jueves, 16 de septiembre de 2010

Del libro “Aguántate” de Gary Morris (una colección de Artes Monte Azul)…


Enorgullécete de ser quien eres y de todo lo que puedes ser

Enorgullécete de tu buen carácter. Que tus
acciones reflejen intensamente tus valores
morales. No aceptes nunca nada en contra de tu
conciencia. Cultiva con maestrías las flores de tus
talentos. Persigue las cosas que te apasionan.
Esfuérzate por ser tu mejor yo, no una imitación de otros.

Aférrate a tus sueños y conviértelos en realidad. Ten
la sabiduría de no hacer caso de aquellos que se
burlan de tus planes, y no olvides agradecer a
aquellos que te apoyan.
Aprecia siempre a los que están de tu lado.

No te distraigas con placeres a corto plazo, aunque
te sientas con demasiado cansancio para proseguir.
Con frecuencia es mejor tomar el camino más largo,
por el cual las recompensas postergadas conducen a
oportunidades significativas que te llegan al corazón y al alma.

Ábrete a la aventura. Explora las nuevas fronteras
en lugar de aferrarte a lo viejo y familiar. Deja que
tu espíritu pionero siga progresando. Visita nuevos
territorios, aprende nuevas técnicas y conoce a
gente nueva.
Aprende a ser resistente – te
enriquecerá como ser humano.

No temas pedir ayuda. Ofrece a la vez la tuya
a los que la necesiten. Tu corazón se alegrará
de haber ayudado a alguien. Mantén los
vínculos con la familia que amas, las
amistades que te apoyan y todos aquellos que
tocan tu vida con un poco de dicha. Por más
éxito que coseches, no será nunca tanto que
ya no necesites a aquellos que siempre
creyeron en ti… y que por siempre creerán.

Mantén la fe que te sostiene en los momentos
más aciagos. Cree de todo corazón que puedes
convertir cada día en algo especial y hacer
que cada persona que toques se sienta
especialmente amada. Enorgullécete de tus
talentos y logros. Expresa tus ideas brillantes,
sigue preocupándote profundamente por otros
y continúa tus actividades positivas que tanta
bondad aportan a este mundo


- Jacqueline Schiff

jueves, 9 de septiembre de 2010

Del libro “Estrategias para el cambio” de Chick Moorman



VIVIR EN EL PASADO


Vivir en el pasado reviviendo el ayer, arrepintiéndote de decisiones pasadas, sintiéndote culpable, resentido o atrapado en el pasado es otra forma de disminuir tu poder personal, utilizando de manera no efectiva tus momentos presentes. Si estás ocupado viviendo el pasado NO estás disfrutando el presente.

Vivir en el pasado es una forma de inmovilizarte a ti mismo utilizando tu único momento de poder personal, concentrándote en un pasado muerto y reviviendo lo que no puede cambiarse.
¿Qué tanto vives en el pasado? ¿Cuántos momentos presentes los dedicas a revivir lo que ya pasó? Tu lenguaje puede ofrecerte claves.
Considera la clave … “si tan solo”

“Si tan sólo” es una frase clave utilizada por las personas que viven en el pasado. Las mantiene ancladas al pasado e inactivas en el presente.

“Si tan sólo hubiera ido a la universidad.”
“Si tan sólo no me hubiera casado con él.”
“Si tan sólo hubiera escuchado a mi madre.”

Si tan sólo es uno de los principales obstáculos a vencer. Una forma de postergación. Con la frase, “si tan sólo la economía fuera mejor,” evitas tomar un riesgo financiero. Al decir, “Si tan sólo tuviera a alguien que me ayudara,” evitas ayudarte a ti mismo.
Con la frase, “si tan sólo tuviera más tiempo,” disminuyes tu capacidad para aprovechar el tiempo que sí tienes.
“Si tan sólo hubiera ido a la universidad, la situación sería mejor.” ¿Estás seguro? La situación podría estar peor. ¿Quién puede saber cuál sería tu situación si hubieras ido a la universidad? Nadie.

La única cosa que sabes con certeza es lo que sucede ahora. No fuiste a la universidad. Sí te casaste con él. No escuchaste a tu madre. ¿Por qué no pasar tus momentos presentes celebrando lo que es, lo que existe en tu vida o decidiendo lo que quieres cambiar? No programes más tu mente con lenguaje del pasado utilizando “sin tan sólo.” Utiliza “si tan sólo” como una pista que te despierte nuevamente a vivir tu presente.

Resentimiento y arrepentimiento

“Si tan sólo” es una de las frases que utilizamos para arrepentirnos y resentirnos.
Otras son las siguientes:

“Hubiera deseado haber estudiado con más dedicación en la escuela.”
“Me hubiera gustado haber nacido en una familia con más dinero.”
“¿Por qué no pude ver lo superficial que ella era”
“¿Cómo pude haber cometido ese error?

El lenguaje de arrepentimiento mantiene tu energía concentrada en oportunidades perdidas. Es un estilo de hablar y pensar que evita que veas las oportunidades que existen ahora. Cuando te arrepientes estás demasiado ocupado revisando el pasado como para vivir completamente el momento presente.

Mirar al pasado

Recordar los buenos tiempos es también otra forma de utilizar el lenguaje para vivir en el pasado.

“Realmente nos divertimos cuando…”
“Recuerdo aquellos días en los que….”
“¿No fue maravilloso cuando…?”

Las reminiscencias pueden ser una vista al pasado inofensiva o un deseo dañino de revivir el pasado. Todo depende de la frecuencia e intensidad de tus pensamientos.

Pasar unos momentos recordando cosas que alguna vez disfrutaste y probablemente elegir recrearlas puede ser un ejercicio que te ayude en el presente. Sin embargo, el anhelo por hacer lo que hiciste en el pasado o el pensar en él por periodos largos de tiempo, inmoviliza.
Mantente al pendiente de los pensamientos del ayer. Pueden robarte tu presente consumiéndote tiempo y energía.

“Debí haber” / “Hubiera”

“Debí haber” y “hubiera” son dos frases más que te indican que estés viviendo en el pasado. Son ejemplos de utilizar la energía presente retomando lo que pudo haber sido si hubieras elegido actuar de manera diferente.

“Debí haber llamado a mi madre el fin de semana.”
“No debí haberlo corrido.”
“Debí haber estudiado con más ahínco.”
“Hubiera tenido que saber eso mejor.”

No es posible rehacer momentos presentes una vez que han ocurrido. El tiempo que pierdes lamentándote por la forma en que utilizaste tus momentos anteriores es una pérdida de tiempo. Te mantiene atrapado en el pasado y evita que tomes acciones correctivas en el ahora.
No confundas todo esto con el aprendizaje del pasado. Sí, es útil dedicar cierto tiempo, pensamientos y energía a recordar comportamientos pasados y aprender de ellos para movernos en una nueva dirección. Esta estrategia te ayuda a movilizarte para crecer y cambiar.

Detente y analiza con seriedad tus “pude haber.” Aprende de ellos. Utilízalos para decidir lo que quieres ahora. Después anúncialo. “Quiero decirle la verdad,” “quiero ahorrar más dinero” o “quiero ser más amable con ella.” Decir lo que quieres te ayuda a concentrarte en el cambio y crecimiento. Te dice dónde te encuentras ahora en vez de mantenerte atrapado en el pasado.

Aprender de los errores del pasado y cambiar el comportamiento presente significa transformar tu poder personal en acciones. Decide lo que quieres. Después hazlo.

jueves, 2 de septiembre de 2010

Del Libro “ ¿Quién te llorará cuando mueras? De Robin S. Sharma



Celebra tu funeral en vida



Mientras me documentaba para “El monje que vendió su Ferrari” tropecé con la historia de un maharajá de la India que celebraba un curioso ritual matutino: todos los días, inmediatamente después de despertarse, celebraba su funeral, con música y flores incluidas y mientras lo celebraba no dejaba de cantar: “He vivido plenamente, he vivido plenamente, he vivido plenamente”.


La primera vez que leí esto, no alcancé a comprender el sentido del ritual que celebraba ese hombre. Así que pedí a mi padre que me lo aclarase. Su respuesta fue esta: “Hijo, lo que este maharajá está haciendo es conectar diariamente con su mortalidad porque así vivirá cada día como si fuera el último. Su ritual es muy sabio y le recuerda que el tiempo se escapa entre nuestros dedos como los granos de arena, y que el momento para vivir grandemente es ahora, no mañana”. Ser consciente de la propia mortalidad es una gran fuente de sabiduría.


En su lecho de muerte, un amigo le pidió a Platón que resumiera la gran obra de su vida, “los Diálogos.” Después de reflexionar largamente, replicó con solo tres palabras: “Practica cómo morir”. Los antiguos filósofos tenían un dicho que expresaba lo que había querido decir Platón con otras palabras: “la muerte debe estar delante de los ojos de quienes son jóvenes igual que ante los ojos de quienes son ancianos. Cada día, por tanto, debería regularse como si fuera el que cierra la marca, el que cierra el círculo y pone el punto final a nuestras vidas”. Celebrar un funeral en vida te volverá a poner en contacto con el hecho de que el tiempo es un artículo de valor incalculable, y de que el mejor momento para perseguir una vida más rica, sabia y satisfactoria es ahora.

viernes, 27 de agosto de 2010

Del Libro “La Ruta de los Monumentos Históricos de Tijuana” de Julio Rodríguez B.




Benito Juárez




El primer monumento a Juárez se instaló en el antiguo parque Teniente Miguel Guerrero. Fue inaugurado el 21 de Marzo de 1960. Era Gobernador del Estado el Ing. Eligio Esquivel Méndez y Presidente de la Ciudad de Tijuana el Sr. Xicotencatl Leyva Alemán. El monumento lo construyó el distinguido maestro de Educación Técnica Ing. Ricardo Luviano G.

Juárez al nacer pertenecía a la clase humilde, le abrigó el frágil techo de una cabaña y poco a poco, por su esfuerzo, por sus energías sin fin, por la firmeza de sus convicciones y por lo nítido y bien definido de sus ideales, llegó a elevarse, escalón por escalón, hasta la Presidencia de la República. Perteneció siempre al partido liberal y en su larga y meritoria carrera política demostró constantemente aquellas cualidades excelsas que constituyen a los hombres de estado, a lo pastores de los pueblos. Su alma estoica, impasible y serena, resistía con firmeza las más intensas emociones sin que contrajese un músculo de su bronceada fisonomía; su carácter era inquebrantable y sus designios vigorosamente orientados, marcaban a la nación el rumbo que debían seguir.

Lleno de fe en sus ideales jamás desfalleció; cuando todo se derrumbaba en torno suyo, él permanecía en pié sostenido por la maravillosa entereza de su carácter. Les narraré una anécdota que le sucedió al Presidente Juárez en su largo peregrinar por México, lo pinta en su extrema sencillez….

- Al llegar Benito Juárez a Veracruz con sus colaboradores se instaló en casa del Gobernador Manuel Gutiérrez Zamora. Este tenía dispuesta la mejor habitación para el Presidente de la República, pero Juárez rogó a Melchor Ocampo el cambio de habitación, pretextando que la destinada a Ocampo estaba más próxima al cuarto de baño. Ante los reiterados ruegos del Presidente, Ocampo accedió. Este cambio tuvo efecto por la noche, a poco de haber llegado y cuando el servicio ya se había retirado.

A la mañana siguiente, Benito Juárez salió de la habitación y fue al cuarto de baño. No había agua. Dio unas palmaditas y acudió una sirvienta llamada Petrona, que no había visto a nadie de la comitiva presidencial. Era una mujer del pueblo, entrada en años y algo regañona.
- ¿Qué quiere usted? – le preguntó la sirvienta.
- Un poco de agua, por favor – le pidió Juárez.
- Espérese si gusta. ¡Vaya indio aseado éste!, ¡primero es el Seños Presidente, me parece!
- Benito Juárez se retiró a su habitación sin la menor réplica. Pasado un cuarto de la hora o cosa así, el Presidente insistió en su petición.
- ¡Aguarde si quiere, que primero he de servir al Señor Juárez!.... ¡Pues no faltaba más!... ¿Habrá impertinente? ¡Estos indios con puestos de mando son insufribles! ¡Y si tanta prisa tiene, sírvase usted mismo! Allí está el grifo - Y le señaló un lavadero en un rincón del patio. Juárez sin contestar a la malhumorada Petrona, fue en busca del agua para su aseo.

Para la hora del almuerzo la criada se había puesto sus mejores ropas y un tanto nerviosa esperaba ver al Señor Presidente de la República, al que quería tener el alto honor de servir. Cada vez que veía a un señor alto y buen mozo, se deshacía en cumplidos y agasajos, por si fuera el señor Presidente. En un momento dado vio al indio impertinente vestido con una levita negra, que cruzaba la sala yendo por un corredor en compañía del Sr. Gutiérrez Zamora, el amo.
- Ahí va ese – pensó la buena mujer.
- Se instalaron en derredor de la mesa y el puesto de honor correspondió al indio de la levita negra, feo de rostro y corto de piernas. La criada veía que nadie se acomodaba en su asiento hasta que el indio no se sentara en la silla de alto respaldo. Palideció, tembló y se le escapó un grito de terror. Todos volvieron la vista hacia la pobre sirvienta, quien lloraba desconsoladamente. Juárez se levantó, la agarró cariñosamente por un brazo y con visible extrañeza, sus acompañantes oyeron que le dijo:
- No llore señorita. No tenga cuidado. Nada irreparable ha ocurrido. Tranquilícese usted y sirva la mesa si éste es su trabajo, que aquí cada cual ha de cumplir con el suyo.

jueves, 19 de agosto de 2010

Del Libro “El matadragones que tenía el corazón pesaroso”


- ¿Una medicina llamada serenidad? – Preguntó Duke-. Nunca había oído hablar de ella. ¿Es un tónico que se bebe? Ya sé, es algo que me tengo que frotar en el pecho, sobre el corazón. Apuesto que es eso.

- No es nada de eso. Es, simplemente, la vieja y cotidiana serenidad. Esa especie de paz mental.

- ¿Me está tomando el pelo?- saltó Duke, meneando la receta en el aire-. ¿Cómo se supone que voy a hacer eso? ¿A menos que usted sepa de un farmacéutico que venda serenidad por prescripción médica!

- La verdad es que sé de un sitio mejor que la farmacia donde puede usted encontrar la serenidad que necesita – dijo Doc.

Duke meneó la cabeza.
- No estoy muy seguro de todo esto. ¿Cómo sabe usted siquiera que va a funcionar, suponiendo que la consiga? Quiero decir que ni siquiera es una medicina de verdad.

-Oh, la serenidad es una medicina bajo cualquier punto de vista – dijo el búho pacientemente-. Según investigaciones realizadas a lo largo de muchos años por parte de las mejores mentes científicas del país, se ha demostrado de forma consistente que la serenidad es el mejor tratamiento para la mayoría de casos del mal-estar de corazón. De hecho, es el único tratamiento eficaz y duradero disponible. Hasta la fecha, un tratamiento completo de serenidad puede proporcionar una ligereza de corazón imposible de alcanzar por medio de otros tratamientos. Tengo algunos extractos médicos de las últimas investigaciones en mi bolsa. Le invito a que les eche un vistazo.

A Duke se le iluminó la mirada.
- ¿Ligereza de corazón? ¿De verdad? ¡Oh, qué no daría yo por tener el corazón ligero! – dijo, pensando en lo que supondría liberarse de aquella molesta pesadez……..

… Ahora Duke, le sugiero que se ponga en marcha. Un instante desperdiciado es un instante perdido para siempre.

- ¿Qué me ponga en marcha? ¿Quiere decir que me ponga en camino a ese sitio que dice que es mejor que una farmacia? Y, por favor, no me diga que es algo así como un monasterio con gente sentada a tu alrededor contemplándose el ombligo. Ya sabe, meditando y diciendo Ommmmmmm. ¡Odio todas esas tonterías!




- Ya vuelve otra vez con sus ideas preconcebidas. En primer lugar, con los maestros; luego, con la naturaleza de la medicina; ahora, con cómo y dónde obtendrá la serenidad que necesita, además del de meditar en un monasterio, aunque esto le haya podido ser de lo más útil a algunas personas. Mentes cerradas, puertas cerradas. Recuerde eso, Duke.

- Bueno, sea cual sea ese sitio, espero que esté cerca. O sea, ¿no podría ir usted (o mejor, volar) hasta allí en mi lugar y traerme lo que yo vaya a necesitar?

- No se puede recibir la serenidad de nadie, ni se puede comprar, ni se puede conseguir exigiéndola, ni suplicándola. La serenidad es un estado del ser. Es algo que uno tiene que aprender cómo tener – dijo Doc con resolución.

jueves, 12 de agosto de 2010

Del Libro “Para vivir en paz” de Francisco J. Angel Real….



Dale otra oportunidad a la vida



Hay mucha gente que culpa a la vida por su insatisfacción: “Fui hijo único o éramos muchos, nadie se preocupaba por mi, o mis padres me sobreprotegían, eran muy estrictos o me daban mucha libertad, nunca tuve oportunidades, o todo se me dio con mucha facilidad, no tengo suerte, lo que me pasó me marcó para siempre, es mi Karma, es mi destino” en fin, cualquier explicación es buena.
¿Cuál es la tuya?

Algunos de los sucesos de nuestra vida nos duelen pero, NO nos marcan ni nos manchan, ni tienen porqué echar a perder el resto de nuestra vida.
La vida está llena de eventos que no nos agradan pero también tiene cosas buenas. ¡Dale otra oportunidad! Reconcíliate con ella.
La vida es así, tiene nacimientos y muertes, desgracias y bellos amaneceres, bondad y guerra, buena fortuna y pérdidas, ricos alimentos y hambre, amor y traición, calma y tormenta.
Todo esto existe y nos toca a todos de vez en cuando. Nadie puede garantizar que su vida será perfecta.

Las cosas no siempre son como queremos, nuestros planes no siempre funcionan, la persona que queremos no siempre nos regresa el amor que le damos y nuestro amigo alguna vez nos queda mal.
Hay un dicho cursi que dice: “No hay rosa sin espina”
Pues así es la vida, tiene varias espinas, es imperfecta y así puedes aceptarla.

Cuando te topes con una de esas espinas, ten mucho amor por ti mismo, recuerda que eres parte de la vida y, como tal, compartes con todas tus alegrías y pesares.
El que los seres humanos seamos vulnerables y sensibles es parte de nuestra naturaleza.
Hay varias personas que se paralizan esperando que todo vaya bien para empezar a vivir su vida. Sin embargo, la vida sigue siendo igual: impredecible e imperfecta.

Cuando logres reconciliarte con la vida, tendrás una actitud positiva hacia ella.
Aceptarás lo bueno con alegría y lo malo con valentía.
La vida, en realidad, quiere darte todo lo que deseas. Aprende a recibir lo que te ofrece.
Recibe todas las bendiciones que te rodean con agradecimiento. Date cuenta que diariamente la vida te hace una infinidad de regalos.

Tu vida misma es un regalo todos los días! ¡Agradécela y aprovéchala!

jueves, 5 de agosto de 2010

Del Libro “La vocecita” de Blair Singer”


Técnica 4: El interrogatorio o cómo analizar
cada situación y apalancarla para crecer.


Imagina que tuviste un triunfo o que sufriste un fracaso. Imagina que estás confundido o en un dilema. Después de esas experiencias que dejan una especie de estela emocional, sean positivas o negativas, es necesario que sigas adelante, pues de otro modo tu vocecita se estancará en todo tipo de cuestionamientos; “¿Pude haber actuado mejor? ¿Qué hubiera sido preferible?” Nadie desconoce esta clase de preguntas, pero debemos deshacernos de ellas porque agotan nuestra energía. Cuestionar todos tus actos puede dejarte exhausto. He aquí cómo manejar la situación.


Lo que debes hacer es plantearte una serie de preguntas muy sencillas después de cualquier situación emocional fuerte:
1.- ¿Qué fue lo que sucedió? Puedes dividir esta pregunta en dos partes:
¿Qué funcionó?
¿Qué no funcionó?
Por ejemplo, si haces una visita de ventas que resulta un fracaso, puedes entablar contigo mismo un diálogo como el siguiente:
¿Qué fue lo que sucedió?
“El posible cliente mostró poco o ningún interés.”
¿Qué funcionó?
“Bueno, evaluamos muy bien sus necesidades y ellos lo aceptaron.
¿Qué no funcionó?
“Parece que cuando empezamos a hablar del precio se distrajeron, y cuando hablamos de la implementación del sistema encontraron mejores opciones y perdimos al cliente.”
Ahora que sabes qué ocurrió, puedes formularte las siguientes preguntas:

2.- ¿Por qué? La respuesta podría ser la siguiente:
“Bueno, no hicimos una investigación previa. No habíamos hecho nuestras cuentas.”





3.- ¿Qué aprendí? Lo que buscamos aquí es un patrón de comportamiento. Puedes decirte algo como esto:
“Aprendí que es necesario estar más preparado para manejar las cuestiones relacionadas con el precio. Necesito una mejor presentación del tema del dinero. En vez de pensar en costos tal vez debamos hablar de inversión y concentrarnos en el valor. En vez de hablar sobre cuánto van a gastar debemos destacar los rendimientos que obtendrán.”

4.- ¿Qué fue lo que aprendí? Tu respuesta puede ser:
“Aprendí que cuando empiezo a hablar de dinero me pongo muy nervioso, y que esto ocurre con mucha frecuencia. Tal vez es hora de superar ese obstáculo y practicar cómo responder a las objeciones sobre el precio.”


Sea cual sea el problema, debes enfrentarlo. Y cuando te preguntes qué aprendiste, ya no importa si fue un acierto o un error; ya no interesa si metiste la pata o no. Cerraste el trato o no lo cerraste, pero en cualquier caso aprendiste algo. A veces, en días difíciles me pregunto una y otra vez: “¿Cuál es la lección? ¿Qué fue lo que aprendí?” Esta es una herramienta que me ha sacado de problemas cientos de veces, pues tarde o temprano tu cerebro dirá algo como: “Aprendiste que eres un tonto”.
Es entonces cuando debes responder con un: “No. Esto no lo voy a aceptar”.
O puede que diga: “Aprendí que no debí salir de la cama hoy.”
Aquí debes decir: “No; inténtalo otra vez” hasta descubrir la verdadera lección, que es: “Aprendí que debo practicar más mis presentaciones para comunicarme con mayor profesionalismo.”


Para realizar cambios significativos es necesario que, constantemente, te preguntes qué aprendiste. No permitas que tu primera reacción o la primera respuesta de tu vocecita sea la última. A eso se le llama el interrogatorio.