jueves, 20 de febrero de 2020

Del Libro “Las Tres Preguntas” de Jorge Bucay - La regla del OSO idiota


Del Libro  “Las Tres Preguntas” de Jorge Bucay

La regla del  OSO  Idiota  





El alumno viene a ver al maestro.
          Trae un deseo determinado.     Quiere algo.   Dice que lo quiere con toda el alma, con todo su ser.
          Sueña de día y de noche con tenerlo.   Sufre mucho por esa situación y pide ayuda.
          – ¿Qué debo hacer? - pregunta.
          El maestro le propone una secuencia de conductas:  la regla del oso idiota.
          ¿Por dónde se empieza?
          En primer lugar, la O del oso señala:
          ¿Usted quiere algo?   ¡Obténgalo!
          Obtenga lo que quiere.    ¡Vaya por ello!
          ¿Qué es lo que busca?    “El amor de esa mujer… Esta casa… Ese trabajo…”
          ¡Vaya y obténgalo!    ¡Haga todo lo que pueda para obtenerlo!
          Juéguese la vida, corra un riesgo, comprométase con su deseo.

El alumno hace silencio y luego dice que es imposible.
          Que lo ha intentado todo pero no pudo, nadie podría.  Es imposible obtener lo que él quiere.
          El maestro le cree, porque a veces eso es muy cierto.
          – ¿Qué dice la regla? -pregunta el alumno- ¿Cómo sigue?
          El maestro explica:
          La regla del Oso dice que después de la O viene la S.
          ¿No puede obtener lo que quiere?
          Ha hecho todo lo que se podía hacer y fue imposible.
          La S indica: si no puede obtenerlo, ¡Sustitúyalo!
          ¡Cambie lo que quería por otra cosa!
          “Esta mujer no me quiere…”      ¡Que lo quiera otra mujer!
          “Esa otra tampoco me quiere…”     ¡Búsquese una tercera!    
¡Encuentre un marinero!   ¡Cómprese un perro!
          – ¡Ah… no! -dice el alumno.
          Lo que yo quiero no se puede sustituir.   Porque como esta mujer no hay…
          Porque como esa casa…
          ¿Qué puedo hacer maestro?    ¿Qué nos dice la regla en tercera instancia?

El maestro dice O, S y otra vez O
          ¡Olvídelo!
          ¿No puede obtener lo que quiere?   Qué pena.
          ¿No lo puede sustituir?      Qué mal.
          Ahora, ¡Olvídelo!

– Ah, no…-dice el alumno.   Eso no puedo hacerlo, no quiero hacerlo.    Es imposible…

¿Cómo imposible?
Obtener no… Sustituir no…
¡¡Olvídelo!!

– No, maestro.   ¡Jamás podría olvidarlo!

Ahhh…    El maestro piensa.
          No lo puede Obtener.
          No consigue Sustituirlo.
          Y no quiere Olvidarlo…
          No hace falta decirle nada más.  
El maestro ya sabe, gracias a la regla,  que su alumno,    ¡es un idiota!




viernes, 7 de febrero de 2020

Del Libro “Comunícate Cautiva y Convence” de Gaby Vargas


Del Libro “Comunícate  Cautiva y Convence” de Gaby Vargas


LOS   DIEZ    HÁBITOS    QUE    MÁS    NOS    MOLESTAN





¿Te ha pasado que al conocer a una persona sientes que hay algo en él o en ella que te desagrada?
No sabes bien qué es lo que te molesta; no obstante, cuando lo piensas, te das cuenta que es su manera de hablar.
Gallup realizó una encuesta en Estados Unidos que representa a todas las edades, niveles socioeconómicos y educación.  A los encuestados se les preguntó cuáles eran los 10 hábitos de comunicación que más les disgustaban de las personas.  Aquí  los resultados:
1.-   Interrumpir mientras otros hablan
2.-  Maldecir o usar groserías
3.-   Murmurar o hablar muy bajito
4.-   Hablar en un tono muy alto
5.-   Usar una voz monótona
6.-   Usar muletillas tipo:  mmmm, esteeee, tú sabes, ¿no?
7.-   Un tono nasal
8.-   Hablar muy rápido
9.-   Pobreza de lenguaje o mala pronunciación de palabras
10.-  Un tono de voz agudo

Si juzgas a la gente por cómo habla, ten la seguridad de que ellos te están juzgando a ti por lo mismo.
Aunque la voz espejea la personalidad, es posible que, por otras razones, ésta transmita un mensaje equivocado.  Así que, antes de emitir un juicio, es recomendable buscar otro tipo de evidencias para confirmar un diagnóstico.
Si deseas mejorar la proyección de tu voz, procura trabajar en ella.  Te sugiero buscar la ayuda de un profesional.   Con un poco de dedicación, puedes enriquecer tu voz y realzar tu personalidad para comunicarte mejor.
No es lo que digas, sino cómo lo digas.  Según Vincent Van Gogh:  “Es tan interesante y difícil decir algo bien como pintar.”  Porque tan importante es el arte de las líneas y los colores como el arte de los tonos y los matices para decir las cosas.  Así que te invito a que observes… tu voz:  ¿Qué dices?


Si hablas mal, se hablará de ti peor. 
Hesíodo

sábado, 18 de enero de 2020

Del Libro “La Felicidad ¡Ahora!” de Andrew Matthews


Del Libro “La Felicidad ¡Ahora!”  de Andrew Matthews




Todo está en perfecta conexión





¿Has notado que cuando te ejercitas con regularidad, sientes que te alimentas más sanamente?
¿Y has notado que cuando comes de manera más sana, tienes más energía, y por lo tanto, te ejercitas más?
Todo en la vida está en perfecta conexión.  El esfuerzo que depositas en un aspecto de tu vida, afecta los demás aspectos.
Cuando estás feliz en tu hogar, estás más feliz en tu trabajo.
Cuando estás feliz en el trabajo, estás más feliz en tu hogar.
¿Qué quiere decir esto?
1.-  Que para mejorar tu vida puedes empezar en cualquier sendero positivo.  Podrías empezar con un plan de ahorro, una lista de metas, un programa para mejorar tus aptitudes físicas o un compromiso para pasar más tiempo con tus hijos.  Este camino te llevará a otros senderos igualmente positivos porque todo guarda una conexión.
2.-  No importa en  DONDE empieces a concentrar tus esfuerzos.  Lo que importa es QUE empieces.
3.-  ¡Este principio actúa de las dos formas!  Es decir, que si dejas que una parte de tu vida se derrumbe, poco a poco todo comenzará a desplomarse.    ¡Debemos poner atención!


EN DOS PALABRAS
¡Todo lo que haces importa!
La felicidad es una decisión de cada día.

Del Libro “El Feo” de Carlos Cuauhtémoc Sánchez.


Del Libro  “El Feo”  de Carlos Cuauhtémoc Sánchez.




La apuesta de Pascal






Blais Pascal, en su libro póstumo Pensamientos, escribió una tesis revolucionaria:  Los hábitos son muy difíciles de romper porque provienen de actos repetidos.  Para cambiar de hábitos es necesario forzarnos a la inducción de nuevos actos haciendo como sí.  Por ejemplo, para creer en Dios, aunque seas ateo, haz como si creyeras; no cuestiones, no razones, sólo haz lo que un creyente hace:  reza por las mañanas, lee los libros sagrados, asiste a reuniones de practicantes, actúa como creyente, y poco a poco la conducta inducida te hará cambiar  de convicciones y creerás.  Lo mismo sucede en sentido opuesto; quien tiene la convicción de creer, sólo necesita comportarse como si no creyera, para perder poco a poco su fe.

Claudia Noseda lo explica muy bien:  “El hábito (la vestimenta)  No hace al monje porque no basta con que un hombre use una túnica franciscana, por ejemplo, para convertirse en un franciscano;  es preciso que, además de la vestimenta marrón y el cordel anudado a la cintura, ese hombre cumpla con las prácticas de la vida y del quehacer propio de un franciscano, pero por otro lado, el hábito SI hace al monje porque de proponerse ese hombre acatar los reglamentos de la Orden, la vestimenta le recordará diariamente su condición de monje franciscano”.
En este contexto, la vestimenta adecuada propicia acciones y las acciones producen convicciones.
¿La mona que se viste de seda, mona se queda? Mentira.  Motivada por la seda, la mona puede actuar como si no fuera mona y así dejará de serlo, o al menos de parecerlo.
Si decido tratar a una persona como si la quisiera, le brindaré apoyo, le dedicaré tiempo y la respetaré; entonces mi afecto hacia esa persona se hará real.

Hace poco salió otra película con el gastado argumento de una pareja de desconocidos que por motivos comerciales deben hacerse pasar por esposos y fingir que se aman.  Antes de verla deducimos el final:  es obvio, acabarán enamorándose.  Siempre sucede.  Cuando un hombre y una mujer de común acuerdo hacen como si se quisieran, tarde o temprano se querrán de veras.  Lo mismo ocurre en sentido opuesto.  Hay parejas que tienen todo para amarse y ser felices pero se portan como si no se quisieran:  se tratan con indiferencia, evitan los detalles y las palabras cariñosas, no son románticos entre ellos.  Tarde o temprano terminan detestándose.



De los actos nacen los sentimientos.
Las personas no podemos controlar lo que sentimos, pero sí lo que hacemos.  Actuando de forma constructiva generaremos emociones constructivas.  Actuando de forma destructiva generaremos sentimientos destructivos.

Pascal fue muy criticado por los intelectuales y filósofos del siglo XVII, pero la efectividad de su teoría ha sido comprobada.  Haz como si… funciona en todos los aspectos de la vida.
¿No te gusta tu trabajo?  Haz como si te gustara; decide tener actitudes y comentarios en armonía  con este nuevo supuesto, y acabará gustándote de verdad.
Esta técnica nos enseña  cómo cambiar de hábitos.

jueves, 9 de enero de 2020

Del Libro “Sobre las alas del dragón rojo”, de Ricardo Homs Quiroga






La felicidad y la alegría
se derivan de la armonía
con el entorno
y con nosotros mismos.

La felicidad consiste
en querer lo que se tiene
y el éxito en tener
lo que se quiere.

Siempre hay alguien
que tiene menos.

Mirar hacia atrás
nos ayuda a valorar
aquello con lo que hoy contamos.

Al compararnos
con los que tienen más,
lesionamos nuestra autoestima.

jueves, 5 de diciembre de 2019

Del libro “90 respuestas a 90 preguntas” de Martha Alicia Chávez


Del libro “90 respuestas a 90 preguntas”  de Martha Alicia Chávez

¿Cómo enseñar a tus hijos la gratitud?





Me impresiona y me entristece sobremanera cómo tantas personas, de todas las edades, están enfermas de ingratitud.
La gratitud es una apreciación, una alabanza…  Todo en la naturaleza la expresa al ser lo que es:  los pájaros cantando mañana y tarde, el sol brillando, el mar y el río fluyendo, los árboles y las plantas creciendo, floreciendo y dando frutos.  Sólo el ser humano se olvida de expresarla.  No sólo me refiero a la gratitud por estar vivos y tener todo lo que tenemos, sino a la acción de agradecer a las personas que nos atienden, nos ayudan, nos regalan, nos aconsejan, nos apoyan, nos dan el paso, etcétera.
¿Por qué es importante la gratitud?  En primer lugar, porque se siente bien.  Date cuenta del bienestar físico, emocional, mental y espiritual que experimentas cuando agradeces algo.  En segundo lugar, porque la gratitud no es sólo un lindo y deseable valor relacionado con la buena educación, sino que es también una poderosa fuerza que abre puertas y caminos.  Cada vez que agradeces, creas un camino para que por ahí venga más de lo mismo.  Cada vez que agradeces, pones una gran cantidad de poderosa energía en eso que estás apreciando y “notando”, y aquello en donde pones tu atención, crece y se multiplica.
Te des cuenta de ello o no, eso sucede cuando agradeces.  Pero también cuando la gratitud viene en dirección contraria;  es decir, cuando es a ti a quien agradecen, se pueden experimentar de manera clara los hermosos efectos de esta poderosa fuerza sanadora y armonizadora.  Date cuenta cómo, cuándo te agradecen, quieres seguir dando, seguir haciendo, seguir apoyando.
¿Cómo enseñar a tus hijos la gratitud? Es muy fácil: ¡agradeciendo!  Es decir, que te vean y oigan agradeciendo y que a ellos les agradezcas también.  Con frecuencia encuentro cierta resistencia de parte de muchos padres, cuando sugiero que digan cosas como:  “Gracias, hijo, porque tendiste tu cama, o recogiste tus platos o tu ropa”.  La reacción de esos padres ante mi sugerencia es:  “¡Pero si es su obligación! ¡Es lo que le toca hacer en casa!”  Y mi respuesta es:  “Tu obligación es mantenerlos, hacerles de comer, etcétera, y sin embargo, esperas y les pides que te agradezcan por ello”.
Aunque tu hijo haga cosas que “son su obligación”, agradécele.  Los padres también debemos dar las gracias a nuestros hijos cada vez que la situación lo requiera, y no suponer que hacerlo nos resta autoridad o fuerza.  De ninguna manera es así, sino todo lo contrario.  Ellos internalizarán sin lugar a dudas esta hermosa actitud, que como ya dijimos, más que un valor es una fuerza armonizadora que les traerá muchas cosas buenas en la vida.
Asimismo, te recomiendo que la gratitud se vuelva parte de tu estilo de vida.  En lo personal, cada que voy en mi coche y llego a mi destino, le doy las gracias por el servicio que me dio; cuando me deshago de ropa o cosas, les agradezco también por todo lo que me dieron, y no se diga a las personas que trabajan para mí, a quienes les digo que agradezco y aprecio muchísimo cómo hacen mi vida más fácil.  También le agradezco al mar, al aire, a mi cuerpo por responderme tan bien para hacer todo lo que hago en la vida… absolutamente a TODO le doy las gracias.  Si tus hijos ven en ti esa actitud, ten por seguro que también la desarrollarán.
La apreciación y la gratitud se sienten extremadamente bien, pero además de eso, echan a andar en nuestra vida la “Ley del Incremento”.  Su nombre la define:  lo que agradeces y aprecias, regresa multiplicado.
Como frecuentemente digo:  no me creas nada, experiméntalo.




jueves, 21 de noviembre de 2019

Del Libro “Comunícate Cautiva y Convence” de Gaby Vargas






Cómo y qué decir en una situación difícil


¿No te gustaría ser como los actores de las películas?  Siempre saben qué decir y todo lo expresan en forma simpática y atinada.  ¡Nunca hablan de más, no dicen tonterías!  Su diálogo es perfecto.  A mí me encantaría ser así, sólo que en la vida real no tenemos un guión; la buena noticia es que lo podemos crear.

A veces pasamos  por situaciones difíciles, como cuando debemos reconocer un error, dar una mala noticia, despedir a un empleado, consolar a un ser querido, negar un permiso, pedir un favor o felicitar a un oponente y, en esos casos, lo que decimos y cómo lo decimos es  ¡muy importante!
De antemano, intuimos que hay que decir esto con todo el tacto del mundo, porque la consecuencia de no hacerlo podría detonar una bomba.  No obstante, hay que decir las cosas.  ¿Cómo hacerlo sin herir sentimientos, sin alterarnos, sin perder los estribos?
Si sólo confiamos en nuestro “instinto natural” para sacar el problema adelante, sin prepararnos bien, lo más seguro es que los resultados sean poco exitosos.
Y, en situaciones como éstas, por lo general el cerebro se nubla, la lengua se enreda y nos arrepentimos al escuchar las palabras torpes que salen de nuestra boca, por lo menos en mi caso.
Hablar con alguien de un asunto importante causa angustia y no falta quien te dé un consejo como:  “¡Sólo sé tú mismo, no lo pienses mucho! Di lo que se te ocurra.  Déjate llevar por tus sentimientos.”
Tenemos la idea de que ser honestos equivale a ser espontáneos y que ¡mientras menos lo pensemos, mejor nos saldrá todo! Grave error.  ¡Cuántas veces nos arrepentimos de hacer esto!  ¿Por qué pensar antes de hablar? ¿No se supone que sentimos lo que estamos diciendo y que los sentimientos deben ser espontáneos?

El pensamiento es lo que nos hace diferentes al resto de los animales, por eso podemos afirmar que hablar con el corazón está directamente relacionado con lo que pensamos.  Las habilidades que llegamos a adquirir sin duda son una combinación de talento y esfuerzo.  Sería muy práctico que todos pudiéramos correr como Ana Gabriela Guevara, que cantáramos como Pavarotti o que jugáramos golf como Tiger Woods.
Nos encantaría persuadir con palabras a nuestro hijo, a nuestro jefe o pareja en forma natural, sin embargo no es tan sencillo, porque el buen uso del lenguaje natural es algo que aprendemos.  Pero todos podemos lograrlo si  hablamos desde el corazón y usamos la cabeza.
Comparto contigo una fórmula muy eficaz, creada por los expertos en comunicación asertiva, que se llama “Guión DEEC  Las iniciales indican los cuatros pasos a seguir y no estaría mal que los aprendiéramos de memoria:

Describe.  Primero hay que describir cuál es la conducta que nos molesta en la forma más simple, objetiva y específica.  Al hacerlo, hay que ver a los ojos de la persona.  Y decir, por ejemplo:  “Ayer llegaste a las cuatro de la mañana y no avisaste por teléfono, como habíamos quedado.”  Hasta aquí, el otro tiene pocas bases para discutir.
Simplemente estamos describiendo el problema sin acusar de nada, sin tratar de adivinar los motivos, sin decir  “Seguro tomaste tanto que hasta perdiste la noción del tiempo”, o cosas así.  Este tipo de acusaciones sólo provocan protesta y enojo.

Expresa.  Después hay que decir lo que sentimos o pensamos.  Podemos usar palabras como:  “Me siento inquieto(a) cuando…”,  “tengo la sensación de…” o bien:  “Esto me hace pensar que…”  Debemos expresarnos con claridad y moderación, sin ser sarcásticos ni explotar emocionalmente (esto es lo más difícil de hacer).
Podemos decir, por ejemplo:  “Cuando haces esto, me preocupo mucho por tu seguridad;  siento temor porque pienso que podrías sufrir un accidente.”  Fíjate en las palabras clave  “me preocupa”, “tengo”, “pienso”.  Estas palabras describen cómo me siento cuando tú haces algo.  No provocan enojo en el otro;  al contrario, apelan a la comprensión.
Las palabras condenatorias como: “Me choca cuando haces eso”, “eres un insensible” o “me haces enojar”, prenden la chispa y, con el sobreuso, se desgastan y pierden su efecto.

Especifica.  Ya que describimos lo que nos molesta y expresamos cómo nos sentimos, hay que pedir, con claridad, una conducta diferente.  Por ejemplo:  “Te pido que cuando salgas de noche, siempre llames por teléfono para que esté tranquila.”
Las investigaciones demuestran que los mejores resultados se obtienen cuando pedimos “una sola cosa” a la vez (esto es otra cosa difícil de hacer).  Si lo que queremos es un gran cambio, más vale lograrlo paso a paso, con pequeños acuerdos mutuos.
Las palabras que usemos deben ser concretas y muy específicas.  Si pedimos un cambio vago, de actitud o de personalidad, sin especificar claramente qué pretendemos y decimos algo como: “Me gustaría que fueras más considerado”, la petición queda flotando en el aire sin que la persona entienda claramente a qué nos estamos refiriendo.  ¿Qué es ser considerado?

Consecuencias.  En este punto, como en un contrato, hay que mencionar cuáles serían las consecuencias, positivas o negativas, en caso de llevarse a cabo, o no, el acuerdo.  Aunque siempre es mucho mejor plantear las consecuencias positivas.
Podemos decir: “Me gustaría seguir confiando en ti, así no me voy a preocupar y tú vas a sentirte a gusto.”  Es mejor decir esto que llenarlo de amenazas como:  “Me vas hacer pedazos”,  “ya nunca te voy a tener confianza” o “te voy a dejar”, y cosas por el estilo.  El uso exagerado de la amenaza es contraproducente, ya que, si no somos capaces de cumplirlas, hacen que perdamos credibilidad frente a los ojos de nuestro interlocutor.
Y tampoco representa una gran dificultad si estamos hablando con un adulto, porque él sabe que la mejor recompensa es intrínseca.  Basta decir:  “Me voy a sentir bien”, “nos vamos a llevar mejor” o “haremos las cosas con más entusiasmo”.  Destaca lo positivo, describe la recompensa de hacer esto o lo otros, de manera que motives a la persona a cambiar su conducta.

Así que, en esos momentos difíciles en los cuales debes tocar un punto sensible, incómodo o delicado con un hijo, la pareja o un compañero de trabajo, no olvides prepara bien tu “guión DEEC”  Es mejor describir, expresar y especificar cada punto; de esta forma, a todos nos va a quedar claro que cada uno de nuestros actos tienen una consecuencia y nadie podrá poner de pretexto el clásico:  “No entendí lo que me quisiste decir.”