jueves, 23 de abril de 2015

Del Libro “Primero tu” de Gaby Vargas






Los beneficios de Leer


v       Leer activa tu mente.  A diferencia de cuando te sientas frente a la televisión y te quedas          hipnotizado, leer hace que uses tu cerebro.  No importa si se trata de una novela, un cuento o lo que  sea;  leer provoca encontrarte con muchas ideas, lugares, cosas o emociones desconocidas.  Esto te  obliga a usar la razón, la materia gris del cerebro, para pensar y ser más inteligente.
v       Leer mejora tu vocabulario.  No sólo porque tu abanico de palabras se amplía, se enriquece, sino que mejora tu gramática y ortografía.
v      Viajas a otros lugares y culturas.  A través de un libro viajas no sólo al pasado, al futuro y al otro  lado del mundo, aprendes estilos de vida y costumbres, sino que también viajas al interior del alma,  del cerebro de las personas, de sus emociones, sus experiencias y sus historias.
v       Mejora tu concentración.  Leer un libro requiere que enfoques tu mente más tiempo del que  requiere leer una revista o un correo electrónico;  como un músculo, tu cerebro se fortalece y tu  concentración mejora.
v      Mejora tu autoestima.  Entre más lees, más sabes.  Entre más sabes, la confianza en ti mismo  aumenta.
v      Mejora tu memoria.  Ya sabes que la memoria es como un músculo:  si no la usas, la pierdes.   Como leer requiere acordarte de detalles, hechos, temas, caracteres, sitios, etcétera, tu capacidad de  retención se fortalece.
v      Mejora tu creatividad. Leer sobre la diversidad de la vida te expone a nuevas ideas e información,    que te ayudan a desarrollar el lado derecho del cerebro.
v      Siempre tienes tema de conversación.  Las posibilidades de compartir temas y conocimientos se  vuelven ilimitadas.
 Leer te conecta, amplía tu horizonte, te acerca a ti mismo, expande la mente, la memoria y el gozo.   ¿Por qué no leer más?   
 Date ese ratito en el día o por las noches, en una deliciosa posición horizontal para sumergirte en el  silencio de un mundo atemporal, ajeno a la realidad exterior y a salvo de todo, al menos por un lapso.
 Te invito a apagar la televisión para disfrutar de ese rato de lectura, sin el peso de tratar de conciliar  el sueño tras haberte enterado de las últimas violencias y catástrofes en el mundo.  Asimismo, motiva  a tus hijos a que lean.  La peor forma es imponerlo.  Se predica con el ejemplo, así que si tú lees, será  más fácil que les pidas que lean y puedes contarles historias, cuentos y lugares encantados, que  surgen de los libros y de la imaginación.  Limita su tiempo en los juegos electrónicos porque crean  una adicción estéril y negativa que los desconecta, los aleja de sí mismos, de la realidad y les llena  de violencia la mente y la imaginación.  Cultiva la lectura y, sin duda, ¡vivirás mejor!

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jueves, 16 de abril de 2015

Del Libro “En honor a la verdad” de Martha Alicia Chávez…..



Las Culpas Familiares


De Alejandro Jodorowsky escuché un interesantísimo análisis al respecto.  El propone que hay cinco culpas existenciales-familiares que impactan fuertemente la vida de los seres humanos:   
     a)       La culpa por haber sido una carga para la familia.
     b)      La culpa por “irse” (¿quién va a acompañar, cuidar, apoyar, etc?)
     c)       La culpa por ser “traidor” (pensar o ser diferente de la familia)
     d)       La culpa por ser fundamentalmente “malo” (por ser diferente del resto de la familia, por no ser lo       que ellos quieren que seas).
     e)      La culpa por sobrepasar al padre o a la madre (tener mejor relación de pareja que ellos, ser felices       cuando ellos no lo han sido, ser capaz de hacer más dinero de lo que el padre ha podido, etc).
Quiero ahondar en este espacio acerca de las tres últimas:  un día llegó a mi consultorio una mujer de 34 años, muy deprimida y confundida.  Hacía ocho meses que había regresado de Europa, donde vivía una vida que ella definió como “de cuento de hadas”.  Estaba casada con un exitoso, generoso, bueno, inteligente y atractivísimo europeo.  Tenía también un alto y muy bien remunerado puesto en una importante empresa transnacional y el dinero, la salud, los viajes, las fascinantes experiencias, la felicidad y muchos sueños realizados eran parte de su vida cotidiana.
Sin embargo, su vida de cuento de hadas se veía ensombrecida cada vez que llamaba por teléfono a su constantemente deprimida madre, quien la ponía al tanto de todo lo que sucedía a los miembros de la familia por acá en su país:
¡Ay hija!, ¡estoy tan deprimida otra vez;  no he tenido ánimos de levantarme de la cama en toda la semana!  Tu hermano está bebiendo otra vez y lo despidieron del trabajo de nuevo, el pobre no tiene dinero ni para la renta.  Tu hermana seguramente ahora sí se va a divorciar, porque ese maldito otra vez la golpeó y al parecer anda de nuevo con otra.  Yo no puedo ni dormir de la preocupación.  ¡Ah hija!.... puros problemas….!  Y tú  ¿Cómo has estado?
Imagínate, después de eso, lo difícil que resulta para cualquiera responder: “ ¡Muy bien!” y platicar todas las maravillas que le están sucediendo en la vida.  Pero esta sensación de culpa por “lo bien que a mí me va y lo mal que a ellos les va”  es generalmente imperceptible en el nivel consciente, por eso es difícil reconocerla para hacernos cargo de ella antes de que nos lleve a auto sabotearnos, echándonos a perder lo bueno que tenemos en la vida.
Así sucedió con mi paciente.  Después de tres años y medio de su vida de cuento de hadas, un día, sin más ni más, dijo a su marido de cuento de hadas:  “Me quiero divorciar.  Voy a regresar a mi país”.  Su atónito esposo no podía entender su decisión y le preguntó una y otra vez el porqué.  Yo también le pregunté y me respondió:  “No lo sé, Martha.  No sé por qué renuncié a mi maravilloso trabajo y dejé a mi maravilloso marido”.  ¡Porque eso fue lo que hizo!
La razón fue la siguientela culpa inconsciente por estar “traicionando” a su familia llegó a ser tan insoportable, que dejó todo lo bueno que tenía y regresó con su madre a deprimirse también y a acostarse en una cama al lado de ella.  Ahora estaba deprimida, sin dinero, preocupada e infeliz como el resto de la familia…. ¡qué solidaridad!
Afortunadamente trabajamos con su culpa para que fuera capaz de entender que cada miembro de su familia era responsable de la clase de vida que tenía y podía trabajar en cambiarla, para que descubriera cuál era la forma “sana” de ayudarlos y para que se pudiera dar a sí misma el permiso de ser feliz, de utilizar todo su potencial y crear y disfrutar todo lo bueno que podía tener en su vida, empezando por su maravilloso marido, quien la llamaba constantemente para decirle que la amaba y pedirle que recapacitara y regresara.  ¡Por fortuna lo hizo!
Conozco a un joven profesional que es también un claro ejemplo de este tipo de culpa.  El posee un talento impresionante;  sin embargo, desde hace unos siete años está constantemente en la ruina.  Antes de entrar en este bache, había conseguido un excelente trabajo con grandes oportunidades de seguir creciendo en la empresa y con un jugoso salario.  Rentó una preciosa casa en una muy buena zona de la ciudad y compró un coche nuevo.
Su familia de origen está conformada por cinco fracasados y atormentados hermanos y unos padres por el mismo corte.  Todos viven aglutinados en la misma y nada bonita zona de la ciudad, uno al lado de otro, a la siguiente cuadra o a la vuelta y cada uno tiene un viejo y deterioradísimo coche.  
La presión inconsciente por estar “traicionándolos” por ser el exitoso de la familia fue más fuerte que su tremendo potencial y su gran motivación por crecer profesionalmente.  De modo inconsciente se auto saboteó haciendo todo lo que pudo, para echar a perder esa gran oportunidad, cometiendo toda clase de errores y tomando absurdas y tontas decisiones hasta que fue despedido del trabajo.
Dejó su hermosa casa porque no pudo seguir pagando la renta, vendió su coche nuevo para solventar gatos urgentes, compró uno viejo y deteriorado y se fue a vivir a esa zona de la ciudad donde vive su familia, a una casa al lado de su hermana.  Y ahí sigue, metido desde hace siete años en ese agujero de fracaso, acompañando al resto de la familia.
Esa culpa inconsciente por traicionar a la familia ocurre también en relación con otros aspectos, por ejemplo:  si la madre ha sido infeliz en su matrimonio, la hija no se permite ser feliz en el suyo e inconscientemente hace toda clase de cosas para crear problemas, o echar a perder las vacaciones o la relación.  El hijo varón puede sentirse culpable porque su padre pasó la vida con un bajo sueldo y un arduo trabajo, y él ha sido capaz de crear un próspero negocio o conseguir un alto y bien remunerado puesto.
Cuando no es consciente esa culpa por haber creado unas condiciones de vida mejores que otros a nuestro alrededor, muy probablemente nos autocastigaremos de una y mil formas.  Un amigo me comentó que cada vez que compra un coche nuevo, el primer día tiene un tremendo dolor de cabeza que no se le quita con nada.  Un paciente descubrió que las únicas ocasiones en que por accidente le da un “golpecito” o un raspón a su coche es cuando está estrenando alguno, como para que no esté ¡tan bonito!  Otra paciente solía sentirse tan culpable cada vez que se iba de vacaciones, que invariablemente se enfermaba, como para no disfrutar tanto.
Cuando echamos a perder lo bueno que tenemos en la vida para solidarizarnos con el sufrimiento o fracaso de nuestros seres queridos, no les hacemos ningún bien, ni nos lo hacemos a nosotros.  Es como si creyéramos que para apoyar a alguien con sida o con cáncer, tenemos que adquirir la enfermedad con el fin de ayudarlos.
La verdad es que cuanto más sanos y felices seamos, mejor podremos servir a otros.  Cuanto más dinero, armonía, éxito, logros, júbilo y salud tengamos, más útiles seremos para colaborar en la solución de los problemas del mundo, de la forma en que cada uno esté destinado a hacerlo.
Este mundo necesita gente feliz, rica, sana, exitosa y muy luminosa para salir adelante.
 

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jueves, 9 de abril de 2015

Del Libro “Primero tu” de Gaby Vargas




 ¿Que tienen las personas atractivas?


Según las investigaciones de la británica Peta Heskel, experta en el tema, ésta es la lista de lo que hace a una persona muy atractiva:

   -    Se gusta a sí misma.
   -    Sabe qué quiere y lucha por lograrlo.
  - Es positiva y alegre.
    -    Confía en sí misma sin ser arrogante.
     -   Es capaz de abrirse y mostrar su vulnerabilidad.
   - No depende de los demás para ser feliz.
      -   Disfruta de la aventura de su vida, no sólo la ve pasar.
      -   Está satisfecha y completa con lo que hace, no importa si se trata de barrer calles o practicar la medicina.
      -  Es emocional y espiritualmente madura.
    -   Tiene un sistema de creencias y de valores que inspira optimismo, emoción y determinación.
    -   Posee un fuerte sentido de la integridad y sabe lo que debe hacer.
     -   Se puede reír de sí misma.
    -   Se preocupa y hace cosas por los demás.
   -   Es capaz de deslizarse sobre las olas más fuertes del océano.
    -  Ve el potencial en los demás.
  - Siempre habla bien de la gente.
   -   Es leal y considerada.
   -   Tiene habilidades sociales.
   -   Se mueve y habla de manera elegante.
     -  Es excitante estar con ella.
  -  Es sexualmente madura y segura de sí misma.
    -   Tiene una cualidad casi hipnótica de “sígueme”, por eso es líder.
    -   Es muy flexible y fácilmente puede adaptarse a los otros sin dejar de ser.
    -  Da la impresión de que consigue lo que quiere sin esfuerzo.
   -   Experimenta el fracaso como una lección en el camino al éxito.
   -   Confía en su intuición.
    -  Su cuerpo refleja todo esto, con calma y una disposición desinhibida frente a la acción.
De entrada, esta lista nos intimida, y nos lleva a cuestionar: “¿Tengo algo de esto?”  Y la verdad es que todos tenemos este potencial y más, porque contamos con un gran aliado: el cerebro, que hará lo posible por hacer lo que le ordenemos.

Recurro a Norman Vincent Peale, que dice: “Formula y graba en tu cerebro, de manera indeleble, una imagen de ti mismo como una persona atractiva.  Sostén esta imagen tenazmente.  Nunca permitas que se escape.  Tu mente buscará que esa imagen se haga real.” 


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jueves, 2 de abril de 2015

Del Libro “¿Quién te llorará cuando mueras?” de Robin S. Sharma….



Deja de condenar 


Como ocurría con el vicio de quejarse, del que he hablado antes, es fácil caer en el hábito de condenar a los demás, incluso a nuestros seres más queridos.  Criticamos la manera de comer de alguien o su manera de hablar.  Nos concentramos en los más mínimos detalles y encontramos defectos en todos.  Pero aquello en lo que nos centramos crece.  Y si continuamos centrándonos en alguna pequeña flaqueza de alguien, esta crecerá en nuestro pensamiento y acabaremos percibiéndola como un grave defecto.

¿De verdad te gustaría vivir en un mundo en el que todos mirasen, actuasen y pensasen exactamente como tú?  Sería un lugar bastante aburrido.  Para llevar una vida más feliz y pacífica, empieza por comprender que la riqueza de nuestra sociedad nace de su diversidad.  Lo que convierte las relaciones, comunidades y naciones en grandes no son las cosas que tenemos en común, sino las diferencias que nos hacen únicos.  En vez de buscar aspectos que criticar en quienes te rodean, ¿por qué no empiezas a respetar las diferencias?

Con frecuencia advertimos en los demás los defectos que deberíamos trabajar en nosotros mismos.  Deja de echar culpas y condenar.  Acepta toda la responsabilidad de cómo están las cosas y resuélvete a esforzarte por cambiar tú antes de intentar cambiar a los otros.  Esa es la verdadera medida de una persona de carácter fuerte.  Como dijo Erica Jong:  “Toma tu vida en tus manos y…. ¿Qué sucede?  Algo terrible:  no hay nadie a quien culpar”. 



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jueves, 26 de marzo de 2015

Del Libro “El Quinto Acuerdo” de Don Miguel Ruiz y Don José Ruiz....






Utilicemos el poder d nuestra imaginación para crear un sueño juntos, sabiendo que se trata de un sueño.  Imagina que estás en un centro comercial gigante en el que hay cientos de salas de cine.  Consultas la programación para ver qué están poniendo y adviertes que hay una película que lleva tu nombre.  ¡Increíble!  Entras en la sala y está casi vacía, salvo por una persona.  Para no interrumpir, te sientas muy silenciosamente detrás de esa persona que ni siquiera advierte tu presencia;  toda la atención de esa persona está centrada en la película.
Miras a la pantalla ¡y qué gran sorpresa!  Reconoces a todos los personajes de la película:  tu madre, tu padre, tus hermanos y hermanas, tu persona amada,  tus hijos y tus amigos.  Entonces ves al protagonista de la película ¡y eres tú!  Eres la estrella de la película y es tu historia.  Y la persona que está sentada delante de ti, ¡vaya!, también eres tú viéndote actuar en la película.  Por supuesto, el protagonista es exactamente como tú crees que eres, igual que todos los personajes secundarios, porque tú conoces tu historia.  Transcurrido un tiempo, empiezas a sentiré un poco abrumado por todo lo que acabas de presenciar y decides ir a otra sala. 

En esta sala también hay una sola persona viendo una película y ni siquiera advierte que te sientas a su lado.  Empiezas a ver la película y reconoces a todos los personajes, pero ahora sólo eres un personaje secundario.  Esta es la historia de la vida de tu madre y ella es la persona que está viendo la película con toda su atención.  Entonces comprendes que tu madre no es la misma persona que aparecía en tu película.  El modo en el que ella se proyecta es completamente distinto en su película.  Es la manera en la que tu madre quiere que todos la perciban.  Tú sabes que no es auténtico, sólo está actuando, pero entonces empiezas a comprender que es el modo en el que ella se percibe a sí misma y esto te provoca una especia de conmoción.
Entonces adviertes que el personaje que tiene tu rostro no es la misma persona que salía en tu película.  Te dices:  “Ah, éste no soy yo”,  pero ahora ves cómo te percibe tu madre, lo que cree sobre ti y está muy lejos de ser lo que tú crees sobre ti mismo.  Entonces ves al personaje de tu padre, el modo en que tu madre lo percibe y no se parece en nada al modo en el que lo percibes tú.  Está completamente distorsionado, igual que su percepción del resto de los personajes.  Ves de qué modo percibe tu madre a tu persona amada e incluso llegas a disgustarte un poco con tu madre.  “¡Cómo se atreve!” Te levantas y abandonas la sala.

Entras en la siguiente sala y ahí está la historia de tu persona amada.  Ahora puedes ver el modo en que te percibe tu persona amada y el personaje es completamente diferente del que aparecía en tu película y en la película de tu madre.  Puedes ver el modo en que tu persona amada percibe a tus hijos, a tu familia, a tus amigos.  Puedes ver el modo en que tu persona amada quiere proyectarse a sí mismo o a sí misma, y no se parece en nada a la manera en que tú percibes a tu persona amada.  Entonces decides abandonar la sala y vas a ver la película de tus hijos.  Ves el modo en el que tus hijos te ven a ti, el modo en el que ven al abuelo, a la abuela, y apenas puedes creértelo.  Entonces ves las películas de tus hermanos y hermanas, de tus amigos, y descubres que todos distorsionan a todos los personajes en sus películas. 

Tras ver todas estas películas, decides regresar a la primera sala para ver tu propia película otra vez.  Te ves a ti mismo actuar en tu película, pero ya no te crees nada de lo que estás viendo;  ya no te crees tu propia historia porque ves que es sólo un cuento.  Ahora sabes que toda la actuación que hiciste a lo largo de tu vida entera fue inútil, porque nadie te percibe como tú quieres ser percibido.  Ves que todo el drama que ocurre en tu película en realidad no es advertido por las personas que te rodean.  Resulta obvio que la atención de los demás está centrada en su propia película.  ¡Ni siquiera se han dado cuenta de que te has sentado a su lado en su sala!  Los actores centran toda su atención en su historia y ésa es la única realidad que viven.  Su atención está tan absorbida por su propia creación que ni siquiera advierten su propia presencia:  la persona que está observando su película.
En ese momento, todo cambia para ti.  Ya nada es lo mismo porque ahora ves lo que realmente está sucediendo.  La gente vive en su propio mundo, en su propia película, en su propia historia.  Deposita toda su fe en esa historia, y esa historia es verdadera para cada uno de ellos, pero es una verdad relativa, porque no es verdad para ti.  Ahora puedes ver que todas sus opiniones sobre ti realmente conciernen al personaje que vive en su película, no en la tuya.  La persona a la que están juzgando en tu nombre es un personaje creado por ellos.  Cualquier cosa que la gente piense de ti está relacionada realmente con la imagen que tienen de ti y esa imagen no eres tú.

En este punto está claro que las personas a las que más quieres no te conocen realmente y tú tampoco las conoces a ellas.  Lo único que conoces de ellas es lo que crees sobre ellas.  Sólo conoces la imagen que creaste para ellas y esa imagen no tiene nada que ver con las personas reales.  Creías que conocías muy bien a tus padres, a tu cónyuge, a tus hijos, a tus amigos.  La verdad es que no tienes ni idea de lo que ocurre en su mundo:  lo que están pensando, lo que están sintiendo, lo que están soñando.  Pero lo que resulta incluso más sorprendente es que creías que te conocías a ti mismo.  Entonces llegas a la conclusión de que ni siquiera te conoces a ti mismo, porque has estado actuando durante tanto tiempo que te has convertido en un maestro del fingimiento de ser lo que no eres.
Con esta conciencia, comprendes cuán ridículo resulta decir  “Mis seres queridos no me comprenden.  Nadie me comprende”.  Por supuesto que no te comprenden.  Ni siquiera te comprendes tú mismo.  Tu personalidad está cambiando constantemente, entre un momento y el siguiente, según el papel que estés representando, según los personajes secundarios de tu historia, según el modo en el que estás soñando en ese momento.  En casa, tienes un tipo de personalidad.  En el trabajo, tu personalidad es completamente diferente.  Con tus amistades femeninas es de una manera;  con tus amistades masculinas es de otra manera.  Pero durante toda tu vida has hecho la suposición de que la gente te conocía muy bien y cuando no hacía lo que tú esperabas que hiciese, te lo tomabas personalmente, reaccionabas con enfado y utilizabas la palabra para crear muchos conflictos y dramas por nada.

Ahora resulta fácil comprender la razón por la que existen tantos conflictos entre los seres humanos.  El mundo está poblado por billones de soñadores que no tienen conciencia de que la gente vive en su propio mundo y que sueña su propio sueño.  Desde el punto de vista del personaje principal, que es su único punto de vista, todo trata sólo sobre ellos.  Cuando los personajes secundarios dicen algo que está en desacuerdo con su punto de vista, se enfadan e intentan defender su postura.  Quieren que los personajes secundarios sean como ellos quieren que sean, y si no lo son, se sienten muy heridos.  Se lo toman todo personalmente.  Con esta conciencia también tu puedes entender la solución y se trata de algo muy simple y muy lógico:  no te tomes nada personalmente.
Ahora el significado del segundo acuerdo está profundamente claro.  Este acuerdo te proporciona la inmunidad en la interacción con los personajes secundarios de tu historia.  No tienes que preocuparte por los puntos de vista de otras personas.  Una vez que comprendes que nada de lo que los demás digan o hagan tiene que ver contigo, no importa quién chismorrea sobre ti, quién te culpa, quien te rechaza, quien está en desacuerdo con tu punto de vista.  Todos esos chismes no te afectan.  Ni siquiera te molestas en defender tu punto de vista.  Sencillamente dejas que los perros ladren y seguro que ladrarán y ladrarán y ladrarán.  ¿Y qué?  Cualquier cosa que diga la gente no te afecta, porque eres inmune a sus opiniones y a su veneno emocional.  Eres inmune a los depredadores, los que utilizan los chismes para herir a otras personas, los que quieren utilizar a otras personas para herirse a sí mismos.

No te tomes nada personalmente es una preciosa herramienta de interacción con tu propia especie, de ser  humano a ser humano.  Y proporciona una gran entrada para alcanzar la libertad personal, porque ya no tienes que regir tu vida según la opinión de otras personas.  ¡Esto te libera realmente!   Puedes hacer cualquier cosa que quieras hacer sabiendo que, hagas lo que hagas, no tiene nada que ver con nadie más que contigo.  La única persona que necesita preocuparse de tu historia eres tú.  Esta conciencia lo cambia todo.  Recuerda, la conciencia de la verdad constituye el primer paso para la maestría personal y eso es lo que estás haciendo ahora mismo.  Te están recordando la verdad.

Ahora que comprendes esa verdad, ahora que has cobrado conciencia,  ¿cómo puedes seguir tomándote las cosas personalmente?  Una vez que comprendes que todos los seres humanos viven en su propio mundo, en su propia película, en su propio sueño, el segundo acuerdo es puro sentido común;  no te tomes nada personalmente.

jueves, 19 de marzo de 2015

Del Libro “La Felicidad en tiempos difíciles” de Andrew Matthews….



¿En verdad quieres ser feliz?


Muchas personas te dirán:  “¡En verdad quiero ser feliz!”  Sin embargo, ¿en qué piensan?  ¿De qué hablan?  ¿En qué se ocupan?
Cuando en verdad quieres ser feliz, dejas de quejarte de tu artritis.  Cuando en realidad quieres ser feliz, dejas de estar resentida con tu novio.  Tal vez lo dejes, tal vez no, pero sea como sea debes limpiar tu mente de todas sus faltas.
Si en verdad quieres ser feliz, lo serás.

Nos volvemos adictos a la miseria  y a quejarnos constantemente.  Mary dice:  “Bien, pasó esto, así que tengo que hablar de ello.”  ¡No es así, Mary!  No tienes que comer todo lo que ves y no tienes que hablar de todo lo que sucede.

Muchos dicen que quieren ser felices, pero no se trata de un deseo ardiente.  Se trata más de algo como;  “Quiero ser feliz siempre y cuando no tenga que cambiar mi forma de pensar.”  Ese NO es un compromiso suficientemente sólido.  Cuando ya hemos sufrido lo suficiente, entonces si tomamos las cosas en serio.  Decidimos:  “No puedo más.  Quiero ser feliz.”
Este momento puede sobrevenir inesperada y contundentemente:  si no eres feliz ahora, quizás no lo hayas deseado con suficiente intensidad.

He aquí lo que sucederá cuando en verdad quieras ser feliz:
*  Pensarás en las cosas que te hacen sentir bien.
*  Hablarás de cosas que te hacen sentir bien.

Ahora un ejercicio bastante simple:  cada mañana, al abrir los ojos, decide ser feliz, no para siempre, sólo ese día. Afirma lo siguiente:  “Hoy quiero ser feliz.”  Al bañarte, insiste:  “Quiero ser feliz.”  Cuando los vecinos empiecen a gritar, cuando algún idiota se te atraviese en el tráfico, afirma:  “Quiero ser feliz.”  Cuando las cosas parecen ir de mal en peor, y cuando todo parece marchar de maravilla, piensa para tus adentros:  “Quiero ser feliz.”  Te convertirás en aquello en lo que piensas.


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jueves, 5 de marzo de 2015

La imperfecta, bien perfecta…… Autora: Alicia Campos Vera


Autora: Alicia Campos Vera



La imperfecta, bien perfecta!






Eres una tonta!!!!  Nunca haces bien lo que se te pide!!!!  Para que vas a la escuela si eres una burra!!!!  Esta es una forma muy “ligera” de expresar lo que algunos padres gritan a sus hijos, pero la verdad me ha tocado escuchar ofensas muy fuertes hacia algunos pequeños.

Voy a nombrar "Tita" a una mujer que creció creyendo que en verdad NO servía para nada, a los ocho años de edad ella tenía que hacer el aseo de la casa, que por muy bien hecho que estuviera sus padres solo le remarcaban lo que NO había quedado limpio, lo que NO estaba en su lugar, lo que se había roto ante el nerviosismo de ser golpeada por sus padres. 
A esa corta edad ayudaba a preparar los alimentos con el poco dinero que llevaba su padre a casa, y con las pocas recetas que su madre le había enseñado, recibiendo quejas de su madre por no haber quedado como le había enseñado y graves insultos por parte de su padre por no estar “comible” la cena.  

Tita seguido se repetía  a si misma que los golpes y los insultos eran bien merecidos porque nunca hacía bien las cosas.  Al entrar a la adolescencia quería verse bonita y cepillaba muy bien su largo cabello rubio ondulado, ponía brillo en sus bien delineados labios que escondían una  perfecta dentadura porque nunca sonreía, y el resto de su rostro en realidad no necesitaba nada porque tenía lindos ojos cafés con largas pestañas rizadas y una ceja muy bien delineada, sin embargo ella solo veía en el espejo una cara fea  y un ser humano inservible.  
Cuando el muchacho que le gustaba se acercó a ella, no lo podía creer, tenía 17 años y estaba harta de vivir con sus padres, así que al poco tiempo se fue a vivir con su novio quien resultó ser un abusador y la trataba igual o peor que sus padres.  Con esto reafirmó que en realidad era una tonta.  Y entre lágrimas se repetía… “Bien decían mis padres, soy una inútil” “No valgo nada”
Un día mientras Tita planchaba, se identificó mucho con un caso que transmitían por televisión y anotó algunos teléfonos de ayuda como el 066, el 089 y el 075 de intervención en crisis. Estaba decidida a hacer algo porque ya sus pensamientos de quitarse la vida eran muy seguidos y tenía un niño de apenas 3 años quien la detenía a tomar esa decisión, así que sentía la necesidad de una opinión que no fuera de su esposo, ni de su familia, ni de las vecinas que le repetían “eres una tonta, ya deja a ese hombre”.

No sabía cómo iniciar la conversación, así que empezó diciendo lo único que le salía de forma espontánea y natural…. “Hablo porque soy una persona que nada hace bien, no sé por qué estoy en este mundo”….  Fueron varias sesiones a través de esta línea telefónica donde Tita aprendió que no era una INUTIL sino que había sido bastante UTIL ayudando a sus padres con tareas que NO le correspondían, con responsabilidades de adulto y que ella hacía lo mejor que podía a tan temprana edad.  Se dio cuenta que había enfrentado y superado muchos retos con valor, fortaleza y entrega.  Aprendió que tenía muchas cualidades entre ellas una belleza física y una belleza espiritual digna de ser envidiada por muchas.  Descubrió que era una muy buena administradora de tiempo y gasto familiar, pues con el poco dinero que le daban y con las exigencias del marido y los padres, había logrado darse tiempo para tener una casa limpia, atender muy bien a su hijo, y a vender algunos artículos de catálogo para ayudarse económicamente.   Y algo muy  importante, hizo conciencia de que por años había querido agradar a los demás sin pensar en ella misma, así que ahora estaba decidida a estudiar y dejar de ser maltratada.

Dentro de las sesiones telefónicas, una frase la había sacado de aquella etapa en que su única solución era el suicidio, nunca  olvidará esa conversación que decía más o menos así….  “Tita, debes quitarte de la cabeza de una vez por todas que eres una inútil, una imperfecta y que no sirves para nada, porque Dios no crea seres humanos así, todas sus creaciones son PERFECTAS, así que tú mi querida Tita eres PERFECTA, y está en ti creerlo y demostrarlo.”   

Tita se separó de su marido, vivió un tiempo con una amiga que había conocido en una Asociación de Ayuda para la Mujer, solo en lo que lograba conseguir un apartamento pequeño;  y cuando miraba su vida hacia atrás, esbozaba una sonrisa diciendo “soy la Imperfecta, bien PERFECTA”. 


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