidarla. También
hice lo mejor que pude para cuidar a mi papá, que para esa época tenía ya un
tumor cerebral. Papá insistía en que la educación era una pérdida de tiempo,
pero yo seguí estudiando. Me mantenía trabajando en un restaurante de comida
asiática como ayudante de cocinero y repartidor.
Las metas de mi vida estaban basadas en lo que mi
familia no era. Yo quería:
·
Ser más feliz que mis padres;
·
Ser más sano que mis hermanos;
·
Convertirme en esposo devoto y padre amoroso; y
·
Quería ir a la universidad en lugar de ir a la
cárcel.
Hubiera sido más fácil para mí darme por vencido y
culparlos, pero los costos hubieran sido demasiado altos. Tengo una
filosofía simple que me ha ayudado a salir adelante: Si lo que haces no
está funcionando, trata con algo distinto. Nunca estás derrotado hasta que te
das por vencido.
Recuerdo la ceremonia de graduación cuando recibí mi título
en química: estaba tan orgulloso; ¡juraría que mis pies apenas tocaban el
suelo! Hoy soy químico industrial. Tengo una esposa maravillosa, dedicada a
nuestras dos hijas increíbles, saludables, una tiene 7 años y la otra está a
punto de cumplir 11. Somos una familia unida.
A pesar de que puedo afirmar que he vivido mi vida bien,
siempre tuve resentimiento con mi padre por su desinterés y con mis
hermanos por ser idiotas. Así que, en 2008, decidí llevar a cabo una
ceremonia en su honor. Mi esposa e hijas, mis suegros y yo fuimos a sus
tumbas y les hablamos de todas las cosas buenas que ellos tres
habían tenido o sido en la vida. Le dije a mi familia cuanto quería a mi
padre y hermanos y por qué los amaba. Lloré como nunca había llorado antes.
Fue una gran liberación dejar salir todo ese resentimiento. Un gran peso
había caído de mis hombros y de mi corazón. Salí de ahí sintiéndome limpio y
mucho, mucho más feliz.
Cada día me siento muy agradecido por lo que tengo.