Del libro: “No te compliques” de Mario Guerra
Mantén tu postura
Toda persona debe aprender que lo que dices lo haces y lo sostienes. Ya dije que los límites no son para cambiar la conducta de otro, sino para crear un ambiente seguro para ti. El otro es probable que insista, pero tú persistirás. ¿Para qué sirve que no le contestes el teléfono a una persona que te ha llamado 999 veces, si a la número mil respondes? Para enseñarle al otro que ahora mil llamadas es lo mínimo necesario para hablar contigo. Si la siguiente vez no respondes a la llamada mil, prepárate para otras mil o dos mil. Sabe que por agotamiento responderás, al menos hasta que dejes de responder.
Dependiendo de la cercanía afectiva de la persona, puedes
ser más o menos tajante en tus límites y saber las consecuencias de romperlos.
Por ejemplo, si es una persona cercana podrías lanzar algunas señales de advertencia
del tipo:
·
1ra. Advertencia: “Te voy a pedir que por
favor no me marque después de las 10 de la noche.”
·
2da. Advertencia: “Te pedí por favor que
no me marcaras después de las 10; si lo vuelves a hacer voy a bloquear tu número
después de esa hora y hasta la mañana siguiente”, (deberás bloquear el número
como advertiste).
·
3ra. Y última advertencia: “Te pedí que
no me marcaras luego de las 10, lo hiciste y decidí bloquear tu número como te
dije. Aun así, me llamaste a mi casa. Eso es inaceptable. Ya no quiero que me
vuelvas a llamar o a buscar por ningún medio luego de esa hora. Si lo haces,
voy a tener que distanciarme de ti por un largo tiempo (o de manera
permanente).”
·
Si aún hay una nueva trasgresión, deberás
cumplir cabalmente lo dicho.
Si la persona no es tan cercana, puedes ser más tajante una
vez establecidos claramente tus límites iniciales. Si tomamos el ejemplo
anterior podríamos toparnos con un diálogo así entre dos compañeros de trabajo.
—¿Qué pasó, querida Estelita? Te marqué anoche y no me
contestaste.
—Ah sí, es que después de las 10 no tomo llamadas.
—¿Y qué tal si era una urgencia?
—Mi familia sabe como contactarme en casos así.
—¿Y por qué
no tomas llamadas? ¿Qué, te duermes muy temprano?
—No tomo llamadas después de las 10.
—Mmmmm… que rara eres Estelita
—¿Te parece?
En este caso el compañero de Estelita llamó porque no
conocía los límites de ella en esto de las llamadas, pero ahora ya le fueron
transmitidos de manera clara. Por cierto ¿qué le importa a este sujeto por qué
ella no contesta llamadas después de las 10? Ella hizo bien en responder como
lo hizo. ¿Te pareció grosera o ruda Estelita hasta aquí? Te hace falta poner
más límites en tu vida. Veamos qué pasó al otro día:
—Estelita, te estuve llamando anoche.
—Ya sé. Pero ya te dije ayer que no tomo llamadas después de
las 10.
—Ay se me pasó eso. ¿Pero qué te cuesta contestarme?
-No tomo llamadas después de las 10 y si me vuelves a llamar
después de esa hora voy a bloquear tu número.
—Cómo que vas a bloquear mi número? ¿Ahora qué te hice?
—No respetar lo que lo te dije.
—Ya cásate Estelita, tan jovencita y ya estás bien amargada.
—Te voy a pedir que no me hables así, ni me digas lo que
tengo que hacer con mi vida.
—Uy tú. Que delicada.
—Mira Rubén. No te he dado la confianza necesaria para que
me hables así. Como veo que insistes, prefiero entonces ya no hablar contigo
más allá de temas de trabajo.
¿Y si Rubén vuelve a insistir? Estelita debe mantenerse en
no hablar con él de temas que no sean laborales. No deberá responder ninguna de
sus agresiones o comentarios de manera verbal o no verbal. No tendría
necesariamente que llegar a denunciarlo por acoso laboral, a menos que no
desista en esta conducta. Ha sido advertido con claridad. Nadie puede darse
permiso para traspasar tus límites.
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