jueves, 2 de julio de 2026

Del Libro “La felicidad en tiempos difíciles” de Andrew Matthews - Cómo no se debe vivir

 Del Libro “La felicidad en tiempos difíciles” de Andrew Matthews


CÓMO NO SE DEBE VIVIR

 



Fui muy afortunado al crecer…

Mi madre era alcohólica y a mi padre no le interesaba nada.

Mis dos hermanos mayores, Jim y Don, eran adictos a la heroína y traficantes de drogas. Don fue asesinado y Jim murió por abusar de las drogas.

Mis padres se separaron cuando yo tenía 13 años; después me fui a vivir con mamá a una casa rodante. A partir de los 15 años, estuve casi siempre solo.

¿Por qué digo que fui afortunado? Porque aprendí mucho de la vida. Mi familia era el ejemplo perfecto de CÓMO NO SE DEBE VIVIR. Mis padres y mis hermanos fueron mi motivo para construirme un futuro mejor. Fui afortunado. Pero la buena suerte no necesariamente consiste en tener un comienzo fácil en la vida.

Mis padres dormían en habitaciones separadas y jamás se hablaban. Me pareció que eso era normal.

Cuando era muy pequeño, mis hermanos eran mis héroes. Luego se metieron en las drogas y el crimen, a causa de ello me sentía desolado y atemorizado. Los vendedores de droga venían a la casa a exigir su dinero. Recuerdo cuando Big Bob, un matón local, nos hizo una visita. Espiando desde la ventana de mi recámara, podía verlos a él y a mi hermano Jim en el jardín frontal. Big Bob tenía el mango de un hacha en la mano y de pronto lo dejó caer con toda su fuerza en la cabeza de Jim. Jim quedó tendido en un charco de sangre.

La policía también solía visitarnos con frecuencia, por lo regular para arrestar a alguno de mis hermanos. Jim y Don entraban y salían de la cárcel por robo y tráfico. Me avergonzaba cuando alguno de ellos salía en la televisión por sus fechorías; también me avergonzaba pasar mi infancia visitando cárceles.

Cuando llegué a los 15 años, mi madre se había dado por vencida en la vida. Se quedaba en la cama por semanas. Me dijo: “Ya tienes edad suficiente para cuidarte solo.” Hice lo mejor que pude para cuidarla. También hice lo mejor que pude para cuidar a mi papá, que para esa época tenía ya un tumor cerebral. Papá insistía en que la educación era una pérdida de tiempo, pero yo seguí estudiando. Me mantenía trabajando en un restaurante de comida asiática como ayudante de cocinero y repartidor.

Las metas de mi vida estaban basadas en lo que mi familia no era. Yo quería:

·         Ser más feliz que mis padres;

·         Ser más sano que mis hermanos;

·         Convertirme en esposo devoto y padre amoroso; y

·         Quería ir a la universidad en lugar de ir a la cárcel.

Hubiera sido más fácil para mí darme por vencido y culparlos, pero los costos hubieran sido demasiado altos. Tengo una filosofía simple que me ha ayudado a salir adelante: Si lo que haces no está funcionando, trata con algo distinto. Nunca estás derrotado hasta que te das por vencido.

Recuerdo la ceremonia de graduación cuando recibí mi título en química: estaba tan orgulloso; ¡juraría que mis pies apenas tocaban el suelo! Hoy soy químico industrial. Tengo una esposa maravillosa, dedicada a nuestras dos hijas increíbles, saludables, una tiene 7 años y la otra está a punto de cumplir 11. Somos una familia unida.

A pesar de que puedo afirmar que he vivido mi vida bien, siempre tuve resentimiento con mi padre por su desinterés y con mis hermanos por ser idiotas. Así que, en 2008, decidí llevar a cabo una ceremonia en su honor. Mi esposa e hijas, mis suegros y yo fuimos a sus tumbas y les hablamos de todas las cosas buenas que ellos tres habían tenido o sido en la vida. Le dije a mi familia cuanto quería a mi padre y hermanos y por qué los amaba. Lloré como nunca había llorado antes. Fue una gran liberación dejar salir todo ese resentimiento. Un gran peso había caído de mis hombros y de mi corazón. Salí de ahí sintiéndome limpio y mucho, mucho más feliz.

Cada día me siento muy agradecido por lo que tengo.

 

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