Del libro “90 respuestas a 90 preguntas” de Martha Alicia
Chávez
¿Qué hay detrás de las excusas?
“La reina de las excusas.” Así bauticé para mis adentros a la mujer que más excusas pronuncia en menor tiempo. ¡Es impresionante! La mayoría de ellas son absurdas, increíbles y absolutamente innecesarias; algunas las expresa aun antes de que uno siquiera termine de hablar o, peor aún, incluso antes de que comience. La conocí hace poco por asuntos de negocios. Ella me ha hecho pensar mucho sobre este comportamiento, lamentablemente muy común.
Pero la vida es tan buena conmigo, que también hace poco me
puso enfrente a otra mujer que — a diferencia de la acreedora al mencionado
título – me ha sorprendido gratamente por su capacidad de reconocer sus
errores, ofrecer una disculpa y encontrar la forma de corregir su falta cuanto
antes. Interactuar con ella es muy agradable y relajante y me aviva la llama de
la confianza.
Las excusas me molestan de verdad porque su función es
culpar a algo o a alguien de un error cometido, en lugar de decir una frase tan
liberadora y tan simple como “discúlpame”, “me equivoqué”, “se me olvidó”,
etcétera. Algunas son tan ridículas y
tontas, que hasta ofenden la inteligencia de quien las escucha. Generalmente,
las personas que usan la excusa como estilo de vida creen que el receptor les
cree, y si éste confronta, refuta u objeta de alguna manera, el emisor de la
excusa se siente ofendido.
El otro día, por ejemplo, llamé a una persona para pedirle,
por sexta vez, que me enviara unos papeles que tenía pendientes de mandar. Me respondió
con una nueva excusa, tan tonta como todas las anteriores, la cual confronté diciéndole
que esperaba que esta vez sí cumpliera, porque cada día se comprometía a que
esa tarde los mandaría y no sucedía, y luego, a mi siguiente llamada me sacaba
una nueva excusa para justificar que no lo había hecho. Como siempre sucede con
las personas que presentan esta inmadura actitud de justificar su ineficiencia
o informalidad con excusas, se indignó por mi comentario, que no llevaba dentro
más que la verdad. Una verdad que a los amantes de las excusas no les gusta
ver. Esta actitud a mí de veras que no me cabe en la cabeza.
¿Qué hay detrás de las excusas? Por una parte, el temor
a ser desaprobado y juzgado como tonto, ignorante, malo o inadecuado por
haber cometido un error. Esto se da como consecuencia de haber crecido en un
hogar donde se exigía perfección y donde los errores y la imperfección se
condenaban fuertemente con burla, sarcasmo, castigo o
cualquier otra forma de desaprobación y rechazo. También, detrás
de las excusas está la soberbia, que no nos deja soportar la idea de que no
somos perfectos e infalibles y de que otros se pueden dar cuenta de ello
(¡como si no lo superan ya!). La falta de madurez y de responsabilidad
por las propias acciones, y en general por todo lo que tenga que ver con uno
mismo, es otro de los factores que hay detrás de las excusas.
De seguro todos hemos experimentado la sensación de libertad
y paz que proporciona el reconocer el error que cometimos y disculparnos por
ello, y también el estrés que casa inventar excusas, porque tenemos que
seguir creando más y más para sustentar la que ya expresamos, formándose una
interminable y angustiante cadena de mentiras que nos impiden tener paz.
Asimismo, la imagen personal se deteriora y ensucia ante uno mismo, y
por supuesto ante los demás, porque ¡te garantizo que se dan cuenta!
En cambio, reconocer nuestro error, disculparnos por
ello, asumir las consecuencias y realizar las acciones necesarias para
corregirlo, enaltece nuestra imagen ante nosotros mismo y ante los demás,
que sentirán (lo expresen o no) una admiración por tan loable, madura
y valiente actitud.
Perdámosle el miedo a reconocer nuestros errores y pedir
perdón; démonos permiso de experimentar la agradable, liberadora y
satisfactoria sensación que este comportamiento nos deja, y lo orgullosos que
estaremos de nosotros mismos.
Vamos madurando y volviéndonos auténticos.
¡Dejemos ya de inventar excusas!
No hay comentarios:
Publicar un comentario