jueves, 8 de octubre de 2026

Del libro: “Inquebrantables” de Daniel Habif - Educación

 

Del libro: “Inquebrantables” de Daniel Habif

 


 La preparación no debe confundirse con la educación en el sentido estricto de la palabra. Aunque terminar tu carrera, realizar cursos e iniciar estudios avanzados constituyen un pilar en tu proceso de crecimiento, resultan insuficientes para llevarnos al punto que deseamos: necesario, sí, pero insuficiente.

Aunque requiere un enorme esfuerzo conseguir un título universitario, aún es más fácil encontrar diplomas colgados en las paredes que educación en los cerebros. Nos convencieron de que los títulos, las maestrías y los doctorados eran garantía de capacitación para la vida. Es importante tener conocimientos; no hay duda de que estar preparado es un activo invaluable, pero creer que un título es suficiente para conducirnos a la prosperidad es un despropósito.

 

La destreza no se adquiere con la teoría, eso sería como quitarte el hambre aprendiéndote el menú de un restaurante.

 

Los hábitos, las actitudes, la manera de enfrentar los conflictos, la disposición a ayudar a otros, la autoestima, la resiliencia, la riqueza espiritual y el amor son ejes fundamentales sin los cuales un título no es más que una hoja de papel. Es esta combinación de elementos la que nos permite convertirnos en inquebrantables.

Todos los días nos encontramos con sabios sin estudios y maleducados con doctorado. Hay personas que aprendieron a diseñar un puente, pero no saben ni dar los “buenos días”, otros que descifran los enigmas de la bolsa de valores, pero no el valor de un “gracias” y un “por favor”. Dice más de tu educación cómo tratas a un mesero que cada uno de tus títulos y cursos juntos; habla más de tu abundancia cuánto dejas de propina por un buen servicio que el color de tu tarjeta de crédito.

Los grados dicen mucho, pero hacen poco. Cada uno de nosotros, desde su trinchera, debe empujar por un cambio en el sistema educacional de sus países para que los programas de estudio incluyan, junto al grado, educación. Nuestros institutos y universidades despachan productos incompletos; jefes que no son líderes, maestros que no son mentores, profesionales que no son emprendedores, estudiantes que no son estudiosos y licenciados que no se dan licencia para soñar.

La educación integral debería ser la roca sobre la que se cimenta una nación satisfecha, próspera y trascendente. Por supuesto que la teoría es fundamental para el desarrollo técnico y económico, pero debe ser integral si además deseamos un progreso humano, mental y espiritual —que no debemos confundir con religioso–. Aún educamos a nuestros jóvenes para un mundo que dejó de existir hace muchos años ya.

Tenemos un sistema educacional que ofrece las herramientas de ayer para construir las entidades de mañana. El conocimiento no es entendimiento, recitar libros letra por letra es sinónimo de buena memoria no de inteligencia, no de astucia ni destreza.

A nuestros estudiantes les enseñan a sobresalir en matemáticas y a reprobar en ansiedad. Ninguno de nuestros países dedica cursos completos a desarrollar la inteligencia emocional, el pensamiento crítico, la resiliencia, el abordaje de conflictos, la expresión corporal, ni el discernimiento en sus planes integrales.

 

Los adultos se quejan de los millennials, pero ellos fueron sus líderes.

 

Si los sistemas educativos no dan el paso, nos corresponde a nosotros avanzar. Los inquebrantables deben ser ejemplo de formación personal e incentivadores de todas las dimensiones de la formación humana. He allí una acción de liderazgo.

Necesitamos un país, un gobierno, una escuela, una compañía que no solo nos digan cuánto valemos, sino que nos lo demuestren con una enseñanza que nos valore. Puedo decir mil veces cuánto vales, pero si tú no haces nada con ese valor, no habré aportado nada.

De nada sirve dominar la teoría si no tienes la capacidad emocional para sostenerla. Si nuestros países invirtieran en el fomento de actitudes y aptitudes esenciales para la vida, nuestro continente sería la vanguardia del planeta. Si tuviésemos la convicción de legislar para promover la educación cívica, la autoestima, la sistematización de los procesos de innovación, el enfoque, la visión, la disciplina, la organización y el orden. ¡qué lejos estaríamos de esto en lo que hemos devenido!

Hoy en día la ignorancia es una opción. Tú defines y decides qué tanto sabes, aprendes y haces. Estamos ante el mejor momento de los últimos 500 años de la humanidad en cuanto a acceso a la información se refiere. Miremos hacia el futuro con expectativa y decidamos usar todo nuestro potencial.

La educación emocional y espiritual, combinada con la educación profesional, es la única manera de acabar con la corrupción, la delincuencia, la pobreza, la falta de alternativas, así como otros severos problemas de fondo. El verdadero éxito para mí es conseguir que las personas mueran cumpliendo su propósito. El exitoso vive en conflicto, soporta el rechazo y la burla, está dispuesto a perderlo todo por cumplir eso que hoy le hierve en la sangre.

 

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