Del libro “No te compliques” de Mario Guerra
6 pasos para poner límites
1.-
Identifica primero tus límites
a) Piensa en
las cosas que más te molestan que la gente haga contigo. Por ejemplo: críticas,
comentarios acerca de tu apariencia o peso, incumplimientos de promesas o
acuerdos, tomar cosas de tu propiedad sin permiso, fumar en tu casa cuando tú
no lo permites, hurgar en tu celular o correo electrónico, burlas, gritos,
insultos, amenazas, chantajes, abusos de confianza, préstamos nunca pagados,
aprovecharse de tu disposición, llegar tarde, etcétera.
b) Estos son
tus límites personales; identifica cuáles pueden ser más flexibles o
negociables y cuáles definitivamente no estás dispuesto a permitir a nadie.
Clasifícalos entonces en “Negociables” y “No negociables”.
c) Esta lista
será para ti una especie de mapa de ruta para tus relaciones y puedes
modificarlo según lo necesites.
2.- Ponte
atento a tus alarmas internas.
a) Sabiendo qué
estás dispuesto a permitir y qué no, bajo ninguna circunstancia, es hora de
interactuar con el mundo. Imagina que tu mente es como una computadora a la que
alimentaste con los datos del paso anterior y ahora tiene una alarma que
suena cuando detecta que alguien traspasa los límites de tu lista.
b) Esa “alarma”
no es otra cosa que tu voz interior, la que por cierto ya en el pasado te
advirtió sobre estas trasgresiones, pero que no has reconocido. En términos de
sentimientos, esa alarma puede venir bajo la forma de un sentimiento de enojo,
vergüenza o desacuerdo profundo cuando alguien hace alguna de esas cosas.
Imagina que esa alarma te indica que hay un “intruso” no autorizado dentro de
los límites de tu mundo personal. Es una gran luz roja que se enciende y dice NO.
3.-
Expresa con claridad tus límites.
a) Cuando tu
sistema de reconocimiento interno de límites haga sonar esa alarma, es hora de
activar tu voz para indicar al intruso que traspasó los límites permitidos para
él. Dile con claridad, sin titubeos, con una voz calmada y firme lo que
está sucediendo.
b) Por ejemplo
puedes decir algo como:
* “Por favor, te
pido que no tomes mi ropa sin que yo te la haya prestado.”
* “No me
gusta que me digas gorda; te pido que dejes de hacerlo.”
* “Cuando te
preste mi computadora te voy a pedir que no le instales ningún programa
sin que yo te haya autorizado a hacerlo.”
c) Cuando
expreses tus límites evita que tu tono de voz suene a broma. Incluso mira y
habla con la persona de una manera más firme de lo habitual. Recuerda, no
hay necesidad de levantar la voz o ser agresivos de ninguna manera.
4.-
Mantente en equilibrio ante las reacciones del otro
a) Como ya
vimos en este capítulo, la persona no acostumbrada a respetar límites puede no
recibir de buena manera que se los pongas. Puede reaccionar de manera hostil,
burlona o sarcástica, presionarte con chantajes, acusaciones de tu falta de
solidaridad o hasta amenazarte con no volver a hablarte. Son reacciones
comprensibles en una persona así pero, aunque eso lo explique, no la justifica.
b) Conviene que
te mantengas firme una vez establecidos tus límites. No esperes que el otro
esté de acuerdo con tus necesidades. A lo que puedes aspirar es a que las
respete.
c) Evita
también que tus emociones se desborden y empieces a gritar, manotear o insultar
al otro. Eso ya no es poner límites sanos y empezarás una guerra de
agresiones. Trata de mostrarte firme ante los desbordes del otro. Si
haces esto ¡sus emociones pueden mojar tus pies, pero jamás te ahogarán!
d) Finalmente,
lo que decida hacer esa persona ante tus límites es su decisión. Para ti lo
importante es que respete lo que le pediste. Es lamentable si decide no
hablarte, por ejemplo, pero recuerda que es su decisión y tu tienes
el derecho de poner los límites que te convengan. Eso sí, nunca permitas
que, como resultado de tu claridad, el otro te lastime o quiera dañarte física,
emocional o psicológicamente. Si su agresión es desmedida o inaceptable, pon
distancia de inmediato.
5.-
Reconoce y acepta tus sentimientos.
a) Es posible que si no estás
habituado a poner límites sientas que eres muy duro o experimentes un
sentimiento de culpa. Es normal. Quien ha sido “blando”, al ponerse firme
siente como si fuera muy áspero.
b) No alimentes ni bloquees lo
que sientes. Obsérvalo como parte del proceso de cambio que realizas. Es
desagradable por el momento y a veces es inevitable lamentarlo por un tiempo,
pero no será un sentimiento permanente en tanto no lo hagas crecer.
c) Piensa que las decisiones y límites
que impones hoy serán en beneficio del Tú del futuro. Imagina a ese Tú
viviendo una vida más libre, con mayor respeto y sin abusos gracias a lo
que hoy haces. Deja que un sentimiento de gratitud que fluye desde ese Tú del
futuro llegue hacia ti.
6.-
Devuelve el valor a tu palabra.
a) La clave final es la persistencia.
Mantente en la ruta de la claridad y la firmeza cálida. Recuerda que no agredes
a nadie, sólo proteges tu mundo interior.
b) Busca ser consistente;
si no permites algo hoy, evita permitirlo mañana para luego volver a limitarlo
pasado mañana. Evita también cambiar tus límites de acuerdo con tu
estado de ánimo del momento. Eso te confunde a ti y confunde a otros.
* Si por alguna razón decides
cambiar de opinión respecto al limite que has impuesto, hazlo en el futuro y no
al ponerlo. Deja claro que lo has modificado porque así lo decidiste y no como
producto de la culpa o el arrepentimiento. Si vas a modificar tus límites no lo
hagas con frecuencia y hazlo saber con claridad.
c) Ante una transgresión, se
trata de que hagas lo que dijiste como consecuencia de esa violación a tus límites.
Por eso es importante que esas consecuencias sean alcanzables y
no fantasiosas. Por ejemplo, si dices algo como “Si me vuelves a marcar nunca
más te voy a contestar el teléfono”, deberás cumplir lo dicho, de otra manera
el transgresor sabrá que tus palabras realmente no tienen consecuencias
duraderas y menos te respetará.

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