Del libro “Los porqués del insomnio” de Martha Alicia Chávez
Esperando el regreso del ausente
La incertidumbre que la ausencia de un ser querido puede dejar en quienes viven esta experiencia es insoportable. Cuando este ser querido los abandonó, cuando se fue sin despedirse y sin explicación alguna, o incluso con despedida y explicación, quien se queda no tiene paz. La fallida esperanza de que algún día vuelva puede llegar a destrozar el corazón y a robar la tranquilidad.
Cuando David era un niño, una mañana su padre se fue de casa
para vivir su romance con una mujer de la que se enamoró apasionadamente. No le
importó su compromiso con la familia, ni el bienestar emocional de sus hijos,
ni nada, sólo su deseo egoísta de vivir su vida como si todo lo demás no
existiera.
Este abandono del padre devastó a David, quien desde
ese día no volvió a vivir ni a dormir en paz. La esperanza de que el padre
volviera, y la duda de cuándo eso sería, lo mantenían sumergido en el tormento
emocional que la incertidumbre provoca.
Él recuerda que un día mamá entró a su recamara y lo
encontró despierto a las dos de la mañana. Le preguntó si estaba enfermo o que
le pasaba, a lo que respondió: “Quiero estar despierto, porque si llega mi
papá y estoy dormido no lo veré”. Su mamá sensible y sabia como era, le
dijo que durmiera tranquilo y le prometió que, si papá regresaba, ella misma lo
despertaría. Por unos días esta promesa consoló a David, pero después pensó en
que podría ser que papá viniera y mamá no se diera cuenta por estar profundamente
dormida, y entonces no lo despertaría. Así que volvió a su vigilancia personal
porque sintió que era la única forma de asegurarse de que no se perdería la
anhelada y falsamente imaginada visita de papá.
La imagen de un pequeño forzándose a no dormir por si el
amado y añorado padre regresa me conmueve sobremanera.
¡Por qué los padres y madres que abandonan no entienden la
dolorosa y profunda herida que abren en el corazón de sus hijos! O si lo
entienden, ¡por qué no les importa! Cuando ya no hay el amor ni la voluntad
para seguir en pareja, que cada uno vuele por su propio cielo, pero a los
niños ¡NUNCA! hay que abandonarlos.
Es claro que esta experiencia en la vida de David fue la
causa de que su insomnio crónico se perpetuara hasta su adultez. La
necesidad de vigilar durante la noche se estableció como un patrón rígido y
arraigado en todas las áreas de su ser. El trabajo terapéutico que llevamos a
cabo fue un proceso hermoso y sanador –aunque también doloroso–, que le
permitió al pequeño David liberarse de aquella tormentosa expectativa que lo
acompañó toda la infancia, y al David adulto, aprender por fin a abandonarse a
las delicias de un sueño profundo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario