jueves, 19 de mayo de 2022

Quiero aprender a manejar! … Autora Alicia Campos.

 

 Autora:  Alicia Campos Vera


Quiero aprender a manejar! 

 


“!Quiero aprender a manejar!”…. Estas palabras hacen eco en la cabeza de cualquier padre cuando el muchacho o muchacha las pronuncia con emoción y determinación,  pues saben la gran responsabilidad que eso representa y se anticipan a los posibles riesgos.  Por lo general  ante ese temor las respuestas son, “hasta que cumplas la mayoría de edad”, “hasta que tengas para comprarte un auto tu solo”, o “hasta que tengas licencia de manejar”.   Pero ¿Qué pasa cuando ya cumple con todo eso, o cuando la necesidad obliga al muchacho (a) a conducir?    Hay que concientizarlos de la gran responsabilidad que eso representa, pues es común que los jóvenes crean que con Comprar el auto, sacar su licencia y tener para la gasolina es  más que suficiente y no es así.

Hay muchos puntos a considerar y aquí enlisto algunos de los más importantes.

1)     1)   Es recomendable que ellos paguen el valor del auto pues esto hará que lo cuiden más.  

2)      2)   Deben estar conscientes de que hay gastos secundarios como el Seguro de auto, Placas, tarjeta de circulación, Tenencia, Mantenimiento (llantas, batería, servicio, etc.), y posibles infracciones.

3)      3)  Lo ideal es que tomen clases de manejo pagadas por ellos mismos, en una escuela bien establecida.

4)      4)   Definitivamente deben obtener  su Licencia de conducir ante la institución correspondiente de gobierno y no pagar a falsos tramitadores. 

5)      5)  Al comprar el auto a terceros, es importante asegurarse del cambio de propietario y cumplir con todos los requisitos de ley.

6)      6)  Conducir NO es solo respetar los señalamientos y reglas de tránsito, es AGUDIZAR  LOS SENTIDOS para estar ALERTAS a objetos en el pavimento, a un frenar brusco del auto de enfrente, al cambio inesperado de carril por evadir un bache, a una pelota que por lo general viene seguida de un pequeño, al cruce inesperado de personas o animales, a los malos conductores, etc., etc., etc.

7)       7)  Es importante remarcarles que los lineamientos de transito tienen una razón de ser, por ejemplo, los límites de velocidad así como la distancia entre vehículos han sido cuidadosamente estudiados para dar tiempo a frenar, cambiar de carril, o maniobrar para evitar accidentes. 

8)       8)  Hay muchas cosas que no están escritas y se aprenden con la práctica, o que si están escritas pero no les ponemos atención y son muy importantes, como el estar atento para en cierta forma “adivinar” que va a hacer el de enfrente, como viene el de atrás, espejear y cuidar el punto ciego por si traemos un carro o motocicleta al lado, ceder el paso a las unidades con sirena, emplear las reglas de cortesía cuando los semáforos están apagados o se unen algunos carriles.

9)       9)  El muchacho debe estar consciente de las IMPLICACIONES  LEGALES que puede haber.  Es muy común que entre amigos se presten el automóvil sin considerar los riesgos en caso de que “el amigo” cometa algún delito o infracción, lo ideal es no prestarlo.  De igual forma hay que considerar otros puntos para no tener problemas con la ley, por ejemplo, dar de baja la unidad al venderla, conservar en lugar seguro la documentación de Compra – Venta, reportar de inmediato un robo, y siempre traer consigo licencia, tarjeta de circulación y seguro.

10   10)  Quiero poner especial énfasis en la RESPONSABILIDAD que se tiene de lo que ocurra a los acompañantes en caso de accidente, por lo tanto no solo deben conducir bien, sino asegurarse de que los pasajeros hagan la parte que les corresponde como lo es el uso del cinturón de seguridad, y el conductor está en todo su derecho de NO poner en marcha el auto hasta que todos cumplan con tal requisito.  Ahora bien, para quienes conducen Pick Ups, hay que recordarles que la parte trasera o zona de carga no es para transportar a personas, es muy común ver a conductores con  niños, jóvenes y adultos en la parte trasera del pick up donde no hay ningún tipo de seguridad, esto representa un alto riesgo ante un descontrol del volante o accidente, por lo tanto no es recomendable.

11  11)   Es importantísimo que eviten distractores tales como hablar con sus acompañantes de viaje mirándolos a la cara o por el retrovisor,  distraerse con aparadores, seguir con la mirada a chicas o chicos que transitan por calles y avenidas, ser mirón de accidentes y sobre todo no deben distraerse con el uso del celular.  Un buen conductor se enfoca en la carretera y se orilla cuando requiere atender algún asunto que lo pudiera distraer.

12  12)  Otro distractor que deben evitar es escuchar la radio a alto volumen, eso provoca que la mente se desconecte brevemente del acto de conducir por recordar la letra, cantar y hasta hacer movimientos con la cabeza, manos y brazos.  Además, no van a poder escuchar la sirena de alguna unidad de emergencia.

 

Hay muchas más cosas a considerar, pero esto es lo que se puede poner sobre la mesa al hablar con un muchacho (a)  que quiere empezar a conducir.

 

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Del Libro  “Comunícate Cautiva y Convence”   de Gaby Vargas

 

 

Habla del corazón

 



 1.-  Recuerda que hablar honestamente no significa hablar sin pensar.

2.-  Quítate de la cabeza la idea de que lo espontáneo es lo mejor.  No sólo está bien prepararnos para hablar, sino que es la única manera de hacerlo bien.

3.-  Piensa que no basta saber qué quieres decir, sino saber escoger las palabras adecuadas.

4.-  Algo muy importante es recordar que entre más sencilla y clara sea tu propuesta, la otra persona podrá captarla mejor.  Por esto, la preparación es básica para evitar caer en esos típicos laberintos mentales y verbales que sólo confunden a todos:  “Es que yo pensé que tu creías, “y entonces dije”,  “porque a mí me habían dicho, y entonces….”  ¡Qué  horror!  

5.-  Es importante recordar que, al comunicarnos, lo mejor es hablar con palabras que unan:  “Nosotros, nuestro”, y evitar las que dividen:  “Tú, yo, ustedes.”  Asimismo debemos procurar que la plática se centre en los beneficios que la otra persona tendrá.  Durante la conversación, evita a toda costa que se sienta que al final habrá un ganador y un perdedor.  Utiliza palabras agradables al oído como:  admiro, el mejor, progreso, orgullo, ingenioso, honor, esperanza, ejemplo, ática, contribuir.

6.-  Por otro lado, evita palabras que, con sólo escucharlas, desaniman:  absoluto, en contra, enojado, política de la compañía, desafortunadamente, trampa, desastre, aniquilado, retiro, obedecer, injusto.

7.-  También recuerda que en la comunicación ocupan un lugar muy importante tus gestos, tono de voz y lenguaje corporal.  Así que atrevámonos a quitarnos las máscaras, a relajarnos antes de hablar, a escuchar con compasión y, sobre todo, a abrir nuestra mente y nuestro corazón para enriquecer las relaciones al decir las cosas bien.    


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Del libro “¡Porque lo mando yo! 2” del Dr. John K.Rosemond. - Berrinches

Del libro   “¡Porque lo mando yo! 2” del Dr.  John K.Rosemond.  

 

BERRINCHES

 

 

Si el sentido común indica que la Vitamina N es esencial para el bienestar de nuestros niños, ¿por qué nos esforzamos tanto para proporcionarles no sólo más de lo que requieren en objetos materiales sino muchísimo más de lo podrán obtener como adultos? Es indudable que gran parte del problema tiene sus raíces en la idea de que “quiero que mis hijos tengan todo lo que a mí me faltó”.  Pero también tiene relación con que muchos padres quieren eludir las consecuencias de rehusarse a las exigencias de sus hijos.  Me refiero a berrinches de varios tipos, desde el nene de dos años que se tira pataleando al suelo y echando espuma por la boca, hasta el del adolescente de dieciséis años que sale, furioso, azotando la puerta y murmurando toda clase de cosas horribles.  Muchos padres se sienten intimidados y hasta muy asustados por las pataletas y ceden.  Muchos ceden antes de que el berrinche se desate en todo su esplendor.  Cuando se les pregunta por qué ceden, la mayoría responde:  “Porque es más fácil doblar las manos que enfrentarse a una tromba”.

Es cierto… pero a muy corto plazo.  Darse por vencido resuelve el problema inmediato cancelando gritos, patadas, portazos y malas razones.  Infortunadamente, entre más ceden los padres a los berrinches, hay más rabietas y cada vez de mayor intensidad.  Cada vez que los padres damos el brazo a torcer ante una pataleta, garantizamos la aparición de no menos de cincuenta más.  Si se permite que el niño elija entre una forma fácil y una difícil para obtener algo, siempre escogerá la forma sencilla.  Para el niño, trabajar y esperar por algo (para no mencionar la horrible posibilidad de no obtenerlo), siempre parece “difícil”.  Le parece mucho más simple acabar con la resistencia de sus padres mediante pataleos, gritos y maldiciones.  Lo que el pequeño ignora y lo que muchos padres no parecen comprender es que darse por vencido ante un berrinche bloquea el desarrollo de la iniciativa, la motivación, y los propios recursosCon todas esas armas de supervivencia, el niño está destinado a tener menos éxito y por lo tanto, a ser menos feliz como adulto.

Los sentimientos de culpa son otra razón por la que los padres ceden ante las pataletas.  Para los padres que piensan que su medida de éxito como tales es tener un hijo feliz, el berrinche demuestra:  “No están funcionando bien”.  Y parecen razonar de la forma siguiente: (a) Los buenos padres tienen niños felices, (b) Los berrinches son señales de desdicha, por lo tanto, (c) Si nuestro nene tira un berrinche, seguramente hicimos algo malo.  Pensar de esa manera no tiene sentido, pero es sumamente común.  Pensemos por ejemplo en el peque de cinco años que pide galletas media hora antes de comer.  Cuando mamita  dice “NO”, se abren las puertas del infierno:  el niño comienza patalear por toda la cocina y a manifestar cosas tales como “¡Nunca me dejas comer nada cuando tengo hambre!” En respuesta mamá razona que el berrinche es resultado de una mala decisión que puede resultar en que se sienta inseguro o poco amado o (¡Dios nos libre!) resentido.  De modo que le da las galletas sabiendo perfectamente que, como resultado, el peque no comerá su almuerzo.  Cuando comprueba que no come, mamita piensa que la experiencia hará que la próxima vez, el niño sea más razonable.  La que tiene mucho que aprender es… mamita. 

Es indiscutible que no hay chico que no haga berrinches.  Por una parte, los niños llegan al mundo carentes de tolerancia para la frustración.  Por otra parte, su punto de vista natural está centrado en sí mismo (es egocéntrico). Creen que merecen todo lo que se les ocurre desearParte de nuestra labor como padres es ayudarles a desmantelar lenta y suavemente su egocentrismo reemplazándolo con un sentido de responsabilidad social… por una buena disposición de hacer a un lado los intereses personales por el bien de la familia, la amistad y la sociedad.  Podría decirse que esta es una de las funciones más importantes de los padres, ya que es la esencia del proceso de socialización…  e incluye cierto grado de incomodidad para ambas partes.  La reacción normal del niño ante esa incomodidad, se llama pataleta.  Considerado desde esta perspectiva, el berrinche es la forma en que el pequeñito se deshace de su egocentrismo y madura para convertirse en una persona que comprende cómo funciona el mundo.  Por lo tanto,   ES ESENCIAL  que los padres aprendan a decir NO a sus niños, y que lo hagan con convicción.

El hecho de que los padres actuales no le ofrezcan a sus hijos suficiente vitamina N, no sólo debilita el carácter de los niños, sino que erosiona a toda la sociedad futura.  Por todas las razones anteriores, la próxima vez que le dé al crío su tiamina N y se azote en el suelo pataleando y maldiciendo, ¡considere que ha hecho usted un buen trabajo!

 

¡AQUÍ  ESTA  LA  RECETA!

 

Puede comenzar a administrar la vitamina N a sus hijos de la siguiente forma:

1)       Voltéeles el mundo al derecho dándoles todo lo que realmente necesitan, pero NO MAS DEL veinticinco por ciento de lo que simplemente desean.  A esto lo llamo  “El Principio de la Privación Benévola”.

2)      No haga por sus hijos lo que ellos pueden hacer por sí mismo.  “Eso puedes hacerlo tú”, empuja al desarrollo de la perseverancia y la autosuficiencia.  Y cuando el peque declara “No puedo”, no discuta con él, simplemente dígale “Pues yo no lo hago”.  Le sorprenderá cuán creativos y llenos de recursos son los pequeñitos ante las circunstancias adecuadas.

3)      No los rescate invariablemente del fracaso y/o la desilusión.  Recuerde que irse de bruces puede ser una experiencia invalorable para el aprendizaje.

4)      Tenga presente que el simple hecho de que al niño no le guste algo, no significa que no deba suceder o existir ese algo.  Por ejemplo, el hecho de que el nene no quiera quedarse con la nana, la tía o la abuela mientras ustedes salen, no significa que no deban dejarlo.  Que el niño madure exige que sus padres resistan la tentación de protegerlo constantemente de la incomodidad de tener que deshacerse de la dependencia.

5)      Que no les preocupe tratarlo con verdadera justicia.  Recuerden que el concepto que el niño tiene sobre la justicia es  “PRIMERO YO.  TODO YO.  ME TOCA LO MEJOR Y LO MAS GRANDE”.

6)      Recuerden que el hecho de que ustedes tengan una buna posición económica no significa que sus hijos sean sus socios.  La vitamina N les da a los chicos algo por qué luchar y las armas para obtener sus fines.

7)      No le den a los nenes sobredosis emocionales ofreciéndoles demasiada atención o alabanzas.  Si ustedes les prestan demasiada atención, ellos no tienen razones para prestarles atención a ustedes.

  

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Del libro “¡Porque lo mando yo! 2” del Dr. John K.Rosemond. - Casa a prueba de niños

 

Del libro   “¡Porque lo mando yo! 2” del Dr.  John K.Rosemond.  

Casa a prueba de niños

 



P.  Nuestra hija de dieciséis meses empezó recientemente a escalar y a tocar cosas que consideramos que deben estar fuera de su alcance.  Hemos tratado de evitarlo, dándole un ligero manazo cada vez que toma algo que nosotros no queremos que toque, pero eso no parece desviar sus intenciones y comúnmente la hace más decidida a hacerlo.  ¿Qué nos sugiere para solucionar estas travesuras?

R.  El camino más efectivo para lograrlo es disminuir las probabilidades de que haga travesuras, con la fórmula “a prueba de niños”.  Una casa a prueba de niños protege al niño del peligro y evita los destrozos, al mismo tiempo en que proporciona al niño un medio ambiente abierto y lleno de estímulos en el que pueda explorar plenamente.

Haga un inventario, cuarto por cuarto, de las cosas peligrosas o de valor que estén al alcance de su hija.  Coloque cerrojos “a prueba de niños” en los gabinetes de poca altura, asegure los contactos eléctricos, y ponga puertas en las escaleras, y cualquier otra cosa que la pueda fascinar.  Si hace un buen trabajo, podrá dejar que su hija “circule” por toda la casa con mucha menos supervisión de la que ha tenido hasta ahora.

Cuando su hija tenga cerca de dos años y medio, puede empezar lentamente a reorganizar su casa y regresarla a su estado anterior.  Regrese las cosas que considere de valor a su lugar pero una por una.  Al principio deje que su hija vea  y toque el objeto;  después póngalo en el lugar que le corresponde y hágale saber que no se trata de una cosa para jugar.  La discriminación entre “poder tocar” es fácil de lograr a esta edad, siempre y cuando los padres no introduzcan demasiadas cosas interesantes al mismo tiempo.

Un consejo para los padres de los niños que empiezan a hacer sus “pininos”, es que cuando éste tome algún objeto de valor como sería una pieza de cristal cortado no pongan cara de horror, griten “Dame eso”, ni corran con exceso de velocidad hacia el niño, con los brazos extendidos y las manos abiertas como garras.  El pánico conduce al pánico.  Con esta actitud, lo más seguro es que el niño tire la pieza y ésta se rompa.  En vez de reaccionar de ésta forma, controle su miedo, acérquese tranquilamente, y agáchese para que sus ojos queden al nivel de los del niño; sonría, extienda su mano con la palma hacia arriba y diga “¡Huy!, qué bonito ¿lo pondrías en mi mano para que yo también lo pueda ver?”

Si usted resultó ser buen actor, el niño sonreirá y pondrá el objeto en la palma de su mano.  Haga que su hijo perciba que esto no fue un truco.  Ponga la pieza en su regazo y examínenla juntos por un minuto y antes de ponerse de pie dígale:  “Voy a poner esto aquí para que los dos podamos verlo.  ¿Verdad que es muy bonito?” Este procedimiento satisface la curiosidad del niño, le ahorra dinero y ayuda a construir una relación (entre usted y el niño) de cooperación en vez de una relación antagonista.


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viernes, 15 de abril de 2022

Del libro “El contador de historias” del Dr. Camilo Cruz - Taza de té

 


Del libro “El contador de historias”  del  Dr.  Camilo Cruz

 


La taza de té


Esta es la historia de una reunión bastante inusual entre un académico, versado en el budismo zen, y un monje budista, maestro del centro más grande de la provincia de Yunnan en el sur de China, para quien el zen era el único estilo de vida que había conocido.

El académico estaba agotado después de veintiséis horas de vuelo, pero sabía que tenía que reponerse pronto; debía causar una buena primera impresión.  La universidad en la cual enseñaba lo había enviado para que ampliara sus conocimientos del budismo zen y otras doctrinas orientales.  Era importante que el maestro supiera que, pese a él ser occidental, el rigor de los estudios que había realizado lo ponían a la par en el conocimiento de esta filosofía con los grandes maestros de oriente.

Durante la reunión, el catedrático hizo lo que él consideró una profunda y completa exposición de las diferentes corrientes de zen en occidente, sus avances y retos más importantes. También realizó varias preguntas que había preparado con antelación teniendo cuidado de que no fueran a parecer incultas o, peor aún, demasiado ingenuas.  Debían sonar inteligentes y bien pensadas.

Las respuestas del maestro fueron breves, ya que la actitud del erudito parecía indicar que lo que en verdad buscaba no era una respuesta, sino una simple confirmación a lo que él ya sabía.  Aun así, la conversación transcurrió en una atmósfera de respeto y cordialidad.

“Permítame invitarle a una taza de té”, le dijo el monje en un breve momento de silencio.  El visitante agradeció el ofrecimiento.

El anfitrión dispuso las dos tazas y empezó a servir, espacio que el profesor aprovechó para compartir un par de ideas más que había olvidado durante su presentación.  El monje lo escuchaba con atención mientras continuaba vertiendo el té en la taza de su huésped; estaba impresionado por todo el conocimiento que el hombre había logrado almacenar en su mente.

La taza se llenó rápidamente, pero el maestro continuó hasta que el líquido se rebosó y comenzó a llenar el pequeño plato sobre el que esta reposaba.  Pronto, un pequeño hilo de té empezó a avanzar por la mesa.  El académico no sabía cómo llamar la atención del monje ante su aparente distracción.  Supuso que este se encontraba tan absorto con su exposición que, simplemente, aún no se percataba de lo que ocurría.

 

 

Cuando el té amenazó con desbordar la mesa, el catedrático no pudo contenerse más:

“No estoy seguro si se ha dado cuenta de que la taza ya está llena y que no le cabe una gota más”, le dijo con sutileza, tratando de no ofender a su anfitrión.  Por su parte, este no pareció estar demasiado preocupado por su torpeza y, sin alterarse, le respondió:

“Por supuesto que lo veo….  Y así mismo, veo que tal vez no haya nada nuevo que yo pueda enseñarte sobre el zen, puesto que tu mente parece también ya estar llena”.

 

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Es muy probable que, quienes alguna vez han estado involucrados en un proceso de coaching o han dirigido algún tipo de entrenamiento, se hayan encontrado con personas que creen “ya saberlo todo”, que no entienden qué hacen sentadas frente a ti puesto que, según ellas, ya están al tanto de todo  lo que necesitan saber para lograr sus metas.

Sobra decir que esta es una actitud que cierra las puertas del conocimiento y no nos permite aprender nada nuevo.  Es más, ni siquiera es necesario haber caído víctima del síndrome del “ya lo sé todo” para que el proceso de aprendizaje cese.  Con el simple hecho de creer que, así no lo sepamos todo, ya sabemos lo suficiente y no hay necesidad de adquirir nuevos conocimientos, las puertas de nuestra mente se cierran.

 


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Del Libro “Las 3 Promesas” de David J. Pollay - A quien acudes...

 

Del Libro “Las 3 Promesas”  de  David J. Pollay

 

1)       Disfruta cada día

2)       Haz lo que amas

3)       Da a los demás

 




¿A quién acudes corriendo?

 

El récord de los cincuenta metros lisos de la escuela primaria Lake Bluff de Shorewood, en Wisconsin, se estableció a mediados de la década de los cincuenta.  Una mañana de primavera de 1976 estaba decidido a batirlo.  Yo era un estudiante de quinto que había corrido muchas veces con mis amigos, pero nunca lo había hecho para batir el récord de la escuela bajo el control de un cronómetro oficial.  Mis compañeros de clase y yo nos encontrábamos reunidos junto a la línea de salida pintada sobre el viejo pavimento del patio.  Estaba emocionado y nervioso.  Mis amigos apostaban a que podía lograrlo.

Me separé de mis compañeros y me coloqué en la línea de salida.  Miré a mi profesor de educación física, el señor Buddy Wolf.  Hizo sonar su silbato y eché a correr.  Bombeé mis piernas y brazos tan rápido como pude.  Seis segundos y medio más tarde pisé la línea de meta y oí el clic del cronómetro del señor Wolf.  Me giré tan deprisa como pude para oírlo decir:

- ¡Has batido el récord de la escuela!

¡Mi clase estalló en aplausos! Corrí hasta donde estaban todos.  Mis amigos me dieron palmadas en la espalda y puñetazos cariñosos en el brazo.  Estaba en el cielo del quinto curso. Después mis pensamientos se fueron a la hora del almuerzo.  Quería llegar a casa para decírselo a mi madre y llamar a mi padre al trabajo.

Un rato más tarde, el timbre indicó la hora de la comida.  Salí veloz del aula, bajé las escaleras, salí por la puerta lateral y corrí seis manzanas hasta casa.  Abrí la puerta trasera, fui hacia la cocina y vi a mi madre haciendo un sándwich de queso a la parrilla y preparando un tazón de sopa de tomate.  Le di un beso y se lo conté todo sobre la carrera, el récord y los vítores de mis compañeros.

Me pidió que le contara toda la historia, desde el principio hasta el final, con todos los detalles.  Así que lo recreé todo.  Ella aplaudió y me abrazó.  Después llamé a mi padre y reviví toda la experiencia.  Se emocionó mucho por mí.  Fue uno de los mejores días de mi vida.

 

 

Buenas noticias

 

Y tú, ¿a quién acudes corriendo? ¿Quién te ayuda a celebrar tus logros? Y ¿por qué corres hacia esas personas tan especiales? ¿Por qué son las primeras de tu lista? ¿Qué tienen que te atrae hacia ellas?

La psicóloga Shelly Gable y su compañero de investigación Harry Reis descubrieron que hay cuatro maneras principales en que la gente responde a las buenas noticias de los demás, y solo una de ellas produce un impacto positivo en una relación:

Ø  Activa y constructiva: se muestran “entusiasmados, casi más felices y emocionados que la propia persona, y formulan muchas preguntas.

Ø  Pasiva y constructiva:  intentan no hacer muchos aspavientos, pero se alegran; o dicen poco, pero la persona sabe que se alegran por ella.

Ø  Activa y destructiva:  a menudo suelen encontrar un problema en el logro o señalan los posibles aspectos negativos de la buena noticia.

Ø  Pasiva y destructiva:  no parecen interesados, no les importa demasiado o no le hacen demasiado caso.

 

La investigación de Gable y Reis mostró que las personas que tienen un impacto positivo medible en tu entusiasmo, alegría y felicidad en la vida son las que responden de una manera activa y constructiva a tus buenas noticias.

También descubrieron que quienes reciben una retroalimentación activa y constructiva por parte de los seres más cercanos describen un mayor bienestar en cuanto a sus relaciones, tal como indican las evaluaciones de la intimidad y la satisfacción marital.

 

Compartir

 

Pero no todo el mundo es tan sensible o está tan sintonizado con los demás como podrías desear.  Así son las cosas.  No es algo bueno ni malo.  Por eso a veces tienes que preanunciar tus buenas noticias.  Necesitas hacer saber a las personas, con tus palabras y sentimientos, que estás emocionado.  Puedes empezar diciendo sencillamente:  “Estoy muy entusiasmado por algo; ¿puedo compartirlo contigo?”.

Si haces esto, pasarán dos cosas.  En primer lugar, estás comunicando a las personas que te importan que tienes buenas noticias que compartir con ellas; en segundo lugar, tu pregunta les otorga un momento para que puedan redirigir su atención desde lo que fuera que estuvieran haciendo antes de que aparecieses tú con tus buenas noticias.  También aumentas más grandes las probabilidades de recibir una respuesta activa y constructiva.  Si no anuncias tu entusiasmo, puedes abrumar a la otra persona soltándole el notición sin previo aviso.

 

Acciones

 

Piensa en las personas que amas y que te importan.  ¿Corren tus hijos hacia ti con sus buenas noticias? ¿Lo hace tu pareja? ¿Y tus amigos? ¿Y tus compañeros de trabajo?

Piensa en las oportunidades que tienes de ayudar a sacar lo mejor de la gente por la que te preocupas.  Piensa en cómo puedes hacer más intensa su alegría por el hecho de responder activa y constructivamente a sus buenas noticias.  Y, como mi madre y mi padre hicieron por mí, piensa en los recuerdos inolvidables que estás ayudando a generar en aquellos quienes amas.

Ten un impacto positivo.

Acoge a las personas que corren hacia ti con sus buenas nuevas.

 

 

 

sábado, 2 de abril de 2022


Del libro “El contador de historias”  del  Dr.  Camilo Cruz

 

Los tres sedazos

 



En cierta ocasión, Sócrates recibió la visita de un vecino suyo con quien poco departía, ya que el hombre hablaba más de la cuenta y parecía deleitarse en propagar chismes sobre los demás sin molestarse en verificar si eran ciertos o no.

“No vas a creer lo que tengo que contarte sobre tu mejor amigo”, le dijo.  “Te aseguro que después de escuchar lo que te voy a decir ya no confiarás tanto en él”.

Sin embargo, antes de que el hombre pronunciara una palabra más, Sócrates lo interrumpió.

“Espera un momento”, le dijo.  “Antes de que me digas cualquier cosa quiero saber si ya has pasado lo que vas a contarme a través de los tres cedazos de la integridad”.

“¿A qué cedazos te refieres?”, le preguntó el hombre extrañado.

Sócrates había concebido esta idea aplicando la misma técnica que utilizan los constructores para obtener la arena más fina: cerniéndola o pasándola varias veces a través de zarandillos para así separar la arena fina del pedrusco y la arena gruesa.  De esta misma manera, veía él que era necesario filtrar o depurar la información que recibía del mundo exterior para asegurarse de que lo que llegara a su mente fuera realmente cierto.

“El primero”, respondió el sabio, “es el cedazo de la verdad.  ¡Estás seguro de que esto que vas a contarme es cierto?

El hombre vaciló un instante.

“A decir verdad, no lo estoy.  Lo he escuchado de otra persona, pero no lo vi con mis propios ojos, aunque, como dicen por ahí, ´donde hay humo es porque hay fuego´”.

“¿Te das cuenta de que lo que quieres contarme ni siquiera ha pasado la primera prueba?”, indicó Sócrates. “Y tú no solo lo dabas por auténtico, sino que estás listo a proclamarlo a los cuatro vientos”.

“¿Y si te hubiese dicho que sí era cierto?, insistió el hombre, no queriendo quedarse con aquel chisme para sí solo.

“Te hubiese pedido que lo pasáramos a través de los otros dos cedazos.  El segundo es el de la bondad.  ¿Estás seguro de que son tus buenos sentimientos los que te mueven a contarme estas cosas?”

     “¿Y el tercero?, preguntó el hombre con enorme curiosidad.

“Es el de la utilidad.  ¿Piensas que es necesario que yo sepa lo que quieres compartir conmigo?”

El hombre estuvo en silencio un largo rato.  Sabía que se encontraba frente a quien muchos consideraban el más sabio de todos los maestros en Grecia y no quería cometer una mayor imprudencia.

“A decir verdad”, indicó finalmente, “no pensé en nada de eso”.

“En tal caso”, agregó Sócrates, “guarda tus palabras para ti y procura olvidarlas”.

 

 

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Es posible que te estés preguntando qué hace un cuento como Los tres cedazos en un capítulo sobre la importancia de seguir creciendo.  Es sencillo, gran parte de la información y las ideas que terminan moldeando nuestro carácter la hemos recibido de otras personas – familiares, profesores, socios, amigos y hasta desconocidos – a manera de consejos, opiniones y enseñanzas, críticas y experiencias compartidas.  Esta historia nos recuerda la gran responsabilidad que tenemos de asegurarnos de que la información que recibimos de otros sea cierta, relevante y necesaria.

 


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