jueves, 27 de enero de 2022

Del Libro “Las 3 Promesas” de David J. Pollay - Formula del éxito

 

Del Libro “Las 3 Promesas”  de  David J. Pollay

 

1)       Disfruta cada día

2)       Haz lo que amas

3)       Da a los demás

 

La fórmula del éxito en la Gran Depresión

 




Cuando yo era niño, mi abuelo Bumpa Pollay vivía con nosotros.  A menudo nos contaba historias.  Una iba sobre la creación del negocio familiar.  Nos decía con orgullo que fundó la empresa junto con sus dos hermanos en 1937, en pleno apogeo de la Gran Depresión estadounidense.  Y les salió bien.  ¿Por qué?  Bumpa decía que el motivo fue que se concentraron en lo que podían controlar, no en el estado calamitoso de la economía.

La fórmula de su éxito consistió en ofrecer un producto de calidad, encontrar un territorio en el país que lo necesitara, contratar vendedores motivados que lo representasen, elaborar una oferta que los clientes valorasen, y después llamar a todas las puertas posibles para venderlo.  Su convicción era que las oportunidades están siempre disponibles, incluso si el resto del mundo parecer creer que no hay ninguna.

Así pues, ¿cuáles son tus creencias en relación con tu entorno económico? ¿Crees que aún existen buenas oportunidades para los negocios? ¿Piensas que hay personas que siguen triunfando? Si eres de la opinión de que las oportunidades están ahí y que hay personas que las siguen encontrando, ¿qué te está impidiendo creer que tú también tendrás éxito?

 A pesar de las circunstancias

Nuestra empresa familiar prosperó a lo largo de sesenta y un años.  Sobrevivió a la Gran Depresión, a cuatro guerras, a las recesiones, a los cambios tecnológicos y a la llegada de las grandes superficies comerciales.

Bumpa, y mi padre después de él, tenían todas las excusas que habrían podido acabar con una empresa dotada de menos determinación, excusas como estas: la gente no tiene dinero (durante la Depresión), no hay trabajadores disponibles, los materiales están relacionados o no están al alcance (durante la Segunda Guerra Mundial), los clientes no están gastando (durante las recesiones), la competencia es abrumadora (a causa de las grandes superficies), etcétera.  La creencia de Bumpa – y la de mi padre,  cuando compró la empresa – era que mientras otras personas están quejándose y culpando a los imponderables, él y su equipo tenían una oportunidad de seguir vendiendo.  No se dejó distraer ni desalentar por aquello que no podía controlar.

Nuestro reto es no permitir que cuestiones tales como la competencia, los clientes difíciles, la falta de apoyo, el excesivo papeleo, los productos complejos, los ciclos largos de las ventas, los elevados índices de ventas necesarias y una economía deprimida nos convenzan de que no podemos triunfar.  Si bien es natural sentir preocupación, incluso miedo, al afrontar estos desafíos, no podemos permitir que los factores que están más allá de lo que somos capaces de controlar determinen nuestro éxito.  Lo fácil es ceder y empezar a creer que es imposible triunfar en un entorno económico difícil.

Lo mejor que podemos hacer es sumergirnos cada día en un estado de alegría, creatividad, curiosidad, apertura de mente, gratitud y optimismo.

Esto nos ayudará a formar mejores relaciones con nuestros clientes y compañeros, y nos permitirá ver cómo podemos sacar el máximo partido de los productos, servicios y sistemas de apoyo de nuestra empresa para satisfacer las necesidades de nuestros clientes.

William James, el padre la psicología moderna, dijo:

El mundo que vemos, que parece tan demente, es el resultado de un sistema de creencias que no está funcionando.  Para percibir el mundo de un modo diferente debemos estar dispuestos a cambiar nuestro sistema de creencias, dejar que el pasado se vaya, incrementar nuestra conciencia del ahora y disolver el miedo que se encuentra en nuestras mentes.

Cuando leas las noticias cada mañana, y cuando la gente manifieste opiniones, acuérdate de seguir el consejo de Bumpa:

·         Confía en que siempre hay oportunidades.

·         Búscalas y profundiza en ellas.

Tu deseo de hacer lo que amas hacer es demasiado importante para que te detengas porque las cosas parezcan difíciles.

Acciones

 

¿Ves obstáculos en el camino del cumplimiento de tus sueños? ¿Cuáles son? Escríbelos en una lista y después traza un plan para superarlos.  Cuando persigues tu pasión, siempre existe una manera de sortear las dificultades del camino.

 

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Del libro “¡Supéralo! Te adaptas, te amargas o te vas” de César Lozano - Niveles de Felicidad

 

Del libro “¡Supéralo!  Te adaptas, te amargas o te vas”  de  César Lozano

 



Martín Seligman explica magistralmente los cinco niveles o escalones de la felicidad:

 

Primer nivel:  cuando tengo emociones positivas, una vida placentera, hago cosas que me emocionan, busco una compañía agradable, una ducha caliente o un hobby que me alegra y motiva.

Ese primer nivel de felicidad podría considerarse temporal, pero es necesario y puede confundirnos en relación con la verdadera felicidad.

 

Segundo nivel:  cuando tengo un compromiso con la vida.  No sólo disfruto los placeres de la vida, sino que incorporo actividades que me dan satisfacción interior, basándome no sólo en circunstancias externas, como en el primer nivel.  Agrego actividades que le dan luz a mi vida, como practicar meditación, yoga, tocar un instrumento musical o enseñar algo a quienes quieren aprender.

 

Tercer Nivel: cuando tengo relaciones positivas con los demás.  Procuro adaptarme a la gente con la que me rodeo.  Busco y encuentro cualidades para lidiar con gente difícil.  Recuerdo que no hay gente perfecta y, por lo tanto, aprendo y aplico destrezas o actitudes que me ayuden a fortalecer mis relaciones con los demás.

 

Cuarto nivel: mi vida tiene un significado.  Hago algo que me dé un nivel de trascendencia.  Reconozco que mi trabajo no tiene por qué ser monótono ni aburrido pues sé que de alguna forma influyo en la vida de los demás.

Ahora podemos entender a personajes que cambiaron para bien el rumbo de la historia, como Nelson Mandela, político y activista  sudafricano.  Estudió derecho y se involucró en la política anticolonialista. Fue sentenciado a prisión perpetua en 1962 y estuvo encarcelado ¡27 años! Por sus acciones contra el racismo, la desigualdad social y la pobreza.  Campañas internacionales abogaron por él y fue liberado en 1990

Después de eso, fue el primer presidente de raza negra de su país, de 1994 a 1999.

Luego de muchos logros que favorecieron a los pobres de su país y a la sociedad en general, tras retirarse se dedicó a obras de caridad y al combate de la pandemia del sida a través de la Fundación Mandela.

Fue un hombre que nunca perdió la sonrisa a pesar de las terribles adversidades.  Tenía un compromiso con la vida y fue feliz hasta su muerte a los 95 años.

 

Quinto Nivel: mi nivel de éxito y sentido de logro en lo que me desarrollo.  Me siento competente en la actividad que realizo y siento plenitud por alcanzar mis metas.  Sin duda, tener una vida con propósito hace que todo tenga sentido.

Tristemente, más de 80% de la gente que trabaja lo hace en algo que no le agrada; les gustaría hacer otra cosa pero las oportunidades laborales que se les presentaron fueron de otra índole.  Un gran porcentaje de egresados de universidades se da cuenta de que lo que estudió por tantos años no era lo que realmente deseaba.

Tener un propósito en la vida hace que nuestro nivel de felicidad se incremente y, por lo tanto, al paso del tiempo podemos afirmar que hicimos lo que realmente quisimos.

 

Buen momento para preguntarnos:  ¿Qué actividades me producen gran satisfacción y alegría? ¿Qué es lo que realmente me gusta hacer y cuando lo hago pierdo el sentido del tiempo?  ¿Para qué soy bueno? ¡Fuera humildad!  Acepta y reconoce para qué eres bueno, tú lo detectas y los demás lo afirman.

En el supuesto que mi situación económica esté resuelta y quisiera hacer algo de provecho, ¿qué actividad estaría dispuesto a hacer aunque no me pagaran?

 

Contestar las preguntas anteriores puede orientarte a lo que son los verdaderos propósitos en tu vida.

 

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sábado, 15 de enero de 2022

Del libro “¡Supéralo! Te adaptas, te amargas o te vas” de César Lozano - Ser Feliz

 

Del libro “¡Supéralo!  Te adaptas, te amargas o te vas”  de  César Lozano

 

Tu tarea de hoy:  ser feliz

 


No entiendo el afán de muchas personas en saber la edad de quienes tratan o conocen.  Tal vez esa curiosidad se deba a la gran cantidad de productos y procedimientos que existen en la actualidad buscando el  forever young  (jóvenes por siempre)

A mi frecuentemente me preguntan mi edad, no sé si porque me veo mayor respecto a la edad que tengo o porque luzco menor.  Ante la pregunta me regalo el derecho de la duda y por autoestima me convenzo de lo segundo: ¡Sin duda cada día me veo mejor!

En una de las tantas ocasiones que me preguntaron mi edad, como siempre que decido responder, les dije los años que tengo, luego me quedé pensando si son los años que tengo verdaderamente.  No dudo de mi fecha de nacimiento, dudo de los años que verdaderamente tengo o que creo que me quedan.

Los años que tengo son los que precisamente tengo para vivir, no los ya vividos.

Me cuestioné muy fuerte los años que probablemente me queden.  Los que por promedio de vida, existe la posibilidad que tenga más si cuido mi salud, si hago ejercicio o procuro controlar las emociones negativas.

Según el pronóstico de vida (al momento de escribir el libro), los hombres viven aproximadamente 76 años, las mujeres 78.  Es sólo un pronóstico y, como sabes, hay quienes se ven y se sienten viejos a los 60 y quienes sienten que están en su mejor momento a los 70.

La cuestión es, ¿Cuántos años crees que vivirás de manera activa con el estilo de vida que llevas? No es mi afán desmotivarte, ¡al contrario! Deseo que tengas una vida larga y saludable, pero estoy seguro de que pensar en esto puede ayudarte a tomar mejores decisiones.

Dejar la felicidad para después es un hábito lamentable. “Algún día será muy feliz… Te aseguro que cuando me gradúe, cuando tenga novia, cuando me case, cuando compremos casa propia, cuando tenga un bebé, cuando tenga otro, cuando se gradúen, cuando se case, cuando me divorcie, cuando encuentre ahora si el amor verdadero, cuando lleguen los nietos, ¡cuando se lleven a los nietos!, cuando se casen los nietos… algún día voy a ser muy feliz.  Te lo aseguro.”

Y esa felicidad la vamos postergando para cuando las condiciones sean las mejores, pero como bien sabes, se arreglan las condiciones y vienen otras adversidades, y luego otras, y otras, y muchas otras, y esa felicidad se va guardando para después, pero el después, tristemente, ¡nunca llega para muchos!

Y no sólo eso, pospones la felicidad y de pronto, ¡sopas!, llegan las enfermedades por estrés, mala alimentación y mil cosas más.  Al respecto te comparto las palabras del doctor Joseph Mercola,  autor del maravilloso libro Sana sin esfuerzo, en el que afirma:  “Tu salud y bienestar juegan un papel importante en tu felicidad.  Después de todo, es difícil sentirse eufórico si no estás bien físicamente.  En cambio, una buena salud mental puede reforzar tu salud física. Mientras intentas formular con claridad tus metas de salud, asegúrate de fijar metas que promueven tu felicidad a largo plazo.  En lugar de que tu objetivo sea seguir algún consejo al pie de la letra, elige  metas que te permitan vivir con más alegría y sin esfuerzo.”  ¿Así o más claro?  Sin duda, una recomendación feliz y contundente.

 

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Del Libro “El contador de historias” del Dr. Camilo Cruz - El león y la gacela

 

Del Libro “El contador de historias” del Dr. Camilo Cruz

 

El león y la gacela

 



Cada mañana en África una gacela se despierta.  Ella sabe que debe correr más rápido que el león más veloz o morirá bajo sus garras.

Cada mañana en África un león se despierta.  Él sabe que debe correr más rápido que la gacela más lenta o morirá de hambre.

No importa si eres un león un una gacela…  Cuando amanezca, ¡más vale que estés corriendo!

 

Una narración corta, pero de esas que gana por un knockout porque el mensaje que comunica no tiene más que una sola interpretación:  ¡Muévete! ¡Haz algo! ¡Haz lo que sea… pero hazlo ya!  No mañana, ni el mes entrante, ni el año que viene.  ¡Ya!

Esta historia me apasiona porque, tristemente, más metas se han quedado en el papel y más sueños han muerto como resultado de la falta de acción que por cualquier otro motivo.  De modo que siempre la cuento como abrebocas  a uno de los temas más espinosos de tratar, que es:  ¿qué detiene a las personas de actuar?

Parece haber un sinnúmero de respuestas a esta pregunta:  no se sienten totalmente preparadas, no creen contar con los recursos necesarios, consideran que no es el momento indicado, el miedo al fracaso las paraliza, no tienen claridad en cuanto a las metas que persiguen, sufren de pereza o perfeccionismo o han caído victimas de cualquiera de las miles de excusas disponibles para justificar su inactividad.

Sin duda, para muchos, sus explicaciones son legítimas.  Y no niego que es posible que haya algo de cierto en algunas de ellas.  Quizá sea por esto que me atrae de manera muy especial la historia de El león y la gacela.  Porque nos dice – sin rodeos, directo al pecho –: olvídate de todas tus razones.  No importa cuáles sean tus circunstancias, ni tus temores, ni tus dudas, no importa si eres león o gacela, si crees que eres la presa  o el cazador, no interesa si opinas que estás preparado o no, ni si juzgas que no es el mejor momento para empezar.  Lo único que importa es que, cuando amanezca, más vale que estés corriendo.

¿Te das cuenta del poder tan extraordinario de este breve relato?  Esa última frase (“Cuando amanezca, más vale que estés corriendo”), te desarma, te despoja de todas tus excusas y te reta a actuar a pesar de los temores e inseguridades que sientas.

Hay algo que observo con frecuencia en algunos de los participantes en mis talleres.  Después de tener claras las metas que quieren lograr; de examinar los diferentes aspectos del plan de acción; de fijar objetivos a corto, mediano y largo plazo; de fijar fechas específicas para el logro de cada objetivo, el siguiente paso es actuar.  En ese instante, lo único que queda por hacer es traducir todos estos planes y compromisos – que hasta ese momento solo son palabras – en acciones concretas.  Entonces, de repente, alguien levanta la mano, pide la palabra y dice algo como: “Estoy de acuerdo con todas las decisiones, pero considero que lo más prudente es esperar un par de días más” o “Me parece que nos estamos apresurando demasiado” o “Considero que deberíamos pensar todo esto un poco más antes de actuar”.

Por lo general, es ahí cuando comparto esta historia para mostrar que lo único que va a hacer realidad todas estas metas es la acción decidida.  Este brevísimo relato logra mucho más que un largo sermón, ya que nos advierte que, por cada gran sueño hecho realidad debido a la determinación y persistencia de un soñador, miles de sueños nunca llegaron a materializarse por la falta de acción.

Pero la historia nos permite ver algo mucho más profundo.  La razón por la cual tanto el león como la gacela actúan es porque lo que está en juego es su propia vida.  El fin con que se despiertan cada mañana estos dos animales es muy concreto: sobrevivir.  Por eso corren.  Saben que, de no ser así terminarán pagando su desidia con su propia vida.  Sin embargo, a la mayoría de nosotros, el hecho de no lograr una meta muy seguramente no le costará la vida.  Quizá sea por eso que no siempre sentimos la necesidad de actuar con urgencia. 

Debido a esto, uno de los pasos más importantes en todo plan de metas es determinar porqué de cada meta, la razón que hará que nos despertemos mañana dispuestos a correr tras nuestros objetivos sin importar que la carrera vaya a durar un día, una semana, un mes, un año o diez años.  Porque es claro que un sueño que no logremos convertir en una meta específica no es un buen sueño, que una meta sin un plan de acción concreto no es una buena meta, y que un plan que no nos exija actuar de manera inmediata no es un buen plan.  La palabra clave es acción.

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sábado, 18 de diciembre de 2021

REPELENTE o FRAGANCIA. Autora: Alicia Campos

Autora:  Alicia Campos Vera


¿REPELENTE o fragancia?

 




Por definición el adjetivo repelente significa que arroja con violencia algo hacia atrás.  En los insectos es un producto que los rechaza o ahuyenta. 

Ahora imagínense que algunas personas en vez de usar una grata fragancia, se rocían diariamente un REPELENTE que nos desagrada y por lo tanto, aunque quisiéramos estar cerca de ellas, preferimos alejarnos.

Hay varios tipos de repelentes, como el egoísmo, la prepotencia, la crítica, la presunción, el enojo, la negatividad, la depresión, la insensibilidad, la mentira, la terquedad, el chisme, la flojera, el pesimismo, la irresponsabilidad, el miedo, la soberbia, la envidia, la tristeza, y muchos más que por lo general alejan a las personas, y digo por lo general, porque en el caso de una persona con repelente de crítica, tal vez no aleje a otra persona con el mismo repelente sino que muy probablemente se busquen y acepten.

 La pegunta es, ¿Qué prefieres?, una persona con alguno de esos tipos de repelente, o a alguien con una fragancia como la empatía, la nobleza, la amabilidad, la bondad, el positivismo, la inteligencia, la creatividad, la confianza, la elocuencia, la fortaleza, la alegría, el amor, la humildad, la lealtad, el liderazgo, la paciencia, la perseverancia, la prudencia, el respeto, la tolerancia, la valentía, y muchas otras cosas que a veces hasta les envidiamos.

Yo recuerdo con mucho agrado a un Proveedor de una empresa en la que trabajé algunos años atrás, ya que él siempre llegaba saludando con  cortesía y respeto, y antes de empezar a hablar de negocios nos contaba varios chistes, imitando voces de gangosos, de españoles, o cualquier otro personaje, creando un ambiente sano y de alegre convivencia, por lo tanto siempre esperábamos sus visitas con mucho gusto, aparte de que en los negocios era muy servicial y nos daba un trato justo.  “Usaba una fragancia muy agradable todo el tiempo”

Por otro lado, conservo el recuerdo no muy grato de una persona de limpieza que cuando entraba a la oficina a realizar su trabajo, casi me hacía llorar con su expresión de tristeza, y aunque intenté acercarme a ella para alegrarle el día, no pude hacer que esbozara una sonrisa o de perdida una mueca, sus pláticas eran de pesares, rencores, y por supuesto de tristeza, así que al poco tiempo dejé de hablar con ella ya que usaba varios tipos de repelentes, y preferí conversar con quienes rieran junto conmigo,  compartieran sueños y proyectos, o por lo menos vieran la vida con optimismo a pesar de las situaciones difíciles .

Ahora bien, el ser humano por naturaleza busca la aceptación en círculos sociales, familiares y de trabajo, y algunas veces eso no sucede como uno quisiera.  En ese momento creo que debemos hacernos la pregunta obligada…. ¿Cuánto repelente me he puesto?

Todos usamos “repelente” como mecanismo de defensa, pero debe ser en dosis bajas.  Enojarse de vez en cuando, tener miedo algunas veces, estar triste por algún suceso desagradable, y hasta envidiar a alguien porque le queda mejor un color de ropa, podríamos decir que es normal, pero solo hay que tener mucho cuidado con la cantidad de “repelente” que usamos, y el tiempo que lo traemos puesto, lo mejor es asegurarnos de hacer una buena limpieza e inmediatamente rociarnos con una buena “fragancia” que elimine cualquier resto del “repelente”.

No olviden que algunas personas recordarán por siempre esa desagradable experiencia de haberse acercado a alguien con un fuerte y desagradable “repelente” como la soberbia, la prepotencia, la violencia o la mentira, y eso puede dejar una huella imborrable que tal vez los mantenga alejados por siempre, aun cuando se haya cambiado a una mejor “fragancia”.

Por otro lado, un ser humano que transmite paz, alegría, creatividad, positivismo y todas esas agradables “fragancias”, es como un  IMÁN que no solo atrae a las personas, sino a muchas cosas buenas como la salud y el éxito.  

En conclusión, deshazte de los “repelentes” y mantén a la mano “gratas fragancias” que puedas usar diariamente para vivir y convivir feliz.

 

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jueves, 9 de diciembre de 2021

Del Libro “El lado FÁCIL de la GENTE DIFÍCIL” de César Lozano - Programarme para lo mejor

 

Del Libro  “El lado  FÁCIL  de la  GENTE   DIFÍCIL”  de  César Lozano

 

Programarme para lo mejor


¿Alguna vez has estado en un restaurante de comida brasileña?  Quienes han ido a estos lugares recordarán que los meseros acuden a cada mesa ofreciendo diferentes cortes de carnes en espadas.  Son de ocho a diez visitar a tu mesa, no sin invitarte a que pases primero a la barra de ensaladas donde todo se antoja.

La tentación de comer ensalada, quesos y otras cosas más, es demasiada y la mayoría de la gente sucumbe ante esa tentación sirviéndose una porción grande.

Después, inician las visitas del mesero con los diferentes cortes y para el tercero o cuarto tiempo ya no quieres más.  Uno de mis acompañantes me dijo una vez:  “Y la mejor carne está siempre al final.”  Muchos no pueden llegar a ese final por estar llenos.

Mucho tiene que ver con la vida, ya que he constatado que muchas veces lo bueno viene después, pero hay que tener paciencia.

Tengo la costumbre de limpiar a fondo mi oficina y mi casa al finalizar cada año.  De tirar lo que no sirve, donar lo que no utilizo y pueda ayudar a alguien.  Tengo el hábito de analizar qué debo quitar de mi vida, retirar lo que me estorba sobre todo en mi propósito de ser feliz.

En China existe la tradición de sacudir el chen.  Sacudir el polvo o lo viejo.  Según esta creencia, para recibir las bendiciones del año venidero debes hacer una limpieza profunda.

Hay cosas que no sirven, las tenemos a la vista y ocupan un espacio que puede ser llenado por lo bueno y lo mejor.  También ocupan mucho espacio en mi mente pensamientos destructivos, tóxicos o negativos que lo único que hacen es amargar mi presente.

Hay personas en la vida de cada uno cuya presencia nos desmotiva y, sin embargo, las seguimos viendo por lástima, compasión, costumbre o miedo a la soledad.

Lo mismo le sucede a personas que en forma lastimera se expresan de lo inconformes que están en sus trabajos, de lo mal que los tratan o lo poco que se les valora y siguen ahí porque no tienen otra opción o por miedo al cambio.

Por supuesto, todos tenemos la capacidad de elegir qué debemos esperar de cada situación.  A veces, la paciencia es la mejor estrategia para disfrutar lo bueno.  Y esa misma paciencia se puede aplicar en circunstancias que nos afectan y no podemos hacer nada por modificarlas.

 

En cualquier situación tenemos dos opciones:

1)       1.- Amargarme y amargar con mi actitud a los que me rodean por la inconformidad que vivo.

2)      2.-  Adaptarme sin conformarme y recordar que lo bueno está por venir.

 

En esta segunda opción los seres humanos tenemos una increíble capacidad de adaptación a los cambios y el tiempo siempre será un excelente aliado.  Cuando digo adaptarme, sin conformarme, es encontrarle sentido a lo que me sucede.  Puedo aprender de la adversidad y tomar una actitud ante lo que me ocurre.

Me adapto, mas no me conformo a seguir con alguien que me hace sentir mal.  Expreso mi malestar y busco acuerdos, si no logro nada, termino la relación en la forma más pacífica posible.

Me adapto a mi trabajo actual, aunque no me guste, pero procuro no agregar una actitud pasiva, permisiva o negativa que complique las circunstancias y busco constantemente lo bueno o positivo que tengo.

Podemos adaptarnos a una enfermedad, mas no a conformarnos a la fatalidad que lleva consigo.

La gente inteligente fomenta la paciencia, la tolerancia y la prudencia.  Repito constantemente esas tres palabras cuando las cosas no salen como espero.  Después de la tempestad siempre viene la calma.  Lo bueno está por venir.

Y para quienes tenemos fe y esperanza, es bueno recordar que en los momentos críticos y por más difícil que sea la aflicción, lo bueno siempre estará por venir.

Recuerdo la historia de aquel náufrago que diariamente imploraba a Dios ser rescatado de una isla desierta.  Oraba con mucha fe, suplicaba al creador que un barco pasara y lo rescatara.  Después de muchos días en esas condiciones construyó con gran esfuerzo una pequeña choza para resguardarse de las inclemencias del tiempo.

Cierto día salió a buscar alimento y al regresar encontró su choza en llamas.  El hombre empezó a gritar de coraje contra Dios.  Lloraba y expresaba su resentimiento por todo ese infortunio y la manera en que Dios se burlaba de su sufrimiento después de tantas oraciones.

Se quedó dormido y al día siguiente lo despertó el sonido de un barco que se aproximaba a rescatarlo.  Su alegría fue inmensa.  Preguntó a uno de los miembros de la tripulación cómo era posible que lo hubieran encontrado “¿Qué cómo te encontramos? ¡Vimos tus señales de humo!”

Quienes tenemos fe sabemos que la paciencia, la tolerancia y la prudencia siempre rendirán frutos porque lo bueno y lo mejor siempre está por venir.


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viernes, 3 de diciembre de 2021

Del Libro “El lado FÁCIL de la GENTE DIFÍCIL” de César Lozano - A menos que tu lo permitas

 

Del Libro  “El lado  FÁCIL  de la  GENTE   DIFÍCIL”  de  César Lozano

 

 

Nadie puede hacerte la vida imposible,  A  MENOS QUE TU LO PERMITAS

 


En relaciones humanas nadie, absolutamente nadie, puede hacer que tu vida sea un suplicio, sólo si tú lo autorizas.

Así como cada día la vida nos otorga regalos invaluables como ver, oír, comer, amar, también nos ofrece innumerables obsequios que la gente prodiga, entre ellos palabras de afecto, agradecimiento o reconocimientos, merecidos o no. Se nos reconoce o se nos adula para hacernos sentir bien, ganarse nuestro afecto u obtener algún beneficio.

Pero también hay quienes nos ofenden con expresiones hirientes, merecidas o no, que muchos aceptamos sin reservarnos el derecho a rechazar tales expresiones despectivas.  Admiro a quienes literalmente se les resbala lo que no aceptan ni merecen y siguen su vida sin engancharse con palabras envenenadas que pueden desestabilizar a los más sensibles.

A cada momento habrá quienes te den este tipo de regalos y tú eres el único que decide darles importancia o ignorarlos.  Aceptarlo y responder de igual forma o simplemente dejarlos ahí, donde te los ofrecen.  Decir mentalmente “no acepto ese regalo, no es para mí, no merezco esta ofensa y simplemente dejo que se la lleve quien me la ofreció”.

No olvidaré jamás la templanza y seguridad que mostró un sacerdote durante una reunión social.  Entre los presentes había un hombre que, al saber que él era cura, empezó a manifestar el desprecio que sentía hacia la Iglesia católica, debido a ciertos acontecimientos negativos que involucraban a sacerdotes.  Ante más de 20 personas exclamó su malestar por la presencia del  religioso, la vergüenza que –según él-  debería sentir al portar una sotana, agregando ofensas contra su persona, inclusive por no elegir casarse y formar una familia, poniendo en duda su hombría.  El sacerdote, lo escuchó tranquilamente, tomando un refresco y comiendo un bocadillo; dejó que terminara la sarta de ofensas que al parecer guardaba desde hacía mucho tiempo aquel hombre contra la institución que el padre representaba.  Al finalizar, el cura lo vio fijamente y sonriente le dijo:  “Es tu opinión amigo.  La cual es muy respetable.  No te digo que la agradezco, pero tampoco la acepto.”  Y ya.

“Pero dígame, ¡¿qué tiene que decir?!”, insistió el hombre.

El sacerdote le contestó que no era el momento ni el lugar para dar su opinión y que con gusto lo recibiría – previa cita – en su parroquia para hablar al respecto.  La gente ahí reunida se encargó de reprobar con miradas y comentarios lo expresado por el hombre para dirigirse al sacerdote.  El padre siguió conviviendo, ¡como si nada hubiera ocurrido!  No aceptó sus ofensas ni mucho menos se las llevó.  Probablemente lo molestó – lo cual sería natural - pero no lo demostró.

La lección es clara:  no tienes por qué soportar las críticas; simplemente agradece con amabilidad y promete pensar en lo que te digan.  Es una decisión personal ante un determinado momento y no podemos dejar que las cargas emocionales de quienes nos rodean nos aplasten a su antojo.  Tú decides:  “¿Bailas al son que te toquen?”  Tú decides si aceptas y te dejas llevar por las emociones de quienes no están a favor de tus ideas o tu forma de ser.  Siempre tendrás el control si utilizas la calma cuando otros están ofuscados, y recuerdas que nadie puede hacerte la vida imposible a menos que tú lo autorices.


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